De los lagos canadienses a los Monegros

Día 28 – Jueves 25 de agosto – Del lago Batak a Vergina (389km)

Mis días sobre la moto iban alargándose ahora uqe viajaba solo, y a estas alturas ya tenía puesto el chip de larga distancia. Éste iba a ser el día más largo hasta el momento, pero no tenía intención de hacer grandes tiradas seguidas, la AT es menos cómoda que la V-Strom o la Super Ténéré como moto de turismo, así que me prometí parar a descansar cada 100km.

Había estado lloviendo toda la noche y no me gusta plegar la tienda cuando está mojada, pero no había salido el sol por la mañana, así que de poco servía esperar a que se secara. Le quité todo el agua que pude, la desmonté y me puse en camino con todas las capas del traje puestas, ya que hacía bastante frío.

En honor a Robert Frost tomé el camino menos transitado hacia el sur hasta un paso fronterizo pequeño, y una vez más Bulgaria me ofreció sus mejores paisajes: bosques densos y lagos con superficie de espejo que bien podrían haber estado en Canadá.

20160825032650_1Cuando llegué a la frontera solamente había unos pocos coches y dos camiones delante de mí, pero como ya había experimentado al entrar en el país, la policía de fronteras en Bulgaria deben ser de lo más lento del mundo. Con todo el papeleo comprobado, recorrí la corta distancia hasta el lado griego, donde tras echar un vistazo al pasaporte y hacer el comentario de rigor sobre el Barça me dejaron pasar a lo que parecía otro mundo.

20160825062942_1Si me dicen que me habían teletransportado a los Monegros me lo hubiera creído al instante. Donde hacía apenas una hora había lagos y bosques verdes ahora había colinas ocres con muy pocos árboles, el olor a vegetación seca en el aire y una temperatura que subía por momentos.

A pesar del contraste el paisaje era precioso, especialmente en la ruta que había elegido, evitando poblaciones grandes y carreteras principales. Llegué cerca de una ciudad llamada Drama, pero giré al sur antes de alcanzarla, y no fue hasta cerca de Serres cuando empecé a encontrar carreteras más grandes.

Mis primeras buenas impresiones de Grecia cambiaron rápidamente. El paisaje era ahora principalmente llanuras quemadas por el sol, todo tenía un aire de abandono y las carreteras no eran mejores de lo que había encontrado en otros países. La carretera de circunvalación alrededor de Serres parecía sacada de Rusia: un asfalto catastrófico, cruces con semáforos cada pocos metros que hacían imposible avanzar rápido, y los peores conductores que me había encontrado hasta el momento en este viaje. Parece que los conductores griegos son muy resentidos: adelantaba a alguien en un coche con más de 15 años y luego los veía por el retrovisor acelerando, haciendo lo posible para volver a alcanzarme. Avanzaba hasta el principio de la cola en un semáforo en rojo y el coche de al lado estaba con la marcha puesta, haciendo patinar el embrague, listo para no dejarme salir delante suyo en cuanto el semáforo cambiara a verde. Por amor de Dios, si hasta señoras en utilitarios que se caían a pedazos lo hacían… ¿Cómo demonios esperaban salir más rápido que una moto?

Al cabo de poco entré en la autopista para intentar ahorrar algo de tiempo visto que no había paisaje que contemplar y que las carreteras principales se estaban degradando, y me sorprendió encontrar casetas de peaje al cabo de unos pocos kilómetros. No había visto ni un solo indicador en ningún lugar de acceso a la autopista que anunciara que era de peaje. Era la primera vez que me encontraba algo así. No era mucho dinero, pero lo pagué a regañadientes viendo el deplorable estado del asfalto, que formaba ondulaciones de palmo por la combinación del calor y el peso de los camiones, y las hordas de conductores agresivos. Ah, y no aceptaban tarjetas en el peaje.

