Las gargantas del lado sur del Atlas

Día 5 – 30 de diciembre – de Merzouga a Ouarzazate (424km)

El sonido de voces delante de nuestra habitación me despertó justo pasadas las siete y, cuando salí, vi un grupo numeroso de personas con pinta de tener mucho frío abalanzándose sobre el bufet del desayuno. ¿De dónde habían salido? El riad era bastante pequeño, de ningún modo había habitaciones para toda esa gente. Resulta que habían pasado la noche en el desierto para ver la puesta y la salida del sol; la mayoría de riads tienen un campamento en algún lugar del Erg Chebbi y los huéspedes pueden elegir pasar la noche allí en lugar del riad. Tras una hora a camello, la gente cena, ve la puesta de sol, duerme en una tienda bereber, ve la salida de sol y vuelve al riad a desayunar.

De camino a Merzouga habíamos tomado una carretera nueva que cortaba desierto a través y nos había ahorrado media hora de moto y la molestia de atravesar Rissani, pero nos habíamos perdido la población que había sido capital del país en el siglo XIV y una de las muchas recomendaciones que nos había hecho nuestro anfitrión de Errachidia: la pizza bereber. Sin embargo, la ruta hacia Ouarzazate nos llevaba de paso por allí, así que al menos hicimos un rápido tour en moto de la ciudad. La lástima fue no poder probar la pizza, pues en el único lugar que encontramos abierto a esa hora de la mañana nos dijeron que teníamos que esperar al menos una hora para poder tener una para llevar y, con una larga jornada aún por delante, decidimos continuar.

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Las vistas que encontramos en la carretera pasado Rissani nos lo compensaron con creces, sin embargo. El paisaje era imponente, con el Atlas cubierto de nieve a nuestra derecha y desierto pedregoso con preciosas formaciones rocosas y colinas bajas a nuestro alrededor.

Cuando llegamos a Alnif nos desviamos hacia el norte por una carretera regional más pequeña hasta Tinghir, desde donde enfilamos siguiendo el río Todra para llegar a las gargantas del mismo nombre, las Gorges du Todra. Son un estrecho cañón con la carretera serpenteando al fondo e impresionantes paredes de roca a ambos lados. Bordeamos el río hasta que el cañón se abría de nuevo y paramos a admirar las vistas y estudiar el camino hacía el siguiente destino, las Gorges du Dades.

img_1777Cuando miramos el mapa nos dimos cuenta de que la carretera seguía río arriba, se adentraba en las montañas y luego bajaba por las Gorges du Dades, lo que a todas luces iba a ser una ruta más interesante que regresar a la nacional y luego subir al cañón.

img_1775El problema era que habíamos contado con ello e íbamos justos de gasolina. Si queríamos hacer la ruta teníamos que volver a Tinghir a llenar los depósitos, lo que añadiría al menos media hora a un rodeo de casi dos horas, y ya íbamos contrarreloj para llegar de día a Ouarzazate, así que muy a nuestro pesar decidimos seguir adelante por la ruta normal.img_1782

Ya empezábamos a acusar el cansancio cuando nos adentramos en las Gorges du Dades, así que cuando encontramos un café con terraza y vistas a la formaciones rocosas al otro lado del río paramos a por un merecido descanso y un té caliente.

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Volvimos a la nacional, contentos de ver que solamente faltaban 90km hasta el hotel, pero poco sabíamos que iban a ser 90km duros… Íbamos directamente de cara a la puesta de sol y, a diferencia del primer día de viaje en España, aquí no había colinas ni curvas que nos diesen un descanso ni estábamos en la relativa seguridad de una autopista europea, así que nuestros ojos estaban expuestos a una tortura constante y a duras penas podíamos ver el tráfico que venía de frente, los socavones o lo que es peor, los peatones, ciclistas, ciclomotores y animales que invadían nuestro lado de la calzada. La moto de Esteve y la mía tienen cúpulas bajas, pero Gerard había puesto una más alta en la suya hacía poco, así que tenía que mirar a través de ella, cosa que le hacía prácticamente imposible ver la carretera. Para terminar de empeorar las cosas, la carretera atravesaba incontables pueblos, ralentizando aún más el ritmo.

Las cosas mejoraron al esconderse el sol, pero entonces nos quedaba media hora escasa de luz para llegar a destino. Por suerte llegamos a Ouarzazate justo a tiempo y encontrar el hotel fue muy sencillo, nada de tráfico ni callejear por el centro.

El último problema fue que las ‘instalaciones de aparcamiento’ que mencionaba la web era un descampado al otro lado de la calle.

img_1805Les dijimos que no queríamos dejar las motos allí y retiraron unas cuantas mesas y sillas de la terraza del bar del hotel para que pudiéramos aparcar debajo de la ventana de recepción y dentro del campo visual de una cámara de seguridad.

