El viaje – días 31 a 40

Nunca te fíes del hombre del tiempo

Día 31 – Jueves 31 de julio – De Moscú a San Petersburgo (708km)

Empezaré por lo mejor del día primero, ya que fue prácticamente la única cosa buena que pasó hoy. Esta mañana Ilia me dejó dar una vuelta en su KTM, ¡y me encantó! Siempre me ha gustado esta moto, y he estado pensando seriamente en una cuando llegue el día de sustituir my V-Strom. Di un paseo corto y las sensaciones fueron buenas, es una moto con buena respuesta, potente, cómoda y la suspensión absorbe los socavones sin inmutarse. Ilia me dijo que es tan buena que en carreteras en mal estado ni se molesta en ir mirando el piso, simplemente tira adelante.

Tenía entrenamiento hoy, y el campo de tiro al que iba estaba en la carretera hacia San Petesburgo, así que me dijo que vendría conmigo un rato. Me pareció genial tenerlo delante para salir de Moscú y del tráfico denso que rodea la ciudad. Hicimos una pequeña parada en el trabajo de su mujer para decir adiós y hacernos unas fotos, y luego seguimos. El tráfico era bastante malo, pero era de esperar; lo que no me esperaba era la carretera después de dejar a Ilia en el desvío hacia el campo de tiro y prometernos volver a vernos, en Rusia o en Barcelona. La carretera que venía del sur era una autopista bastante buena que hizo el largo camino más llevadero, así que confiaba en que la que conecta las dos ciudades más importantes del país sería aún mejor, haciendo fáciles los 700km que tenía por delante.

No entiendo qué tipo de planificación siguen las carreteras rusas. ¿Quién en su sano juicio puede pensar que es una buena idea que la carretera entre Moscú y San Petersburgo pase por dentro de cada ciudad, pueblo y aldea entre las dos ciudades? No podía creerme que fuese verdad. Tardé horrores en cubrir los primeros 200km del recorrido, era un atasco interminable, con los coches y camiones completamente parados en algunos tramos, con los conductores fuera de los vehículos charlando tranquilamente. Si no hubiese ido en moto, seguramente aún estaría allí. Un consejo: si venís a Rusia, usad una moto o el tren. NO cojáis un coche u os pasaréis las vacaciones enteras en un atasco.

Por suerte, a medio camino la carretera se convirtió en una autovía y por fin pude avanzar. El problema ahora sin embargo era la lluvia. Había mirado la previsión del tiempo antes de salir, y decía que estaría nublado en Moscú y soleado en San Petersburgo. Bueno, pues no lo estaba. No sé si la previsión del tiempo está oficialmente considerada una ciencia, pero claramente no lo debería ser. Al igual que los curanderos, adivinos y economistas, los meteorólogos son un atajo de charlatanes que la mayor parte del tiempo no tienen ni la más remota idea de lo que está pasando. Se les puede dar bastante bien estudiar el tiempo pasado y elaborar estadísticas, y de vez en cuando echar un vistazo a sus radares de última tecnología y decirte dónde hay nubes y hacia dónde sopla el viento, pero predecir el tiempo con exactitud? Para nada. Un pastor que se haya pasado la vida entera al aire libre y haya aprendido a interpretar las señales puede decirte si va a hacer sol o si habrá tormenta en su zona, pero ¿alguien sentado detrás de un ordenador en un despacho? No.

Diluvió todo el camino hasta San Petersburgo. Los 700km. Y para hacer las cosas más interesantes, se me había pasado por alto un pequeño pero importante detalle: mi GPS viene con unos mapas muy buenos para Europa, pero no para el resto del mundo, así que cuando estaba preparando el viaje compilé y descargué un mapa de Open Street Maps que cubría los países que iba a visitar fuera de Europa. No incluí toda Rusia, ya que es enorme y sólo iba a viajar por algunas partes, así que justo en las afueras de San Petersburgo, se me terminó el mapa. Tuve que parar, sacar el móvil, buscar la dirección del hostal en Google Maps y memorizar el camino hasta allí, ya que no tenía dónde poner el teléfono en la moto. Por suerte, el tráfico allí no era ni de cerca tan malo como en Moscú, de hecho estaba todo muy tranquilo, y llegué al hostal sin problemas.

Como he descubierto que es habitual en Rusia, no había ningún cartel que indicase dónde estaba el hostal, así que dejé la moto en la calle y subí por las escaleras del número 9, esperando que hubiese un hostal en algún piso. Había uno, y la chica en recepción muy amablemente bajó conmigo a la calle a enseñarme dónde estaba la puerta que llevaba a un patio interior dónde podía dejar la moto por la noche.

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El hostal era muy agradable, situado en un edificio antiguo en el centro de la ciudad. Los otros pisos estaban ocupados por un bar de jazz, un cine independiente, una escuela de baile y un bar en el tejado. Un buen sitio donde alojarse. Es una lástima que la experiencia quedase empañada por el personal, no las chicas, que eran muy simpáticas, sino los otros dos elementos a quienes no parecían importarles lo más mínimo los huéspedes: no me enseñaron las instalaciones, no me dieron nada de información de la zona o la ciudad e ignoraban por completo a los clientes. Uno de ellos estaba más interesado en jugar a videojuegos en el ordenador de la sala común y poner música hasta bien pasada la una de la madrugada y el otro en su novia hasta el punto que me pregunté si no eran una pareja pasando unos días allí más que parte del personal.

