Ljubljana y Mikkeller

Día 3 – Miércoles 27 de junio – De Brogliano a Smrjene (555km)

A diferencia de los dos primeros días, en los que pasé la mañana en carreteras secundarias geniales y luego tuve que coger la autopista en la tarde para llegar a tiempo, con todo el aburrimiento y la fatiga que eso supone, hoy ha sido al revés. Me levanté después de una buena noche de descanso y desayuné con Danilo (Mattia ya se había ido a trabajar), intentando tener una conversación con algo de sentido en mi casi inexistente italiano. Me dio indicaciones para tomar la ruta más paisajística hacia Eslovenia, cargué la moto y salí.

La primera parte de la ruta me llevó por más zonas industriales y un tráfico denso y lento, pero pude avanzar rápido gracias a los conductores italianos. Debo retirar ahora mis anteriores comentarios sobre los  conductores italianos, ya que hoy fueron absolutamente maravillosos: en el momento en que me veían venir por el retrovisor se apartaban a la derecha para dejarme espacio para adelantarles sin tener que invadir el carril contrario, lo que significaba que podía adelantar en cualquier sitio. Los españoles deberían aprender de esos modales en carretera.

Poco después la carretera se convirtió en una de las mejores que he tomado. No solo hasta Eslovenia, sino hasta la mismísima capital, Ljubljana, era estrecha, revirada y con un asfalto en perfecto estado y vistas maravillosas. Había salido con tres (de cinco) barras en el indicador de gasolina y después de ver como es de cara la gasolina en Italia, esperaba conseguir llegar a la frontera y repostar en Eslovenia. Si era necesario, iba a usar la gasolina de la lata. Llegué cerca de la frontera más o menos a la hora de comer y paré en un pueblo llamado Gradisca D’Isonzo para comer algo. Encontré un parque muy bonito con un monumento en memoria de los que habían muerto en ambas guerras mundiales y me senté a preparar un bocadillo. Mientras comía allí, con aquellos nombres gravados en la piedra delante de mí, pensé en cuan simplista es la visión que a menudo tenemos de conflictos así. Tendemos a pensar en la guerra como algo con bandos claramente definidos, los buenos y los malos, el “estás con nosotros o estás en contra nuestra” que a algunos americanos gusta tanto. Sin embargo, aquellos nombres pertenecían a jóvenes de un pueblo pequeño que seguramente no sabían nada de la gente contra quienes les mandaron luchar o las razones por las cuales empezó todo, simplemente les dijeron que tenían que ir allí y morir por su país. Un país. ¿Qué es eso? Yendo de uno a otro, atravesando fronteras, el concepto se difumina, se vuelve artificial. Es solo una línea en un mapa, y se hace evidente que somos todos exactamente iguales, con los mismos miedos y esperanzas, pasatiempos, preocupaciones, y todas las pequeñas cosas que conforman los momentos de felicidad en nuestras vidas. Compartí las últimas cerezas de la caja que había comprado en Francia con un vagabundo del parque y me fui hacia la frontera, con el indicador de reserva parpadeando.

Me detuve en la primera gasolinera en el otro lado y me alegré de descubrir que la gasolina era mucho más barata y que tenían pegatinas. Llené el depósito y me adentré el paraíso del motorista. Eslovenia es un país montañoso, y parece que prácticamente todas las carreteras son interesantes.

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Cuando estaba planificando el viaje me senté frente al ordenador e intenté planificar la ruta más atractiva con el software que venía con el GPS, BaseCamp. Enseguida me acordé de por qué prefiero usar un buen mapa de papel. Como suele ser el caso cuando se meten ordenadores de por medio, el maldito trasto no tenía ninguna lógica en absoluto y a pesar de que marqué puntos intermedios en la ruta que quería seguir, se emperraba en ir atrás y adelante, haciéndome volver sobre mis pasos y mandándome por sitios por los que no quería ir. Al final decidí simplemente programar las coordenadas del lugar donde quería terminar el día, programarlo para evitar peajes y tasas y dejar que me guiase. ¡Pues vaya si funcionó! Yo mismo no hubiese sido capaz de diseñar una ruta mejor a mano; las carreteras fueron increíbles hasta Ljubljana.

