Las playas del día D – Parte 2: Bajo el sol

Día 4 – Viernes 28 de agosto – De Cherbourg-Octeville a Arromanches (165km)

El albergue en Cherbourg era fantástico. Para empezar, el edificio mismo ya era interesante, había pertenecido a la marina francesa, el personal era amable y atento, me dejaron aparcar la moto en la puerta mismo, el desayuno estaba incluido en el precio y me dieron una habitación compartida de cuatro camas para mí sólo, de modo que tuve espacio para colgar todo el equipo a secar (ocupaba toda la habitación). Tras un buen descanso y un mejor desayuno, estaba listo para ir a ver todo lo que me había saltado el día anterior.

Hacía muy buen día, cielo despejado, buena temperatura, ni una nube en el horizonte, ideal para ir en moto. El plan era ver las playas de nuevo y llegar a Caen a primera hora de la tarde para visitar el gran museo sobre la guerra allí, pero las cosas no iban a salir así. Para empezar, estaba más cansado de lo que creía y no escuché el despertador, así que la salida planeada para las 7 se convirtió en una salida a las 10. Además, con el buen tiempo que hacía, me iba a distraer por culpa de rincones interesantes todo el tiempo.

Me dirigí a Ravenoville, donde quería tirar a la izquierda, tomar la carretera que bordea el mar y hacer toda la playa de Utah hasta el memorial y el museo, pero justo pasado Fontenay-sur-Mer vi un cartel que indicaba ‘Crisbecq Battery’, así que me desvié a ver qué era.

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Era una de las muchas baterías que formaban el Muro Atlántico, con tres cañones, dos de ellos en casamatas, con un alcance de unos 30 km, que cubrían la playa entre la Pointe du Hoc y Saint-Vaast-la-Hougue. Una de las casamatas estaba parcialmente destruida, pero la otra, así como una red de trincheras, se habían preservado y eran ahora parte de un museo. Esta posición disparaba sobre la playa de Utah durante el desembarco, y no fue tomada hasta al cabo de 8 días.

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En lugar de volver a la carretera principal, seguí por el mismo camino y me llevó directo a la playa, donde encontré la que lleva directamente al museo, 12 km de carretera preciosa al borde del mar.

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Por esa ruta encontré otras ‘distracciones’: primero, el predecesor del Muro Atlántico, un fuerte del siglo XVII construido como parte de una línea de defensa de 25 kilómetros contra los ataques ingleses a la costa que contaba con 15 fuertes.

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Luego, más restos del Muro Atlántico, varios búnkeres en diferentes estados de conservación a lo largo de la playa, y finalmente un memorial con un tanque Sherman, pero este era especial.

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La 4ª División de Infantería de los EUA desembarcaron aquí, a 2.5 km al sur del punto planeado, un error de navegación que salvó muchas vidas. Las fortificaciones en este punto habían sido destruidas con eficacia por los bombardeos de la RAF, dejando esta zona fuera del alcance de las baterías de Crisbecq y Azeville. La playa fue tomada en una hora y los ingenieros establecieron vías para desembarcar más tropas. Entre ellas, la 2ª División Blindada del General Leclerc. Pertenecía al ejército de la Francia Libre y había estado combatiendo con éxito contra las fuerzas del eje en Libia, y tras volver al Reino Unido, se incorporaron al ejército de los EUA y fueron enviados a la playa de Utah, lo que los convirtió en las primeras tropas francesas en el avance hacia el interior para reconquistar su territorio. Más adelante liberarían Paris.

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Durante todas estas visitas, un cierto sentimiento de vergüenza había estado dando vueltas por mi interior. Durante la 2ª Guerra Mundial soldados del Reino Unido, los EUA, Canadá, Francia, Polonia, Australia, Bélgica, Nueva Zelanda, Holanda, Noruega, Checoslovaquia y Grecia habían luchado aquí para darle la vuelta a la guerra, y ¿qué estaba haciendo el ejército de mi país? Apoyando una dictadura fascista amiga de los Nazis y que iba a durar 40 años. No solo eso, eran tan viles, cobardes y oportunistas que en el momento en que las cosas empezaron a torcerse, a Franco le faltó tiempo para empezar a llevarse bien con los Americanos. Al menos aquí encontré cierto consuelo al descubrir que entre 300 y 350 soldados republicanos españoles habían formado parte de la 2ª División de Leclerc.

El Musée du Débarquement en la playa de Utah se encuentra junto a una fortificación alemana que una vez conquistada se usó como cuartel general de la 1ª Brigada Especial de Ingenieros, desde donde se dirigían todas las operaciones de desembarco. Gracias a su trabajo, todas las tropas, armas, vehículos, municiones, combustible y una larga lista de suministros necesarios para conquistar Europa llegaron a estas playas. El museo da una muy buena explicación del desembarco del día D y tiene una colección de vehículos muy interesante, entre ellos un anfibio, una lancha de desembarco y un bombardero B26.

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Después de visitar el museo me dirigí a Sainte-Mère-Église para ver el Airborne Museum, con una parada en Sainte-Marie-du-Mont de camino. Los alrededores de este pueblo fueron escenario del célebre asalto a Brécourt Manor el día D. Una estatua de Richard Winters, comandante de la Easy Company, está situada en la plaza. Fui hacia el museo para descubrir más sobre él y sus hombres.

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Sainte-Mère-Église tiene el honor de ser el primer pueblo de Francia liberado el día D. Aquí es donde todo empezó. El museo está en el centro, frente a la iglesia, y lo primero que destaca al llegar es que hay un paracaidista colgando del campanario. Es un memorial a John Steele, un miembro de la 82ª División cuyo paracaídas se enredó en una de las puntas de la iglesia. Estaba herido y no pudo librarse del lugar donde se encontraba, colgando en la fachada de la torre, testigo del combate por debajo suyo. Se hizo el muerto durante dos horas, hasta que finalmente los alemanes lo descolgaron y lo hicieron prisionero. Más tarde consiguió escapar y reunirse con su división para seguir luchando.

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La mayoría de la gente se refiere al desembarco del día D como la Operación Overlord, si bien eso no es técnicamente correcto. Ese nombre se refiere a toda la operación para invadir Normandía, que era mucho mayor que el desembarco del 6 de junio. El nombre del desembarco propiamente dicho era Operación Neptuno, y la 82ª y 101ª Divisiones Aerotransportadas representaron la primera maniobra de dicha operación. Estos hombres fueron lanzados en paracaídas por detrás de las líneas enemigas que defendían las playas, y su misión era asegurar las vías de salida de las playas para las tropas que desembarcaban, bloquear el avance hacia las playas de un posible contraataque alemán y establecer puentes sobre el río Douve para que las tropas americanas que llegaban a las playas de Utah y Omaha pudieran reunirse.

Los saltos quedaron esparcidos en una zona muy amplia debido a una serie de factores que afectaron la navegación de los C-47 que llevaban las tropas, y muchos de los soldados se encontraron solos o separados de sus unidades. Anticipando esta maniobra, los alemanes habían inundado grandes zonas detrás de la playa de Utah, dejando solo cinco corredores de acceso a la playa. Cargados con entre 40 y 50 kilos de equipo y enredados en su propio paracaídas, algunos soldados murieron ahogados.

Todo esto significa que tardaron tres días en establecer accesos seguros a las playas, pero consiguieron repeler contraataques alemanes y tomar sus posiciones fortificadas. Su misión ayudó a las tropas de la playa de Utah a romper por primera vez el Muro Atlántico.