Un buen rato después me alegré de dejar la autopista y dirigirme al pueblecito de Vergina, donde había encontrado una habitación barata en un pensión. Al menos esto supuso un final positivo al día: el sitio era tranquilo, la habitación estaba bien, la chica de recepción era muy agradable y me dejaron entrar la moto al jardín, donde la veía desde mi balcón. La única nota negativa fue que tampoco querían saber nada de tarjetas de crédito, y todo lo que llevaba encima eran lev búlgaros, así que tuve que ir en busca del único cajero automático del pueblo.

20160825103754_1Me llevó un buen rato, ya que el lugar parecía estar formado por casas con jardín y no tener centro, pero al final conseguí encontrarlo, así como un pequeño supermercado donde compré la cerveza que marca el final del día.

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El lago Batak

Día 27 – Miércoles 24 de agosto – De Idilevo al lago Batak (259km)

Bulgaria, que al principio solo debía ser el sitio donde Nat cogía el avión de vuelta a casa y donde yo empezaba también el camino de vuelta, resultó ser mucho, mucho más interesante de lo que me había esperado. El siguiente paso en mis vagos planes era llegar a Atenas el viernes para encontrarme con mi hermana y su marido, que empezaban sus vacaciones entonces, de modo que tenía unos dos días y medio para pasar entre Bulgaria y Grecia.

Decidí no apretar demasiado y, tras pedir consejo en el Motocamp, decidí dirigirme directo al sur en vez de al oeste para volver a la arteria principal que baja de Sofía. Esa autopista pasa por el valle de Blagoevgrad, donde habíamos llegado a estar a 37 grados la semana anterior, y no tenía intención de repetir la experiencia. La ruta hacia el sur me llevaría por carreteras de montaña, una frontera mucho menos transitada y zonas bastante despobladas en el norte de Grecia. Un plan perfecto.

No me gusta llegar a una frontera hacia el final de día, y no parecía haber mucha oferta de donde elegir en cuestión de cámpings o alojamiento del lado griego, así que siguiendo el consejo de Peachy, otro expatriado Británico de Idilevo que se conocía la zona, decidí quedarme del lado Búlgaro e ir a un cámping en un lago llamado Batak.

20160824050038_1Salí de Idilevo con las capas de lluvia puestas en el traje, pues parecía que iba a llover y hacía bastante frío. La temperatura cayó aún más cuando crucé el macizo de los Montes Balcanes y al llegar al paso Beklemeto, a 1.520m, había tanta niebla que no pude disfrutar en absoluto de las vistas. De lo que sí disfruté fue de la carretera, otra de las grandes, y del descenso por la vertiente sur de la montaña, donde el sol asomó por fin y la temperatura subió rápidamente. Para cuando llegué a Kamare, la primera población al pie de la montaña, ya hacía tanto calor que tuve que parar a quitármelo todo y abrir las ventilaciones del traje.

20160824051130_1Desde allí el trayecto se volvió mucho más monótono. Hacía calor y el paisaje no era más que una extensa llanura de campos ocre. La carretera era buena y recta, lo que significaba más coches yendo más rápido, y poca diversión en una moto. En las afueras de Plovdiv atravesé un lugar llamado Trud, al que le otorgué el premio El Pueblo Más Feo Del Planeta.

Como podéis intuir, la calor y el paisaje anónimo no le hacían demasiado favores a mi estado de ánimo, pero la cosa cambió rápidamente al dejar Plovdiv en dirección oeste y girar al sur en Pazardzhik hacia las montañas de nuevo. El indicador de altura en mi GPS iba aumentando y empecé a temer que si el lago estaba más arriba de lo que pensaba, las iba a pasar canutas en el saco por la noche…

El lago Batak era preciso, y el cámping tenía una pequeña isla delante. Paré en recepción, que no era más que una minúscula cabaña de madera, pero no había nadie. El cámping estaba medio vacío, solo había unas pocas caravanas y ninguna tienda, y las pocas personas que vi estaban lejos, paseando por la orilla o pescando. Me estaba preguntando que hacer cuando vi un pequeño letrero en la ventana de la cabaña con un número de teléfono y un aviso de que llamáramos si no había nadie. Me respondió un chico que me dijo que plantara la tienda donde quisiera y me dio la clave de la wifi. ¿Wifi? Había unas duchas y baños detrás de la cabaña, pero no había ni bar, ni una sala común, ni cocina… pero había wifi, y luego descubrí que llegaba hasta mi tienda. ¡Menudo lujo! Me recordó a un cámping en el que estuve en Finlandia hace unos años.

