Ocho lagos y un pico

Día 20 – Miércoles 17 de agosto – De Blagoevgrad a Panichishte y vuelta (165km)

Hasta el momento, en este viaje hemos pasado tiempo en la playa, en barcos y ferris, haciendo kayak, haciendo turismo y ahora íbamos a hacer trekking en Bulgaria, un país que con sus muchos parques naturales nos brindaba la oportunidad perfecta pero como podéis imaginar, viajar en moto no nos permite llevar demasiado equipo, así que tuvimos que moderar un poco nuestras ambiciones. Tras investigar un poco descubrimos una ruta bastante popular: el camino de los siete lagos en el parque natural de Rila.

La ruta sale desde un telesilla pasado el pueblo de Panichishte, parte de una estación de esquí que en verano funciona como instalación para hacer bici de descenso. Se puede subir con el telesilla hasta el refugio de Rilski Ezera, desde donde comienza el camino, o a pie desde el aparcamiento, cosa que añade entre una hora y una hora y media a las cinco o seis horas que se tarda en ver los siete lagos.

20160817032809Estaba claro que era un camino muy popular a juzgar por la cantidad de coches que encontramos aparcados a ambos lados de la carretera desde un buen trecho antes de llegar al aparcamiento, para el cual había que pagar. Al acercarnos al chico que estaba cobrando a los coches, nos dijo ‘moto free’ y nos indicó que pasáramos, y cuando llegamos al final del aparcamiento, el hombre que controlaba el acceso al telesilla nos hizo señas para que aparcáramos justo pasado el edificio, donde se encontraban los coches del personal y las máquinas pisa pistas. Una vez más, es un placer viajar en moto.

Vale la pena subir en telesilla no solo por el tiempo que se ahorra, cosa que permite disfrutar con más calma del recorrido por los lagos, sino también por las vistas que ofrece del valle a medida que gana altura. Una vez en el refugio entendimos por qué habíamos leído que era imposible perderse en esta ruta; no solo había una larga hilera de personas subiendo lentamente montaña arriba, además el camino estaba bien trillado y era imposible no verlo.

20160817044218Empezamos el recorrido en sentido anti horario, como la mayoría de gente, ascendiendo por un sendero empinado con una empinada caída a la izquierda desde donde pronto tuvimos vistas a los dos últimos lagos y a otro refugio, más grande y rodeado de cientos de tiendas.

20160817053906El camino se nivelaba en una planicie de hierba donde vimos el primer lago, llamado Babreka (el riñón) y también un grupo de gente de pie en un círculo concentrados en algo que no acerté a ver qué era; podría haber sido yoga, podría haber sido algún tipo de ritual, pero a mis ojos parecía sobretodo como si estuvieran intentando estrangularse a sí mismos.

20160817052542Eso, y el hecho de que estaban en medio de grandes círculos concéntricos marcados en el suelo me hizo recordar que había visto un libro a la venta en una cafetería en la carretera un poco antes de llegar al telesilla titulado ‘La guía esotérica de los lagos sagrados de Rila’. Después de eso empecé a darme cuenta de que entre los muchos turistas que andaban por ahí había un número considerable de personas que iban vestidos de forma peculiar, como si acabaran de volver de un año de meditación en algún monasterio remoto o se hubiesen trasladado en el espacio y el tiempo directamente desde Woodstock.

20160817055352Al poco de dejar atrás esta curiosidad el camino volvía a empinarse hasta que encontramos el segundo lago, Okoto (el ojo), llamado así porque forma un óvalo perfecto. Aquí deberíamos haber girado a la izquierda y haber seguido ascendiendo hasta un alto saliente de roca sobre el cual se veía aún más gente con sus siluetas recortadas contra el cielo, pero vi otro camino que iba a la derecha y parecía llevar a un pico que no se veía demasiado lejos. Habíamos llegado al segundo lago antes de lo esperado, hacía un día estupendo y pensé ¿por qué no? y empezamos la ascensión.

20160817061003Una hora y 300 metros de desnivel después llegamos a la cima de un pico con vistas de 360 grados sobre todo el parque. Mi altímetro daba 2714 metros, y más tarde descubrí que estábamos en un pico llamado Rilec. Desde allí tuvimos el privilegio de ver un octavo lago del otro lado de la montaña, que la mayoría de gente que hace la ruta no ve.

20160817064616Volvimos al lago Okoto de nuevo y subimos al saliente de roca, desde donde vimos el tercer y más alto de los lagos, el lago Salzata (la lágrima), y contemplamos la panorámica de los siete lagos a la vez. Comimos allí, gozando de las vistas y hablando con una familia búlgara que vivían en Pamplona y que había vuelto a su país a pasar las vacaciones.

20160817075707Tras volver al punto donde la cascada que cae del lago Okoto se encuentra con las aguas que vienen del Babreka nos desviamos a la derecha para volver al telesilla pasando por los cuatro lagos restantes: Bliznaka (los gemelos), Trilistnika (el trifolio), Ribnoto Ezero (el lago de lo peces) y Dolnoto Ezero (el lago bajo).

20160817092025Al pasar por el refugio que habíamos visto desde lejos durante la subida, a orillas del Ribnoto Ezera, vimos mejor la enorme cantidad de tiendas que habían plantado a su alrededor. Se podían contar más de cien, desperdigadas por los alrededores del refugio y subiendo por la ladera a su lado en la otra orilla del lago. De camino al telesilla nos cruzamos con más gente que subía cargando con tiendas, claramente con la intención de hacer noche allí arriba, pero lejos de tener el aspecto de alguien que ha venido a hacer montaña. La mayoría iban mal equipados, tanto en términos de ropa como de calzado, y me pregunté si tenía algo que ver con el libro mencionado antes y la gente haciendo aquella especie de yoga en círculo. Quizá estábamos en una zona con poderes curativos, o en un punto de avistamiento de OVNIs…

20160817095955Nos subimos al telesilla de vuelta a la moto, contentos de haber elegido esta opción, pues nos había dado el tiempo para subir al pico Rilec, y comenzamos el camino de vuelta a Blagoevgrad. Nos desviamos de la ruta normal porque queríamos ver el monasterio de Rila, que teníamos entendido que era el más grande del país, pero el problema era que no habíamos preparado esta visita y no sabíamos dónde se encontraba exactamente. Por esta parte del mundo los indicadores son entre escasos e inexistentes, y la gente en los pueblos no habla inglés, así que después de un rato de buscar valle arriba pasado el pueblo con el mismo nombre sin encontrarlo, y viendo que se estaba haciendo tarde, decidimos volver a la ciudad a tiempo de encontrar algo abierto para comprar algo de comida para el día siguiente.

Nat fue a hacer la compra yo me quedé con la moto y, mientras esperaba, se acercó un chavalín que se miraba la moto con fascinación. No entendía ni una sola palabra de lo que le dije, y yo no entendí ni una de lo que decía él, pero el amor por las motos es un lenguaje universal, sobretodo para los críos, y no cabía en sí de contento cuando lo senté encima y le dejé manosear la bocina y los intermitentes. Cuando Nat volvió le mostré qué botón apretar para arrancar; tendríais que haber visto que cara puso cuando lo apretó y el motor se puso en marcha con un rugido. Seguramente fue lo mejor del día para él, o de la semana, o del año, qué sé yo. Espero que le vayan bien las cosas en la vida y algún día pueda disfrutar de su propia moto.

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