Paneurhythmy – la danza ritual en los lagos de Rila

Cuando estaba haciendo el trekking de los 7 lagos en el parque nacional de Rila vi algunas cosas que me parecieron… curiosas.

La primera era un libro, descolorido por el sol y languideciendo bajo el cristal del mostrados de una tienda de souvenirs o café cerca del telesilla que da acceso a los lagos. Se titulaba Guía esotérica de los lagos sagrados de Rila, y debo confesar que el verlo les imprimió a las ya de por si impresionantes montañas un aire de misterio añadido. El libro está en Amazon, por cierto.

La segunda era un grupo de gente de pie en círculos cerca del lago Babreka haciendo algún tipo de danza o meditación. Desde el siguiente lago, más arriba en la montaña, se podía apreciar una serie de grandes círculos concéntricos marcados en la hierba en el punto donde se encontraban, haciendo suponer que lo que estaban haciendo no se trataba de algo puntual.

La tercera era la gente andando por la zona. No todos, por supuesto, la mayoría eran turistas como yo, visitando los lagos, pero si uno prestaba atención se daba cuenta de que había una cantidad inusualmente alta de gente que no iba vestida como se esperaría para enfrentarse a la montaña; la mayoría llevaban túnicas y ropa suelta, muchos blanca, el tipo de atuendo que se ve en una clase de meditación.

Finalmente, de vuelta al telesilla, cientos de tiendas desperdigadas alrededor de un refugio al a orilla del lago Ribnoto Ezera, y más gente que seguía subiendo a pesar de lo avanzada que estaba la tarde.

Así que, ¿de qué iba todo aquello? Pues bien, según parece nos perdimos un evento bastante importante por tan solo dos días. La Paneurhythmy es una danza ritual que tiene lugar cada año el 19 de agosto y durante la cual los seguidores de la Hermandad Blanca Universal se reúnen para celebrar el inicio de su Nuevo año.

No os preocupéis, la Hermandad Blanca Universal no es un movimiento xenófobo, más bien al contrario. Sus seguidores la definen como “una manifestación creativa harmoniosa de la organización Divina dentro de todo el cosmos” y creen que la energía cósmica se encuentra en su punto álgido de los lagos de Rila en esta fecha en particular. Se reúnen y forman “el círculo vivo de Paneurhythmy” para “entrar en un mundo de poesía, libertad y creatividad”, sus creencias se basan en siete principios:

La ley de la Inteligencia Suprema

El principio de Correspondencia

El principio de la Vibración o el Movimiento

El principio de la Polaridad

La ley del Ritmo

El principio de Causa y Efecto

La ley de la Unidad o la Relación

En su web se puede encontrar una explicación detallada de cada principio. El movimiento fue fundado en 1897 por un teólogo búlgaro llamado Peter Deunov, conocido entre sus seguidores como Maestro Beinsa Duono, que empezó a llevar gente a los lagos de Rila para hacer la danza en los años 30. Hoy gente de todas las nacionalidades converge en el mismo lugar.

Los participantes, vestidos de blanco y descalzos, forman círculos concéntricos con un coro y una orquesta en el centro. Los círculos están marcados con piedras blancas, y la gente baila al ritmo de música compuesta por el mismo Deunov, con la letra en un idioma que él mismo inventó.

Los seguidores de la Hermandad Blanca Universal se conocen como Deunovistas, y el movimiento está registrado como religión, aunque no siempre fue el caso. Al principio del periodo comunista de Bulgaria el movimiento conoció una relativa tranquilidad gracias a la amistad de su fundador con Georgi Dimitrov, el primer líder comunista, pero tras su muerte en 1949 se vieron obligados a pasar a la clandestinidad para evitar purgas. No fue hasta 1989 cuando se registraron legalmente como religión.

Hoy el movimiento cuenta con seguidores fuera de Bulgaria en países como Francia, Suiza, Bélgica, los EEUU, Canadá, Méjico y hasta la República Democrática del Congo.

 

Fuentes:

The Hindu – Pilgrims flock to Bulgarian mountains to cleanse spirit

About Pan-Eu-Rhythmy

Vagabond – Dancing with the brotherhood

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Ocho lagos y un pico

Día 20 – Miércoles 17 de agosto – De Blagoevgrad a Panichishte y vuelta (165km)

Hasta el momento, en este viaje hemos pasado tiempo en la playa, en barcos y ferris, haciendo kayak, haciendo turismo y ahora íbamos a hacer trekking en Bulgaria, un país que con sus muchos parques naturales nos brindaba la oportunidad perfecta pero como podéis imaginar, viajar en moto no nos permite llevar demasiado equipo, así que tuvimos que moderar un poco nuestras ambiciones. Tras investigar un poco descubrimos una ruta bastante popular: el camino de los siete lagos en el parque natural de Rila.