Entre aquellos hombre se hallaba la Compañía Easy , liderada por el Capitán Richard Winters después de que su comandante hubiera perdido la vida en un C-47 antes de ni tan solo poder saltar. Cuando encontró a sus hombres y lograron reunirse con el resto de tropas, se les ordenó que se ocupasen de unos cañones alemanes en una zona cercana, Brécour Manor. Sin más información , él y sus hombres se desplazaron hasta allí y encontraron una posición artillada alemana con cuatro cañones de 105mm disparando sobre las tropas aliadas que intentaban salir de la playa Utah. A pesar de estar en inferioridad numérica consiguieron tomar la posición y destruir los cuatro cañones, salvando cientos de vidas y convirtiéndose así en un ejemplo de manual de asalto a una posición artillada que aún se estudia hoy en día en las principales academias militares.

Ya era media tarde y aún estaba en la zona de la playa de Utah… De ningún modo iba a llegar a Caen, así que decidí terminar el día en Arromanches con una visita al cine de 360º y luego acampar por la zona; hacía buen tiempo y había visto varios campings de camino al oeste el día anterior.

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Llegué al cine a las 6:45 de la tarde, y la última proyección era a las 6:40. Derrotado, bajé al pueblo y encontré el camping municipal justo al lado del centro. Era barato, agradable y tranquilo, así que acampé allí. Aún me quedaba un rato antes de la puesta de sol, así que volví a subir al cine y me senté en un banco solitario que daba al pueblo a ver el sol ponerse tras los restos del puerto.

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Las playas del día D – Parte 1: Bajo la lluvia

Día 3 – Jueves 27 de agosto – De Caen a Cherbourg-Octeville (206km)

El zombie ya estaba en la cama cuando entré en la habitación a las 10 de la noche después de cenar y a las 7 de la mañana del día siguiente continuaba durmiendo y fuera continuaba lloviendo. Para cuando volví del desayuno se había esfumado, pero lo mismo no podía decirse de la lluvia, por desgracia.

Si no paraba pronto visitar las playas del día D iba a ser duro… Pero en esta zona hay dos tipos de tiempo: lluvioso o muy lluvioso, así que decidí ponerme en camino de todos modos.

Saliendo de Caen por la D514 el tiempo solo estaba lluvioso, y al cabo de pocos minutos llegué a la primera parada del día: la playa Sword. Esta era la playa más oriental de las cinco donde desembarcaron los aliados, las más cercana a Caen.

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Fue una visita un poco decepcionante. No queda casi rastro del desembarco aquí, la mayoría de edificios y búnkeres fueron destruidos en bombardeos y han desaparecido del todo hoy. Aparqué frente al museo del desembarco de la playa Sword, pero no abrían hasta al cabo de 40 minutos. El tiempo había evolucionado a muy lluvioso, y no quería esperarme de pie ahí fuera, así que seguí avanzando por la playa y parando cada vez que encontraba algo digno de visita: primero un memorial en una pequeña elevación desde donde pude contemplar la extensión de la playa. Era larga y ancha, al contrario que las playas rodeadas de acantilados que suelen aparecer en las películas.

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El desembarco aquí tuvo éxito y se saldó con relativamente pocas víctimas, con el avance aliado encontrando resistencia solo cuando empezaron a avanzar hacia el interior. También encontré un tanque británico Mk VII Cavalier al lado de la carretera y algo más adelante una pieza de artillería que curiosamente apuntaba hacia el interior, no al mar.

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Era un cañón anti tanque situado así para protegerlo de ataques desde el mar, y podía girar más de 180º para cubrir la playa en ambas direcciones.

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La siguiente parada era en Courseulles-sur-Mer, en la playa Juno. Esta playa estaba asignada a los canadienses y a los británicos, por lo que hay un museo canadiense del desembarco. Podéis pensar que visitar museos es un buen plan si está lloviendo, y tenéis razón si vas en coche. En la moto, mantenerse seco es un proceso que implica varias capas que se tarda en ponerse o quitarse. Dejarlas puestas implica ir chorreando por todo el museo y además morirse de calor en todo el equipo que lo mantiene a uno calentito en la carretera, quitárselo implica hacer un striptease en el aparcamiento o molestarse en encontrar un rincón donde poder hacerlo con algo de privacidad, y encima es laborioso. Pase una vez, a la hora de comer por ejemplo, pero no cuando hay algo que visitar cada 10 minutos, y ya que estamos secos dentro de tanta capa, se puede aprovechar y visitar cosas en el exterior. Total, que con ese razonamiento y el tiempo en modo lluvia intensa, visité la playa y los restos de unos búnkeres cerca del museo hasta con el casco puesto. No había nadie más por suerte, porque parecía una especie astronauta raro explorando un planeta Marte lluvioso.

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Tenía ganas de ver el siguiente pueblo: Arromanches. Estaba en la playa Gold Beach, donde tuvo lugar uno de los logros más sorprendentes de la ingeniería militar de todos los tiempos: el puerto Mulberry.

El pueblo está al borde de la playa entre dos acantilados, y sobre él se encuentra el cine de 360º de Arromanches. Desde el aparcamiento de éste se tiene un punto de vista perfecto para apreciar lo que queda de las estructuras que formaron el puerto. La marea estaba alta, así que no vi mucho. Algunos de los enormes rompeolas de cemento que se colocaron en un semicírculo para proteger el puerto de las olas seguían en su sitio, así como unas pocas estructuras cerca de la playa, pero eso era todo.

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De ahí fui hacia el interior para visitar Bayeux, la primera ciudad que fue tomada al día siguiente del desembarco, y que acoge el más grande de los 16 cementerios de la Commonwealth en Normandía. Estaba diluviando y el cementerio estaba lejos del aparcamiento, así que tampoco lo visité. Después de eso el tiempo pareció darme un respiro para la visita más imponente del día: la playa de Omaha.

En este punto la carretera no discurre pegada a la playa, ya que estamos en la zona donde se encuentran los famosos acantilados que han aparecido en tantas películas, pero hay muchos indicadores que apuntan hacia diferentes caminos que llevan hasta ella. Me metí por el primero que encontré en Colleville-sur-Mer y bajé hasta el tramo de playa donde la 1ª División de Infantería, la Big Red One, había desembarcado.

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Omaha fue asignada a los americanos, y sabían que iba a ser la más dura de tomar de entre las cinco playas. Estaba bien defendida, rodeada de acantilados y al oeste se encontraban las fortificaciones de Pointe du Hoc, que podían tirar sobre la playa. Estos hombres, juntamente con la 29ª División de Infantería en el tramo occidental de la playa, constituyeron la primera ola del ataque en Omaha.

Tras una travesía con un fuerte oleaje que inundó las barcazas y hundió 10 de ellas, alcanzaron la playa y la encontraron mejor defendida de lo esperado. Fuego de pistolas, ametralladoras, morteros y artillera llovía sobre ellos desde las posiciones altas dominadas por los alemanes. Muchos de ellos ni siquiera desembarcaron en la playa, las barcazas vararon en bancos de arena y tuvieron que cruzar casi 200 metros de agua y arena, cargados con armas y equipamiento. Los que desembarcaron a ambos extremos de la playa se llevaron la peor parte, al quedar más cerca de las defensas en los acantilados. Los bombardeos de los aliados en las horas previas a la operación habían caído demasiado al interior, dejando la mayoría de defensas alemanas intactas.

Justo detrás del primer ataque llegaban los cuerpos de ingenieros cuyo trabajo era despejar vías de paso entre los obstáculos para que pudieran desembarcar más tropas de infantería y artillería, pero debido al caos y el mal tiempo, la mayoría de ellos no terminaron en los lugares designados y tuvieron que hacer su trabajo sin prácticamente ninguna protección.

En total, hubo más de 3,000 bajas aliadas aquel día.

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Hay un memorial a la 1ª División de Infantería aquí, en el emplazamiento de la fortificación alemana WN62, la más importante de las 15 que defendían la playa de Omaha. Solo queda parte de ella hoy en día, pero viendo el tamaño de sitio y el armamento que tenía, uno no puede más que admirar profundamente la valentía de los hombres que conquistaron esta posición.

