Reparar una llanta – Barcelona vs. Astrakán

¡Hora de reparar la llanta! He pensado que es una buena ocasión para hacer una útil comparativa para aquellos que en algún momento se sus vidas se encuentren con la clásica disyuntiva de hacer reparar una llanta en España o en Rusia. Ya se sabe, el dilema habitual… ¿Dónde es más fácil? Astrakán, una ciudad de medio millón de habitantes en la desembocadura del Volga totalmente desconocida para mí y con un idioma del que no hablo ni una palabra, o Barcelona, mi ciudad natal. Vamos a comparar experiencias.

Encontrar un taller para reparar la llanta resultó mucho más fácil que en Astrakán. Una simple búsqueda en Google, comparar opiniones en foros de motos y a elegir uno. En Astrakán tuve que dar vueltas hasta encontrar un grupo de moteros, convencer a uno de ellos, Arkan, para que me ayudase y confiar ciegamente en que sabría lo que hacía, porque no hablaba ni una palabra de inglés. Así que el primer punto es para Barcelona.

Me puse en contacto con XR Llantas, que reparan y fabrican llantas de todo tipo, tanto para particulares como para equipos de competición. Tienen buena reputación y confiaba en que harían un buen trabajo.

Les mandé fotos de los desperfectos en la llanta para ver si era posible repararla o no. Dijeron que necesitaban ver la llanta en persona para asegurarlo, pero que parecía factible. Una vez hube desmontado el neumático, la llevé a su taller en Barcelona un lunes por la mañana.

El sitio era más pequeño de lo que me esperaba, y había llantas de todos los tipos y tamaños ocupando cada centímetro libre del espacio, pero parecía que eran expertos en la materia. Le dejé la llanta a un hombre que la inspeccionó meticulosamente y dijo que tendrían que hacer algunas pruebas (habló de infrarrojos y ultrasonidos) para ver si era reparable. Comparado con la chatarrería a la que me llevó Arkan, esto parecía la NASA. Barcelona 2 – Astrakán 0.

Me dijeron que tenían mucho trabajo y que no podrían hacer nada hasta el jueves. Entretanto tenía la AT para ir a trabajar, así que me pareció razonable. Al menos no estaba atrapado en el calor asfixiante del verano en Astrakán.

Una semana más tarde aún no había tenido noticias suyas, así que llamé. Dijeron que la habían estado mirando pero lo habían dejado porque tenían otros encargos más urgentes. Parece que el tipo con el que hablé por teléfono no estaba en el taller; me dijo que creía que estaría lista al día siguiente y que me llamaría para avisarme. Eso eran ya ocho días, mientras que en Astrakán la cosa estuvo solventada de lunes a viernes por la mañana. Barcelona 2 – Astrakán 1.

El martes llegó y pasó sin noticias de la llanta, y yo no me pude escapar de las clases en horario de oficina para llamar. En Astrakán Arkan llamó puntualmente como prometido. Barcelona 2 – Astrakán 2.

Llamé al taller el miércoles por la mañana y el hombre con quien hablé parecía sorprendido de que no me hubieran llamado el día anterior, pues creía que la llanta ya estaba lista. Prometió preguntar y volver a llamarme.

Media hora más tarde recibí la llamada prometida, pero no con las noticias que esperaba. Habían hecho sus pruebas y determinado que el golpe era demasiado serio para poder repararlo, intentar enderezarla debilitaría el aluminio en exceso y cabía el riesgo de que se agrietara y causara un accidente. Conclusión: no era reparable. En Astrakán cogieron una rueda en bastante peores condiciones, la repararon sin rechistar en cuatro días y siguió cumpliendo con su cometido a diario hasta dos años más tarde, cuando se formó un poro uqe dejaba escapar el aire y la cambié. Barcelona 2 – Astrakán 3.

Conclusión: si necesitáis una reparación, que os la haga un mecánico ruso.

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La llanta y una pistola

Día 25 – Viernes 19 de julio – Astrakhan (0km)

Advertencia – Este post puede contener lenguaje ofensivo y referencias a sexo y drogas.

Esta mañana sobre las diez recibí buenas noticias: Arkan llamó para decir que la llanta ya estaba reparada y que vendría en unos diez minutos a recogerme y llevarme al taller. Valentin, mi anfitrión, había estado haciendo de intérprete todo este tiempo, ya que Arkan no hablaba ni una sola palabra de inglés, pero hoy tenía que trabajar y no podía venir conmigo, así que me dijo que si necesitaba algo le llamase. Mientras estaba esperando que llegase, Dasha me escribió en Facebook y me dijo que ella y unos amigos iban a ir a nadar al río esta tarde, y me invitó a unirme a ellos. Quedamos que nos encontraríamos a las siete y media en la misma parada de autobús que la última vez. Parece que después de varios días de inactividad iba a tener planes otra vez.