Fui a dar una vuelta por la zona, que tenía muy buena pinta, y pasé el resto de la tarde-noche planificando la ruta que me quedaba e intentando encontrar alojamiento en las siguientes ciudades.

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Un trago en el tejado

Día 32 – Viernes 26 de julio – San Petersburgo (0km)

Hoy me levanté tarde, necesitaba dormir mucho después de la jornada anterior, y luegohice inventario de la comida que tenía y preparé una lista de la compra para las dos siguientes semanas, ya que imagino que acamparé la mayor parte del tiempo en Finlandia y Noruega para abaratar costes. Hice algunas compras, mandé un par de solicitudes de CouchSurf y me fui a explorar la ciudad.

¡Y qué ciudad! Directa a las primeras posiciones de la lista de mis ciudades favoritas. Es preciosa, no tiene nada que ver con ninguna otra ciudad en Rusia, con sus canales, rio, edificios señoriales… Es imponente y al mismo tiempo acogedora, combina un aire de clasicismo con un una sensación innegable de cool y últimas tendencias, y la gente parecen más centroeuropeos que rusos. Me encantaría poder pasar unas semanas aquí, la ciudad vale definitivamente la pena.

Por la tarde subí al bar del tejado, que resultó ser un time café, donde se paga por el tiempo que uno está allí, no las bebidas, y puedes tomar tanto café, limonada o té como quieras. Me senté en una hamaca con mi libro mientras el sol se ponía sobre los tejados de la ciudad, tiñendo mi vaso de rojo. Se empezaba a notar que ya estaba más al norte, el sol se puso pasadas las diez y media y a las once aún había luz.

Os dejo con unas cuantas fotos, en la página de Facebook encontraréis el álbum entero.

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El Hermitage

Día 33 – Sábado 27 de julio – San Petersburgo (0km)

Hoy me he pasado el dia en el Hermitage. Hay muchas cosas que ver y hacer en San Petersburgo, pero os puedo asegurar que si os gusta el arte, vale la pena pagar un billete de avión y un visado a Rusia sólo para ver este museo. Tienen una colección impresionante, y podría haberme pasado otro día entero aquí. No puedo compartir ninguna foto del sitio porqué no tenía permiso para hacer fotos, tengo un presupuesto bastante ajustado y preferí gastarme el dinero en una audio guía para aprovechar la visita al máximo en vez de pagar por un permiso para tomar fotos y pasarme el día haciendo lo mismo que los turistas asiáticos: correr de un cuadro a otro haciendo una foto de la pintura y otra del cartelito al lado. Me pregunto si realmente apreciaban las obras o simplemente estaban cazando trofeos para enseñarlos a sus amigos y familiares en casa. En fin, cualquier cosa que pudiera escribir sobre la colección o el edificio, que por si sólo ya justifica la visita, no le haría justicia a ninguna de las dos cosas, así que mejor venid a verlo vosotros mismos.

 

No más carreteras rusas

Día 34 – Domingo 28 de julio – De San Petersburgo a Joensuu (419km)

Y no puedo decir que las echaré de menos… Hace unos días estaba yendo hacia San Petersburgo, un trayecto largo, y me di cuenta de que hacía bastante tiempo de la última vez que me había divertido en la carretera. Desde que entré en Ucrania me había ceñido a carreteras principales, porque las secundarias estaban en unas condiciones horribles o simplemente no existían. De disfrutar de las maravillosas carreteras de montaña en Europa había pasado a ir en línea casi recta todo el día, pasando calor, sudando, tragando polvo y humo de los camiones, vigilando las grietas y los socavones…. la carretera había pasado de ser algo que me divertía a algo con lo que lidiar antes de llegar al siguiente destino. Llevaba tanto tiempo haciendo así ¡que ya había olvidado que se suponía que tenía que disfrutar del trayecto! Hoy, la carretera que salía de San Petersburgo era una autovía de dos carriles muy buena, y después se convirtió en una carretera preciosa a través de bosques y campos que me recordó cuánto puede gozar uno en sitios así. El paisaje también cambió, y si no fuese por las señales, hubiese jurado que ya estaba en Finlandia, no en Rusia. Sin embargo, aún estaba en Rusia, y en Rusia no te puedes fiar de una carretera demasiado rato. En el momento en que piensas ‘uau, esta es genial’ y crees que va a ser así hasta llegar al destino, se convierte en una porquería. Y no creáis que sigue ninguna lógica, no es cuestión de límites de provincias, proximidad a una población o ningún otro criterio racional, simplemente pasa de autovía a carretera de gravilla, a asfalto roto, a no haber carretera, a asfalto nuevo sin pintar… nunca sabes que vas a encontrar más adelante.

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En mi caso, una carretera de gravilla polvorienta durante unos 100km. Para cuando estaba cerca de la frontera con Finlandia y volvió a aparecer el asfalto, estaba blanco de polvo y muy, muy contento de cruzar la frontera. Sin embargo, a pesar de las carreteras, echaré de menos Rusia. Ha sido una experiencia única, y la gente que he encontrado allí ha sido maravillosa.