En lo alto de los acantilados que dan a la playa y que tanto costó tomar, se encuentre el Cementerio Estadounidense de Normandía. Hilera tras hilera de cruces blancas marcan las tumbas de 9,387 hombres que perdieron sus vidas aquí.

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La lluvia por fin paró del todo cuando estaba en el memorial de la playa de Omaha en Saint-Laurent-sur-Mer, lo que me dio tiempo para visitar el monumento y pasear por la playa. En este punto es muy ancha con la marea baja y no hay acantilados, pero sí que hay colinas y solo una vía de salida, a través de un valle que se estrecha a medida que avanza hacia el interior.

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Además, los que desembarcaron aquí estaban expuestos al fuego de artillería del siguiente lugar que iba a visitar, escenario de una de las batallas más sangrientas del día: La Pointe du Hoc.

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La Pointe du Hoc es un saliente entre la playa de Omaha, al este, y la de Utah, al oeste. Con unos acantilados de 30 metros, es el punto más alto entre ambas playas, y estando situada en tan crítica posición, los alemanes lo habían fortificado como parte del Muro Atlántico. Era una seria amenaza para la operación de los aliados, de modo que se diseño un plan especial para tomarla. Tres compañías de Rangers iban a desembarcar al pie de los acantilados antes del desembarco principal e iban a usar cuerdas y escaleras para escalar hasta la posición alemana y obtener el control de la misma.

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Al igual que otros desembarcos ese día, el mal tiempo diezmó las 12 lanchas y los cuatro camiones anfibios que formaban parte de la operación: dos lanchas y dos camiones se hundieron. Las tropas tenían lanzagranadas modificados para lanzar ganchos a la pared del acantilado y fijar cuerdas, pero éstas se habían empapado durante la travesía y pesaban demasiado para alcanzar la pared. Además, las escaleras de 30 metros que llevaban resultaron ser demasiado cortas.

El plan era que los Rangers mandaran una señal al llegar a las posiciones alemanas. Si la señal no se producía, las ocho compañías de Rangers que les tenían que servir de refuerzo virarían hacia la playa para ayudar con el desembarco allí. Al tardar tanto en escalar el acantilado, para cuando se mandó la señal el resto de los Rangers ya estaban en la playa, pensando que habían fracasado, lo que significa que se quedaron solos para conquistar la posición y despejar el terreno hacia el interior.

Cuando alcanzaron las fortificaciones vieron que los cañones habían sido retirados para protegerlos de los bombardeos aliados, resultó que el fuego de artillería que caía sobre la playa provenía de las baterías de Maisy, más al oeste. Dos patrullas encontraron los cañones unos kilómetros al interior, camuflados entre la maleza y preparados para abrir fuego sobre la playa, y los destruyeron de inmediato. Pero a pesar de haber tomado las fortificaciones, lo peor estaba por llegar.

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De los más de 225 hombres que lanzaron el ataque, solo quedaban 90 que fuesen capaces de combatir. Sin refuerzos ni comunicación por radio, tuvieron que repeler contraataques alemanes constantes que intentaban recuperar tan preciada posición. No fueron relevados hasta el cabo de dos días, cuando los tanques y la infantería por fin consiguieron llegar desde la playa.

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Aunque parcialmente destruidas, la mayoría de esas fortificaciones siguen hoy en la Pointe du Hoc. Es un laberinto de búnkeres, casamatas, trincheras y posiciones de artillería. Originalmente tenía seis cañones franceses de 155 mm de la 1ª Guerra Mundial, pero al darse cuenta de la importancia de la posición en caso de un ataque por mar, los alemanes habían empezado la construcción de seis casamatas. Usaron mano de obra forzada francesa, que trabajaban tan lento como podían para intentar sabotear la construcción, y el día del desembarco dos de ellas aún no estaban terminadas. Eso, junto con el hecho que de que se hubieran retirado los cañones hacia el interior para protegerlos de los bombardeos, evitó que el desembarco en Omaha y Utah fuese aún más mortífero.

Sin lluvia ya pero con el cielo todavía plomizo, llegué a la última de las cinco playas: Utah. Aquí hay un memorial, un museo, un tanque Sherman y una réplica de una de las lanchas de desembarco usadas el día D.

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Era tarde, tenía los guantes y las botas completamente empapados después de casi 9 horas bajo la lluvia, y aún me quedaba un rato de camino hasta Cherbourg, así que no visité gran cosa aquí ya. La previsión para el día siguiente era buena, así que decidí que desandaría el camino hasta Caen siguiendo la misma ruta y visitaría todo lo que hoy no había podido.

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Le Mont de Huisines-sur-Mer

Día 2 – Miércoles 26 de agosto – De Saintes a Caen (562km)

Al igual que en la exitosa comedia francesa Bienvenidos al Norte, el viejo tópico sobre la lluvia y el norte se reveló acertado una vez más.

De camino a Cherbourg y el Cap de la Hague quería parar en el Mont Saint-Michel. Esperaba encontrarlo abarrotado de turistas en esta época del año y tampoco iba sobrado de tiempo, pero daba igual, ya lo había visitado cuando estuve en la Bretaña hacía años y solo quería pasar y ver su silueta hoy. A medida que me acercaba a la zona bajo el sol vi que el cielo estaba nublado por delante de mí, como si la línea de nubes marcara la frontera de Normadía. Pensé en parar y ponerme las capas impermeables, pero me dije que no tenía tan mala pinta y que seguramente podía llegar al Mont Saint-Michel antes de que empezara a llover, ya que quería parar a comer allí. A unos poco kilómetros del pueblo de La Grève empezaron a caer unas pocas gotas y paré en un área de picnic a ponerme las capas extra. Me tiré diez minutos peleándome con clips, cremalleras y un viento del demonio, y para cuando había terminado ya no llovía. Bueno, al menos ahora no pasaría frío, el viento era gélido, pero sigo pensando que este tipo de traje requiere mucha previsión. Hubiese quedado completamente empapado si la lluvia hubiese sido fuerte y hubiese llegado de golpe. Aprovechando que ya estaba allí y no llovía, comí algo antes de seguir.

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El Mont Saint-Michel estaba tal y como lo recordaba, pero con muchos más turistas, lo que significaba que se habían construido más párquings más cerca del pueblo, y ya no era posible acercarse con la moto. Naturalmente, eran todos de pago, así que simplemente seguí un poco más lejos por la carretera para verlo y poder hacer alguna foto, con la lluvia ya haciendo acto de presencia de forma más notoria.

La cosa empeoraba y volví a la moto con la intención de ir rápido a Cherbourg, pero me distrajo un cartel al lado de la carretera que indicaba hacia un cementerio militar alemán.

No tenía ni idea que el bando perdedor tenía algo así en Francia, y mucho menos allí, tan cerca de las costas donde tuvo lugar el día D, así que la curiosidad me pudo.

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Resultó que no era un cementerio, sino un mausoleo, y muy grande. Se llama Le Mont de Huisines-sur-mer, y es un edificio circular de caso 50 metros de diámetro con 34 criptas en dos niveles que dan a un patio central. Aquí se encuentran los restos de 11,956 soldados alemanes.

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La invasión aliada y las batallas que la siguieron dejaron grandes pérdidas en el ejército alemán en esta región, y en 1954, solamente 10 años tras el desembarco, franceses y alemanes firmaron un acuerdo para cuidarse de los distintos cementerios en la región. Este mausoleo fue construido por la Volksbund Deutsche Kriegsgräberfürsorge (la Asociación Popular Alemana para el Mantenimiento de las Tumbas Militares) con fondos del gobierno alemán. En 1961 se comenzó el traslado de los cuerpos enterrados en los cementerios de Morbihan, Ille-et-Vilaine, Mayenne, Sarthe, Loire-et-cher, Indre-et-Loire, Viene e Indre, y el mausoleo abrió en septiembre de 1963.