20160824101611_1Planté la tienda y me senté a escribir en una mesa de madera cuando aparecieron los dueños e hicimos el registro en un momento. Me dijeron que supuestamente tenía que rellenar un formulario bastante completo porque las autoridades estaban bastante preocupadas por la posibilidad de que hubiera refugiados de paso por la zona, pero se conformaron con mi nombre y me hicieron un 15% de descuento cuando les dije que había encontrado el sitio a través de Motocamp.

20160824094118_1Pensé en ir a dar una vuelta por la orilla del lago, pero para entonces ya se estaban formando nubarrones negros otra vez y empezaba a tronar, así que me puse a preparar una cena temprana con el hornillo para estar listo para enroscarme en el saco dentro de la tienda cuando llegara la tormenta.

20160825025243_1La tormenta hizo acto de presencia tras hacerse de noche, y con ella llegó lluvia torrencial y un viento que sacudió la tienda toda la noche, pero estaba tan cansado que, con los tapones de los oídos, dormí sin casi enterarme toda la noche.

Un OVNI comunista

Día 26 – Martes 23 de agosto – De Idilevo a Buzludzha y vuelta (162km)

La noche anterior había empezado a llover mientras estábamos haciendo la barbacoa y la lluvia se convirtió en tormenta mientras yo dormía cómodamente enroscado debajo de un nórdico con las gotas golpeando contra la ventana y el techo. A la mañana siguiente el cielo amaneció cubierto y había previsión de lluvia durante el día, así que descarté aventurarme a explorar pistas por las montañas, estaba todo lleno de barro y unos días antes una de las chicas británicas que pasaba el verano en el pueblo había tenido una caída con la moto mientras hacía offroad y se había hecho daño en el hombro.

Decidí pasarme por Sevlievo, la población grande más cercana, a conseguir aceite para el engrasador de la cadena y dedicarme un poco a la moto. Una vez terminadas las tareas el tiempo parecía haber mejorado un poco, así que decidí ir a visitar Buzludzha, que estaba a unos 60km de carretera y era algo que tenía ganas de visitar.

Buzludzha no es un pueblo, sino una montaña, y la razón por la que iba a ir allí no era hacer senderismo sino visitar el monumento que se encuentra en la cima, a más de 1400m sobre el nivel del mar. No se trata de un monumento cualquiera, sino de un monstruo de hormigón construido en 1981 para conmemorar la fundación del Partido Comunista búlgaro en una reunión secreta que había tenido lugar allí cien años atrás.

20160823070612El edificio es una enorme estructura circular de hormigón que se parece a un platillo volador con una alta torre detrás, y alojaba un pabellón para funciones del estado y celebraciones. No demasiado orgullosos del pasado comunista, el gobierno búlgaro dejó el edificio abandonado y actualmente se está desmoronando lentamente en medio de la nada.

20160823070800Tras subir por el paso Shipka, otro fichaje en mi lista de grandes carreteras, tomé una carretera más pequeña que llevaba hasta el monumento. Esta estaba en mucho peor estado, seguramente también olvidada por el gobierno, pues solo lleva hasta el edificio.

20160823064016Había bastante niebla esa mañana, y tras unas cuantas curvas cerradas llegué a un collado desde donde la imponente estructura se reveló entre las brumas. En el collado mismo había otra construcción monumental, dos manos enormes aguantando sendas antorchas, desde donde un camino peatonal subía hasta el edificio. La carretera sin embargo seguía, rodeando la montaña, así que fui con la moto hasta el pie mismo de la gran escalinata que llevaba a la entrada.

20160823065516Hasta hace poco el edifico había estado abierto, pero últimamente el techo se había deteriorado considerablemente, de modo que el gobierno había decidido soldar las puertas para evitar el acceso. A pesar de ello, la gente se las había apañado para abrir una entrada a través de los ventanales de las escaleras, y desde entonces una especie de batalla se iba librando de forma regular: alguien cortaba las barras que cerraban el acceso y a los poicos días las autoridades volvían a soldarlas. Poder visitar el interior del edificio era cuestión de tener suerte con el calendario y que la visita coincidiera con la ventana de tiempo correcta.