De vuelta en la UE, la carretera era fantástica, lisa, asfalto nuevo. Entonces ocurrió algo extraño. El límite de velocidad era de 80km/h, y la gente lo respetaba. Nada de adelantamientos locos. Nadie me cerraba, todo el mundo esperaba pacientemente antes de incorporarse a la vía. Radares en todos los pueblos. Y pensé “esto es muy aburrido”. No podía adelantar cuando y como quisiera, o ir tan rápido como me hubiese gustado en esas carreteras… ¡De golpe echaba en falta la locura rusa!

El imponente paisaje, y el hecho de poder apreciarlo al no haber más socavones intentando matarme lo compensaba, y lo disfruté mucho de la última parte del día hasta que llegué al hostal donde iba a pasar la noche.

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Era un sitio muy bonito, aparqué la moto en el patio de atrás, donde había una barbacoa y un par de mesas de picnic, me preparé la cena y salí a sentarme fuera y terminar Las uvas de la ira con una taza de café en la mano.

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¡Y qué gran libro! Empecé a leerlo poco antes de entrar en Rusia y me caló hondo. Una historia dura, pero que definitivamente vale la pena. Os dejaré con un fragmento que leí, irónicamente, poco después de haber roto la llanta:

And his thought and his worry were not any more with rainfall, with wind and dust, with the thrust of crops. Eyes watched the tires, ears listened to the clattering motors, and minds struggled with oil, with gasoline, with the thinning rubber between air and road. Then a broken gear was a tragedy. Then water in the evening was the yearning, and food over the fire. Then health to go on was the need and the strength to go on and the spirit to go on. The wills thrust westward ahead of them, and the fears that had once apprehended drought or flood now lingered with anything that might stop the westward crawling.

 

La Guerra de Invierno

Día 35 – Lunes 29 de julio – De Joensuu a 5km al norte de Ruka (539km)

Por primera vez desde que dejé Barlceona, me levanté esta mañana, arranqué la moto y salí a la carretera sin un destino fijado no un numero de kilómetros que cubrir durante la jornada. No me había sido posible encontrar un hostal barato en ningún sitio, y las solicitudes de couch que había mandado a Rovaniemi habían sido denegadas o no habían sido respondidas, así que decidí simplemente tirar y buscar un camping o acampar por libre cuando me cansase.

El día anterior había parado en una gasolinera en la esquina de la calle donde estaba el hostal y había comprado un mapa de carreteras. El GPS había sido una gran ayuda hasta el momento, pero me había mantenido en las vías principales, lo que está genial en Rusia, donde cualquier otra cosa que las vías principales sería una pesadilla de trayecto, pero ahora quería explorar las vías secundarias. Tenía que cubrir 400km al día para llegar al Norkapp bien de tiempo, lo que no era mucho teniendo en cuenta lo buenas que eran las carreteras en Finlandia, así que quería ver la red de carreteras en detalle y elegir una ruta alejada de las carreteras principales.

Poco después de dejar Joensuu vi que la carretera principal rodeaba un lago por la izquierda, y había una carretera más pequeña a la derecha que iba más cerca de la orilla, más aún si tomaba una carretera aún más pequeña que salía de la primera. Fui por allí y descubrí una carretera maravillosa.

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Hacía sol, la temperatura era perfecta, las vistas imponentes, tenía la música puesta y no había nadie más en la carretera. Hacía mucho que no disfrutaba tanto en la moto, y entonces la carretera se convirtió en una pista de gravilla, pero un una pista rusa, una pista finlandesa, que son muy buenas, y disfruté aún más, de pie en los estribos, levantando polvo a 100km/h.

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Había salido temprano, ya que me levanté sober las 7, imposible dormir más con lo que brilla el sol a esas horas tan al norte, y los primeros 200km parecieron más 20. Paré a por gasolina por primera vez en Finlandia, el último repostaje había sido en Rusia justo antes de la frontera, y me sorprendió gratamente descubrir que si bien era un poco más caro que en España, el precio aún estaba dentro del presupuesto calculado y por debajo de Italia, la gasolina más cara que había pagado hasta el momento. También miré los precios de la cafetería al lado de la gasolinera y también eran razonables, comí un menú por 8€.

Mientras estaba fuera de la cafetería poniéndome otra vez todo el equipo una KTM paró a mi lado. Era una Adventure S con los colores del Dakar, en un estado impecable. Le dije al motero “buena moto” y diez segundos más tarde ya estaba de vuelta dentro, tomando café con él y hablando de motos. Se llamaba Sami y era un fotógrado de Helsinki. Me dijo que estaba explorando las pistas de gravilla a lo largo de la frontera con Rusia y ya que iba hacia el norte desde Kuhmo, donde habíamos parado, me invitó a unirme a él. Como tenía tiempo de sobra y ningún horario que seguir ese día, me pareció genial tener un poco de compañía.