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La lluvia arreció mientras cruzaba las puertas que deban al patio circular. El circulo que forma la cripta está por debajo del nivel del terreno, pero mientras que el mausoleo no es visible desde lejos, la cruz que se yergue en el centro se puede ver desde el Mont Saint-Michel. Es difícil describir lo que sentía andando de una cripta a otra, completamente solo, el eco de mis pasos y el golpeteo de la lluvia sobre el suelo los únicos sonidos que llenaban el vacío del vasto lugar.

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La historia la escriben los vencedores, generalmente en blanco y negro, y la industria del entretenimiento se encarga de hacerla aún más blanca y negra. Es fácil percibir el mundo con fronteras claramente delimitadas entre el bien y el mal, y en caso de la 2ª Guerra Mundial el bando vencido era tan claramente malo que es difícil pensar de forma distinta. Pero ¿quién eran realmente estas personas cuyos centenares de nombres cubrían las paredes? La mayoría habían nacido a principios de los años 20, eran muchachos jóvenes, no oficiales, que perdieron sus vidas luchando por un país, como cualquier otro soldado. Simplemente habían nacido en el país con los líderes equivocados. No voy a entrar en el tema de cuánto sabían los soldados fuera de las SS o la población en general sobre las atrocidades que se estaban cometiendo no soy un experto en la materia, de modo que mejor dejo el debate a los que estén mejor informados que yo, pero visitando esas tumbas me horrorizó lo aleatorio que es. Uno nace en un país. Eso define tu nacionalidad, tu lengua, tu modo de pensar y, si ese país entra en guerra, por qué bando vas a luchar y perder la vida. Lógicamente hay gente que va más allá, que se hacen preguntas a ellos mismos y a los demás, que ven el mundo con distintos ojos y cuestionan las cosas, pero la mayoría de gente son seguidores. Esta gente hizo lo que la mayoría haría si su país entrara en guerra. Y probablemente no tenían una idea muy clara de lo que estaba pasando. Y murieron. Tuvieron la mala suerte de nacer en el momento equivocado en el lugar equivocado.

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Al final de la visita el día estaba tan oscuro como mi pensamiento. La lluvia no amainaba, al contrario, iba a peor, y el traje empezaba a empaparse, no tardaría mucho en dejar entrar el agua. Empezaba a ver claro que no iba a llegar a Cherbourg (unos 150 km más) así que me dirigí a Caen en busca del albergue allí. Cuando paré a repostar pensé que sería un buen momento para reprogramar la ruta en el GPS, pero aquí la lluvia cae de lado, así que incluso bajo la marquesina de la gasolinera notaba la lluvia golpeándome el casco. Volví a subirme a la moto, usé el viejo método de leer las indicaciones y llegué al albergue.

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El lado bueno es que el albergue solo costaba 13€. El negativo es que era por una habitación compartida, y cuando entré me encontré con el habitual zombie que uno encuentra de vez en cuando en estos sitios, un tío durmiendo en la litera a las 4 de la tarde. Seguía durmiendo para cuando yo había descargado la moto, usado la ducha, calculado los gastos del día, planificado la ruta para el siguiente y escrito esto. No fue hasta la hora de cenar que vi su litera vacía. Parecía que íbamos a ser solo los dos en la habitación… Rogué que no roncara.

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Cruzamos los Pirineos tras los pasos de una antigua línea de tren

Día 1 – Martes 25 de agosto – De Barcelona a Saintes (782km)

Las 8:30 de la mañana no era la mejor hora para ponerse en camino, especialmente si quería llegar tan lejos como fuese posible el primer día, pero quería dejar a Nat en el trabajo y despedirme antes de iniciar la ruta, y su oficina viene de camino saliendo de Barcelona. Para ahorrarme los prohibitivos peajes de la costa, había planeado la ruta al oeste hacia Lleida y luego Huesca. La única ventaja de este camino hasta ahí es que es gratuito. Aparte de eso, me esperaban casi 300 km de aburrimiento. Una vez pasado Huesca y de camino a Jaca lacosa ya es más interesante.

Quería cruzar los Pirineos por el Somport, uno de mis puertos favoritos. La carretera que baja por el lado francés es preciosa y el paisaje imponente. No solo eso, también podemos encontrar la estación abandonada de Canfranc en el lado español y las vías de la línea francesa que conectaban con ella desde el otro lado del puerto, así como el fuerte de Portalet. En esta ocasión no tenía tiempo de parar a visitar todo esto, pero siempre me gusta darle un vistazo al pasar por aquí.

El día era precioso, pero a medida que iba ganando altura por la cara sur de los Pirineos la temperatura iba cayendo, y cuando llegué al puerto ya hacía bastante frío en movimiento. Era la hora de comer y me había imaginado que comería sentado en lo alto del puerto, contemplando las gigantescas montañas a mi alrededor, pero no había ningún sitio para sentarse aparte de un aparcamiento bastante gris, así que seguí en busca de un lugar decente para comer.

Por suerte, tras dejar atrás un par de áreas de picnic con demasiados coches aparcados, encontré una vacía en el lugar perfecto para un friki como yo a quien gusta explorar sitios abandonados. Pasado pueblecito de Urdos hay una de las viejas estaciones que alguien ha recuperado. No parecía un bar, albergue, oficina de turismo o cualquier otro de los usos que se les termina dando, sino una residencia privada. Qué raro. En cualquier caso, pasada la estación y junto a las vías había una zona de picnic muy agradable, con árboles y vistas a uno de los viejos viaductos. Hasta había un túnel del otro lado.

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Naturalmente, después de comer y viendo que el acceso al puente y al túnel no estaban de ningún modo cerrados, decidí explorar un poco. Los desvíos a la entrada de la estación estaban intactos, y a pesar de estar muy oxidados, con la suficiente fuerza se podían mover; casi me dejo la muñeca haciendo el tonto con uno.

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El puente también estaba completamente oxidado, pero los raíles descansaban en sólidas vigas de acero, así que mientras caminara por las vigas y no por las planchas que cubrían los huecos bajo los raíles no había problema para cruzar. Por debajo pasaba un río que nacía de las nieves más arriba, y delante, la oscura boca del túnel.

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Sobre la apertura una placa con la fecha de construcción, 1922, recordando al visitante aventurero que la línea funcionó durante solo 48 años. A pesar de haber estado mantenido desde 1970, el túnel aún se encontraba en buen estado, y se podía andar lejos por él. No se veía luz del otro lado, así que no sé si hay una sección hundida más adelante o si era uno de los túneles largos y tenía un curva en su interior. En cualquier caso eran ya las 2 de la tarde y aún me quedaban al menos 500 km, así que la expedición quedó pospuesta y volví a la moto.

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Un par de curvas más abajo tuve que frenar de golpe cuando me encontré con un coche prácticamente parado en la carretera, un Renault Clio con sirenas que iba a ritmo de peatón. Al principio pensé que era un transporte especial o quizá obras, pero resulta que era un grupo de visitantes que iban a pie hasta el Fort du Portalet. Parece que los trabajos de restauración ya han terminado y está abierto a visitas. Como solo es accesible por carretera y el punto donde está situado es el más estrecho de la garganta y no hay espacio para que pare ningún tipo de vehículo, un bus deja a la gente en la estación que acababa de dejar atrás (hay una parada de línea regular allí) y andan unos centenares de metros por la carretera mismo. El Clio está ahí para controlar el tráfico y evitar que atropellen a unos cuantos turistas. Me gustó ver que el viejo fuerte se puede visitar de nuevo, otra razón para volver por la zona.

Y desafortunadamente esa fue la parte más interesante del día. A partir de ahí intenté encontrar (sin demasiado éxito) la vía más rápida para conectar con Pau y una vez allí entré en la autopista. No es mi forma favorita de viajar, pero era un mal necesario para poder pasar de Burdeos a tiempo de encontrar dónde dormir.