Llegué allí un poco más tarde de lo que esperaba y me encontré de lleno con la hora punta de la tarde. Tuve que cruzar la ciudad entera, ya que la casa de mi huésped estaba en una colina en las afueras al otro lado de la ciudad. Descubrí que no es una buena idea meterse en tráfico denso en una ciudad desconocida tras un largo día de ruta. Afortunadamente, llegué al otro lado sin problemas y me encontré con mis huéspedes,  Metka y Franci, también moteros, que estaban encantados de verme a mí y a la moto. Empezamos a hablar de todo directamente en la puerta de casa y Franci comentó que me iría bien usar un CrampBuster, una pieza de plástico que permite mantener el gas abierto sin tener que tener el puño cerrado alrededor de la maneta todo el rato, de modo que puedes descansar la mano en trayectos largos por la autopista. Había intentado encontrar uno en Barcelona antes de salir, pero no los vendía nadie y ya era demasiado tarde para pedir uno por internet. Franci sacó el móvil allí mismo y llamó a un amigo para ver si se podía conseguir uno en la ciudad ese mismo día ¡y luego me dio el suyo como regalo!

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Hicimos algunas fotos con la moto y luego me enseñaron mi habitación que no tenía absolutamente nada que envidiar a un hotel de cinco estrellas. Franci trabaja como traductor, pero estudió ingeniería eléctrica y le gusta mucho la domótica. Él y Metka compraron una casa a medio terminar y se diseñaron una casa inteligente y respetuosa con el medio ambiente (y Franci escribió el software que la programa él mismo). Me llevaría páginas explicar todo lo que la casa hace, así que lo dejaré en que nunca había visto nada igual.

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Me duché, me cambié y me metí en el coche con Metka, que ya había llamado a una amiga suya que hablaba algo de español y estaba encantada de tener la oportunidad de practicar un poco. De camino al centro descubrimos que los dos somos aficionados a la cerveza y mientras esperábamos a su amiga Maja me llevó a una pequeña tienda que tenía una selección de cervezas para verdaderos expertos. Compramos unas cuantas para cenar (que no me dejaron pagar) y luego fuimos a tomar algo con Maja a una de las terrazas al lado del río. De vuelta a casa, Franci, que ya había terminado de trabajar, preparó pasta tradicional y luego tomamos unas cervezas con un par de sus amigos, también moteros, que se pasaron a saludar. Fue una velada tan agradable, intercambiando historias y anécdotas, que se me olvidó por completo escribir el blog.

Ah, por cierto, Ljubljana es una ciudad preciosa.

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En busca de la pegatina

 

Día 2 – Miércoles 26 de junio – De Vizille a Brogliano (580km)

Quiero conseguir una pegatina de cada país que visite. Ya sabéis, una de esas con la inicial del país y/o la bandera, para pegar en la parte de atrás del coche. Parece una cosa bastante fácil de encontrar, cuando uno piensa en la de coches que van por ahí con una o más de una pegadas en el maletero. Pues bueno, resulta que no, ¡tuve dificultades hasta para encontrar la de mi propio país! Probé en gasolineras, tiendas de accesorios, papelerías, tiendas de souvenirs… todo el mundo sabía lo que era, pero nadie las tenia. Al final me dieron una comprada en una librería. En Francia era la misma historia. En todo el país. Ahora estoy en Italia y me he ido de Francia sin haber sido capaz de conseguir una. Bueno, al menos volveré a atravesar el país a la vuelta, lo intentaré de nuevo entonces.

Pegatinas o no, hoy ha sido un gran día. Me levanté alrededor de las 7am, recogí todo y me fui a desayunar al café del camping. No me preparé mi propio desayuno (según el plan cuando acampo) por dos motivos: uno, aún me quedaba dinero sobrante del presupuesto de ayer, así que pensé que me tomaría un desayuno completo; dos, se me había olvidado llenar la lata de gasolina en cada una de las gasolineras donde paré, así que no tenía con qué cocinar. Sí, muy inteligente.

Con el estómago lleno y después de hacer una parada en un supermercado para comprar unas pocas cosas que me faltaban (chicles, pan y pilas de recambio) y preguntar si tenían pegatinas, empecé a ascender por la carretera que lleva al Col du Lautaret. Casi no había tráfico aparte de algunos ciclistas (muchos, de hecho) pero no eran ningún problema para adelantar con la moto. La carretera se retorcía montaña arriba a través de valles glaciales cubiertas de bosques frondosos y pronto empecé a poder divisar los picos cubiertos de nieve entre una curva y otra.

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A medida que la carretera subía las vistas se volvieron más imponentes y estaba muy ocupado intentando no perderme detalle y al mismo tiempo disfrutar de la carretera, que es una de las mejores que he hecho. ¡Normal que hubiese tantas otras motos!