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Fuimos por carreteras secundarias durante unos 100km, pero no gravilla, ya que lo más cercano a la frontera estaba asfaltado en ese tramo, y al cabo de un rato me hizo señas para que parase. Acabábamos de pasar un edificio en un cruce y me preguntó “¿te interesa la historia?” “Por supuesto”, le dije. Resulta que el edificio detrás nuestro era una museo sobre la Guerra de Invierno, y la carretera que salía hacia la derecha, la carretera que llevaba hasta Rusia, donde la batalla más importante tuvo lugar.

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Aún quedaban piezas de artillería escampadas por la carretera  y Sami me dio una lección de historia muy interesante. Tenía un extenso conocimiento sobre el tema, e incluso había usado algunos de los cañones que los finlandeses capturaron de los rusos en esa batalla durante su servicio militar. Fuimos por la carretera e gravilla durante un rato, vimos un memorial y luego volvimos a la carretera principal. Al cabo de un rato llegamos a otro cruce y nuestros caminos se separaron, ya que yo quería intentar ir más hacia el norte antes del anochecer y buscar dónde acampar. Me dio su contacto y me dijo que le llamase cuando pasase por Helsinki.

Antes de irse me dio un último consejo: estaba cerca de la región de Laponia, y me dijo que había muchos renos sueltos y que era peligroso para los coches, y aún más para las motos. Le di las gracias y efectivamente, poco después vi el primero, trotando con calma por la carretera. Ralenticé la marcha y lo pasé, pero desapareció en el bosque antes de que pudiese hacerle una foto. Después de eso, vi docenas.

Sobre las 7 de la tarde paré a comprar algo de comida y luego empecé a buscar un sitio donde pasar la noche. Había lagos por todas partes, y me apetecía buscar un camping cerca de la orilla y quizá nadar un poco, y al cabo de unos kilómetros del último pueblo, vi la entrada a un camping. Pregunté y sólo costaba 7€, así que decidí parar allí, estaría bien poder darme una ducha. El camping era una extensión de césped sin delimitaciones  y podías plantar la tienda donde quisieras. Acampé y como aún era temprano, limpié y engrasé la cadena, desmonté las maletas de la moto y reorganicé mis cosas, deshaciéndome de algunos trastos que no había usado ni iba a usar, intentando reducir un poco el peso.

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También me dediqué a reparar las cintas que aguantan el depósito de reserva de gasolina. Las vibraciones habían conseguid cortar una de ellas y la otra estaba a punto de partirse, así que reparé una y reforcé la otra con cinta americana.

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Solo me había encontrado con vibraciones realmente malas en Kazakstán, así que me sorprendió ver que las cintas habían fallado. Después de descubrirlo cuando se rompió la llanta, até el bidón con pulpos a la espera de una solución mejor. Había comprado el conjunto, bidón, soporte y cintas en Touratech, y se supone que sus productos son de alta calidad y están pensados para este tipo de viajes. Dudo de que las cintas hubiesen aguantado más de una semana en Kazakstán, así que me sentí estafado. Hice alguna fotos y van a tener noticias mías en cuanto llegue a casa.

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Preparé la cena en mi hornillo y luego me senté al lado del lago antes de meterme en la tienda a escribir un rato. Era un momento mágico, y me sentí relajado como no lo había estado en semanas, en total harmonía con lo que me rodeaba. Esto era lo que estaba buscando. Con la mirada perdida en el lago, mi moto y mi tienda detrás de mí, sentí que no necesitaba nada más.

Era casi medianoche cuando me metí en la tienda, y aún había suficiente luz para poder estar sentado fuera y leer un libro sin problemas. Me pregunté si llegaría a oscurecer del todo esa noche.

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WiFi en el bosque

Día 36 – Martes 30 de julio – de 5km al norte de Ruka a 10km al norte de Ivalo (429km)

Me levanté poco antes de las 6 am y a pesar de que me tomé mi tiempo para desayunar y recoger todo, cogí la carretera bastante temprano. Me había quitado las capas térmicas del traje el día anterior ya que hacía mucho calor, pero hoy el día se levantó nublado y fresco, así que a las 10am, visto que la cosa no iba a mejorar, paré, las volví a poner y cambié los guantes por los de invierno.

Había elegido una ruta cercana a la frontera para evitar las carreteras principales otra vez, y estuve toda la mañana solo, por carreteras desiertas que me llevaron a través de lagos, bosques y pantanos. El paisaje era bonito, pero en la mañana fría y gris también era desolador en ciertos momentos y podía imaginarme con facilidad lo duro que debía haber sido el invierno para los soldados pobremente equipados que tuvieron que atravesar estas tierras.

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Hacia mediodía ya había cubierto mucha distancia, y el día había mejorado un poco. Paré en un café para comer algo y charlé un momento con un par de moteros suizos que bajaban de Noruega. Me dijeron que el tiempo había sido miserable las últimas semanas. Eso me preocupó un poco, ya que contaba con acampar todo esta parte del viaje en Finlandia, Noruega y Suecia…

Viendo que era temprano y estaba avanzando mucho, empecé a estudiar opciones. Era demasiado temprano para dar el día por terminado y parar a dormir en Finlandia, así que podía continuar e intentar llegar tan cerca el Nordkapp como fuese posible para estar allí temprano al día siguiente y acampar ya de bajada por la costa Noruega o podía seguir recto hacia el norte en vez de tomar la ruta principal hacia el noroeste y luego reseguir la costa noruega hasta llegar al Nordkapp por la nochey poder ver el sol de medianoche. Al final sin emabargo, un dolor muscular agudo en el pecho, seguramente de dormir en una postura rara la noche anterior, me hizo decidirme a ir hasta la última población principal en Finlandia y buscar un sitio para dormir.