Tenía una lista de albergues y decidí que lo más lejos que podía llegar razonablemente bien ese día era Saintes. No tenía ni idea de qué aspecto tenía la ciudad, y me gustó descubrir que en vez de una ciudad residencial rodeada de polígonos industriales me encontré con la clásica población rural francesa. El albergue estaba bastante cerca del centro pero en una zona tranquila, tenían un aparcamiento donde pude dejar la moto, el desayuno iba incluido en el precio y como estaba casi vacío me dieron una habitación para mi solito por el precio de una compartida. Maravilloso. A la cama temprano, que el plan era levantarse bien temprano para llegar al Cap de la Hague a primera hora de la tarde.

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Normandía 2015

Intro

El viaje de vacaciones de este año me ha tenido alejado de la moto, a no ser que contemos un par de días con un scooter eléctrico chino. Fuimos dos semanas a Myanmar, mi primer viaje al sudeste asiático, mi primer viaje a Asia, de hecho, Kazajstán y Rusia no cuentan, pues no llegué a dejar lo que aún se considera Europa geográficamente hablando. Fue un viaje increíble, y espero encontrar el tiempo para escribir sobre ello.

De vuelta de ese viaje aún me quedaban unos días: gasté cinco de ellos yendo a visitar mi querida V-Strom y haciendo un poco de investigación para un futuro proyecto, lo que me dejaba 10 días antes de volver a la escuela. ¿Qué hacer con ellos? Saqué la lista de destinos pendientes: ¿Marruecos? Demasiado calor y me gustaría tener al menos 15 días. ¿Otra vez los Alpes? No me tentaba lo suficiente y quiero combinar ese con un poco de escalada en Dolomitas, tiene que coincidir con la vacaciones otra gente. ¿La Toscana? Interesante, pero Nat no me perdonaría que lo visitase sin ella. ¡Aha! Este año es el 70 aniversario del final de la 2ª Guerra Mundial, así que, ¿qué mejor destino que donde empezó el final? ¡Normandía!

El viaje ideal es visitar al mismo tiempo la Bretaña y Normandía, un recorrido ideal en moto, pero eso hubiese supuesto muchos más días y además ya he estado en la Bretaña, así que 10 días para ver Normandía eran ideales. Esta vez sin embargo hice muy poca planificación. Ya tengo todo lo que necesito para saltar en la moto en cualquier momento, así que compré una guía, un par de mapas y me eché a la carretera sin contactar con ningún couchsurfer, buscar campings ni reservar hoteles. ¡A la aventura!

Robada

Como muchos ya habréis visto seguramente en la página de Facebook de Stroming The World, no había pasado ni una semana desde el regreso de mis vacaciones cuando me robaron la moto nueva.

Hacía tres meses que la tenía, y al menos la pude disfrutar a fondo durante el verano: un viaje de cuatro días a Pirineos para escribir la prueba que publiqué hace poco, un viaje a visitar mi vieja V-Strom y hacer un poco de offroad e investigación para un futuro artículo que estoy escribiendo, y un maravilloso viaje a Normandía para explorar las playas del día D. Era una compañera de viaje rápida, divertida, cómoda y fiable, y a lo largo de estos viajes estaba demostrando ser una digna sucesora de mi querida V-Strom.

Ahora estoy a la espera de los acontecimientos, con la esperanza de que la policía dé con ella. En cualquier caso, estaba asegurada contra robo, a pesar de que tengo poca fe en que la aseguradora me dé una indemnización decente por ella.

El pasado fin de semana fui a recuperar mi fiel V-Strom y ponerla de nuevo en servicio. Vuelve a ser mi montura diaria, pero el hecho de haber perdido la Yamaha supone poner en suspensión indefinida mis planes para grandes viajes en el futuro, pasará una temporada antes de que pueda volver a contar historias sobre destinos remotos.

Entretanto, la vida sigue, y estoy rematando la historia del viaje a Normandía y la publicaré en breve. Espero que la disfrutéis.

Por favor, visitad la página de Facebook de Stroming The World y compartid la descripción de la Yamaha.

¡Gracias!

Actualización – La V-Strom guardada

Tal y como conté hace un par de posts, después de llevar mi anterior moto a su lugar de jubilación, tenía que volver para prepararla para dejarla almacenada a largo plazo: cambar los líquidos para eliminar humedades, meter un poco de aceite en los cilindros para protegerlos de la oxidación, etc.

Tenía unos días a mediados de agosto, así que me llevé las herramientas necesarias y me fui para allá. Esta vez me costó más esfuerzo sacar la moto, pues iba solo. Una vez en el patio y de cara a la calle, le reconecté la batería e intenté arrancarla. Tosió un poco y pareció funcionar, pero se paró. Me costó varios intentos antes de que el motor finalmente arrancara, pero cuando lo hizo giraba con suavidad y sin extraños. Sin embargo, al dejarla sobre la pata de cabra con el motor en marcha mientras cerraba la puerta vi que algo goteaba al suelo. Al inspeccionarla más de cerca vi que era gasolina, y venia de algún sitio encima de entre los cilindros, donde va el sistema de admisión. Mala señal.

La paré, la empujé adentro de casa y me puse a desmontar los paneles laterales y levantar el depósito a ver qué pasaba. Para cuando tuve acceso a esa parte la gasolina que había goteado se había evaporado, y no alcanzaba a ver restos por ninguna parte. Pensé que quizá era un manguito que se había secado y agrietado, así que con el depósito levantado para poder ver bien la volvía a poner en marcha. Esta vez arrancó al instante, sin titubeos, y funcionaba tan fina como de costumbre. Estuve un rato inspeccionándolo todo pero no vi gasolina por ninguna parte. Estaba muy sorprendido. Volví a poner el depósito en su sitio y decidí salir a dar una vuelta sin los paneles laterales para poder ver la zona del motor bien. La moto iba bien, y ninguna de las múltiples veces que paré a comprobar el tema vi gasolina salir de ningún lado. Concluí que la explicación más plausible era que se había ahogado con los repetidos intentos de ponerla en marcha y la gasolina sobrante había salido por alguna parte, pero aún no sé exactamente cómo. Si alguien tiene más conocimiento de mecánica que yo y una posible explicación, que me deje un mensaje, por favor.

Después de volver a casa y montar todos los carenados en su sitio, salí a dar una vuelta más larga. La llevé por carreteras secundarias, la nacional y pistas. El motor iba bien y no tenía problemas para subir de vueltas, el embrague y la caja de cambios iban suaves, la suspensión estaba bien… Parecía que la acabase de sacar ayer, a pesar de que habían pasado dos meses.

Fue en ese momento cuando me di cuenta de que era una pena guardarla a largo plazo. Puedo pasarme por aquí sin problemas cada dos meses y sacarla un rato, al fin y al cabo como mejor se conserva una máquina es usándola, aguanta mejor el paso del tiempo que si se la deja ahí quieta.

Así que volvió al sótano con la batería desconectada y le haré una visita en un par de semanas ahora que ya se han terminado las vacaciones de verano.