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Me detuve arriba del todo del col para ver si tenían pegatinas en las tiendas de souvenirs que había, pero sin suerte. Al volver a la moto ví un trío de moteros alemanes con Yamahas naked y me acerqué a charlar con ellos. Eran de Frankfurt, y me dijeron que venían a la zona a menudo y también habían estado en España. Le pedía a uno de ellos que me hiciese una foto y les conté el viaje. Se pusieron un poco celosos.

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De bajada paré a repostar y esta vez me acordé de llenar la lata de gasolina a pesar de que hoy tenía un bocadillo para comer e iba a pasar la noche en casa de una pareja que había encontrado en CouchSurfing. Y pregunté por la pegatina. Otra vez nada.

Atravesé Briançon, donde tampoco había pegatinas y pasé a Itaia. Había pasado toda la mañana en los Alpes, mucho más de lo que esperaba, pero cada momento había valido la pena; si quería llegar a Vicenza a una hora razonable ahora, tendría que coger la autopista. Y creedme, fue una decisión de la que me arrepiento… Fueron horas y horas de puro aburrimiento. Prácticamente no había paisaje que mirar, solo una enorme extensión de asfalto que me llevó de gira por la Italia del norte industrial, con cientos de conductores italianos locos para mantenerme entretenido, peajes automáticos que se negaban a darte un recibo aunque lo quisieses y no mostraban el precio y un par de atascos en los que tuve la oportunidad de comparar la cortesía francesa para con las motos: se apartan para dejarte pasar cuando hay un atasco; con la italiana: básicamente no existe, ni se molestan en apartarse o simplemente se meten en tu camino para cortarte, porque si ellos no pueden volar por la autopista a todo gas, por qué deberías poder tú, piltrafilla. Y para rematarlo, la gasolina es mucho más cara que en Francia. Bueno, al menos tenían pegatinas en el primer lugar donde pregunté.

Para cuando dejé la autopista solo me quedaban 20km para llegar y había pagado más de lo que esperaba, destruyendo completamente mi presupuesto diario. Llegué a Brogliano, donde iba a alojarme, a una buena hora, pero a un precio alto. Tendré que ceñirme a carreteras secundarias mañana hasta Ljubljana y esperar que el depósito de hoy me dure hasta la frontera.

En el lado positivo, el paisaje una vez dejé la autopista era increíble, el sol brillaba bajo entre los árboles en la campiña italiana que siempre había imaginado: campos verdes y dorados extendiéndose entre colinas bajas, pueblos pintorescos y carreteras serpenteantes. Y más conductores locos.

Seguí las instrucciones del GPS hasta el pueblecito de Brogliano, metiéndome en calles que cada vez eran más estrechas y empinadas hasta que llegué a un punto al final de una rampa muy pronunciada donde parecía que la calle se dividía en tres caminos de entrada y terminaba allí. Sin embargo, el GPS insistía en que tenía que girar a la izquierda y seguir unos 150m más. Como no quería meterme en el jardín de nadie, empecé a dar la vuelta a la moto en el poco espacio que tenía, pensando cuán ridículo sería que me primera caída fuese en una callejuela en la Italia rural. Cuando llevaba un cuarto de vuelta, un hombre mayor, que seguramente había oído el motor dando acelerones y debía estar acostumbrado a encontrarse turistas perdidos detrás de su casa, me hizo señas desde una ventana y señaló el camino de la izquierda. Resulta que era una calle que se abría hacia una más grande, donde encontré a Mattia, mi anfitrión, esperándome.

Me ayudó a meter la moto en el garaje y me presentó a Danilo, su pareja, que estaba preparando un risotto de los que hacen la boca agua para cenar. Aprovechando la oportunidad de tener un sitio donde trabajar, engrasé la cadena y puse algo de aceite y luego me duché y me uní a ellos para la cena. Fueron unos anfitriones geniales, y Danilo es un cocinero excelente: los antipasti, el risotto y la mermelada de pimiento rojo casera hecha por Mattia estaban deliciosos. Me hablaron un poco sobre sus viajes y sobre ellos y yo les enseñé la ruta en un atlas.

Me dejaron su conexión a internet para poder actualizar el blog y ponerme en contacto con mi siguiente anfitrión y me fui a la cama, agotado pero feliz. Y con una pegatina nueva en la moto.

