Catástrofe en el monte Vihren

Día 23 – Sábado 20 de agosto – De Bansko al refugio Vihren a Sofia (189km)

A las 6:00 el cielo ya estaba azul y tras dejar un par de bolsas en recepción, hicimos el check out y nos fuimos directos al refugio Vihren. Ya había varios coches aparcados delante, e iban llegando más mientras nos cambiamos la ropa y empezamos a andar hacia el pico Vihren.

20160819232630El sol salió por encima de las montañas a medida que ganábamos altura por un camino bien trillado, pero lejos de ser la autopista de turistas del recorrido de los siete lagos de Rila.

20160820014215A pesar de que se trataba de un ascenso relativamente sencillo, pues el camino estaba claramente indicado con marcas rojas y no había necesidad de trepar en ningún punto, el modo en que la ruta ganaba altura no perdonaba. Salía directo hacia arriba desde el refugio y se mantenía así durante la mayor parte de los 900m de desnivel.

20160820015850Alcanzamos el collado previo al pico a una buena hora, después de dejar atrás varios grupos de personas que habían salido antes pero iban a un ritmo más lento, y desde allí vimos que el pico estaba cubierto de nubes.

20160820025531Por suerte no eran lo bastante densas para suponer un problema de visibilidad serio, y aun podíamos seguir bien el camino hacia la cima. La coronamos en dos horas exactas, una hora menos de lo que decían las reseñas y el indicador en el refugio

20160820030648La temperatura era mucho más baja aquí y hacía bastante viento, así que hicimos unas fotos, comimos algo y disfrutamos de vistas fugaces del paisaje a través de algún agujero ocasional en las nubes.

20160820031203La bajada fue aún más rápida, y solo paramos dos o tres veces a quitarnos ropa a medida que la temperatura subía de nuevo durante el descenso al valle. Nos sorprendió ver la cantidad de gente que subía; estaba claro que era un pico popular, pero pocas veces he visto tanta gente empezar a subir tan tarde. No solo hacía demasiado calor para subir a esa hora, sino que se estaban empezando a formar nubes en los picos de alrededor, y el tiempo puede cambiar muy rápidamente en la montaña una vez llegada la tarde. Nos habíamos puesto en camino a las 8:30 y había solo unos pocos grupos por delante nuestro; si uno empieza a andar a esas horas en los Pirineos, tiene muchos números de estar entre los últimos.

Cuando llegamos al refugio miré el reloj para ver lo que habíamos tardado: cuatro horas en total, ascenso y descenso. Era un tiempo muy bueno, y metí la mano en la mochila para sacar la GoPro y hacer una foto al reloj con el refugio de fondo. Palpé por todas partes pero no la encontraba. Vacié la mochila, le di la vuelta a todos los bolsillos y constaté, horrorizado, que la cámara no estaba allí.

Recordaba que había hecho la última foto en el collado, justo después de bajar de la ladera rocosa del pico, y de ahí en adelante habíamos parado dos veces: la primera yo había guardado la braga en la mochila y la segunda Nat había sacado cosas para encontrar unos pañuelos de papel. O bien me la había dejado encima de una piedra en la primera parada, o se había caído de la mochila en la segunda. Las posibilidades parecían apuntar al segundo caso.

Esto había sido a unos 300m por encima del nivel del refugio, así que sin pensarlo dos veces, le dije a Nat que me esperase allí y salí corriendo montaña arriba. Llegué al lugar un rato más tarde, empapado en sudor y sin respiración, esperando encontrar la cámara en el suelo, ya que era un rincón apartado del camino principal, pero no estaba allí. El otro lugar estaba mucho más arriba, casi a dos tercios del camino hasta el pico, y esta vez en pleno camino, así que las posibilidades de encontrarla eran escasas… Sin embargo no quería irme sin intentarlo, no por la cámara en si, podía comprar otra, sino porque en la tarjeta SD había muchos de los vídeos y fotos que habíamos hecho en lo que llevábamos de vacaciones.

Tras intentar recuperar el aliento un momento seguí corriendo montaña arriba hasta que llegué al otro punto, pero la cámara tampoco estaba allí. Abatido, comencé el descenso, aun rápido, pues Nat solo sabía que había subido hasta el punto más abajo y me imaginaba que estaría empezando a preocuparse de que tardara tanto.