Prueba – Yamaha XT 1200 Z Super Ténéré de 2010

Recogí mi Super Ténéré y durante la siguiente semana, aparte de una escapada matinal a la montaña con mi artillera que no me permitió explorar a fondo el potencial de la moto, solo tuve la oportunidad de usarla como transporte diario al trabajo. 17 km de ida, 17 de vuelta, salir de la ciudad, volver a la ciudad. No son precisamente las condiciones adecuadas para ver qué tal la moto más allá de un análisis factual:

El accionamiento del embrague hidráulico es muy suave y requiere menos esfuerzo que el sistema por cable de mi V-Strom. Los frenos son mucho, mucho mejores, con pinzas de cuatro pistones delante y frenada combinada, lo que significa que solo necesitas apretar la maneta y también aplica presión al freno trasero. Para frenadas más intensas, o si se quiere distribuir la potencia de la frenada uno mismo, al presionar el pedal de freno el sistema se desconecta y se frena cada rueda por separado. El sistema vuelve solo a la frenada combinada en cuanto se libera la presión de ambos mandos. El manillar es alto y ancho, lo que hace la posición de conducción muy relajada y permite pasar por encima de los retrovisores de los turismos sin problemas cuando hay tráfico. El asiento es ancho y muy cómodo, y ajustar la altura es un proceso muy simple que no precisa de herramientas: se levanta el asiento, se cambia la posición de la base un poco hacia atrás y voilà, la altura baja de 870 a 845 mm. La instrumentación es clara y ofrece bastante información, pero un detalle que me molesta es que hayan decidido incluir el consumo instantáneo y no un indicador de marcha… ¿De qué sirve un indicador de consumo instantáneo en una moto? Es una manera de apartar los ojos de la carretera más de lo necesario y tener un accidente. Un indicador de marcha hubiese sido mucho más práctico. Y ya que estamos, teniendo una lectura de nivel de gasolina y consumo instantáneo, añadir un indicador de autonomía hubiese sido cuestión de unas pocas líneas de código más. Cuando la moto entra en reserva se activa un cuentakilómetros específico que cuenta desde cero a partir de ese momento, pero depende del conductor estimar la distancia que le queda hasta quedarse seco. Las maletas y top case originales que venían con la moto tienen buen aspecto y son muy prácticas, las cerraduras se accionan con la llave de contacto, eliminando el manojo de llaves que cargaba en la otra moto, aunque esto puede suponer un problema si uno decide venderlos. Todo muy objetivo y aburrido.

Así que cuando terminaron las clases y tenía cinco días libres para Sant Joan antes de empezar los cursos de verano, cogí a un amigo que tiene una Ténéré 660 y que quería hacer un poco de offroad y nos fuimos hacia los Pirineos a ver de qué eran capaces las motos. Nos dirigimos a Banyuls, un pueblo vinícola en la costa francesa justo al otro lado de la frontera. Era un buen sitio para empezar con el plan: hacer los Pirineos catalanes de este a oeste.

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Una etapa de autopista reveló unas cuantas cosas: en el lado negativo, mientras que la anchura del depósito y los carenados del radiador ofrecen una muy buena protección para las piernas, la cúpula de serie se queda muy corta. Con 1,84m notaba claramente turbulencias en el casco y en los hombros y era imposible ir con el visor abierto, algo que no era ningún problema en la V-Strom con una cúpula alta Givi. Hay un juego de agujeros extra en los soportes de la cúpula, pero a diferencia de la V-Strom no tienen rosca para los tornillos que l aguantan, así que no se puede subir a una posición más alta. En cualquier caso, subirla dejaría un hueco entre la cúpula y el panel de instrumentos, lo que dejaría entrar aire por ahí. En el lado positivo, la moto es muy estable a velocidades altas, y puede mantener un buen crucero sin esfuerzo y con potencia de reserva de sobra si hace falta, que es exactamente lo que quería ahora que viajo con pasajera.

Cuando llegamos a Banyuls giramos hacia el interior en busca de un collado llamado Col de Banyuls que vuelve a llevar a territorio catalán. La carretera que sube a él es poco más que un camino rural asfaltado, y hay una parte al principio en el lado francés que no lo está (o lo estuvo hace tiempo, pero ya no). Se puede hacer en un turismo sin problemas si uno pasa con cuidado, y yo lo ataqué rápido con la moto. Esto reveló lo que había estado esperando y que se confirmó en los días siguientes – la suspensión era mucho mejor que en la V-Strom. Luego volveremos al tema.

Llegamos al pueblo de Espolla y desde allí, en vez de seguir hacia el sur para conectar con la autopista hacia la frontera, intentamos encontrar una ruta que yo ya había intentado hacer sin éxito cuando hice el transpirenaico el año anterior: una pista que pasa a través de unos terrenos militares y conecta con Campany. Esta vez habíamos bajado mapas topográficos y confiábamos en poder encontrar el camino correcto.

La moto venía con un juego de Metzeler de carretera, y cuando mi amigo propuso hacer offroad, viendo que no estaba para nada familiarizado con la moto y que pesaba considerablemente más que la Suzuki, los cambié por un juego de Mitas 50/50. Me alegré mucho de la decisión en cuanto nos metimos por el primer tramo de pista… El terreno era principalmente el granito descompuesto del Mediterráneo, granos de arena dura sobre una capa de roca, y la moto se comportó de forma impecable con los Mitas, muy noble, daba confianza y disimulaba muy bien el peso a pesar de ir cargada con todas las maletas.

Las cosas se complicaron un poco más adelante, la pista se deterioró con surcos profundos en una sección de cuesta pronunciada, y aquí fue donde la moto demostró su capacidad: este terreno era peor que cualquier cosa que hubiera hecho con la V-Strom, y a pesar de tener una experiencia muy, muy limitada con la moto, de pie sobre los estribos y con un golpe de gas firme, subimos la pendiente sin problemas, las suspensiones absorbiendo las piedras y los surcos.

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Desafortunadamente, tuvimos que abandonar poco después. Tras otra subida pronunciada llegamos a un punto en que la pista descendía de forma abrupta, y ninguno de los dos se veía preparado para meter motos cargadas hasta arriba por ahí, así que dimos media vuelta y regresamos a Espolla y la carretera principal. La sierra de l’Albera me había vuelto a derrotar. En el lado bueno, puedo decir que se me terminó el talento mucho antes de que a la moto; es una máquina muy capaz en el campo si uno sabe lo que hace, pero mis habilidades están claramente por debajo de las de la moto.

Hora de buscar curvas, y la GI-501 y 505 eran la carretera perfecta. Sale del pueblo de Agullana y no lleva a ninguna parte, termina en la frontera con Francia en un monumento a Lluís Companys, lo que significa que prácticamente no tiene tráfico. Incluso con neumáticos de semi-offroad y cargada de equipaje, la moto era muy divertida en una carretera de montaña revirada, puedes tumbar sin miedo, el tren delantero va bien plantado y da información, con 117Nm el motor tiene par de sobra para dar un empuje intenso y suave desde muy abajo en la gama de revoluciones, y pasadas las 4.000rpm tiene un sonido delicioso. Sé que hay quien encuentra esta moto aburrida, pero a mí me pareció que se adapta a mi estilo de conducción perfectamente, prefiero tener par que potencia arriba del todo del cuentarrevoluciones.

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Una vez en el collado, la carretera sí que comunica con el lado francés, pero es solo una pista de gravilla. Estaba en buenas condiciones y bajaba, en algunos tramos de forma pronunciada, hasta el pueblo de Las Illas. Aquí tuve varias oportunidades de probar, intencionada y no intencionadamente, el ABS. He leído muchas críticas por no haber hecho un sistema desconectable, y como esto limita las capacidades camperas de la moto. A esas críticas puedo replicar dos cosas: Uno; el sistema está increíblemente bien calibrado, y debo reconocer a Yamaha el mérito por haber elegido este enfoque. BMW simplemente monta un interruptor para desconectar el sistema, Yamaha se ha tomado la molestia de desarrollar un sistema que funcione realmente bien fuera del asfalto. Hice varias frenadas fuertes intencionalmente, y tuve que frenar a fondo un par de veces que un coche apareció en una curva en sentido contrario, y en ningún momento me quedé sin frenos. En la V-Strom bastaba con un poco de gravilla o un par de baches seguidos para dejarla fuera de juego. Dos; si eres un maestro del offroad (yo desde luego no lo soy) y realmente necesitas desconectar el ABS, por 55€ tienes un kit con un interruptor, el cableado necesario y un fusible, y estoy seguro que te puedes hacer uno tu mismo por menos, así que no creo que el hecho de que la moto no tenga ABS desconectable sea tan grave.