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The answer, my friend, is blowing in the wind

Día 1 – Martes, 25 de junio – De Tiana a Vizille (720km)

No sé si la respuesta está ahí realmente o no, pero he tenido todo el tiempo del mundo para escucharlo (el viento, no la respuesta). Me he puesto en camino a las ocho en punto de esta mañana, pensando como hacía unos meses me preocupaba hacerme a fuego lento en la moto con el traje puesto, y que diferente ha resultado ser. El cielo estaba cubierto e incluso hacía algo de fresco. No lo suficiente como para justificar poner el forro térmico a la chaqueta o incluso llevar nada más que una camiseta debajo, pero lo suficiente frío como para necesitar una braga en el cuello y tener las manos algo entumecidas (llevaba guantes de verano). Había decidido que si iba a respetar el presupuesto diario no podía permitirme pagar peajes hasta Grenoble,  de modo que había planeado usar las nacionales y las carreteras secundarias hasta Montpellier y luego, dependiendo de cuánto tiempo me quedase, coger la autopista para los últimos 300km para llegar al camping que había encontrado antes de que cerrase la recepción a las 20:30. La autopista desde Barcelona sigue la costa, pero yo no he visto el mas hasta la frontera con Francia, y ahí es donde ha empezado el viento.

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Sé que en el norte de Cataluña y el sur de Francia, la costa del Mediterráneo es zona de mucho viento, así que ya me lo esperaba. Lo que no me esperaba era que siguiese soplando una vez me dirigiese al interior, y menos aún que fuese tan fuerte. Me han dicho que puede llegar a ser bastante molesto en los espacios abiertos de Kazakstán y Mongolia, así que imagino que hoy ha sido un buen entreno. Pensaba que el único problema que tendría iban a ser el aburrimiento y la fatiga, ya que es la jornada más larga de todas (720km), pero el viento la ha hecho mucho más dura. Soplaba de forma constante y en todas direcciones, creando tantas turbulencias en la cúpula y el casco que casi me vuelven loco. Aún me estoy preguntando cómo no he terminado el día con un dolor de cabeza de aúpa. No solo eso, sino que era tan fuerte e impredecible como para empujarme fuera de mi carril, y más de una vez he estado a punto hoy de salir volando por la cuneta, ir a parar de morros contra los que venían de frente o tocarme con los coches a mi izquierda en la autopista. Pero el viento, a pesar de haberse pasado el día intentando matarme, no ha sido lo peor.

Salir del garaje, encarar la calle y girarme para decir adiós a Nat una última vez ha sido lo más duro. He hecho algún viaje largo (larguecillo) con la moto, alguno de más de unos días, pero siempre hay alguien esperando al final. En ese momento me he dado cuenta de que voy a estar alejándome mucho tiempo antes de dar la vuelta y empezar a volver a casa.

Me dedico a enseñar idiomas, y eso significa que paso gran parte del día hablando y escuchando a la gente. Muy a menudo, del mismo modo que alguien que pasa ocho horas al día delante de un ordenador no quiere mirar el correo para ver ese vídeo tan cachondo que le has mandado, cuando llego a casa la última cosa que quiero hacer es hablar, así que pensé que pasar algo de tiempo solo iba a estar genial. Bueno, lo es, y me gusta, cuando sé que al final del día tengo alguien a quien contar lo bien que ha ido, de modo que hoy, a la hora de comer, me he sorprendido deseando llegar a casa de mi primer couchsurf, ¡mucho más de lo que pensaba!

No digo esto como un comentario negativo sobre viajar solo, más bien al contrario. Me alegro mucho de haberme dado cuenta de que pienso así, ya que soy una persona bastante tímida y me preocupaba un poco que eso enturbiara un poco la experiencia.

Esta mañana, algo más de una hora después de salir de Barcelona, un hombre mayor se me ha acercado mientras estaba repostando en un pueblo cerca de Olot y ha hecho un comentario acerca de todo lo que llevaba cargado en la moto. Rápidamente el comentario se ha convertido en una agradable conversación sobre el viaje, y el chico que llevaba la gasolinera se ha sumado. Por la tarde, ya en Francia, he parado a comprar algo de fruta y el mismo tipo de conversación ha vuelto a tener lugar con la pareja que tenia la parada al lado de la carretera.

