Las playas del día D – Parte 2: Bajo el sol

Día 4 – Viernes 28 de agosto – De Cherbourg-Octeville a Arromanches (165km)

El albergue en Cherbourg era fantástico. Para empezar, el edificio mismo ya era interesante, había pertenecido a la marina francesa, el personal era amable y atento, me dejaron aparcar la moto en la puerta mismo, el desayuno estaba incluido en el precio y me dieron una habitación compartida de cuatro camas para mí sólo, de modo que tuve espacio para colgar todo el equipo a secar (ocupaba toda la habitación). Tras un buen descanso y un mejor desayuno, estaba listo para ir a ver todo lo que me había saltado el día anterior.

Hacía muy buen día, cielo despejado, buena temperatura, ni una nube en el horizonte, ideal para ir en moto. El plan era ver las playas de nuevo y llegar a Caen a primera hora de la tarde para visitar el gran museo sobre la guerra allí, pero las cosas no iban a salir así. Para empezar, estaba más cansado de lo que creía y no escuché el despertador, así que la salida planeada para las 7 se convirtió en una salida a las 10. Además, con el buen tiempo que hacía, me iba a distraer por culpa de rincones interesantes todo el tiempo.

Me dirigí a Ravenoville, donde quería tirar a la izquierda, tomar la carretera que bordea el mar y hacer toda la playa de Utah hasta el memorial y el museo, pero justo pasado Fontenay-sur-Mer vi un cartel que indicaba ‘Crisbecq Battery’, así que me desvié a ver qué era.

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Era una de las muchas baterías que formaban el Muro Atlántico, con tres cañones, dos de ellos en casamatas, con un alcance de unos 30 km, que cubrían la playa entre la Pointe du Hoc y Saint-Vaast-la-Hougue. Una de las casamatas estaba parcialmente destruida, pero la otra, así como una red de trincheras, se habían preservado y eran ahora parte de un museo. Esta posición disparaba sobre la playa de Utah durante el desembarco, y no fue tomada hasta al cabo de 8 días.

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En lugar de volver a la carretera principal, seguí por el mismo camino y me llevó directo a la playa, donde encontré la que lleva directamente al museo, 12 km de carretera preciosa al borde del mar.

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Por esa ruta encontré otras ‘distracciones’: primero, el predecesor del Muro Atlántico, un fuerte del siglo XVII construido como parte de una línea de defensa de 25 kilómetros contra los ataques ingleses a la costa que contaba con 15 fuertes.

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Luego, más restos del Muro Atlántico, varios búnkeres en diferentes estados de conservación a lo largo de la playa, y finalmente un memorial con un tanque Sherman, pero este era especial.

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La 4ª División de Infantería de los EUA desembarcaron aquí, a 2.5 km al sur del punto planeado, un error de navegación que salvó muchas vidas. Las fortificaciones en este punto habían sido destruidas con eficacia por los bombardeos de la RAF, dejando esta zona fuera del alcance de las baterías de Crisbecq y Azeville. La playa fue tomada en una hora y los ingenieros establecieron vías para desembarcar más tropas. Entre ellas, la 2ª División Blindada del General Leclerc. Pertenecía al ejército de la Francia Libre y había estado combatiendo con éxito contra las fuerzas del eje en Libia, y tras volver al Reino Unido, se incorporaron al ejército de los EUA y fueron enviados a la playa de Utah, lo que los convirtió en las primeras tropas francesas en el avance hacia el interior para reconquistar su territorio. Más adelante liberarían Paris.

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Durante todas estas visitas, un cierto sentimiento de vergüenza había estado dando vueltas por mi interior. Durante la 2ª Guerra Mundial soldados del Reino Unido, los EUA, Canadá, Francia, Polonia, Australia, Bélgica, Nueva Zelanda, Holanda, Noruega, Checoslovaquia y Grecia habían luchado aquí para darle la vuelta a la guerra, y ¿qué estaba haciendo el ejército de mi país? Apoyando una dictadura fascista amiga de los Nazis y que iba a durar 40 años. No solo eso, eran tan viles, cobardes y oportunistas que en el momento en que las cosas empezaron a torcerse, a Franco le faltó tiempo para empezar a llevarse bien con los Americanos. Al menos aquí encontré cierto consuelo al descubrir que entre 300 y 350 soldados republicanos españoles habían formado parte de la 2ª División de Leclerc.