La ruta sale desde un telesilla pasado el pueblo de Panichishte, parte de una estación de esquí que en verano funciona como instalación para hacer bici de descenso. Se puede subir con el telesilla hasta el refugio de Rilski Ezera, desde donde comienza el camino, o a pie desde el aparcamiento, cosa que añade entre una hora y una hora y media a las cinco o seis horas que se tarda en ver los siete lagos.

20160817032809Estaba claro que era un camino muy popular a juzgar por la cantidad de coches que encontramos aparcados a ambos lados de la carretera desde un buen trecho antes de llegar al aparcamiento, para el cual había que pagar. Al acercarnos al chico que estaba cobrando a los coches, nos dijo ‘moto free’ y nos indicó que pasáramos, y cuando llegamos al final del aparcamiento, el hombre que controlaba el acceso al telesilla nos hizo señas para que aparcáramos justo pasado el edificio, donde se encontraban los coches del personal y las máquinas pisa pistas. Una vez más, es un placer viajar en moto.

Vale la pena subir en telesilla no solo por el tiempo que se ahorra, cosa que permite disfrutar con más calma del recorrido por los lagos, sino también por las vistas que ofrece del valle a medida que gana altura. Una vez en el refugio entendimos por qué habíamos leído que era imposible perderse en esta ruta; no solo había una larga hilera de personas subiendo lentamente montaña arriba, además el camino estaba bien trillado y era imposible no verlo.

20160817044218Empezamos el recorrido en sentido anti horario, como la mayoría de gente, ascendiendo por un sendero empinado con una empinada caída a la izquierda desde donde pronto tuvimos vistas a los dos últimos lagos y a otro refugio, más grande y rodeado de cientos de tiendas.

20160817053906El camino se nivelaba en una planicie de hierba donde vimos el primer lago, llamado Babreka (el riñón) y también un grupo de gente de pie en un círculo concentrados en algo que no acerté a ver qué era; podría haber sido yoga, podría haber sido algún tipo de ritual, pero a mis ojos parecía sobretodo como si estuvieran intentando estrangularse a sí mismos.

20160817052542Eso, y el hecho de que estaban en medio de grandes círculos concéntricos marcados en el suelo me hizo recordar que había visto un libro a la venta en una cafetería en la carretera un poco antes de llegar al telesilla titulado ‘La guía esotérica de los lagos sagrados de Rila’. Después de eso empecé a darme cuenta de que entre los muchos turistas que andaban por ahí había un número considerable de personas que iban vestidos de forma peculiar, como si acabaran de volver de un año de meditación en algún monasterio remoto o se hubiesen trasladado en el espacio y el tiempo directamente desde Woodstock.

20160817055352Al poco de dejar atrás esta curiosidad el camino volvía a empinarse hasta que encontramos el segundo lago, Okoto (el ojo), llamado así porque forma un óvalo perfecto. Aquí deberíamos haber girado a la izquierda y haber seguido ascendiendo hasta un alto saliente de roca sobre el cual se veía aún más gente con sus siluetas recortadas contra el cielo, pero vi otro camino que iba a la derecha y parecía llevar a un pico que no se veía demasiado lejos. Habíamos llegado al segundo lago antes de lo esperado, hacía un día estupendo y pensé ¿por qué no? y empezamos la ascensión.

20160817061003Una hora y 300 metros de desnivel después llegamos a la cima de un pico con vistas de 360 grados sobre todo el parque. Mi altímetro daba 2714 metros, y más tarde descubrí que estábamos en un pico llamado Rilec. Desde allí tuvimos el privilegio de ver un octavo lago del otro lado de la montaña, que la mayoría de gente que hace la ruta no ve.

20160817064616Volvimos al lago Okoto de nuevo y subimos al saliente de roca, desde donde vimos el tercer y más alto de los lagos, el lago Salzata (la lágrima), y contemplamos la panorámica de los siete lagos a la vez. Comimos allí, gozando de las vistas y hablando con una familia búlgara que vivían en Pamplona y que había vuelto a su país a pasar las vacaciones.

20160817075707Tras volver al punto donde la cascada que cae del lago Okoto se encuentra con las aguas que vienen del Babreka nos desviamos a la derecha para volver al telesilla pasando por los cuatro lagos restantes: Bliznaka (los gemelos), Trilistnika (el trifolio), Ribnoto Ezero (el lago de lo peces) y Dolnoto Ezero (el lago bajo).