DCIM123GOPROEn el Motocamp los últimos rumores eran que acababan de volver a cerrarlo y, efectivamente, cuando llegué descubrí que no había manera posible de acceder al interior a pesar de darle la vuelta varias veces. Me llevé una gran decepción, pero debo admitir que a pesar de todo era impresionante solo desde fuera.

DCIM123GOPROMe libré de la lluvia de vuelta y logré llegar seco al Motocamp, donde pasé el resto del día poniéndome al día con el blog y charlando con la gente que había por allí

Milagro en Sofía

Día 25 – Lunes 22 de agosto – De Sofía a Idilevo (273km)

Mientras preparaba este viaje vi un hilo sobre Bulgaria en el HUBB y pregunté por sitios a que ver, ya que era el país sobre el que había buscado menos información. Alguien mencionó el Motocamp de Doug allí, que sonaba a algo parecido al Biker Camp en el que estuve cuando fui a Budapest. Disfruté mucho de aquella experiencia, así que tenía muchas ganas de ir hacia las montañas del centro del país y ver de qué iba el tema.

Se supone que el Motocamp debería haber sido el tema principal del día, al fin y al cabo resultó ser un sitio maravilloso, si no fuera porque algo distinto y completamente inesperado ocurrió por la mañana, mucho antes de que me pusiera en camino.

De hecho, la historia comienza la noche anterior. Estaba publicando los artículos del blog y las fotos en Facebook cuando vi que tenía una solicitud de amistad de alguien llamado Julian que vivía en Sofía. Que yo recordara, no habíamos conocido a nadie en los últimos días, así que no le presté atención y seguí escribiendo.

A la mañana siguiente, cuando agarré el teléfono de la mesilla de noche para detener la alarma del despertador, vi una notificación de una de esas aplicaciones que vienen con el móvil y que no se pueden eliminar a pesar de que nadie las usa. Iba a ignorarla, pero entonces vi que era de la misma persona que me había enviado la solicitud de amistad en Facebook y me pudo la curiosidad por ver quién insistía tanto en contactarme. Abrí el mensaje y leí: ‘Hola, creo que he encontrado tu cámara, estoy intentando contactarte a través de tu cuenta de Facebook’.

No me lo podía creer. Medio dormido aún, tuve que leer el mensaje dos veces más antes de responder a toda prisa. Me preguntó si aún estaba en Bulgaria, y cuando le dije que estaba en Sofía, no en Bansko, contestó que él también estaba en la capital. Me envió una dirección y vi que estaba al sur del centro, así que le dije que podía estar allí en una hora. Aun estaba en calzoncillos y tan anonadado que ni se me pasó por la cabeza cómo podía haber dado conmigo. Me vestí, bajé a la cafetería a hacer un desayuno exprés, cargué la moto, hice el check out y seguí las indicaciones del GPS hasta su dirección. No fue hasta que estaba ya en la moto rodeado del tráfico de hora punta de un lunes por la mañana cuando me planteé la pregunta: no había ningún tipo de detalles de contacto en la propia cámara, y en las fotos y vídeos que contenía no se mencionaba mi nombre en ningún momento. ¿Quizá la matrícula de la moto? ¿Pero cómo puede alguien el Bulgaria conseguir mi nombre usando la matrícula de un vehículo extranjero? Estaba intrigadísimo.

Cuando llegué al punto de encuentro ya me estaba esperando y, efectivamente, tenía mi cámara. Estaba tan contento de haber recuperado las fotos y los vídeos que me lancé de inmediato a una retahíla de profundo agradecimiento, y una vez más, tardé en caer en hacerle la pregunta del millón: ¿Cómo me había encontrado?