El Musée du Débarquement en la playa de Utah se encuentra junto a una fortificación alemana que una vez conquistada se usó como cuartel general de la 1ª Brigada Especial de Ingenieros, desde donde se dirigían todas las operaciones de desembarco. Gracias a su trabajo, todas las tropas, armas, vehículos, municiones, combustible y una larga lista de suministros necesarios para conquistar Europa llegaron a estas playas. El museo da una muy buena explicación del desembarco del día D y tiene una colección de vehículos muy interesante, entre ellos un anfibio, una lancha de desembarco y un bombardero B26.

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Después de visitar el museo me dirigí a Sainte-Mère-Église para ver el Airborne Museum, con una parada en Sainte-Marie-du-Mont de camino. Los alrededores de este pueblo fueron escenario del célebre asalto a Brécourt Manor el día D. Una estatua de Richard Winters, comandante de la Easy Company, está situada en la plaza. Fui hacia el museo para descubrir más sobre él y sus hombres.

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Sainte-Mère-Église tiene el honor de ser el primer pueblo de Francia liberado el día D. Aquí es donde todo empezó. El museo está en el centro, frente a la iglesia, y lo primero que destaca al llegar es que hay un paracaidista colgando del campanario. Es un memorial a John Steele, un miembro de la 82ª División cuyo paracaídas se enredó en una de las puntas de la iglesia. Estaba herido y no pudo librarse del lugar donde se encontraba, colgando en la fachada de la torre, testigo del combate por debajo suyo. Se hizo el muerto durante dos horas, hasta que finalmente los alemanes lo descolgaron y lo hicieron prisionero. Más tarde consiguió escapar y reunirse con su división para seguir luchando.

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La mayoría de la gente se refiere al desembarco del día D como la Operación Overlord, si bien eso no es técnicamente correcto. Ese nombre se refiere a toda la operación para invadir Normandía, que era mucho mayor que el desembarco del 6 de junio. El nombre del desembarco propiamente dicho era Operación Neptuno, y la 82ª y 101ª Divisiones Aerotransportadas representaron la primera maniobra de dicha operación. Estos hombres fueron lanzados en paracaídas por detrás de las líneas enemigas que defendían las playas, y su misión era asegurar las vías de salida de las playas para las tropas que desembarcaban, bloquear el avance hacia las playas de un posible contraataque alemán y establecer puentes sobre el río Douve para que las tropas americanas que llegaban a las playas de Utah y Omaha pudieran reunirse.

Los saltos quedaron esparcidos en una zona muy amplia debido a una serie de factores que afectaron la navegación de los C-47 que llevaban las tropas, y muchos de los soldados se encontraron solos o separados de sus unidades. Anticipando esta maniobra, los alemanes habían inundado grandes zonas detrás de la playa de Utah, dejando solo cinco corredores de acceso a la playa. Cargados con entre 40 y 50 kilos de equipo y enredados en su propio paracaídas, algunos soldados murieron ahogados.

Todo esto significa que tardaron tres días en establecer accesos seguros a las playas, pero consiguieron repeler contraataques alemanes y tomar sus posiciones fortificadas. Su misión ayudó a las tropas de la playa de Utah a romper por primera vez el Muro Atlántico.

Entre aquellos hombre se hallaba la Compañía Easy , liderada por el Capitán Richard Winters después de que su comandante hubiera perdido la vida en un C-47 antes de ni tan solo poder saltar. Cuando encontró a sus hombres y lograron reunirse con el resto de tropas, se les ordenó que se ocupasen de unos cañones alemanes en una zona cercana, Brécour Manor. Sin más información , él y sus hombres se desplazaron hasta allí y encontraron una posición artillada alemana con cuatro cañones de 105mm disparando sobre las tropas aliadas que intentaban salir de la playa Utah. A pesar de estar en inferioridad numérica consiguieron tomar la posición y destruir los cuatro cañones, salvando cientos de vidas y convirtiéndose así en un ejemplo de manual de asalto a una posición artillada que aún se estudia hoy en día en las principales academias militares.