20160817092025Al pasar por el refugio que habíamos visto desde lejos durante la subida, a orillas del Ribnoto Ezera, vimos mejor la enorme cantidad de tiendas que habían plantado a su alrededor. Se podían contar más de cien, desperdigadas por los alrededores del refugio y subiendo por la ladera a su lado en la otra orilla del lago. De camino al telesilla nos cruzamos con más gente que subía cargando con tiendas, claramente con la intención de hacer noche allí arriba, pero lejos de tener el aspecto de alguien que ha venido a hacer montaña. La mayoría iban mal equipados, tanto en términos de ropa como de calzado, y me pregunté si tenía algo que ver con el libro mencionado antes y la gente haciendo aquella especie de yoga en círculo. Quizá estábamos en una zona con poderes curativos, o en un punto de avistamiento de OVNIs…

20160817095955Nos subimos al telesilla de vuelta a la moto, contentos de haber elegido esta opción, pues nos había dado el tiempo para subir al pico Rilec, y comenzamos el camino de vuelta a Blagoevgrad. Nos desviamos de la ruta normal porque queríamos ver el monasterio de Rila, que teníamos entendido que era el más grande del país, pero el problema era que no habíamos preparado esta visita y no sabíamos dónde se encontraba exactamente. Por esta parte del mundo los indicadores son entre escasos e inexistentes, y la gente en los pueblos no habla inglés, así que después de un rato de buscar valle arriba pasado el pueblo con el mismo nombre sin encontrarlo, y viendo que se estaba haciendo tarde, decidimos volver a la ciudad a tiempo de encontrar algo abierto para comprar algo de comida para el día siguiente.

Nat fue a hacer la compra yo me quedé con la moto y, mientras esperaba, se acercó un chavalín que se miraba la moto con fascinación. No entendía ni una sola palabra de lo que le dije, y yo no entendí ni una de lo que decía él, pero el amor por las motos es un lenguaje universal, sobretodo para los críos, y no cabía en sí de contento cuando lo senté encima y le dejé manosear la bocina y los intermitentes. Cuando Nat volvió le mostré qué botón apretar para arrancar; tendríais que haber visto que cara puso cuando lo apretó y el motor se puso en marcha con un rugido. Seguramente fue lo mejor del día para él, o de la semana, o del año, qué sé yo. Espero que le vayan bien las cosas en la vida y algún día pueda disfrutar de su propia moto.

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Sexta marcha

Día 19 – Martes 16 de Agosto – De Skopje a Blagoevgrad (225km)

Hoy fue, quizá por primera vez desde hacía bastante – un día bastante tranquilo en cuanto a visitas, excursiones y exploraciones. Subimos a las colinas al sur de Skopje antes de dejar la ciudad para ver las vistas desde la cruz del milenio, una estructura de 66 metros de altura construida para conmemorar 2.000 años de cristianismo. Nos llevamos una decepción al ver que solo era accesible por telecabina, no por carretera, pero había buenas vistas desde el aparcamiento donde terminaba la carretera y disfrutamos de unas vistas excelentes de la ciudad que añadieron un elemento más a la lista de lugares de los que mis impresiones de Skopje se alimentaban: Barcelona vista desde las colinas de Collserola.

20160816043255Dejamos la ciudad por la autopista y en el cuadro de la moto vi algo que no había visto desde hacía bastante tiempo: ¡la sexta marcha! Cubrimos bastante distancia (bastante aburrida) antes de que se terminara la autopista, que por cierto no es que estuviese en muy buenas condiciones para lo que nos costó en peajes. Se terminaba en Kumanovo, desde donde una carretera nacional normal que culminaba en un tramo de largas y fantásticas curvas colina arriba nos llevó a la frontera con Bulgaria.

De todas las fronteras que habíamos cruzado esperaba que esta fuese con diferencia la más fácil y rápida; dejar un país generalmente es cuestión de un par de minutos y entrábamos en la UE con pasaportes de la UE y un vehículo registrado en la UE con seguro de la UE, pero por alguna razón que desconocemos los macedonios se tomaron su tiempo para comprobar cada uno de los pocos coches en la fila y los papeles de sus ocupantes, y aun fue peor para entrar en Bulgaria. Me sentí tentando de hacer eso que se ve tanto en las películas, donde los americanos que están en el extranjero claman ‘¡soy un ciudadano americano!’ a la que algo no cuadra, y ponerme a gritar ‘¡soy un ciudadano de la UE, dejadme entrar!’

Una vez en el otro lado aun nos quedaba un buen rato hasta nuestro destino del día: Blagoevgrad, una pequeña ciudad situada entre los parques naturales de Rila y Pirin. En principio íbamos a pasar solo una noche aqui hasta que tuviéramos información de la zona y decidiéramos a dónde ir luego, pero el hotel resultó ser barato y muy agradable, y vimos que la excursión que queríamos hacer al día siguiente estaba a tan solo una hora de allí, así que decidimos quedarnos dos noches.

20160816113552Por la tarde fuimos a ver la ciudad y comprar provisiones para la excursión, y Nat tuvo otra lección sobre barrios obreros en Europa del este