Bajé a la calle y al cabo de cinco minutos apareció Arkan en su coche negro. Fuimos otra vez a la parte chunga de la ciudad y aparcó enfrente de un sitio que parecía más una chatarrería que un lugar que pudiese reparar y equilibrar una llanta de aluminio. Estaba un poco escéptico en cuanto al posible resultado, pero no había podido hacer demasiadas preguntas al respecto, en parte por culpa de la barrera idiomática, en parte porque no quería molestar más a mi anfitrión con el tema de la traducción, pues me parecía que estaba abusando de su hospitalidad, ya llevaba una semana en su casa. A estas alturas había aprendido que lo mejor en Rusia es dejarse llevar por la corriente, confiar en la gente y dejar que hagan lo que tengan que hacer, y efectivamente, a pesar de la pinta del sitio, la llanta estaba lista y la reparación tenía un aspecto muy profesional.

La llevamos a un taller de neumáticos que no tenía mucha mejor pinta para montar el neumático. El problema con la llanta estaba por fin solucionado, pero estaba un poco preocupado por si el neumático estaba dañado, ya que había hecho trozos largos sin aire en carreteras muy malas intentando volver a Astrakán. Buscar un neumático de esas medidas podía ser difícil y no tenía ganas de pasar más tiempo aquí. Por suerte, con el neumático montado e inflado, el hombre del taller lo comprobó con agua y jabón y no parecía perder aire por ningún sitio. Lo montó gratis, cosa de agradecer.

Llevamos la rueda de vuelta al parking donde había tenido la moto una semana entera. Meter la moto en un parking con vigilancia 24 horas puede sonar a lujo para un viajero con un presupuesto más bien exiguo como yo, pero solo costaba 20 rublos al día, que es menos de lo que se paga por una botella de agua. Arkan me ayudó a montar la rueda en la moto y cuando vio que faltaba el tapón de la válvula, cogió uno de los de su propio coche y me lo dio. También vio que no tenía montado el protector de la cadena, le expliqué que había perdido uno de los dos tornillos que lo aguantan por culpa de las vibraciones en Kazakstán. Mientras estaba limpiando y engrasando la cadena, llamó a Valentin y me lo pasó, y me dijo que Arkan le dijo que me dijese, que me llevaría a una tienda donde podía encontrar un tornillo de recambio.

Nos metimos de nuevo en el coche y me llevó no a una tienda, sino a su propia casa, donde encontró un par de tornillos de la medida correcta y me enseñó su moto, una Yamaha Fazer 1000. Me explicó que había tenido una Honda Fireblade, pero que la había estampado contra la parte de detrás de un coche. Vi que no tenía matrícula, en la moto, y me dijo que era para que la policía no le multase. Bueno, más que explicarlo así, hizo un gesto con la mano derecha, como abriendo gas a tope, y dijo “fuck police”.

Con el tornillo en el bolsillo, cogimos otra vez el coche y se volvió a poner al teléfono. Pensaba que íbamos de vuelta a casa de mi anfitrión, pero me volvió a pasar el teléfono. Era Valentin, que me dijo que Arkan me quería llevar a nadar con sus dos hijos. Le dije que me parecía perfecto siempre y cuando estuviese de vuelta a tiempo para quedar con Dasha y sus amigos más tarde.

Íbamos hacia las afueras cuando encontramos una larga cola de coches parados. Sin pensárselo dos veces, se metió en contra dirección y fue hasta el principio de la cola. Resulta que era un paso a nivel, están por todas partes en Rusia y a veces tardan mucho en abrirse, de ahí los atascos. Llevábamos un rato esperando cuando, probablemente aburrido de la espera, decidió enseñarme algo. Levantó el reposabrazos y sacó… una pistola. Con los dos niños en el asiento de detrás, que no parecían en absoluto sorprendidos. Imagino que no era la primera vez que la veían. Sacó el cargador, que llevaba balas de verdad, sacó la bala de la recámara y me la dio. Era la primera vez que sostenía una pistola, y pensé que para ser la primera vez, no estaba nada mal que fuese la de un motero ruso. Espero que no mate a nadie antes de que yo salga del país, ya que ahora tiene mis huellas.