Ya era media tarde y aún estaba en la zona de la playa de Utah… De ningún modo iba a llegar a Caen, así que decidí terminar el día en Arromanches con una visita al cine de 360º y luego acampar por la zona; hacía buen tiempo y había visto varios campings de camino al oeste el día anterior.

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Llegué al cine a las 6:45 de la tarde, y la última proyección era a las 6:40. Derrotado, bajé al pueblo y encontré el camping municipal justo al lado del centro. Era barato, agradable y tranquilo, así que acampé allí. Aún me quedaba un rato antes de la puesta de sol, así que volví a subir al cine y me senté en un banco solitario que daba al pueblo a ver el sol ponerse tras los restos del puerto.

Más fotos aquí.

Las playas del día D – Parte 1: Bajo la lluvia

Día 3 – Jueves 27 de agosto – De Caen a Cherbourg-Octeville (206km)

El zombie ya estaba en la cama cuando entré en la habitación a las 10 de la noche después de cenar y a las 7 de la mañana del día siguiente continuaba durmiendo y fuera continuaba lloviendo. Para cuando volví del desayuno se había esfumado, pero lo mismo no podía decirse de la lluvia, por desgracia.

Si no paraba pronto visitar las playas del día D iba a ser duro… Pero en esta zona hay dos tipos de tiempo: lluvioso o muy lluvioso, así que decidí ponerme en camino de todos modos.

Saliendo de Caen por la D514 el tiempo solo estaba lluvioso, y al cabo de pocos minutos llegué a la primera parada del día: la playa Sword. Esta era la playa más oriental de las cinco donde desembarcaron los aliados, las más cercana a Caen.

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Fue una visita un poco decepcionante. No queda casi rastro del desembarco aquí, la mayoría de edificios y búnkeres fueron destruidos en bombardeos y han desaparecido del todo hoy. Aparqué frente al museo del desembarco de la playa Sword, pero no abrían hasta al cabo de 40 minutos. El tiempo había evolucionado a muy lluvioso, y no quería esperarme de pie ahí fuera, así que seguí avanzando por la playa y parando cada vez que encontraba algo digno de visita: primero un memorial en una pequeña elevación desde donde pude contemplar la extensión de la playa. Era larga y ancha, al contrario que las playas rodeadas de acantilados que suelen aparecer en las películas.

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El desembarco aquí tuvo éxito y se saldó con relativamente pocas víctimas, con el avance aliado encontrando resistencia solo cuando empezaron a avanzar hacia el interior. También encontré un tanque británico Mk VII Cavalier al lado de la carretera y algo más adelante una pieza de artillería que curiosamente apuntaba hacia el interior, no al mar.

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Era un cañón anti tanque situado así para protegerlo de ataques desde el mar, y podía girar más de 180º para cubrir la playa en ambas direcciones.

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La siguiente parada era en Courseulles-sur-Mer, en la playa Juno. Esta playa estaba asignada a los canadienses y a los británicos, por lo que hay un museo canadiense del desembarco. Podéis pensar que visitar museos es un buen plan si está lloviendo, y tenéis razón si vas en coche. En la moto, mantenerse seco es un proceso que implica varias capas que se tarda en ponerse o quitarse. Dejarlas puestas implica ir chorreando por todo el museo y además morirse de calor en todo el equipo que lo mantiene a uno calentito en la carretera, quitárselo implica hacer un striptease en el aparcamiento o molestarse en encontrar un rincón donde poder hacerlo con algo de privacidad, y encima es laborioso. Pase una vez, a la hora de comer por ejemplo, pero no cuando hay algo que visitar cada 10 minutos, y ya que estamos secos dentro de tanta capa, se puede aprovechar y visitar cosas en el exterior. Total, que con ese razonamiento y el tiempo en modo lluvia intensa, visité la playa y los restos de unos búnkeres cerca del museo hasta con el casco puesto. No había nadie más por suerte, porque parecía una especie astronauta raro explorando un planeta Marte lluvioso.