Iba a ir un poco más lejos antes de empezar a buscar sitio, ya que sólo eran las 6 pm, pero entonces vi un indicador que señalaba un camping al lado de un lago, y tuve la sensación de que sería un buen sitio. Siempre me he fiado del instinto cuando se trata de encontrar un buen sitio, y normalmente siempre ha funcionado bien. Esta vez no fue ninguna excepción. El camping era más caro que el anterior (15€ la noche), pero las instalaciones compensaban el precio con creces, especialmente el hecho de que a pesar de ser un bosque al lado del río tenían wifi, lo que suponía que podía escribir este post estirado en mi saco.

Como era temprano decidí dedicar la tarde a relajarme, y me fui al lago a darme un baño. El agua era cristalina y muy fría, pero me sentó divinamente. Me estuve una hora setnado al sol, secándome y leyendo mi nuevo libro: Fahrenheit 451.

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Justo antes de irme a la cama estaba yendo hacia el lago otra vez a hacer unas cuantas fotos, ya que el cielo estaba de un color violeta precioso con el sol de medianoche, cuando vi un hombre llegar en bicicleta y parar al lado de mi tienda. Vi que tenía algo escrito en la espalda y cuando me acerqué vi que ponía “10.000km”. Le dije que esa era la distancia que yo llevaba hecha en la moto, y me dijo que estaba dando la vuelta a Escandinavia en 8 semanas, haciendo hasta 260km por día. O mejor dicho por noche, pues prefería viajar de noche. O de día, ya que no oscurece aquí arriba… Bueno, es un poco confuso…

Le dije hacia donde iba y me recomendó un par de sitios que ver, uno más al este que el Nordkapp, el otro, 9km a pie desde el Nordkapp, que es el auténtico punto más al norte de Europa. Sonaba todo muy tentador, mañana decidiré cómo planifico la ruta del día.

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Tanahorn

Día 37 – Miércoles 31 de julio – de 10 km al norte de Ivalo a Berlevag a 6km de Bekkarfjord (626km)

Decidí que ya que tenía aún 12 días para lelgar a Helsinki, y probablemente no volvería a tener la oportunidad de explorar esta parte del mundo en moto, seguiría el consejo que me habían dado el día anterior y daría un pequeño rodeo para visitar algunos lugares.

El primero, y el que el hombre que había conocido la noche anterior había insistido más en que tenía que visitar era el Tanahorn, un pico en la costa cerca de Berlevag, tres fjords más al este del Norkapp, desde donde me había dicho que tendría unas vistas fantásticas si el tiempo era bueno. Lo llamaba “su Nordkapp”, y eso fue lo que me hizo decidir visitarlo. A mi padre le apasiona la montaña y todo lo relacionado con ella, y tiene algunos sitios a los que también llama suyos. Cuando habla de uno de esos lugares sé que es un lugar especial, normalmente lejos de lo que la mayoría de gente visita y de una belleza excepcional, así que cuando oí a aquel hombre describirlo con esas palabras no me pude resistir a visitarlo.

Me llevó toda la mañana ir hasta allí, incluyendo cruzar la frontera con Noruega. Una vez en tierra de fjords, tenía que ir mucho rato hacia el norte por una carretera que luego tendría que deshacer, ya que no llegaba a ninguna otra parte, pero solo las vistas ya valían la pena.

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La carretera seguía la costa cerca del agua, serpenteando a lo largo del fjord, el día era precioso y el aire fresco, era otra carretera para poner en mi lista de favoritas. Cuando llegué a Belevag aún tuve que hacer unos kilómetros más por una carretera sin asfaltar, y luego vi un par de coches aparcados y un indicador que señalaba el camino colina arriba. Dejé todo en la moto y empecé a andar vestido con el traje y las botas, ya que hacía algo de frío y como sólo eran 3km no me molesté en cambiarme.

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Al cabo de poco estaba sudando y tuve que quitarme la chaqueta y llevarla bajo el brazo. El camino subía suavemente por las lomas y pronto apareció el Tanahorn. Era un pico de rocas afiladas que destacaba sobre el resto, con un montículo de piedras construido arriba del todo.

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En unos 20 minutos más llegué arriba y las vistas merecían la pena el haber dado el rodeo y andado hasta aquí.

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El cielo estba despejado, y tenía una vista perfecta del mar y los fjords de los alrededores, los acantilados la las laderas rocosas que se extendían hasta las playas, cubiertas de trozos de madera que el mar había traído de Siberia. Era impresionante.

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Cogí el libro de firmas y dejé una nota rápida. Luego me senté a relajarme y disfrutar de la sensación del sol en la cara durante un rato antes de volver a bajar, ya que aún me quedaba mucho hasta el Nordkapp y no estaba seguro de llegar ese mismo día.

