Marc se pone en movimiento

Día 17 – 16 de agosto – Osh (0km)

‘Salgo de Naryn’ decía el mensaje que tenía en el móvil cuando me desperté. El día anterior Marc había conseguido transporte a Tash Rabar, montado la rueda, bajado la moto a Naryn y ahora ya estaba de camino a Osh.

Me fui para Muztoo a ver cómo le iba a Romuald, el francés. Había terminado de conectar todos cables de la moto, instalado el escape y se estaba preparando para empezar a montar plástico. Le sugerí que ahora que aún teníamos buen acceso a todo sería un buen momento para ver si arrancaba.

Metió la llave, la giró y le dió al botón de arranque. Aguantamos la respiración. El motor tosió y se puso en marcha. ¡Funcionaba! Comprobamos el cuadro, temiendo que la complicada electrónica de la BMWse quejase de que habíamos enchufado algo mal, pero todo parecía en orden.

Estava muy aliviado de que su moto hubiera sobrevivido, y quedamos que saldríamos a cenar para celebrarlo.

Recibí otro mensaje de Marc pasado mediodía informando de que ya estaba en Kazarman y preguntando si era buena idea seguir hasta Osh el mismo día. Le aconsejé que no lo hiciera, le quedaba mucha distancia y combinar estas carreteras y cansancio no es una buena idea. Katja también me escirbió, resulta que no se encontraba bien y una visita al hospital reveló que tenía una infección de riñones y vejiga, así que también le iba a tocar pasar unos días aquí.

Pasé el resto de la tarde poniéndome al día con el blog y por la noche salimos a regalarnos una cena y unas cuantas cervezas de más para celebrar que la BMW no había muerto. Romuald dijo que no se la iba a jugar y que emprendía el regreso a casa vía Azerbadjan, donde empezaba la cobretura de su seguro europeo, así que le deseé suerte y le invité a venir a Barcelona cuando quisiera.

Anuncios

Curso acelerado de técnico de BMW

Día 16 – 15 de agosto – Osh (0km)

Era ya mi tercer día en Osh y empezaba a aburrirme. No estaba dispuesto a pasarme todo el dia descansando, así que me subí a la moto y me fui al taller de Muztoo.

Dos días antes había conocido a un francés allí que estaba desmontando su GS. Aparentemente, había una junta en el corazón de la moto que se había roto y perdía aceite. Uno podría pensar que bastaría con ir echándole más, pero se ve que podía ir a parar al embrague, que en las GS es seco, y fastidiarlo, así que le tocaba abrir toda la moto para llegar a la junta y cambiarla. Y cuando digo abrir la moto, quiero decir partirla en dos. Cuando llegué el lunes ya había hecho la mitad del trabajo de desmontaje y hoy (jueves) ya había recibido la junta a través un tipo que volaba desde Moscú y la trajo como favor y la había colocado. Ahora le tocaba volver a juntar las dos mitades de moto.

Yo no tenía nada mejor que hacer, así que me dediqué a ayudarlo. No era fácil, estaba bastante estresado cuando desmontó la moto y había tornillos, tuercas, clips, cables sueltos y otros trozos de moto esparcidos por el taller, todo sin etiquetar, y estamos hablando de una BMW 1200 GS Adventure tope de gama con suspensiones electrónicas Touratech delante y detrás.

Cuando íbamos a juntar toda la parte trasera (subchasis, cardan, etc.) con la delantera nos dimos cuenta de que el cardan se había salido de su sitio en el engranaje final, así que tocaba desmontarlo y recolocarlo.

Cuando lo abrimos y vi lo que había dentro no podía dar crédito a mis ojos. ¡Estaba completamente lleno de agua y barro espeso!

 

Me contó que se había quedado atascado en un cruce de río entrando a Tajikistan, a unos 30 kilómetros al sur de la frontra. Estaba pasando con un Neozelandés que acababa de conocer, y la tarde ya estaba avanzada, de modo que el nivel del agua era mucho más alto que por la mañana. Se metió y las piedras que llevaba la corriente se atrancaron contra sus ruedas. El otro tipo le ayudó a bajar de la moto y aguantarla desde el lado, pero estaba demasiado atascada para llevarla hasta la otra orilla, y el río barría más piedras contra un lado de la moto y al mismo tiempo se llevaba arena de debajo de sus pies, con lo que al cabo de poco se vió ya con el agua a la cintura mientras sostenía la moto. El neozelandés le gritó que la soltara y se salvase él, pero se negó y le dijo que fuese al punto fronterizo a por ayuda. Pasó horas en esa postura, a 4100 metros, medio sumergido en aguas heladas, aguantando la moto, hasta que llegó ayuda.

Desmontamos todo el brazo del cardan y lo limpiamos a fondo. Mientras lo montábamos de nuevo, eché un vistazo a las juntas de goma exteriores y me di cuenta de que no són más que guardapolvos. Espero que los cojinetes dentro estén mejor sellados, pero entendí que por mucho marketing que nos enchufe BMW, estas motos NO estan hechas para estos viajes de aventura. Todo el mundo que pasaba por el taller aqui dando la vuelta al mundo iban en Africa Twins, DR650s, Ténérés, XT600, Transalps y demás motos similares fáciles de reparar.