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Tenía ganas de ver el siguiente pueblo: Arromanches. Estaba en la playa Gold Beach, donde tuvo lugar uno de los logros más sorprendentes de la ingeniería militar de todos los tiempos: el puerto Mulberry.

El pueblo está al borde de la playa entre dos acantilados, y sobre él se encuentra el cine de 360º de Arromanches. Desde el aparcamiento de éste se tiene un punto de vista perfecto para apreciar lo que queda de las estructuras que formaron el puerto. La marea estaba alta, así que no vi mucho. Algunos de los enormes rompeolas de cemento que se colocaron en un semicírculo para proteger el puerto de las olas seguían en su sitio, así como unas pocas estructuras cerca de la playa, pero eso era todo.

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De ahí fui hacia el interior para visitar Bayeux, la primera ciudad que fue tomada al día siguiente del desembarco, y que acoge el más grande de los 16 cementerios de la Commonwealth en Normandía. Estaba diluviando y el cementerio estaba lejos del aparcamiento, así que tampoco lo visité. Después de eso el tiempo pareció darme un respiro para la visita más imponente del día: la playa de Omaha.

En este punto la carretera no discurre pegada a la playa, ya que estamos en la zona donde se encuentran los famosos acantilados que han aparecido en tantas películas, pero hay muchos indicadores que apuntan hacia diferentes caminos que llevan hasta ella. Me metí por el primero que encontré en Colleville-sur-Mer y bajé hasta el tramo de playa donde la 1ª División de Infantería, la Big Red One, había desembarcado.

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Omaha fue asignada a los americanos, y sabían que iba a ser la más dura de tomar de entre las cinco playas. Estaba bien defendida, rodeada de acantilados y al oeste se encontraban las fortificaciones de Pointe du Hoc, que podían tirar sobre la playa. Estos hombres, juntamente con la 29ª División de Infantería en el tramo occidental de la playa, constituyeron la primera ola del ataque en Omaha.

Tras una travesía con un fuerte oleaje que inundó las barcazas y hundió 10 de ellas, alcanzaron la playa y la encontraron mejor defendida de lo esperado. Fuego de pistolas, ametralladoras, morteros y artillera llovía sobre ellos desde las posiciones altas dominadas por los alemanes. Muchos de ellos ni siquiera desembarcaron en la playa, las barcazas vararon en bancos de arena y tuvieron que cruzar casi 200 metros de agua y arena, cargados con armas y equipamiento. Los que desembarcaron a ambos extremos de la playa se llevaron la peor parte, al quedar más cerca de las defensas en los acantilados. Los bombardeos de los aliados en las horas previas a la operación habían caído demasiado al interior, dejando la mayoría de defensas alemanas intactas.

Justo detrás del primer ataque llegaban los cuerpos de ingenieros cuyo trabajo era despejar vías de paso entre los obstáculos para que pudieran desembarcar más tropas de infantería y artillería, pero debido al caos y el mal tiempo, la mayoría de ellos no terminaron en los lugares designados y tuvieron que hacer su trabajo sin prácticamente ninguna protección.

En total, hubo más de 3,000 bajas aliadas aquel día.

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Hay un memorial a la 1ª División de Infantería aquí, en el emplazamiento de la fortificación alemana WN62, la más importante de las 15 que defendían la playa de Omaha. Solo queda parte de ella hoy en día, pero viendo el tamaño de sitio y el armamento que tenía, uno no puede más que admirar profundamente la valentía de los hombres que conquistaron esta posición.

En lo alto de los acantilados que dan a la playa y que tanto costó tomar, se encuentre el Cementerio Estadounidense de Normandía. Hilera tras hilera de cruces blancas marcan las tumbas de 9,387 hombres que perdieron sus vidas aquí.

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La lluvia por fin paró del todo cuando estaba en el memorial de la playa de Omaha en Saint-Laurent-sur-Mer, lo que me dio tiempo para visitar el monumento y pasear por la playa. En este punto es muy ancha con la marea baja y no hay acantilados, pero sí que hay colinas y solo una vía de salida, a través de un valle que se estrecha a medida que avanza hacia el interior.