De vuelta a la moto, estudié la ruta en el GPS y dudé entre ir directo al Nordkapp o subir a la siguiente punta entre aquí y allí, donde se encontraba el faro más al norte de Europa. Intentar llegar al Nordkapp ese mismo día sería demasiado, así que decidí tomármelo con calma y visitar el faro.

Tuve que deshacer mucho camino y para cuando volví a la carretera principal ya era tarde y estaba bastante cansado. Empecé a subir por la carretera que llevaba a Mehamn, pero me dí cuenta de que llegaría bastante tarde, así que decidí buscar un lugar donde plantar la tienda y pasar la noche.

Se puede acampar en cualquier sitio en Noruega siempre y cuando sea a más de 150 metros de una casa, lo que suena muy fácil, pero el terreno es difícil y cuesta encontrar un buen rincón. Al cabo de un rato lo encontré. Era una suave pendiente de hierba que llevaba al final de un pequeño fjord, apartado de la carretera, con vistas agradables y fácilmente accesible con la moto. Bajé y acampé.

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Sin embargo, las cosas empezaron a torcerse rápido. Cuando intenté preparar la cena, mi hornillo decidió dejar de funcionar, así que tuve que recoger madera y hacer un pequeño fuego parar poder comer caliente. Luego, cuando me metí en la cama, empezó a soplar un viento muy fuerte. No era constante, eran rachas súbitas que soplaban con mucha intensidad durante unos minutos, en una dirección distinta cada vez. Sacudía la tienda y hacía mucho ruido, y para empeorar las cosas, sobre las 4 am, escuché un ruido raro fuera. Abrí la tienda y descubrí que el viento había conseguido tumbar la moto, que estaba tumbada de lado. La puse de pie, vi que no había nada roto y la giré para que ofreciese menos resistencia al viento.

Me metí en la tienda otra vez e intenté dormir un poco.

 

El Nordkapp

Día 38 – Jueves 1 de agosto – De 6km de Bekkarfjørd a Slettnes al Nordkapp (609km)

El fuerte viento me despertó a las 6 am y ya que no había manera de volver a dormir con tal escándalo, me levanté. Me arrastré fuera de la tienda y me encontré con la moto en el suelo de nuevo, y cuando la levanté vi que esta vez se había roto el intermitente delantero izquierdo. Los intermitentes delanteros sobresalen mucho en una V-Strom, es un diseño bastante malo, y son lo primero que se rompe cuando la moto va al suelo, pero no me podía creer que después de haber hecho tanto camino y haber sobrevivido caídas en el desierto en Kazakstán, tuviese que pasar aquí.

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El viento soplaba tan fuerte que no me fiaba de dejar la moto allí mientras recogía todo y me preparaba para irme, así que plegué la tienda tan rápido como pude peléandome con el viento, lo enganché todo a la moto y salí por piernas de allí sin ni tan solo desayunar. Tampoco hubiese podido, sin el hornillo.

En cuanto encontré un lugar más resguardado, paré y enganché los trozos de intermitente con cinta americana. La reparación parecía sólida, así que pensé que lo dejaría así en vez de intentar encontrar uno nuevo que seguramente costaría una fortuna aquí.

Hice los 100km que no terminé el día anterior y como suele pasar, vi un montón de sitios ideales donde podría haber pasado la noche si hubiese continuado un poco. Se me estaba terminando la gasolina, así que miré en le GPS y vi que había una gasolinera en Mehamn, el último pueblo antes del faro. Sin embargo, cuando llegué allí el surtidor no funcionaba, y el encargado me dijo que podía esperar hasta las 4 o las 5 de la tarde o ir hasta Kjøllefjord, lo que suponía deshacer 13km hasta el último desvío y luego hacer 23km hasta el pueblo. Llegué allí con la última barra del indicador de gasolina parpadeando, rogando que la gasolinera estuviera abierta, ya que la última estaba a más de 100km al sur. Lo estaba, y despúes de llenar el depósito volví a subir a la carretera principal y fui hasta Slettnes, donde estaba el faro.

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Eran las 10 am y estaba en medio de la nada, así que no había ni un alma en el faro. Este era mi Nordkapp privado, lejos de los turistas. El faro estaba hecho de metal, el único de este tipo en Noruega y el faro más al norte de Europa. Di una vuelta por allí y me fui hacia el Nordkapp, que estaba al otro lado del fjord. Casi podía verlo en la distancia, pero llegar hasta allí por carretera suponía un rodeo que me llevaría todo el día. Eso no era ningún problema, ya que el plan era llegar justo a tiempo de encontrar un cámping y luego hacer los últimos poco kilómetros hacia el Nordkapp después de cenar, a tiempo de ver el sol de medianoche.

En los últimos 100km, ya en la carretera que llevaba solo hacia el Nordkapp, empecé a ver lo que no había visto en toda la mañana – un montón de autocares y motos. El Nordkapp está en una isla, pero no hacía falta coger un ferry, ya que un túnel de 6km cavado en la roca pasa por debajo del mar y conecta la isla con tierra firme. Pasar por el túnel ya era una experiencia en sí, tenía una fuerte pendiente durente 3km y luego empezaba a subir de forma aún más pronunciada los otros 3km, como una V gigante. Al otro lado pasé de largo del pueblo principal, donde paran todos los cruceros de turistas, y cogí la carretera que subía por la montaña hasta llegar al Middnatsol Camping, el último antes del Nordkapp.