Llegué al refugio exhausto, me había llegado cruzar con gente tres veces: durante el descenso normal, subiendo corriendo y bajando otra vez. Me pregunto qué deberían haber pensado. En total había subido un desnivel de 1600m, perdido la ventaja de tiempo que teníamos al llegar al refugio tras el primer descenso y ahora teníamos que coger las cosas y hacer todo el camino hasta Sofía.

Con los ánimos bajo mínimos, recogimos nuestras cosas del hotel y dejamos Bansko. Nat estaba muy triste por las fotos, y yo intentaba restarle importancia al tema y decirle que no se preocupara, pero entre el calor sofocante en el valle de Blagoevgrad, mi cansancio y el trecho que nos faltaba, terminé por contestarle mal cuando paramos en una gasolinera, cosa que me hizo sentir fatal el resto del camino hasta Sofía.

Con semejante humor, no es de extrañar que la primera impresión que nos llevamos de la ciudad no fuese exactamente buena, cosa que se vio agravada por el hecho de que entramos por lo que luego descubrí que era lo que llaman ‘el barrio gitano’, donde vimos calle tras calle de gente llevando desperdicios en carros tirados por mulas y coches a medio desmontar cada dos esquinas.

20160820131442La cosa empezó a mejorar poco a poco cuando llegamos al hotel, vimos la habitación, nos dimos una ducha y salimos a ver la famosa catedral de Alexander Nevsky a la puesta de sol. Para cuando encontramos un restaurante de carnes a la parrilla, nos dimos un buen atracón y nos tomamos dos gin-tonics de postre, por fin conseguimos sonreír de nuevo.

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Lagos, lluvia y granizo

Día 22 – Viernes 19 de agosto – De Bansko a Vihren y vuelta (32km)

La previsión meteorológica resultó ser acertada y a la mañana siguiente el cielo estaba cubierto y ni siquiera veíamos las montañas valle arriba. Cada diez minutos o así caían fuertes chubascos, así que desayunamos y nos sentamos en la terraza delantera del hotel a leer un rato, escribir un rato, y pasar el rato en general esperando que el tiempo mejorara un poco para poder al menos subir en moto hasta el refugio de Vihren, unos 16km montaña arriba, y ver los lagos.

A mediodía la lluvia nos dio por fin un respiro y cogimos la moto y subimos enseguida mientras se abrían algunos agujeros azules en el cielo. Llegamos al refugio a través de una preciosa carretera de montaña y nos sorprendió ver la cantidad de coches que había allí a pesar de la lluvia.

20160819061127Empezamos a andar para ir a ver al menos los dos primeros lagos, que estaban a media hora y una hora y media del refugio respectivamente; las montañas parecían más altas y más imponentes, este parque daba un impresión más alpina que Rila.

20160819063259Llegamos al primer lago, también llamado Otoko, que era bastante pequeño, y seguimos hasta el segundo con las nubes cerniéndose sobre nosotros de nuevo. Para cuando teníamos el segundo lago a la vista ya oíamos truenos tras la montañas, así que hicimos un par de fotos y empezamos a volver al refugio.

La lluvia empezó a caer antes incluso de que llegáramos al primer lago, y en cinco minutos estábamos empapados. Para cuando alcanzamos el refugio, estaba diluviando e incluso caía granizo. Saqué el traje y las botas de moto de las maletas y me cambié corriendo en el porche del refugio, delante de toda la gente que se había metido allí para escapar la lluvia, intentando no pillar una pulmonía.

20160819074925Cuando la lluvia paró por fin volvimos al hotel y dimos por terminado el día, algo tristes por no haber podido ver más. Una cosa nos daba esperanzas, sin embargo: al día siguiente íbamos a Sofia, que estaba a tan solo 150km, y habíamos visto en el refugio que la ascensión al Vihren eran unas tres horas. Estaba previsto que el tiempo mejorase, así que decidimos levantarnos muy temprano, ver si el cielo estaba despejado e intentar subir el pico antes de ir a Sofía.