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Además, los que desembarcaron aquí estaban expuestos al fuego de artillería del siguiente lugar que iba a visitar, escenario de una de las batallas más sangrientas del día: La Pointe du Hoc.

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La Pointe du Hoc es un saliente entre la playa de Omaha, al este, y la de Utah, al oeste. Con unos acantilados de 30 metros, es el punto más alto entre ambas playas, y estando situada en tan crítica posición, los alemanes lo habían fortificado como parte del Muro Atlántico. Era una seria amenaza para la operación de los aliados, de modo que se diseño un plan especial para tomarla. Tres compañías de Rangers iban a desembarcar al pie de los acantilados antes del desembarco principal e iban a usar cuerdas y escaleras para escalar hasta la posición alemana y obtener el control de la misma.

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Al igual que otros desembarcos ese día, el mal tiempo diezmó las 12 lanchas y los cuatro camiones anfibios que formaban parte de la operación: dos lanchas y dos camiones se hundieron. Las tropas tenían lanzagranadas modificados para lanzar ganchos a la pared del acantilado y fijar cuerdas, pero éstas se habían empapado durante la travesía y pesaban demasiado para alcanzar la pared. Además, las escaleras de 30 metros que llevaban resultaron ser demasiado cortas.

El plan era que los Rangers mandaran una señal al llegar a las posiciones alemanas. Si la señal no se producía, las ocho compañías de Rangers que les tenían que servir de refuerzo virarían hacia la playa para ayudar con el desembarco allí. Al tardar tanto en escalar el acantilado, para cuando se mandó la señal el resto de los Rangers ya estaban en la playa, pensando que habían fracasado, lo que significa que se quedaron solos para conquistar la posición y despejar el terreno hacia el interior.

Cuando alcanzaron las fortificaciones vieron que los cañones habían sido retirados para protegerlos de los bombardeos aliados, resultó que el fuego de artillería que caía sobre la playa provenía de las baterías de Maisy, más al oeste. Dos patrullas encontraron los cañones unos kilómetros al interior, camuflados entre la maleza y preparados para abrir fuego sobre la playa, y los destruyeron de inmediato. Pero a pesar de haber tomado las fortificaciones, lo peor estaba por llegar.

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De los más de 225 hombres que lanzaron el ataque, solo quedaban 90 que fuesen capaces de combatir. Sin refuerzos ni comunicación por radio, tuvieron que repeler contraataques alemanes constantes que intentaban recuperar tan preciada posición. No fueron relevados hasta el cabo de dos días, cuando los tanques y la infantería por fin consiguieron llegar desde la playa.

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Aunque parcialmente destruidas, la mayoría de esas fortificaciones siguen hoy en la Pointe du Hoc. Es un laberinto de búnkeres, casamatas, trincheras y posiciones de artillería. Originalmente tenía seis cañones franceses de 155 mm de la 1ª Guerra Mundial, pero al darse cuenta de la importancia de la posición en caso de un ataque por mar, los alemanes habían empezado la construcción de seis casamatas. Usaron mano de obra forzada francesa, que trabajaban tan lento como podían para intentar sabotear la construcción, y el día del desembarco dos de ellas aún no estaban terminadas. Eso, junto con el hecho que de que se hubieran retirado los cañones hacia el interior para protegerlos de los bombardeos, evitó que el desembarco en Omaha y Utah fuese aún más mortífero.

Sin lluvia ya pero con el cielo todavía plomizo, llegué a la última de las cinco playas: Utah. Aquí hay un memorial, un museo, un tanque Sherman y una réplica de una de las lanchas de desembarco usadas el día D.

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Era tarde, tenía los guantes y las botas completamente empapados después de casi 9 horas bajo la lluvia, y aún me quedaba un rato de camino hasta Cherbourg, así que no visité gran cosa aquí ya. La previsión para el día siguiente era buena, así que decidí que desandaría el camino hasta Caen siguiendo la misma ruta y visitaría todo lo que hoy no había podido.

Más fotos aquí.

Le Mont de Huisines-sur-Mer

Día 2 – Miércoles 26 de agosto – De Saintes a Caen (562km)

Al igual que en la exitosa comedia francesa Bienvenidos al Norte, el viejo tópico sobre la lluvia y el norte se reveló acertado una vez más.

