Le Mont de Huisines-sur-Mer

Día 2 – Miércoles 26 de agosto – De Saintes a Caen (562km)

Al igual que en la exitosa comedia francesa Bienvenidos al Norte, el viejo tópico sobre la lluvia y el norte se reveló acertado una vez más.

De camino a Cherbourg y el Cap de la Hague quería parar en el Mont Saint-Michel. Esperaba encontrarlo abarrotado de turistas en esta época del año y tampoco iba sobrado de tiempo, pero daba igual, ya lo había visitado cuando estuve en la Bretaña hacía años y solo quería pasar y ver su silueta hoy. A medida que me acercaba a la zona bajo el sol vi que el cielo estaba nublado por delante de mí, como si la línea de nubes marcara la frontera de Normadía. Pensé en parar y ponerme las capas impermeables, pero me dije que no tenía tan mala pinta y que seguramente podía llegar al Mont Saint-Michel antes de que empezara a llover, ya que quería parar a comer allí. A unos poco kilómetros del pueblo de La Grève empezaron a caer unas pocas gotas y paré en un área de picnic a ponerme las capas extra. Me tiré diez minutos peleándome con clips, cremalleras y un viento del demonio, y para cuando había terminado ya no llovía. Bueno, al menos ahora no pasaría frío, el viento era gélido, pero sigo pensando que este tipo de traje requiere mucha previsión. Hubiese quedado completamente empapado si la lluvia hubiese sido fuerte y hubiese llegado de golpe. Aprovechando que ya estaba allí y no llovía, comí algo antes de seguir.

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El Mont Saint-Michel estaba tal y como lo recordaba, pero con muchos más turistas, lo que significaba que se habían construido más párquings más cerca del pueblo, y ya no era posible acercarse con la moto. Naturalmente, eran todos de pago, así que simplemente seguí un poco más lejos por la carretera para verlo y poder hacer alguna foto, con la lluvia ya haciendo acto de presencia de forma más notoria.

La cosa empeoraba y volví a la moto con la intención de ir rápido a Cherbourg, pero me distrajo un cartel al lado de la carretera que indicaba hacia un cementerio militar alemán.

No tenía ni idea que el bando perdedor tenía algo así en Francia, y mucho menos allí, tan cerca de las costas donde tuvo lugar el día D, así que la curiosidad me pudo.

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Resultó que no era un cementerio, sino un mausoleo, y muy grande. Se llama Le Mont de Huisines-sur-mer, y es un edificio circular de caso 50 metros de diámetro con 34 criptas en dos niveles que dan a un patio central. Aquí se encuentran los restos de 11,956 soldados alemanes.

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La invasión aliada y las batallas que la siguieron dejaron grandes pérdidas en el ejército alemán en esta región, y en 1954, solamente 10 años tras el desembarco, franceses y alemanes firmaron un acuerdo para cuidarse de los distintos cementerios en la región. Este mausoleo fue construido por la Volksbund Deutsche Kriegsgräberfürsorge (la Asociación Popular Alemana para el Mantenimiento de las Tumbas Militares) con fondos del gobierno alemán. En 1961 se comenzó el traslado de los cuerpos enterrados en los cementerios de Morbihan, Ille-et-Vilaine, Mayenne, Sarthe, Loire-et-cher, Indre-et-Loire, Viene e Indre, y el mausoleo abrió en septiembre de 1963.

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La lluvia arreció mientras cruzaba las puertas que deban al patio circular. El circulo que forma la cripta está por debajo del nivel del terreno, pero mientras que el mausoleo no es visible desde lejos, la cruz que se yergue en el centro se puede ver desde el Mont Saint-Michel. Es difícil describir lo que sentía andando de una cripta a otra, completamente solo, el eco de mis pasos y el golpeteo de la lluvia sobre el suelo los únicos sonidos que llenaban el vacío del vasto lugar.

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La historia la escriben los vencedores, generalmente en blanco y negro, y la industria del entretenimiento se encarga de hacerla aún más blanca y negra. Es fácil percibir el mundo con fronteras claramente delimitadas entre el bien y el mal, y en caso de la 2ª Guerra Mundial el bando vencido era tan claramente malo que es difícil pensar de forma distinta. Pero ¿quién eran realmente estas personas cuyos centenares de nombres cubrían las paredes? La mayoría habían nacido a principios de los años 20, eran muchachos jóvenes, no oficiales, que perdieron sus vidas luchando por un país, como cualquier otro soldado. Simplemente habían nacido en el país con los líderes equivocados. No voy a entrar en el tema de cuánto sabían los soldados fuera de las SS o la población en general sobre las atrocidades que se estaban cometiendo no soy un experto en la materia, de modo que mejor dejo el debate a los que estén mejor informados que yo, pero visitando esas tumbas me horrorizó lo aleatorio que es. Uno nace en un país. Eso define tu nacionalidad, tu lengua, tu modo de pensar y, si ese país entra en guerra, por qué bando vas a luchar y perder la vida. Lógicamente hay gente que va más allá, que se hacen preguntas a ellos mismos y a los demás, que ven el mundo con distintos ojos y cuestionan las cosas, pero la mayoría de gente son seguidores. Esta gente hizo lo que la mayoría haría si su país entrara en guerra. Y probablemente no tenían una idea muy clara de lo que estaba pasando. Y murieron. Tuvieron la mala suerte de nacer en el momento equivocado en el lugar equivocado.

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Al final de la visita el día estaba tan oscuro como mi pensamiento. La lluvia no amainaba, al contrario, iba a peor, y el traje empezaba a empaparse, no tardaría mucho en dejar entrar el agua. Empezaba a ver claro que no iba a llegar a Cherbourg (unos 150 km más) así que me dirigí a Caen en busca del albergue allí. Cuando paré a repostar pensé que sería un buen momento para reprogramar la ruta en el GPS, pero aquí la lluvia cae de lado, así que incluso bajo la marquesina de la gasolinera notaba la lluvia golpeándome el casco. Volví a subirme a la moto, usé el viejo método de leer las indicaciones y llegué al albergue.

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El lado bueno es que el albergue solo costaba 13€. El negativo es que era por una habitación compartida, y cuando entré me encontré con el habitual zombie que uno encuentra de vez en cuando en estos sitios, un tío durmiendo en la litera a las 4 de la tarde. Seguía durmiendo para cuando yo había descargado la moto, usado la ducha, calculado los gastos del día, planificado la ruta para el siguiente y escrito esto. No fue hasta la hora de cenar que vi su litera vacía. Parecía que íbamos a ser solo los dos en la habitación… Rogué que no roncara.

Más fotos aqui.

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