20160822024914Mediante una increíble sucesión de golpes de suerte y a base de puro talento de detective, así fue cómo. Me contó que había pensado en dejar la cámara en el refugio Vihren, pero luego cayó en que quién fuera que la había perdido quizá ya no estaba en la zona, así que dejó su número de contacto con una nota y se llevó la cámara con él a Sofía. Una vez allí miró las fotos para ver si había algo que le pudiera ayudar a identificar al propietario. Examinándolas, vio que yo llevaba un pin en mi chaqueta de moto que decía ‘Rider1000’ y pensó que quizá era algún tipo de club, así que lo buscó en Google y encontró la web. Como puede que sepáis si seguís este blog, la Rider1000 es un reto que consiste en hacer 1000km en un día alrededor de Catalunya, y casualidad de casualidades, la lista de los participantes de la última edición aún está colgada en su web.

‘Un momento’ puede que penséis. ‘No sabía tu nombre, así que ¿cómo te encontró en la lista?’ Buena pregunta. También había visto mi moto en las fotos, y la reconoció como la nueva Africa Twin. En la lista de participantes de la Rider1000 se publica el nombre completo del motero y la marca y modelo de la moto, pero no la matrícula ni ninguna otra información, así que tuve mucha suerte no solo de que quien encontró mi cámara entendiera lo suficiente de motos como para identificar marca y modelo de la mía, sino de tener esa moto en particular. Imaginad, había 850 personas en esa lista, y solo dos se habían apuntado con la nueva Africa Twin. ¡Gracias a Dios que no tengo una GS!

a383a578De modo que ahora nuestro hombre tenía dos nombres, y en la misma web se pueden ver las fotos que se hacen de cada participante antes de tomar la salida, frente a un tablero de patrocinadores. Buscó los dos nombres y me identificó a mí comparando las fotos con las de la GoPro. Voilà, ya tenía mi nombre completo. Tras eso, le bastó con buscarme en Facebook para contactarme.

Tenía que irse, así que no tuvimos tiempo de hablar mucho más, pero está claro que me devolvió la fe en la especie humana durante una buena temporada.

Pero las aventuras de tener una Africa Twin no terminan ahí… Después de que se fuera me quedé donde nos habíamos encontrado para mandarle un mensaje a Nat, que se alegró sobremanera al recibir las noticias y no terminaba de creérselo, sobretodo al recibir una historia semejante en versión condensada a través de WhatsApp. Estaba yo sentado en la moto, en la cuneta de una gran avenida, con los warnings puestos, trasteando con el móvil, cuando un chico en un escúter se paró a mi lado y me preguntó si necesitaba ayuda. Resulta que él también tenía una AT nueva, empezamos a hablar y me dijo que vivía justo a la vuelta de la esquina, y me llevó al garaje a enseñármela. En lo que debía ser ya la enésima coincidencia de la mañana, cuando mencioné que iba hacia el Motocamp en Idilevo me dijo que acababa de estar allí el día anterior, que era amigo de la gente que lo llevaba y sacó un mapa para recomendarme las mejores carreteras para llegar hasta allí evitando las vías principales. Increíble. Y aun no eran ni las 11 de la mañana.

20160822032326Tras darnos los contactos, salí de Sofía siguiendo las indicaciones de Nikolay y disfruté de lo lindo por las carreteras perdidas de las montañas del parque nacional de los Balcanes Centrales, atravesando pueblecitos, bosques… completamente solo, sin tráfico que me molestara.

20160822060324Vi una estación de pesaje abandonada al lado de la carretera y, a su lado, un par de mesas, una barbacoa y un pequeño altar con una fuente, todo ello junto al río, y pensé que era un buen lugar para parar a comer. Cuando aparqué la moto sobre la plataforma de la báscula vi a través de los cristales rotos que la báscula seguía allí, a diferencia de lo que ocurre con estos aparatos una vez caen en desuso, y que la puerta estaba abierta.