De camino a Cherbourg y el Cap de la Hague quería parar en el Mont Saint-Michel. Esperaba encontrarlo abarrotado de turistas en esta época del año y tampoco iba sobrado de tiempo, pero daba igual, ya lo había visitado cuando estuve en la Bretaña hacía años y solo quería pasar y ver su silueta hoy. A medida que me acercaba a la zona bajo el sol vi que el cielo estaba nublado por delante de mí, como si la línea de nubes marcara la frontera de Normadía. Pensé en parar y ponerme las capas impermeables, pero me dije que no tenía tan mala pinta y que seguramente podía llegar al Mont Saint-Michel antes de que empezara a llover, ya que quería parar a comer allí. A unos poco kilómetros del pueblo de La Grève empezaron a caer unas pocas gotas y paré en un área de picnic a ponerme las capas extra. Me tiré diez minutos peleándome con clips, cremalleras y un viento del demonio, y para cuando había terminado ya no llovía. Bueno, al menos ahora no pasaría frío, el viento era gélido, pero sigo pensando que este tipo de traje requiere mucha previsión. Hubiese quedado completamente empapado si la lluvia hubiese sido fuerte y hubiese llegado de golpe. Aprovechando que ya estaba allí y no llovía, comí algo antes de seguir.

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El Mont Saint-Michel estaba tal y como lo recordaba, pero con muchos más turistas, lo que significaba que se habían construido más párquings más cerca del pueblo, y ya no era posible acercarse con la moto. Naturalmente, eran todos de pago, así que simplemente seguí un poco más lejos por la carretera para verlo y poder hacer alguna foto, con la lluvia ya haciendo acto de presencia de forma más notoria.

La cosa empeoraba y volví a la moto con la intención de ir rápido a Cherbourg, pero me distrajo un cartel al lado de la carretera que indicaba hacia un cementerio militar alemán.

No tenía ni idea que el bando perdedor tenía algo así en Francia, y mucho menos allí, tan cerca de las costas donde tuvo lugar el día D, así que la curiosidad me pudo.

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Resultó que no era un cementerio, sino un mausoleo, y muy grande. Se llama Le Mont de Huisines-sur-mer, y es un edificio circular de caso 50 metros de diámetro con 34 criptas en dos niveles que dan a un patio central. Aquí se encuentran los restos de 11,956 soldados alemanes.

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La invasión aliada y las batallas que la siguieron dejaron grandes pérdidas en el ejército alemán en esta región, y en 1954, solamente 10 años tras el desembarco, franceses y alemanes firmaron un acuerdo para cuidarse de los distintos cementerios en la región. Este mausoleo fue construido por la Volksbund Deutsche Kriegsgräberfürsorge (la Asociación Popular Alemana para el Mantenimiento de las Tumbas Militares) con fondos del gobierno alemán. En 1961 se comenzó el traslado de los cuerpos enterrados en los cementerios de Morbihan, Ille-et-Vilaine, Mayenne, Sarthe, Loire-et-cher, Indre-et-Loire, Viene e Indre, y el mausoleo abrió en septiembre de 1963.

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La lluvia arreció mientras cruzaba las puertas que deban al patio circular. El circulo que forma la cripta está por debajo del nivel del terreno, pero mientras que el mausoleo no es visible desde lejos, la cruz que se yergue en el centro se puede ver desde el Mont Saint-Michel. Es difícil describir lo que sentía andando de una cripta a otra, completamente solo, el eco de mis pasos y el golpeteo de la lluvia sobre el suelo los únicos sonidos que llenaban el vacío del vasto lugar.