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Pasamos la mitad de los dos días siguientes en la carretera y la otra mitad en pistas. En la carretera la Super Ténéré se comportó impecablemente y fuera de ella fue una revelación. Había cambiado los muelles de la V-Strom por unos más firmes para poder aguantar el peso y ser capaz de hacer algo de offroad sin hacer topes, pero teniendo poco recorrido, la suspensión era seca en las pistas: la rueda delantera rebotaba y tenía que pelearme para hacerla ir por donde yo quería, y la trasera perdía tracción por la misma razón. Nunca había llevado otro tipo de moto offroad, y daba por hecho que las cosas eran así… Esta moto me abrió los ojos: más recorrido de suspensión un sistema de amortiguación más sofisticado significaba que la moto se lo tragaba todo, manteniendo las ruedas pegadas al suelo casi siempre, y el motor calado a 270º se comporta como si fuera un monocilíndrico enorme, mandando la potencia a la rueda trasera en pulsaciones para mantener la tracción. Subía por las empinadas horquillas de las pistas en el corazón de los Pirineos prácticamente al ralentí sin problema alguno, algo que de ningún modo hubiera podido hacer en una Tiger 800. A pesar de esto, la 6ª marcha es lo suficientemente larga para hacer autopista relajadamente, una buena combinación. El asiento que era tan cómodo en carretera es lo suficientemente estrecho en su parte delantera, y con el manillar bastante alto, al ponerse de pie la postura es casi perfecta. Digo casi porque siendo más bien alto, preferiría tener el manillar un poco más arriba, pero eso tiene fácil solución con un par de elevadores, que definitivamente pondré más adelante.

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En conclusión, una impresión muy positiva de la moto. Los ajustes y acabados son muy buenos, quizá no luzcan tanto como en una BMW, pero al fijarse se ve que Yamaha se ha gastado el dinero conde cuenta, diseñando una moto dura y funcional, para darle uso, no para presumir. Todo está diseñado de forma inteligente y parece ser bastante sencillo hacer uno su propio mantenimiento. El cardán no tiene que aguantar cargas tan fuertes como el de una GS, pues hay otro brazo al otro lado para distribuir fuerzas, lo que significa que probablemente sea más fiable a la larga, y viniendo de una moto de transmisión por cadena no noté ninguna reacción rara al acelerar o reducir, lo que hace que el famoso Paralever parezca un poco innecesario y delicado. Desde luego es precioso, pero prefiero algo a lo que pueda dar un uso intensivo con tranquilidad.

Con las vacaciones de verano la moto tiene al menos dos viajes por delante, lo que significa que le tocará revisión al volver. La intención es hacerla yo mismo, ya contaré lo fácil o difícil que ha sido cuando lo haga.

Lo bueno:

  • Entrega de potencia – muchos bajos y capacidad de seguir empujando hasta arriba del cuentarrevoluciones.
  • Posición de conducción y asiento muy cómodos, postura natural de pie.
  • Buen comportamiento offroad.
  • Intervalos de mantenimiento largos, parece fácil trabajar en ella (por confirmar).
  • Buen escalonamiento de marchas – la 6ª es relajada para la autopista, la primera suficientemente corta para offroad, el par ayuda y cuando no es suficiente, el embrague bañado en aceite aguanta mejor que uno seco.

Lo malo:

  • Poca protección aerodinámica de la cúpula de serie – turbulencias en el casco y los hombros. Necesito una más alta.
  • Brusca al cerrar completamente el gas. No es grave, pero puede terminar molestando en un atasco.
  • Falta un indicador de marcha.

Editado: A los pocos meses, justo a la vuelta del viaje a Normandía, esta moto fue robada justo delante de la puerta de casa.

Una última salida

Moto nueva. Así que ¿qué pasa con la otra? A diferencia de un coche, una de las muchas ventajas de las motos es que existe un mercado de segunda mano muy activo, de modo que es muy fácil cambiar de moto a menudo y disfrutar de un poco de variedad. No solo eso, también significa que hay muchas motos en buen estado a la venta y que es fácil vender la propia y costear una buena parte del precio de la siguiente.

El problema era que la mía era muy especial para mí. Había sido mi primera moto grande y a pesar de que empezó como una moto para ir al trabajo, pronto ascendió a moto de fin de semana, moto de puentes, moto de vacaciones y finalmente moto de aventura. Me llevó a través de Europa a Rusia y Kazajstán. Al cabo Norte y hacia el sur hasta el Adriático. A través de los Alpes. De punta a punta de los Pirineos. Por toda España y Portugal…

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Para cuando llegó la Yamaha y decidí jubilarla, se había convertido en una compañera de viaje y no tenía ninguna intención de desprenderme de ella. Me decía a mi mismo que era demasiado vieja, que con casi 140,000 km no tenía prácticamente ningún valor en el mercado de segunda mano, pero eso no era más que una pésima excusa. Podía venderla a piezas, hay mucha demanda para recambios de V-Strom en España. También podía vender los accesorios, me había gastado una pequeña fortuna preparándola para los viajes de aventura. Pero la verdad era que sencillamente no quería desprenderme de ella. Así que hice lo que sabía que iba a hacer desde el principio: guardarla.

Así las cosas, a finales de junio la preparé para su último viaje; un viaje por un camino que había recorrido muchas veces ya, que yo había hecho incontables veces en coche antes de ella, un camino que para mí siempre ha ejemplificado el placer de conducir.

Mis abuelos paternos nacieron en una aldea remota perdida en el campo en una región con muy poca población. Su casa aún sigue en pie y a veces pasamos puentes o vacaciones allí, es un lugar maravilloso, tranquilo, precioso y lo más importante, alejado de carreteras principales. Hay mil rutas diferentes para llegar allí desde Barcelona, yo he llegado a tardar desde cinco horas a dos días en hacer el viaje, y más que el tiempo que pasó allí, lo que realmente disfruto es el llegar hasta allí.

Mi primer viaje largo en moto fue allí, tardé unas seis horas en una época en que no había pasado más de una hora seguida encima de la moto. Acababa de comprarla y un viaje de esa envergadura era todo un reto, no tenía ni idea cómo aguantaría o qué haría si me cansaba a medio camino. Fue una gozada. Me enamoré de la moto, de ir en moto, y no me he bajado de ella desde entonces.

Así que con un lugar donde guardarla y una excusa para hacer el viaje de vez en cuando y visitarla, nos pusimos en camino por esas carreteras tan familiares una última vez.

No se le notaban para nada los kilómetros. Cargada de equipaje para un fin de semana, todos los recambios y herramientas específicos para ella que ya no iba a necesitar para la Yamaha y una pasajera, aún podía mantener una velocidad de crucero decente y dar guerra en las carreteras de curvas. Era como si me dijese “¿ves? Puedo hacer otros 100,000 km como si nada, estoy hecha para esto”.

11888054_936788876382659_5627847432064108372_nSé que las V-Strom pueden durar más de 140,000 km, pero no quería usar la mía hasta romperla. Sabía que a la mía aún le quedaban unos cuantos miles de kilómetros, la idea era llevarla allí y dejarla almacenada hasta que decidiese usarla de nuevo para proyectos futuros y la minúscula aldea era el lugar perfecto: el clima es muy seco, así que no hay problemas de que se oxide nada.

Meter la moto en la casa ya era harina de otro costal… No hay una garaje propiamente dicho en la casa, solo un sótano al que se accede desde un patio. Oh, y la casa tampoco está terminada… está lo que se dice en proyecto, no es la casa de mis abuelos, es una que compramos hace unos años. En resumen, cuando llegué y abrí el portalón de madera que a al patio me encontré con malas hierbas y zarzas hasta la cintura. Metí la moto hacia la puerta trasera ayudándome con los pies, la rueda trasera patinando sobre la hierba, hasta que conseguí alcanzar el sótano, donde encontré el siguiente obstáculo. Avancé centímetro a centímetro entre herramientas y material de construcción hasta llegar a los dos altos escalones que daban al único espacio despejado donde podía guardar la moto, al fondo del sótano. Usamos unos tablones de madera con un ladrillo debajo para evitar que se partieran por la mitad bajo el peso de la moto y conseguimos meterla allí arriba.