Es una forma genial de viajar, tan diferente de meterse en un avión y aparecer de golpe en otro sitio. Sé que aspecto tienen los pueblos del Pirineo francés, sé que aspecto tiene la costa de la Bretaña, sé que aspecto tiene París, pero no tenía ni idea de qué aspecto tenía realmente el país. Solo había visto partes. No se puede decir ‘sí, conozco Alemania, he estado en Berlín unas cuantas veces’ por ejemplo. Había atravesado Francia en coche seis veces, pero incluso eso era por autopista, 12 horas sin parar. Hoy he visto un país completamente distinto por primera vez, y si un país que creía conocer ha sido una experiencia tan agradable, me pregunto cómo será el resto.

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Ahora estoy  tecleando un portátil en Vizille, cerca de Grenoble. Parece que he encontrado un camping encantador; en el bosque, con unas instalaciones completas, muy barato… que no tiene las dos cosas que realmente necesitaba hoy: cerveza e internet. He llegado relativamente temprano, así que he decidido montar el campamento, ducharme, cenar y luego ir al bar de recepción a tomar una cerveza y escribir este post mientras me la bebía viendo el sol esconderse tras las montañas. Error. Esto no es un camping de costa en España. El bar estaba cerrado. Y una incursión rápida en el pueblo ha sido igual de infructuosa, así que he decidido acostarme temprano y aprovechar para escribir un buen post sobre el primer día.

Buenas noches.

And now, the time has come…

Faltan diez minutos para las once de la noche y estoy sentado en un jardín en Tiana, a 20 minutos de mi piso, que he vaciado y dejado esta mañana, intentando relajarme y conseguir un poco del descanso que tanto voy a necesitar para mañana cuando me ponga en camino a las siete.

Ya está, me doy cuenta ahora. He pasado tanto tiempo estas ultimas semanas absorto en las preparaciones que no me he dado cuenta de cómo estaba de nervioso y hoy ha salido todo a la superficie mientras me despedía de mi compañero de piso, de mis padres, de mi hermana, de su pareja, de mi abuela… Me voy y no volveré en dos meses. Voy a pasarme casi todo el tiempo en la carretera. Me entristece dejar a tanta gente querida atrás, pero al mismo tiempo estoy muy emocionado, con muchas ganas de descubrir los lugares que veré, la gente que conoceré, los problemas que tendré, las experiencias que viviré.

Antes de lanzarme a la carretera mañana a primera hora, me gustaría dar las gracias a toda la gente que ha estado a mi lado este año. Gracias a todos por vuestro apoyo, interés, inspiración, ayuda, por escucharme daros la lata sobre el viaje y por seguirme en este blog.

Nos vemos en la carretera.

El hombre de ultima hora

«Si no fuese por la última hora, no se haría nada en este mundo» decía un cartel que un amigo mío tenía en su despacho. Y no hay nada más cierto. Yo soy, sin duda alguna, el hombre de ultima hora. Falta menos de una semana para salir y a principios de semana aún no tenía el permiso de conducir internacional, la carta verde de la aseguradora ni la tarjeta de la ITV de la moto.

Por suerte, conseguí tener todos los papeles para el martes por la mañana, y hoy he estado de compras de ultima hora: aceite, lubricante para la cadena, bombillas y fusibles y una cadena larga para atar la moto a un árbol o farola cuando la aparque en lugares comprometidos.

Este fin de semana será un poco estresante: tengo que concretar que una amiga se ocupe de mi coche mientras esté fuera, vaciar mi habitación porqué estoy intentando alquilarla mientras estoy fuera, dedicar tiempo a la gente más cercana, fiesta de despedida, exámenes finales en la escuela…

Finalmente ahora empiezo a darme cuenta de que realmente me voy, pero curiosamente, sigo muy tranquilo.

ITV pasada

Como dije ayer, esta mañana he llevado la moto a la ITV. Tenía que pasarla por dos razones: una, ya le tocaba (es cada dos años) y dos, tenía que homologar el cambio de potencia.

Había pedido hora en un centro cerca de donde trabajo, no solo porque era práctico sino porqué lo había visto recomendado en el foro de la moto. Hay muchos problemas en potencia con los accesorios en este tipo de inspecciones, incluso con los más comunes como una cúpula más alta o los portaequipajes, y me habían dicho que eran bastante permisivos. Me alegro de poder decir que es así; han comprobado los frenos, las luces, los gases y el ruido y me han pedido el certificado de taller conforme se había cambiado la centralita y ya está. ¡Aprovado!

Si alguien de Barcelona o alrededores tiene que pasar la ITV, este centro es más que recomendable.