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La vuelta al Erg Chebbi

Día 4 – 29 de diciembre – de Errachidia a Merzouga y la vuelta al Erg Chebbi (239km)

Tras una noche bien fría en nuestra Gite d’Étape, nos levantamos con el sol y partimos hacia Merzuouga, el destino de todos aquellos que quieren vivir la experiencia sahariana por primera vez. Expediciones en 4×4, quads, motos, turistas a camello, gente que quiere pasar una noche en las dunas y ver la magia de la puesta y la salida del sol… todos convergen en esta pequeña población de calles polvorientas y riads familiares donde ha florecido todo un sector dedicado a dar respuesta a tal demanda.

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Tardamos un rato en encontrar nuestro riad, pero valía la pena. Este era el mejor sitio donde nos habíamos alojado hasta el momento, todo lujo e instalaciones de primera y, tras dejar los bártulos, nos dedicamos a planificar el día.

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Queríamos meternos en el desierto y quizá probar las dunas, así que quitamos todas las maletas de las motos y las chicas se fueron a alquilar unos quads. Llevábamos un track en el GPS que rodeaba las dunas del Erg Chebbi, una ruta que debía estar justo por debajo de los 50km, y nos pusimos en camino hacia el sur por la carretera y luego nos metimos por una pista de tierra dura y roca. Sin embargo, al cabo de tan solo un par de kilómetros encontramos arena blanda y las ruedas delanteras de nuestras pesadas motos se hundieron.

merzouga-2Siendo inexpertos en la materia como somos, decidimos volver a la carretera y seguir hacia el sur, en busca de terreno más duro para poder dar la vuelta completa a las dunas, que era nuestra intención.

Un poco más adelante encontramos otra pista que tenía buena pinta y que se adentraba en el desierto; era terreno fácil, y al cabo de poco ya estábamos disfrutando del imponente paisaje, con unas colinas muy suaves donde nos encontramos las ruinas de lo que debía haber sido un pueblo en medio de la nada. Al atravesarlo vimos que al menos una casa seguía habitada. Más allá del pueblo el paisaje se convertía en una vasta llanura con colinas rocosas en la distancia y, mucho más cerca, las majestuosas dunas del Erg Chebbi a nuestra izquierda.

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Íbamos hacia el norte por la cara este de las dunas y, al haber comenzado la ruta bastante más al sur de lo que habíamos previsto, nos marcamos un límite de tiempo y/o gasolina, llegados al cual deberíamos decidir si podíamos seguir y completar la vuelta o deshacer el camino.

Unos cuantos kilómetros más adelante encontramos terreno blando; no dunas, sino zonas donde la primera capa del suelo era arena gorda en vez de roca, que requerían más prudencia, y vimos algunas tiendas bereberes salpicando el paisaje. Un 4×4 que también iba hacia el norte, pero más rápido que nosotros, nos atrapó y aprovechamos para preguntar sobre la distancia y el tipo de terreno, y nos aseguraron que era factible pasar con nuestras motos. Cuando ya se había ido, apareció de la nada un bereber que iba en una moto pequeña y se puso a nuestro lado, mostrándonos el camino para evitar los trozos blandos y las ondulaciones en las partes más duras.

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Seguimos adelante durante lo que parecía horas y horas, y empezamos a encontrar cada vez más arena blanda, dificultando nuestro avance. Nuestro amigo bereber, en un francés muy básico, nos dio a entender que ya estaba cerca de casa (debía vivir en alguno de los campamentos que vimos) pero que si queríamos se ofrecía a guiarnos el resto del camino hasta encontrar la carretera de vuelta a Merzouga. Nos pusimos de acuerdo en que sería mejor tenerlo con nosotros, pues conocía el terreno y sabía por dónde ir para evitar lo peor de la arena, que cada vez era más abundante, y negociamos un precio que equivalía a unos 6 euros.

A partir de este punto había mucha arena, y empezábamos a acusar el cansancio. Todos tuvimos más de un susto en el que estuvimos a punto de comer arena, pero todos conseguimos mantener las motos de pie, con más o menos estilo. Finalmente, llegamos al extremo más al norte de la ruta y empezamos a girar hacia el sur. El terreno se fue endureciendo a medida que nos alejábamos de la punta norte del Erg Chebbi, pero cuando quedaban solamente unos pocos kilómetros para el final, Esteve se encontró con un trozo blando al final de una pequeña subida, la moto se le fue de detrás y terminó en el suelo. Al verlo, di gas a fondo para llegar a él y ayudarlo, pero ya estaba levantando la moto él solo. No se había hecho nada y los únicos desperfectos en la moto habían sido un pedal de freno doblado que intentamos enderezar lo mejor posible para que pudiera llevar bien la moto.