20160822060109Atraído por la curiosidad, di la vuelta y entré en el edificio. Había un pequeño baño, una habitación con un sofá y una cama y los restas de una cocina y una sala más grande con un escritorio y la báscula, que se veía en buen estado y parecía funcionar. Jugueteé un poco con ella para ver cuánto pesaba mi moto con todo el equipaje y el depósito casi lleno. La báscula era muy precisa, se podía ajustar hasta unidades de kilo, y después de trastear con ella un rato me dio una lectura de un poco por encima de 280kg. Mmm…

A primera hora de la tarde llegué al pueblo de Idilevo. A unos pocos km de la carretera principal, era un pueblecito minúsculo, casi salí por el otro lado antes de darme cuenta de que había llegado, y justo antes del final vi una vieja moto pintada con la Union Jackm y frente a ella, del otro lado de la calle, una valla con un cartel de madera tallada que decía ‘Doug Motocamp’.

P1280484Paré frente a la valla y Polly salió a recibirme. Era la única que había de los tres que llevan el sitio, los otros dos, Doug e Ivo, estaban de viaje. Me enseñó el lugar, había cuatro habitaciones para huéspedes (Yamaha, Honda, BMW y Harley), me tocó la Yamaha, la Honda ya estaba ocupada. Había también una sala/bar en un pajar, una zona de barbacoa y un taller con herramientas y espacio para guardar motos.

20160823032938Me di una ducha y me senté en una de las mesas a lado de la barbacoa a escribir un rato cuando empezó a llegar más gente. Había una barbacoa esa noche y Polly me había invitado a unirme a ellos. Antes de que me diese cuenta, había mucha más gente de la que podía entrar en las cuatro habitaciones, y la cerveza de la nevera self-service no me ayudó a recordar todos los nombres que me dieron en cuestión de minutos.

20160823042113Hablando con varias personas me di cuenta de que la mayoría no eran huéspedes, sino viajeros cuyos caminos les habían llevado a este minúsculo pueblo en medio de Bulgaria algún momento de sus vidas y se habían dado cuenta de que era la base de operaciones perfecta tanto para explorar esta parte del mundo (Grecia, Turquía, Macedonia, Albania, Kosovo, Montenegro, Rumanía, etc. quedan todos muy cerca) como para punto de partida de viajes más largos hacia el este.

Algunos de ellos habían dejado una moto aquí y volaban desde Alemania o el Reino Unido (donde vivía la mayoría de ellos) para pasar el verano aquí en moto en vez de invertir una semana en llegar y otra en volver, otros habían incluso comprado una casa en el pueblo y la estaban arreglando, ya que tanto el precio de las propiedades como la mano de obra eran increíblemente bajos.

La tarde pasó a ser noche y nos dedicamos a comer carne, beber cerveza y compartir incontables historias sobre motos y viajes. Esto era un pequeño paraíso, un Shangri-La donde todos los moteros que vagan por el mundo pueden encontrar un momento de descanso, comodidad y la compañía de aquellos que como ellos, piensan en la aventura

Partidas

Día 24 – Domingo 21 de agosto – De Sofía al aeropuerto de Sofía y vuelta

Sofía es una ciudad muy bonita, pero como capital no la disfrutamos tanto como Skopje. Quizá era porque no teníamos expectativas previas para Skopje y nos sorprendió, quizá era porque aun estábamos apenados por la pérdida de la cámara y las fotos, pero imagino que era sobretodo porque esa tarde Nat iba a coger el avión de vuelta a Barcelona. Sus vacaciones tocaban a su fin, y a la mañana siguiente tenía que estar en el trabajo.

20160821044215Insistía en que ahora empezaba la parte del viaje para disfrutar yo solo, e ir de adventure rider de verdad, pero habíamos pasado tres semanas fantásticas juntos y sentía que ya había visto todo lo que habíamos planeado ver. Iba a encontrarme con mi hermana y su marido en Atenas para pasar el siguiente fin de semana juntos allí, y me daba ola impresión de que no sabía que hacer con los días que quedaban de por medio.

20160821055337Tras visitar la ciudad la llevé al aeropuerto, nos despedimos y volví al hotel, sintiendo un vacío enorme. La habitación era demasiado grande ahora, y me senté a planear la ruta para el día siguiente e intentar escribir un rato.