Finalmente cruzamos el paso a nivel y paramos en una pequeña tienda a recoger a unos amigos suyos: un tío muy delgado con tatuajes enormes, que tenía peor pinta que Arkan, su novia Natasha, en un vestido muy corto, y otro tío que tartamudeaba y tenía los dientes medio podridos, que me hizo pensar en uno de esos memes de “Meth? Not even once” en internet.

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Fuimos a una playa entre un puente del ferrocarril y un astillero con un barco oxidado, que puede no sonar muy bien, pero que estaba bastante más limpio y con menos gente que la playa en el centro. Mientras estábamos allí hablamos del viaje y de motos, y comparamos precios de motos entre España, Rusia y Georgia. Resulta que Arkan no era ruso, sino de Georgia. Después, como pudo, usando gestos y dibujando en la arena, me explicó que iba a menudo a Alemania, por algún tema de drogas por lo que pude entender. A partir de ahí la conversación se volvió un poco, como decirlo, incómoda. Usando gestos y palabras sueltas en inglés, me dieron a entender que la tal Natasha hacía unas mamadas espectaculares (parecía que todos habían pasado por ahí) y luego dijeron “tonight, drugs –palabra rusa refiriéndose a sexo- Natasha”. Reí y les seguí la corriente un rato, pero cuando nos íbamos les dije que ya había quedado con otra gente más tarde, cosa que era cierto.

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Dejamos a los amigos de Arkan otra vez en la tienda y de camino al centro me dijo que practicaba boxeo y varios tipos de artes marciales, y se señaló la nariz, que era evidente que le habían roto varias veces. Señalando a los niños y a su anillo de casado, me dio a entender que era una buena manera de liberar tensión. También me dijo que antes se dedicaba a las carreras ilegales en la calle, y que había tenido un Impreza y un M5, pero que lo dejó cuando se casó.

De vuelta en casa de Valentin, le di las gracias por todo, había sido una persona genial y había hecho de todo para ayudarme.

Preparé las maletas para irme temprano el día siguiente y luego cogí uno de los micorbuses rusos con conductores locos para ir hacia el centro a encontrarme con Dasha, esta vez no tenía ganas de andar casi 7km otra vez. Compramos algo de cerveza y me llevó a una playa pequeña en el otro lado de la isla donde habíamos estado la última vez. Ya era tarde, y el sol se estaba poniendo, era una vista preciosa, una enorme bola de fuego rojo tras las fábricas en el otro lado del río mientras nadaba en el agua fría.

Tras la puesta de sol volvimos al puente, donde descubrí que los autobuses dejaban de funcionar a las 9 de la noche, lo que significaba una buena caminata hasta casa… Pero los amigos de Dasha dijeron que ni hablar de irme tan temprano, cogimos un taxi y fuimos a casa de uno de ellos, un edificio de madera muy antiguo, de antes de la revolución rusa. Tenía una galería que daba al patio interior, y estuvimos allí sentados al fresco de la noche bebiendo y tocando la guitarra. Me hizo pensar en la experiencia que estaba siendo este viaje hasta el momento, ahí estaba, sentado con gente que acababa de conocer, todos geniales, ofreciéndome sus bebidas, hablándome de las canciones rusas que estaban cantando.

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Me fui a medianoche, ya que quería madrugar a la mañana siguiente para el viaje de vuelta a Volgogrado. No era especialmente largo, y las carreteras eran buenas, pero aún no sabía cómo había quedado la llanta y si aguantaría, así que quería tener tiempo por si acaso. Dasha me acompañó hasta casa, nos dimos los contactos y me deseó buena suerte con el resto del viaje.

Pocas noticias

Día 24 – Jueves 18 de julio – Astrakhan (0km)

Hoy llamamos a Arkan, que nos dio el número del taller para que pudiésemos llamar directamente y preguntarles, y dijeron que la llanta estaría lista “la segunda mitad del día” el viernes. Eso significaba que no iba a poder ir hacia Volgogrado hasta el sábado. Aparte de eso, hoy no pasó nada más… Estaba a punto de no escribir nada hoy, pero ya que me he acostumbrado a publicar sobre cada día, al final decidí escribir un post, aunque sea uno corto.

Primeras noticias de la llanta

Día 23 – Miércoles 17 de julio – Astrakhan (0km)

Hoy llamamos a Arkan, que dijo que la llanta ya estaba en el taller y que estaría lista mañana por la tarde o el viernes por la mañana. Como estaba bastante dañada, no sólo de la carretera en Kazakhstan, sino porqué el mecánico en el pozo de petróleo la intentó arreglar a golpe de martillo, el resultado puede no quedar bien del todo. Espero que al menos aguante el aire para poder seguir viajando.