A las siete de la tarde la moto ya estaba de una sola pieza de nuevo, pero había mucho que hacer antes de poder descubrir si iba a arrancar o no. Prometí volver a la mañana siguiente para ver qué pasaba.

Mientra estaba allí aproveché la oportunidad para enderezar mi manillar y comprobar que todos los tornillos y tuercas que hay que quitar para cambiar las ruedas no estuvieran demasiado apretados, una lección que aprendimos por las malas con la moto de Marc.

El duro camino a Osh II

Día 13 – 12 de agosto – de Kazarman a Osh (268km)

El sol y el calor me desperaron antes de que sonara el despertador, el sol aquí ya luce antes de las 6 de la mañana, y lo primero que noté era que había dormido como un tronco a pesar de la espalda. Me giré con precaución esperando que el dolor fuera peor que el día anterior ahora que el analgésico y la adrenalina ya no hacían efecto y me había enfriado pero, inesperadamente, el dolor se mantenía al mismo nivel que la noche anterior. Descubrí que, si bien no podía levantar el brazo más de unos 10 grados de su posición de reposo estado de pie, si lo agarraba con la mano y lo movía con el otro brazo, podía hacer una rotación entera sin sentir dolor, lo que me dió esperanza de que no hubiera ninguna fractura, pues de otro modo dolería horrores.

Conseguí atar mi bolsa a la moto y ponerme todo el equipo sin tener que pedir ayuda a Katja, a pesar de tener una distracción seria.

Salimos y nos dirigimos a lo que esperábamos que sería una segunda mitad del trayecto a Osh dura. Bueno, al menos salíamos temprano. Sabíamos que teníamos unos 160 kilómetros de pista hasta la carretera principal que une Bishkek con Osh.

Estaba bastante cómodo en la moto, y la mayor parte del tiempo la espalda no me dolía. El ascenso al paso de montaña tenía algunos giros muy cerrados con tierra suelta que tenía que tomar con precaución y, de vez en cuando, bajaba algún camión enorme de cara, levantando tanto polvo en la pista estrecha que no me quedaba otra que parar al borde de la montaña y esperar que pasara, pero a pesar de todo pude disfrutar de las vistas.

A unos 40 kilómetros de la carretera principal cruzamos otro pueblecito más en el camino y encontramos asfaltao. No dejé que me enganñasen las esperanzas, pues ya había aprendido por las malas que aqui la calle principal de los pueblos está asfaltada, pero el asfalto desaparece tan buen punto termina el pueblo. Sin embargo, esta vez la fortuna se apiadó de nosotros y, tras 120 kilómetros de tierra, el asfalto llegó para quedarse hasta Osh.

Llegamos allí a una buena hora, sobre las 4 de la tarde, con un calor de casi 40 grados y rodeados del tráfico de locura habitual por estos lares. Pensaréis que me fui directo a un hospital, pero en lugar de ello fui a Muztoo, un taller que da servicio a todos los moteros que pasan por Osh de camino a Tajikistan, China, Mongolia, la India, el sudeste asiático, o dando la vuelta al mundo.

El taller era un hervidero de actividad, con un montón de gente reparando o haciendo mantenimiento en sus motos, pero en cuanto expliqué lo que necesitaba para la rueda de Marc, el mecánico me encontró un neumático Mitas E-07 nuevo y lo montó. Con el primer reto superado, me fui para las oficinas del CBT de Osh a ver si había algún transporte de turistas que saliera para Naryn y se pudiera llevar la rueda. Mi inteción original era volver con la rueda yo mismo, pero habiendo visto la carretera y depués del accidente no había manera de que pudiera hacer eso.

La chica de la oficina de CBT removió cielo y tierra para ayudarme y, a pesar de que no había ningún transporte de turistas en los próximos tres días, me puso en contacto con un taxista que dijo que se la daría a otro conductor que saldría a la mañana siguiente, conduciría todo el día hasta Bishkek y luego al día siguiente conduciría hacia el sur hasta Naryn y entregaría la rueda, todo por 2000 som (unos 26 euros). Le dí el dinero y la rueda, con la esperanza de que cumpliría con su palabra y por fin me fui hacia el hostal.

Crucé el centro de la ciudad siguiendo el GPS, pero cuando llegué a donde se supone que estaba el hostel lo único que había allí era una fábrica que se caía a pedazos. No pasa nada, estas cosas suelen pasar en países soviéticos, suele haber varias hileras de edificios una detrás de otra apartadas de la calle, así que probablemente solo tenía que dar la vuelta a la manzana y encontraría el hostal. El problema era que no había manzana, la calle era interminable. Di la vuelta y conduje en la dirección opuesta, pero era la misma historia. Volví a la fábrica y me dí cuenta de que en la puerta de acceso al recinto había un cartel diminuto que rezaba ‘hostel’ y un flecha que apuntaba a través de las puertas. Entré y, efectivamente, ahí estaba el hostal, al final de un callejón con mala pinta en la parte de detrás de la fábrica, pasado otro edificio en construcción.

Agotado una vez más, hice el check in y me derrumbé en la cama de una diminuta habitación del tercer piso, bajo un sol que había estado cociéndose al sol todo el día.