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La historia la escriben los vencedores, generalmente en blanco y negro, y la industria del entretenimiento se encarga de hacerla aún más blanca y negra. Es fácil percibir el mundo con fronteras claramente delimitadas entre el bien y el mal, y en caso de la 2ª Guerra Mundial el bando vencido era tan claramente malo que es difícil pensar de forma distinta. Pero ¿quién eran realmente estas personas cuyos centenares de nombres cubrían las paredes? La mayoría habían nacido a principios de los años 20, eran muchachos jóvenes, no oficiales, que perdieron sus vidas luchando por un país, como cualquier otro soldado. Simplemente habían nacido en el país con los líderes equivocados. No voy a entrar en el tema de cuánto sabían los soldados fuera de las SS o la población en general sobre las atrocidades que se estaban cometiendo no soy un experto en la materia, de modo que mejor dejo el debate a los que estén mejor informados que yo, pero visitando esas tumbas me horrorizó lo aleatorio que es. Uno nace en un país. Eso define tu nacionalidad, tu lengua, tu modo de pensar y, si ese país entra en guerra, por qué bando vas a luchar y perder la vida. Lógicamente hay gente que va más allá, que se hacen preguntas a ellos mismos y a los demás, que ven el mundo con distintos ojos y cuestionan las cosas, pero la mayoría de gente son seguidores. Esta gente hizo lo que la mayoría haría si su país entrara en guerra. Y probablemente no tenían una idea muy clara de lo que estaba pasando. Y murieron. Tuvieron la mala suerte de nacer en el momento equivocado en el lugar equivocado.

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Al final de la visita el día estaba tan oscuro como mi pensamiento. La lluvia no amainaba, al contrario, iba a peor, y el traje empezaba a empaparse, no tardaría mucho en dejar entrar el agua. Empezaba a ver claro que no iba a llegar a Cherbourg (unos 150 km más) así que me dirigí a Caen en busca del albergue allí. Cuando paré a repostar pensé que sería un buen momento para reprogramar la ruta en el GPS, pero aquí la lluvia cae de lado, así que incluso bajo la marquesina de la gasolinera notaba la lluvia golpeándome el casco. Volví a subirme a la moto, usé el viejo método de leer las indicaciones y llegué al albergue.

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El lado bueno es que el albergue solo costaba 13€. El negativo es que era por una habitación compartida, y cuando entré me encontré con el habitual zombie que uno encuentra de vez en cuando en estos sitios, un tío durmiendo en la litera a las 4 de la tarde. Seguía durmiendo para cuando yo había descargado la moto, usado la ducha, calculado los gastos del día, planificado la ruta para el siguiente y escrito esto. No fue hasta la hora de cenar que vi su litera vacía. Parecía que íbamos a ser solo los dos en la habitación… Rogué que no roncara.

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Normandía 2015

Intro

El viaje de vacaciones de este año me ha tenido alejado de la moto, a no ser que contemos un par de días con un scooter eléctrico chino. Fuimos dos semanas a Myanmar, mi primer viaje al sudeste asiático, mi primer viaje a Asia, de hecho, Kazajstán y Rusia no cuentan, pues no llegué a dejar lo que aún se considera Europa geográficamente hablando. Fue un viaje increíble, y espero encontrar el tiempo para escribir sobre ello.

De vuelta de ese viaje aún me quedaban unos días: gasté cinco de ellos yendo a visitar mi querida V-Strom y haciendo un poco de investigación para un futuro proyecto, lo que me dejaba 10 días antes de volver a la escuela. ¿Qué hacer con ellos? Saqué la lista de destinos pendientes: ¿Marruecos? Demasiado calor y me gustaría tener al menos 15 días. ¿Otra vez los Alpes? No me tentaba lo suficiente y quiero combinar ese con un poco de escalada en Dolomitas, tiene que coincidir con la vacaciones otra gente. ¿La Toscana? Interesante, pero Nat no me perdonaría que lo visitase sin ella. ¡Aha! Este año es el 70 aniversario del final de la 2ª Guerra Mundial, así que, ¿qué mejor destino que donde empezó el final? ¡Normandía!

El viaje ideal es visitar al mismo tiempo la Bretaña y Normandía, un recorrido ideal en moto, pero eso hubiese supuesto muchos más días y además ya he estado en la Bretaña, así que 10 días para ver Normandía eran ideales. Esta vez sin embargo hice muy poca planificación. Ya tengo todo lo que necesito para saltar en la moto en cualquier momento, así que compré una guía, un par de mapas y me eché a la carretera sin contactar con ningún couchsurfer, buscar campings ni reservar hoteles. ¡A la aventura!