Catástrofe en el monte Vihren

Día 23 – Sábado 20 de agosto – De Bansko al refugio Vihren a Sofia (189km)

A las 6:00 el cielo ya estaba azul y tras dejar un par de bolsas en recepción, hicimos el check out y nos fuimos directos al refugio Vihren. Ya había varios coches aparcados delante, e iban llegando más mientras nos cambiamos la ropa y empezamos a andar hacia el pico Vihren.

20160819232630El sol salió por encima de las montañas a medida que ganábamos altura por un camino bien trillado, pero lejos de ser la autopista de turistas del recorrido de los siete lagos de Rila.

20160820014215A pesar de que se trataba de un ascenso relativamente sencillo, pues el camino estaba claramente indicado con marcas rojas y no había necesidad de trepar en ningún punto, el modo en que la ruta ganaba altura no perdonaba. Salía directo hacia arriba desde el refugio y se mantenía así durante la mayor parte de los 900m de desnivel.

20160820015850Alcanzamos el collado previo al pico a una buena hora, después de dejar atrás varios grupos de personas que habían salido antes pero iban a un ritmo más lento, y desde allí vimos que el pico estaba cubierto de nubes.

20160820025531Por suerte no eran lo bastante densas para suponer un problema de visibilidad serio, y aun podíamos seguir bien el camino hacia la cima. La coronamos en dos horas exactas, una hora menos de lo que decían las reseñas y el indicador en el refugio

20160820030648La temperatura era mucho más baja aquí y hacía bastante viento, así que hicimos unas fotos, comimos algo y disfrutamos de vistas fugaces del paisaje a través de algún agujero ocasional en las nubes.

20160820031203La bajada fue aún más rápida, y solo paramos dos o tres veces a quitarnos ropa a medida que la temperatura subía de nuevo durante el descenso al valle. Nos sorprendió ver la cantidad de gente que subía; estaba claro que era un pico popular, pero pocas veces he visto tanta gente empezar a subir tan tarde. No solo hacía demasiado calor para subir a esa hora, sino que se estaban empezando a formar nubes en los picos de alrededor, y el tiempo puede cambiar muy rápidamente en la montaña una vez llegada la tarde. Nos habíamos puesto en camino a las 8:30 y había solo unos pocos grupos por delante nuestro; si uno empieza a andar a esas horas en los Pirineos, tiene muchos números de estar entre los últimos.

Cuando llegamos al refugio miré el reloj para ver lo que habíamos tardado: cuatro horas en total, ascenso y descenso. Era un tiempo muy bueno, y metí la mano en la mochila para sacar la GoPro y hacer una foto al reloj con el refugio de fondo. Palpé por todas partes pero no la encontraba. Vacié la mochila, le di la vuelta a todos los bolsillos y constaté, horrorizado, que la cámara no estaba allí.

Recordaba que había hecho la última foto en el collado, justo después de bajar de la ladera rocosa del pico, y de ahí en adelante habíamos parado dos veces: la primera yo había guardado la braga en la mochila y la segunda Nat había sacado cosas para encontrar unos pañuelos de papel. O bien me la había dejado encima de una piedra en la primera parada, o se había caído de la mochila en la segunda. Las posibilidades parecían apuntar al segundo caso.

Esto había sido a unos 300m por encima del nivel del refugio, así que sin pensarlo dos veces, le dije a Nat que me esperase allí y salí corriendo montaña arriba. Llegué al lugar un rato más tarde, empapado en sudor y sin respiración, esperando encontrar la cámara en el suelo, ya que era un rincón apartado del camino principal, pero no estaba allí. El otro lugar estaba mucho más arriba, casi a dos tercios del camino hasta el pico, y esta vez en pleno camino, así que las posibilidades de encontrarla eran escasas… Sin embargo no quería irme sin intentarlo, no por la cámara en si, podía comprar otra, sino porque en la tarjeta SD había muchos de los vídeos y fotos que habíamos hecho en lo que llevábamos de vacaciones.

Tras intentar recuperar el aliento un momento seguí corriendo montaña arriba hasta que llegué al otro punto, pero la cámara tampoco estaba allí. Abatido, comencé el descenso, aun rápido, pues Nat solo sabía que había subido hasta el punto más abajo y me imaginaba que estaría empezando a preocuparse de que tardara tanto.

