Lluvia y tapones para los oídos

Día 44 – Miércoles 7 de agosto – de Umeå a Tronboholmen (370km)

He llegado a la conclusión de que sólo llueve cuando decido acampar. Hoy viajé hasta que estaba cansado y luego busqué un camping; hubiese acampado por libre, pero no había tenido tiempo de mirar qué le pasa al hornillo y me apetecía algo caliente para cenar, así que después de menos de 400km paré. Parece que me canso más rápido después de tantos días en la carretera.

Seguí las indicaciones hasta un camping al lado de un lago, el sitio parecía agradable, el precio era razonable y tenían wifi en el bar, así que decidí pasar la noche allí. Planté la tienda y luego fui a darme un baño en el lago, ya que hacía una tarde cálida y soleada. Evidentemente, tras apenas diez minutos en el agua, unas nuves negras aparecieron de la nada, comenzó a tronar y relampaguear y cayó un diluvio. Me retiré a mi tienda y me pasé una hora leyendo hasta que pasó la tormenta. Una vez terminó, me duché y luego, como me apetecía una cerveza fría, fui al bar.

Cuando llegué vi que estaban preparando un pequeño escenario para un concierto y que la entrada al bar desde el camping estaba vallada. Di la vuelta hasta la entrada principal y cuando intenté entrar en el bar me dijeron que tenía que pagar 100 kr por la entrada. Bueno, esa sí que era buena, no iba a gastarme ese dinero y eso significaba que no estaba recibiendo algunos de los servicios por los que había pagado. Me fui a hacer la cena y luego escribí un rato antes de meterme temprano en la tienda, ya que no quería levantarme tarde al día siguiente, pues quería encontrar algún taller para la moto antes de ir hacia el hostal que había reservado.

Estaba en la tienda, mirando una película, cuando escuché algo de ruido fuera. Estaba sólo en la zona de tiendas, apartado de las cabañas y las caravanas, así que esperaba poder descansar tranquilo. Miré fuera y vi horrorizado un autocar descargando chavales con tiendas y guitarras. Para cuando terminé de ver la película, ya tenían una hoguera encendida y estaban cantando, así que parecía que no iba a dormir… Por suerte, había traído tapones para los oídos, así que me los puse y conseguí descansar tranquilo.

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The answer, my friend, is blowing in the wind

Día 1 – Martes, 25 de junio – De Tiana a Vizille (720km)

No sé si la respuesta está ahí realmente o no, pero he tenido todo el tiempo del mundo para escucharlo (el viento, no la respuesta). Me he puesto en camino a las ocho en punto de esta mañana, pensando como hacía unos meses me preocupaba hacerme a fuego lento en la moto con el traje puesto, y que diferente ha resultado ser. El cielo estaba cubierto e incluso hacía algo de fresco. No lo suficiente como para justificar poner el forro térmico a la chaqueta o incluso llevar nada más que una camiseta debajo, pero lo suficiente frío como para necesitar una braga en el cuello y tener las manos algo entumecidas (llevaba guantes de verano). Había decidido que si iba a respetar el presupuesto diario no podía permitirme pagar peajes hasta Grenoble,  de modo que había planeado usar las nacionales y las carreteras secundarias hasta Montpellier y luego, dependiendo de cuánto tiempo me quedase, coger la autopista para los últimos 300km para llegar al camping que había encontrado antes de que cerrase la recepción a las 20:30. La autopista desde Barcelona sigue la costa, pero yo no he visto el mas hasta la frontera con Francia, y ahí es donde ha empezado el viento.