Revisión final de la moto

La semana pasada llevé la moto a un concesionario Suzuki cerca de casa en Barcelona para una última revisión antes de ponerme en camino. Había algunas cosas que tenían que hacerse antes de empezar el viaje, como cambiar la centralita para deslimitar el motor (aún iba con el carnet A2, me saqué el A hace un mes), comprobar y ajustar el reglaje de válvulas y sustituir el líquido de frenos. Tampoco había tenido tiempo de montar una toma de 12V, y eso era esencial. Podría haber hecho esto último yo mismo, e incluso quizá también el líquido de frenos, pero se me están terminando los días y quería que un profesional le diese una buena ojeada a la moto, así que la llevé a Hamamatsu Motor.

El jefe de mecánicos, Macari, hizo un trabajo excelente; se quedó la moto un poco más de tiempo para asegurarse de que todo estuviese a punto, me cobró menos de lo que debería por la mano de obra y me hizo el certificado de taller para deslimitar la moto en la ITV sin cobrarme, de modo que se puede decir que ha sido un poco un patrocinador.

La moto funciona de maravilla después de ajustarle la inyección y las válvulas e instalar la ECU deslimitada. Va más fina, el motor respira mejor y sube de vueltas hasta la zona roja sin problemas. Mañana tengo hora en un centro de ITV cerca del trabajo para hacerle los papeles correspondientes.

¡El hornillo funciona!

Como quizás recordéis del post sobre el fin de semana de prueba, tuve algunos problemas con mi hornillo Coleman, no podía encenderlo y parecía que perdía algo de gasolina, así que ya me veía comiendo frío o aprendiendo a hacer fuego en medio de la nada. Comer en restaurantes o comprar otro hornillo que funcionase con gasolina no eran opciones que contemplase, ya me he gastado todo el presupuesto para preparación que había calculado, y «en medio de la nada» suele significar que hace viento, llueve y estás detrás de un polígono industrial medio abandonado o en un camping familiar rodeado de críos que se preguntan por qué ese tipo vestido de robocop no usa un Camping Gaz como el de papá.

Así que después de dejar el hornillo en casa de mi padre (tiene un taller muy bien montado en el sótano) con la intención de desmontarlo cuando tuviese un momento, me alegró muchísimo que me dijese que funcionaba. .

Resulta que no tenía ningún problema, aparte del hecho que lo compré de segunda mano y no venía con instrucciones (aparte de los pasos básicos escritos en la etiqueta al lado de la advertencia «lea cuidadosamente las instrucciones antes del uso») y no lo estaba utilizando como debía, le puse demasiada gasolina y no usaba la bomba correctamente. Con todo debidamente preparado, se encendió, la llama duró mucho rato con una pequeña cantidad de gasolina y solo tardó unos minutos en hacer hervir un cazo grande lleno de agua. Maravilloso.

Couchsurfing

Ante todo, disculpas por haber tenido el blog abandonado durante tantos días, estoy ya en las últimas semanas antes de la salida ¡y el trabajo se acumula! Tengo que asegurarme de que todo esté listo, planificar los detalles de la ruta, buscar alojamiento, hacer una última revisión a la moto, etc.

Había calculado que la parte más cara del viaje iba a ser Europa, así que he decidido intentar utilizar CouchSurfing. Como muchos ya sabéis, es un sistema que pone en contacto gente que busca un lugar donde dormir y gente que ofrece sitio (un sofá) en su casa. Hay dos razones por las que he decidido viajar así: primero, para mantener los costes bajos, pero sobretodo porqué considero que es la mejor manera de conocer a la gente del lugar y las ciudades que voy a visitar. Me he pasado muchas horas delante del ordenador y he enviado muchas peticiones, y tengo que decir que estoy gratamente sorprendido con el resultado. Me han ofrecido un lugar donde dormir en la mayoría de ciudades por las que pasaré en Europa, y tengo muchas ganas de vivir esta nueva experiencia.

Buenas noticias desde Madrid

Mi hermana acaba de recoger mi visado para Kazakstán del consulado en Madrid y no ha habido problemas a pesar de haber especificado una dirección para mi estancia en el país ni tampoco incluido una carta de invitación de una agencia de viajes. Parece que el trámite simplificado para ciudadanos españoles realmente funciona.

Este viernes el gran Jenson Button me entregará el pasaporte en persona, ya que viene de visita a Barcelona a ver a su amada.

p.s. Ok, no el mismo Jenson Button, sino un amigo de Madrid que se le parece mucho…