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Paré, acampé y me preparé la cena viendo pasar autocares y motos por la carretera por debajo de mí. A las diez y media, cogí la moto e hice los últimos pocos kilómetros.

Era una sensación extraña, llevaba más de un mes en la carretera y ahora iba por fin a alcanzar el punto donde daría media vuelta y empezaría la vuelta a casa. Tuve suerte y no había nada de tráfico en el último tramo, así que fui lento y me tomé mi tiempo para pensar en todas las cosas que había visto y en toda la gente que había conocido en la carretera. Había sido una experiencia intensa, muchas emociones y muchos kilómetros condensados en pocas semanas. Un experiencia que nunca olvidaría.

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Entonces lo vi. Allí delante, el Nordkapp. El punto más septentrional de Europa. Había conseguido llegar aquí desde el desierto en Kazakstán, en una moto con tantos kilómetros que la mayoría de gente se la hubiese quitado de encima hacía tiempo, con una llanta trasera reparada por un mecánico en una barraca en Rusia, con el traje cubierto con el polvo, suciedad, lluvia e insectos de 12 países diferentes.

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Pagué el peaje (sí, hay que pagar para entrar en el Nordkapp y no es barato), aparqué mi V-Strom en una larga fila de GS, me quité el casco y los guantes y anduve hasta el punto donde termina Europa.

Era aun temprano, y el sol estaba escondido tras algunas nubes bajas flotando sobre el mar, así que di una vuelta por el complejo y visité el museo, el audiovisual, el mirador King’s View y la tienda de souvenirs, donde compré la obligada pegatina para la moto.

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A las 23:30, encontré un rincón en la baranda libre de turistas y esperé a que el sol asomase por debajo de las nubes. Era como una puesta de sol normal, hasta que te dabas cuenta de que al contrario de una puesta de sol normal, el sol no se movía solo hacia abajo, sino también de lado. De hecho, se desplazaba más rápido de izquierda a derecha que hacia abajo. A medianoche, rozó el horizonte y luego empezó a elevarse otra vez. Un nuevo día había empezado, y había visto la puesta y la salida del sol en el espacio de una hora.

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Lluvia y niebla en los fjords

Día 39 – Viernes 2 de agosto – del Nordkapp a Alteidet (343km)

Unos pocos kilómetros antes del Nordkapp hay un pequeño aparcamiento y un camino que sale hacia la izquierda. Lleva a Knivskjelodden, que es el punto verdaderamente más al norte de Europa, pero sólo se puede acceder a él caminando 9km. Mi plan para esta mañana era ir hasta allí y luego dedicar el resto del día a ir tan al sur como pudiese, pero no iba a ser así. Me desperté a las 6 am al oír el sonido de la lluvia golpeando la lona de mi tienda, y pensé dos cosas. La primera, que no iba a poder hacer la excrusión hasta Knivskjelodden, ya que no tenía calzado para andar 18km en terreno mojado y mantener los pies secos, y la segunda, que iba a tener que guardar la tienda mojada, cosa que no hace nada de gracia. Dormí un poco más, esperando que parase la lluvia, pero a las 10am aún caía, así que decidí irme.

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A veces se paga mucho dinero por algo que no ofrece nada en particular mejor que la competencia, como por ejemplo cualquier cosa con una “i” delante del nombre o un Volkswagen, y a veces un diseño es tan inteligente que justifica su precio. Por suerte, mi tienda se encuentra en la segunda categoría, y hoy descubrí que puedes desmontar y plegar la parte interior sin quitar la lona exterior ni los palos, lo que significa que tanto tu como la parte de la tienda donde duermes están secos durante el proceso. Una vez hecho esto y con todas las cosas empaquetadas bajo la protección de la capa exterior, plegué el resto, lo puse en la moto y me fui.

Había niebla, llovía y hacía frío, así que antes de salir estudié una lista de campings y campos de cabañas a lo largo del camino que iba a seguir para tener distintas posibilidades de parar a dormir. Si el tiempo mejoraba, iría más lejos, si no, pararía y buscaría alojamiento.

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Casi 350km más tarde, estaba helado, y mis guantes supuestamente impermeables estaban empapados. Por suerte tenía puños calefactados en la moto, así que tenía las manos calientes, cosa que no podía decirse de mis pies. El cielo estaba completamente tapado y no tenía pinta de mejorar pronto, así que decidí parar. Miré el mapa y encontré un camping que también tenía cabañas de madera, justo lo que necesitaba para secar todas mis cosas, incluida la tienda, y pasar el resto de la tarde poniendo el blog al día.

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Pagué y me dieron las llaves para una cabaña, tendí todas mis cosas, puse la calefacción a tope y me fui a la cocina, donde por primera vez desde que entré en Noruega tuve un rato para sentarme y calcular costes.

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Me horroricé al descubrir lo caro que era el país, y no había mucho que pudiese hacer para evitarlo. Podía acampar por libre si hacía buen tiempo, pero la gasolina y la comida aún eran un gasto importante, y la cabaña hoy y la entrada al Nordkapp el día anterior ya habían hecho mella en el presupuesto. No tenía plan más que estar en Helsinki el día 12, donde iba a reunirme con mi novia para hacer las tres últimas semanas del viaje juntos, así que no sabía cuán al sur quería ir por Noruega antes de cruzar a Suecia o Finlandia. Visto los precios aquí, pensé que bajaría por los fjords uno o dos días más y luego tiraría hacia el este.