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Sé que en el norte de Cataluña y el sur de Francia, la costa del Mediterráneo es zona de mucho viento, así que ya me lo esperaba. Lo que no me esperaba era que siguiese soplando una vez me dirigiese al interior, y menos aún que fuese tan fuerte. Me han dicho que puede llegar a ser bastante molesto en los espacios abiertos de Kazakstán y Mongolia, así que imagino que hoy ha sido un buen entreno. Pensaba que el único problema que tendría iban a ser el aburrimiento y la fatiga, ya que es la jornada más larga de todas (720km), pero el viento la ha hecho mucho más dura. Soplaba de forma constante y en todas direcciones, creando tantas turbulencias en la cúpula y el casco que casi me vuelven loco. Aún me estoy preguntando cómo no he terminado el día con un dolor de cabeza de aúpa. No solo eso, sino que era tan fuerte e impredecible como para empujarme fuera de mi carril, y más de una vez he estado a punto hoy de salir volando por la cuneta, ir a parar de morros contra los que venían de frente o tocarme con los coches a mi izquierda en la autopista. Pero el viento, a pesar de haberse pasado el día intentando matarme, no ha sido lo peor.

Salir del garaje, encarar la calle y girarme para decir adiós a Nat una última vez ha sido lo más duro. He hecho algún viaje largo (larguecillo) con la moto, alguno de más de unos días, pero siempre hay alguien esperando al final. En ese momento me he dado cuenta de que voy a estar alejándome mucho tiempo antes de dar la vuelta y empezar a volver a casa.

Me dedico a enseñar idiomas, y eso significa que paso gran parte del día hablando y escuchando a la gente. Muy a menudo, del mismo modo que alguien que pasa ocho horas al día delante de un ordenador no quiere mirar el correo para ver ese vídeo tan cachondo que le has mandado, cuando llego a casa la última cosa que quiero hacer es hablar, así que pensé que pasar algo de tiempo solo iba a estar genial. Bueno, lo es, y me gusta, cuando sé que al final del día tengo alguien a quien contar lo bien que ha ido, de modo que hoy, a la hora de comer, me he sorprendido deseando llegar a casa de mi primer couchsurf, ¡mucho más de lo que pensaba!

No digo esto como un comentario negativo sobre viajar solo, más bien al contrario. Me alegro mucho de haberme dado cuenta de que pienso así, ya que soy una persona bastante tímida y me preocupaba un poco que eso enturbiara un poco la experiencia.

Esta mañana, algo más de una hora después de salir de Barcelona, un hombre mayor se me ha acercado mientras estaba repostando en un pueblo cerca de Olot y ha hecho un comentario acerca de todo lo que llevaba cargado en la moto. Rápidamente el comentario se ha convertido en una agradable conversación sobre el viaje, y el chico que llevaba la gasolinera se ha sumado. Por la tarde, ya en Francia, he parado a comprar algo de fruta y el mismo tipo de conversación ha vuelto a tener lugar con la pareja que tenia la parada al lado de la carretera.

Es una forma genial de viajar, tan diferente de meterse en un avión y aparecer de golpe en otro sitio. Sé que aspecto tienen los pueblos del Pirineo francés, sé que aspecto tiene la costa de la Bretaña, sé que aspecto tiene París, pero no tenía ni idea de qué aspecto tenía realmente el país. Solo había visto partes. No se puede decir ‘sí, conozco Alemania, he estado en Berlín unas cuantas veces’ por ejemplo. Había atravesado Francia en coche seis veces, pero incluso eso era por autopista, 12 horas sin parar. Hoy he visto un país completamente distinto por primera vez, y si un país que creía conocer ha sido una experiencia tan agradable, me pregunto cómo será el resto.

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Ahora estoy  tecleando un portátil en Vizille, cerca de Grenoble. Parece que he encontrado un camping encantador; en el bosque, con unas instalaciones completas, muy barato… que no tiene las dos cosas que realmente necesitaba hoy: cerveza e internet. He llegado relativamente temprano, así que he decidido montar el campamento, ducharme, cenar y luego ir al bar de recepción a tomar una cerveza y escribir este post mientras me la bebía viendo el sol esconderse tras las montañas. Error. Esto no es un camping de costa en España. El bar estaba cerrado. Y una incursión rápida en el pueblo ha sido igual de infructuosa, así que he decidido acostarme temprano y aprovechar para escribir un buen post sobre el primer día.

Buenas noches.