Llegué al refugio exhausto, me había llegado cruzar con gente tres veces: durante el descenso normal, subiendo corriendo y bajando otra vez. Me pregunto qué deberían haber pensado. En total había subido un desnivel de 1600m, perdido la ventaja de tiempo que teníamos al llegar al refugio tras el primer descenso y ahora teníamos que coger las cosas y hacer todo el camino hasta Sofía.

Con los ánimos bajo mínimos, recogimos nuestras cosas del hotel y dejamos Bansko. Nat estaba muy triste por las fotos, y yo intentaba restarle importancia al tema y decirle que no se preocupara, pero entre el calor sofocante en el valle de Blagoevgrad, mi cansancio y el trecho que nos faltaba, terminé por contestarle mal cuando paramos en una gasolinera, cosa que me hizo sentir fatal el resto del camino hasta Sofía.

Con semejante humor, no es de extrañar que la primera impresión que nos llevamos de la ciudad no fuese exactamente buena, cosa que se vio agravada por el hecho de que entramos por lo que luego descubrí que era lo que llaman ‘el barrio gitano’, donde vimos calle tras calle de gente llevando desperdicios en carros tirados por mulas y coches a medio desmontar cada dos esquinas.

20160820131442La cosa empezó a mejorar poco a poco cuando llegamos al hotel, vimos la habitación, nos dimos una ducha y salimos a ver la famosa catedral de Alexander Nevsky a la puesta de sol. Para cuando encontramos un restaurante de carnes a la parrilla, nos dimos un buen atracón y nos tomamos dos gin-tonics de postre, por fin conseguimos sonreír de nuevo.

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Lagos, lluvia y granizo

Día 22 – Viernes 19 de agosto – De Bansko a Vihren y vuelta (32km)

La previsión meteorológica resultó ser acertada y a la mañana siguiente el cielo estaba cubierto y ni siquiera veíamos las montañas valle arriba. Cada diez minutos o así caían fuertes chubascos, así que desayunamos y nos sentamos en la terraza delantera del hotel a leer un rato, escribir un rato, y pasar el rato en general esperando que el tiempo mejorara un poco para poder al menos subir en moto hasta el refugio de Vihren, unos 16km montaña arriba, y ver los lagos.

A mediodía la lluvia nos dio por fin un respiro y cogimos la moto y subimos enseguida mientras se abrían algunos agujeros azules en el cielo. Llegamos al refugio a través de una preciosa carretera de montaña y nos sorprendió ver la cantidad de coches que había allí a pesar de la lluvia.

20160819061127Empezamos a andar para ir a ver al menos los dos primeros lagos, que estaban a media hora y una hora y media del refugio respectivamente; las montañas parecían más altas y más imponentes, este parque daba un impresión más alpina que Rila.

20160819063259Llegamos al primer lago, también llamado Otoko, que era bastante pequeño, y seguimos hasta el segundo con las nubes cerniéndose sobre nosotros de nuevo. Para cuando teníamos el segundo lago a la vista ya oíamos truenos tras la montañas, así que hicimos un par de fotos y empezamos a volver al refugio.

La lluvia empezó a caer antes incluso de que llegáramos al primer lago, y en cinco minutos estábamos empapados. Para cuando alcanzamos el refugio, estaba diluviando e incluso caía granizo. Saqué el traje y las botas de moto de las maletas y me cambié corriendo en el porche del refugio, delante de toda la gente que se había metido allí para escapar la lluvia, intentando no pillar una pulmonía.

20160819074925Cuando la lluvia paró por fin volvimos al hotel y dimos por terminado el día, algo tristes por no haber podido ver más. Una cosa nos daba esperanzas, sin embargo: al día siguiente íbamos a Sofia, que estaba a tan solo 150km, y habíamos visto en el refugio que la ascensión al Vihren eran unas tres horas. Estaba previsto que el tiempo mejorase, así que decidimos levantarnos muy temprano, ver si el cielo estaba despejado e intentar subir el pico antes de ir a Sofía.