Bien, hay una serie de operaciones que hay que hacer para dejar una moto parada en buenas condiciones durante períodos largos de tiempo, pero era un fin de semana normal, lo que significaba que teníamos que volver a Barcelona al día siguiente, y esta vez en autocar, lo que lleva mucho, mucho más tiempo que en moto, así que desconecté la batería y levanté la moto con el caballete y unas maderas para que ninguna de las dos ruedas apoyase en el suelo. Para mediados de agosto ya volvería con todo lo que necesitaba para prepararla para hibernar.

La mañana siguiente pedimos un taxi que nos dejó en el pueblo por donde pasa el autocar. Hacía más de diez años desde la última vez que había hecho ese viaje de vuelta de 8 horas en autocar, y la combinación de recuerdos de adolescencia y el haber dejado mi moto atrás hizo que me invadiese la melancolía mientras disfrutaba de las vistas convertido esta vez en pasajero.

El puente a ninguna parte

El pueblo de Riba-roja, en la provincia de Tarragona, se encuentra prácticamente en un callejón sin salida en lo que a comunicaciones por carretera se refiere.

La C12 es una carretera principal que siguiendo el Ebro deja atrás Ascó, con sus dos centrales nucleares, y llega a Flix, que hace una década hizo una triste aparición en los medios de comunicación cuando se descubrió que la planta química junto al río había estado contaminándolo con lodos altamente tóxicos, lo que dio pie a una operación de limpieza de la que aún hoy es visible el dique que se construyó para intentar contenerlos. Hacia el norte, la C12 lleva hasta la autopista y la autovía que conectan Barcelona y Madrid, la A2 y AP2. Hacia el noroeste, una carretera más pequeña sigue el río y las vías del tren Tarragona-Zaragoza hasta Riba-roja.

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El plan de emergencias nucleares de Tarragona, PENTA, preveía una ruta de evacuación hacia el norte en caso de que se produjera un incidente en las centrales de Ascó. Flix tiene la C12, pero el pueblo de Riba-roja no tiene nada más aparte de una estrecha carretera de montaña que serpentea hacia el oeste subiendo por la Serra de la Fatarella, por donde es complicado circular a más de 30 o 40 km/h, lo que implica que la única ruta de escape para los habitantes de Riba-roja es desandar el camino en dirección a las nucleares hasta Flix para poder tomar la C12.

Para resolver esta contradicción, en 1997 se construyó un nuevo puente. Con un coste de 800 millones de las antiguas pesetas, sus 350 metros de longitud salvan el Ebro y conducen hasta… nada. No se construyó absolutamente nada al otro lado del río, de modo que el único uso práctico del puente era que a partir de entonces los agricultores podían acceder fácilmente a sus huertos en la ribera norte sin tener que ir río abajo hasta el puente más cercano en Flix. Muy útil si uno vive en Riba-roja y tiene sus manzanos en la otra orilla, no tanto si lo que se quiere es salir pitando de la zona en caso de catástrofe nuclear en Ascó.

Yo había pasado por la zona varias veces, pero mi ruta siempre me llevaba hacia la carretera que sube a las montañas de Fatarella, y nunca había prestado atención a qué había al otro lado del puente, hasta que hace unos meses oí hablar de él en las noticias. Siento un tipo curioso, eché una ojeada a varios mapas y decidí que la próxima vez que estuviera por allí cruzaría el puente a ninguna parte e intentaría descubrir si de algún modo se podía conectar con Maials y de allí a Mequinenza sin tener que subir hasta Fraga. En los mapas parecía haber una serie de pistas y caminos al otro lado del río, del tipo que lleva a campos y huertos, así que imaginé que si encontraba la ruta adecuada, podría conseguirlo.

Unos meses más tarde estaba in situ, en la orilla norte del Ebro, contemplando el puente que acababa de cruzar y haciendo fotos para el blog. Desde debajo suyo se aprecia la magnitud de la obra y el desperdicio de dinero que había supuesto construirlo y no terminar la carretera al otro lado.

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Me sorprendió ver que al contrario de lo que había leído, la carretera no terminaba justo al final del puente, sino que seguía un medio kilómetro hasta encontrar una señal que advertía de que la carretera estaba sin pavimentar a partir de ese punto. Curiosamente, sí que lo estaba, simplemente era asfalto en muy estado, del tipo que se va desintegrando y convirtiéndose en gravilla, y un poco más adelante vi un indicador que confirmaba mis sospechas de que era posible conectar hasta Maials: un cartel que decía ‘Almatret’, que según los mapas es un pequeño pueblo en medio de la red de pistas que había visto.

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Sin embargo la cosa no iba a ser tan fácil, tras unos kilómetros de carretera estrecha y solitaria, el asfalto terminaba y desde aquel punto en adelante era sencillamente una pista en no demasiado buen estado, del tipo que un turismo ya no puede hacer. Avancé con cuidado, ya que iba solo con una moto pesada y sin cobertura de móvil por una pista que nadie parecía usar.

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El camino se fue empinando a medida que se alejaba del río y ascendía las colinas, y me empecé a preguntar cuánto faltaba para encontrar el pueblo o que el tema se tornase demasiado complicado y tuviera que dar la vuelta y regresar al puente. Por suerte la pista parecía haber llegado a una cota más alta y volvía a allanarse. Enfrente de mi vi una granja con un turismo aparcado en la entrada, lo que significaba que la pista a partir de allí tenía que ser más sencilla.

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Lo era. Unas curvas más adelante encontré una carretera bien asfaltada que empezaba a las afueras del pueblo que había estado buscando. En el centro pregunté a un abuelo sin camisa y una barriga imponente si era posible llegar a Mequinenza desde allí. Me alegré de escuchar que lo era y presté atención a las indicaciones, intentando recordar los detalles. Salí del pueblo por una buena carretera en dirección a Maials, que imaginé que era la carretera a la que tenía que llevar el puente algún día.

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Allí tenía que girar a la izquierda y encontrar una pista que llevase a un lugar llamado La Granja d’Escarp. En el GPS la pista que se supone que tenía que tomar era una de muchas entre Maials y donde yo quería ir, así que antes de llegar a Maials me la jugué y me metí en la primera pista que parecía en buen estado para atajar.

Mala idea. Me metí en un laberinto de pistas y caminos que no hacían más que empeorar hasta que se convertían en caminos que se perdían. Daba igual cuál tomara, ninguno parecía llevar a ninguna parte y mucho menos al pueblo que quería encontrar. No queriendo tener que desandar el camino hasta Almatret, tuve que meter la moto por algún paso complicado y seguí el mapa lo mejor que pude para llegar a la carretera principal justo pasado Maials.

Justo antes de llegar a esa carretera, encontré otra más pequeña y asfaltada y un poco más al oeste encontré un indicador a La Granja d’Escarp. Era la carretera que había estado buscando, debería haber ido hasta Maials en vez de meterme en las pistas.

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A pesar de estar asfaltada era poco más que una pista con algo de pavimento, pero era mucho mejor que los caminos por los que había llegado. Tras una suave y larga pendiente, llegué a La Granja d’Escarp, a orillas del Segre, que seguí hacia el sur hasta llegar al punto donde confluye con el Ebro y donde encontré Mequinenza.

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Había sido un recorrido emocionante, pero no podía imaginar que la ruta que había seguido por pistas forestales fuese de mucha ayuda en caso de un incidente nuclear, por mucho puente que hubiese. Afortunadamente, la razón por la que había oído hablar del puente en las noticias era que el proyecto para terminar la carretera se había reactivado y ya se habían hecho los estudios del terreno y ambientales necesarios para la aprobación del proyecto. Esperemos que Riba-roja no sea un callejón sin salida por mucho más tiempo.