 

Una casa con vistas

Día 40 – Sábado 3 de agosto – De Alteidet a Narvik (427km)

Hoy decidí que tenía que mantener los gastos a raya si quería tener dinero para disfrutar de la última parte del viaje, así que antes de ponerme en camino por la mañana volvía a la cocina a aprovechar lo que me quedaba de la conexión wifi que había pagado y mandé unas cuantas solicitudes de CouchSurf para las tres siguientes ciudades, con la esperanza de tener suerte a pesar de mandarlas tan tarde.

Mi tienda y la ropa de moto se habían secado durante la noche, lo empaqueté todo y dediqué un poco de tiempo a reorganizar los bultos en la moto. Había estado cargando con un neumático viejo desde Volgogrado ya que me servía de hueco para dejar las bolsas de comida y la funda de la moto, y hacía de soporte para la bolsa Ortlieb con la mayoría de mis cosas, pero también ocupaba todo el portaequipajes y el asiento del pasajero, así que me deshice de él y ahora tenía que encontrar una forma de reposicionar el equipaje para hacer sitio para mi novia, y quería experimentar con distintas distribuciones del peso antes de recogerla. Hoy coloqué la funda de la moto debajo de la bolsa Ortlieb para evitar que se desgarrase con las cabezas de los tornillos de las barras de soporte que había construido para los neumáticos y até las bolsas de comida encima de cada maleta lateral. Quedaba espacio en el asiento del acompañante y además las bolsas de comida hacían de reposabrazos. Sin embargo había un problema con esta distribución, que descubrí unas horas más tarde.

El cielo estaba despejado y había salido el sol, no había ni rastro de la lluvia que me había arruinado el día anterior. Me pues buena música y salí a la carretera a disfrutar de uno de los mejores días del viaje.

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El paisaje había cambiado de los fjords de roca pelada barridos por el viento en el Nordkapp para dar lugar a unos más altos, cubiertos de bosque en la parte baja y con glaciares en los picos. Era una vista espectacular, y pensé que valía la pena pasar un par de días más por la costa a pesar de los precios. Era como estar en los Alpes, con los valles inundados de agua de mar con la superficies completamente en calma, reflejando las montañas y los barcos de pescadores como un espejo.

Paré un par de veces, una a por gasolina y otra para comer, y me encontré con moteros italianos en ambas ocasiones, una pareja en una Triumph que no hablaban Inglés y luego dos amigos que me facilitaron la comparación perfecta entre las dos motos que quizá me gustaría considerar para sustituir mi pobre V-Strom: uno de ellos iba en una GS Adventure y el otro en una KTM 990 Adventure. Hablé con el de la KTM, que dominaba el inglés, y me dijo que la GS era genial para hacer viajes largos, era muy cómoda y tenía una autonomía excelente, pero no se desenvolvía demasiado bien en lo que no fuese pistas en buen estado. La KTM, por su parte, tenía mucha menos autonomía, unos 250km, pero era muy divertida en la carretera y podía meterse por cualquier sitio fuera de ella. Y era mucho más barata.

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Después de comer me di cuenta de que la cadena hacía un ruido raro cuando salía en primera, e iba empeorando poco a poco. Pensé que quizá la había dejado demasiado tensada cuando la limpié y engrasé por última vez un par de días atrás, así que decidí buscar un sitio para parar y mirarla. Encontré un área de descanso, las hay a montones en Noruega, y puse la moto en el caballete. O lo intenté. Normalmente era difícil con todo el equipaje, pero ahora que había puesto el peso más atrás para dejar sitio para la pasajera,  era imposible. Tuve que quitar las bolsas de comida y las herramientas antes de poder levantarla.

Miré la cadena y efectivamente estaba demasiado tensada. Ya que estaba en ello y había llovido el día anterior, también la limpié. Cuando volví a la carretera el ruido había desaparecido. Había comprobado el teléfono cuando paré y vi que tenía una respuesta de un anfitrión en Narvik, que era a donde me dirigía esa noche, lo que era fantástico, no me esperaba encontrar un sitio tan tarde y ya estaba pensando en buscar un rincón para acampar.

Llegué a Narvik pasadas las siete de la tarde y encontré la dirección, era una casita que daba al fjord.

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Alf Tonny, mi anfitrión, me estaba esperando fuera, entré en el camino para el coche, saqué las cosas de la moto y tras una ducha rápida ya estaba sentado en la terraza tomando té, charlando y disfrutando de las vistas. Poco después, un amigo suyo vino a traerle una mesa nueva para la sala de estar y se unió a nosotros. También le interesaba la historia y estuvimos hablando de algunos de los puntos más interesantes de mi viaje. Antes de irse hacia su casa, le di la dirección del blog y le invité a visitarme en Barcelona. Luego volvimos adentro y vino otro amigo de Alf con una botella de vino, así que decidí dar por terminado el blog y relajarme un rato.

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