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En cuanto a buenas noticias, descubrí por qué el enchufe de 12V no funcionaba. Está marcado como un máximo de 20A, pero el mecánico que lo instaló le puso un fusible de 10A, que se había fundido, ya que el compresor necesita 15A.

Recibí noticias de Martin, desde Uzbekistán. Se dio contra una roca en su GS Adventure y también dobló la rueda delantera. Un camionero que paró le ayudó a enderezarla con un martillo, y dice que le aguanta el aire. ¡Espero que tenga más suerte que yo!

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Galería de arte Kustodiev

Día 22 – Martes 16 de julio – Astrakhan (0km)

Hoy no hay mucho que contar, estoy esperando noticias de la llanta. Para matar el tiempo, fui a visitar la galería de arte Kustodiev, que era bastante interesante, y luego me dí un paseo hasta el centro, leí un rato en el parque y luego me busqué un café con aire acondicionado donde pasar la tarde leyendo y disfrutando de un té frío.

Buenas y malas noticias

Día 21 – Lunes 15 de julio – Astrakhan (0km)

Primero, las malas noticias: hoy mis padres descubrieron que no es posible enviar paquetes a Rusia, sólo documentos. Fex Ex sí que hace envíos, pero con restricciones estrictas de peso y valor, y a precios astronómicos. Así que parece que no era posible recibir la llanta de recambio de España. Tocaba pasar al plan B.

El sábado, Lex y yo salimos a buscar moteros en el centro, que siempre ayudan, y encontramos un contacto. Un motero llamado Arkan, con pintas de tío duro donde los haya, el típico ruso enorme que no sonreía nunca. Nos dio su número y esta mañana le pedí a Valentin, mi anfitrión, que lo llamase. Dijo que vendría a echar un vistazo y a la hora de comer apareció en su cochazo negro. Nos llevó al parking donde estaba la moto, le ladró cuatro improperios al guarda para que lo dejase entrar y examinó la rueda. Dijo que se podía reparar, que volvería al día siguiente con las herramientas para sacarla de la moto. Le dije que yo tenía herramientas y la podía sacar en cinco minutos, así que lo hice. Más tarde Valentin me dijo que se sorprendieron, pues me habían tomado por un aficionado sin demasiada idea de lo que hacía. Metió la rueda en el maletero y nos fuimos a una parte de la ciudad con bastante mala pinta para intentar encontrar un taller para sacar el neumático de la llanta. Tras un par de paradas encontramos uno, y luego fuimos hacia otra parte de la ciudad con todavía peor pinta a buscar un taller para reparar la llanta, ya que el que él conocía no podía hacerlo hasta el miércoles. Al final encontramos uno, pero no estaba contento ni con el precio que pedían ni con el hecho de que no tuviesen las herramientas para equilibrar la rueda una vez hecha la reparación. Le dije que no me importaba esperar un poco más con tal de que la reparación fuese buena, y dijo que en un par de días la tendría. Así que estas son las buenas noticias. Espero.

Otro baño en el Volga y un tatuaje

Día 20 – Domingo 14 de julio – Astrakán (0km)

Hoy me pasé la mañana actualizando el blog, contando días y kilómetros para ver lo que puedo hacer una vez la moto esté reparada y envié un correo a Stephen Stallebrass, que hizo la misma ruta que estoy considerando yo ahora.

Por la tarde Dasha, una de los CouchSurfers de la cidad, me llevó a nadar en el Volga. Habíamos quedado en una parada de autobús al principio del puente que cruza el río a través de una isla que es donde están las playas, y caminé durante más de 6km en un calor de 40ºC para llegar porqué quería pasar por el centro andando en vez de coger un autobús.

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La playa fluvial hubiese sido un sitio genial si no fuese por el hecho de que había botellas vacías y plásticos por todas partes, parece que los rusos son incapaces de mantener un sitio limpio a parte de sus propias casas, lo que es una lástima, pues era un sitio muy bonito. Me di un baño y luego Dasha sacó un tubo de henna y empezó a practicar dibujando un tatuaje en su pierna. Me contó que quería sacarse un dinero extra haciendo tatuajes a la gente en la playa en verano, y cuando terminó me preguntó si podía hacerme uno en el brazo, así que me llevo un souvenir de Astrakán.

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De vuelta al apartamento, comprobé mi correo y vi que Stephen me había respondido, con algunos consejos sobre la ruta que tomó. También intenté encontrar información sobre cómo desbloquear el teléfono yo mismo, que puede ser más fácil que intentar explicar a un ruso en una tienda de telefonía lo que necesito. Más noticias sobre eso mañana.