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Tras el incidente llegamos a la carretera que lleva a Merzouga en cuestión de minutos, nos despedimos del guía y fuimos hacia el pueblo a buscar un sitio donde enderezaran el pedal como es debido.

Preguntamos en nuestro Riad y nos mandaron a un taller de confianza donde repararon el pedal mientras Gerard y yo limpiábamos y engrasábamos las cadenas, que estaban completamente cubiertas de polvo.

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Las chicas nos habían escrito diciendo que ya habían terminado el tour en quad por el interior del Erg Chebbi, que lo habían pasado en grande y que se habían ido a dar una vuelta por el pueblo. Cuando la reparación estuvo terminada vimos que aún estábamos a tiempo de ver la puesta de sol desde las dunas detrás de Merzouga, así que arrancamos las motos y nos metimos un poco por el desierto hasta que encontramos una duna donde nos sentamos a contemplar el sol esconderse en el horizonte más allá del pueblo.

Cruzando el Atlas

Día 3 – 28 de diciembre – de Fez a Errachidia (356km)

La mayoría de gente cree que el mayor inconveniente de viajar en moto en invierno es el frío y razón no les falta, pero hay otro factor a tener en cuenta que muchos olvidan: las horas de luz. Si bien es posible aprovechar el día al máximo e ir de Fez hasta Merzouga directamente en primavera o verano, ahora teníamos que parar antes de las 5 de la tarde porque empezaba a anochecer y las temperaturas caían de forma notable, así que tuvimos que dividir el trayecto en dos días. Como queríamos pasar tanto tiempo como fuera posible del día siguiente en el desierto en Merzouga, decidimos ir tan lejos como fuera posible hoy y dejar solo un par de horas para la siguente jornada. Así que a madrugar otra vez.

El tráfico que habíamos encontrado al llegar a Fez la tarde anterior era el caos habitual por estos lares, pero hoy la cosa estaba bastante calmada a pesar de ser hora punta por la mañana. Dejamos el palacio, dirigiéndonos hacia el sur por la parte nueva de la ciudad, y nada más dejarla atrás, la carretera empezó a ganar altura hacia las montañas del Atlas Medio. Íbamos a pasar casi todo el día bien por encima de los 1.000 metros y, preocupados por el frío, nos habíamos equipado con varias capas adicionales.

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La siguiente población importante era Ifrane, conocida como la Suiza marroquí, y era fácil ver por qué. Si la palabra que te viene a la cabeza al pensar en Marruecos es “desierto”, piénsatelo de nuevo. A 1.600 metros sobre el nivel del mar encontramos un pintoresco lugar cubierto de nieve y con lujosas casas que no desentonarían en una ladera de los Alpes, con un resort de esquí pasado el pueblo.

Más allá de Ifrane, la carretera nos llevó cerca de Azrou y luego al bosque de los Cedros, un espeso bosque con una maravillosa carretera de montaña que nos regaló un buen rato de curvas y donde este fascinante país nos dio otra sorpresa: ¡monos! El bosque está lleno, y resulta que son una atracción turística en la zona, juntamente con un cedro llamado Cèdre Gouraud, que tiene más de 800 años.

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A medida que íbamos ganando altura el bosque fue desapareciendo hasta que no quedaban más árboles y una vasta extensión nevada se abría ante nuestros ojos. La temperatura fue cayendo hasta una mínima de 6 grados centígrados mientras cruzábamos el punto más alto de la jornada, el Col du Zad, a casi 2.200 metros sobre el nivel del mar.

img_1590La nieve formó parte del paisaje hasta que empezamos a perder altura y fue sustituida por llanuras de desierto rocoso de camino ya a Midelt, donde hicimos una parada rápida para tomar un muy necesario té caliente antes de afrontar la última etapa del día.

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Con el sol ya bajo seguimos el valle del río Ziz, que nos llevó a través del túnel del Legionario, cavado en la roca, y a las Gorges du Ziz, un cañón espectacular que desemboca en un embalse construido en 1976 para proteger de inundaciones los palmerales en la llanura más al sur.

Justo antes de la puesta de sol llegamos a las afueras de Errachidia, donde dejamos la carretera principal y nos adentramos por una pista hasta un puñado de casas de barro y paja; íbamos a pasar la noche en una de ellas: la Gite d’Étape Khettara Oasis.

img_1607Un grupo de niños, fascinados como siempre con las motos, nos indicó dónde estaba nuestra casa, y una pequeña puerta de madera se abrió y un hombre nos invitó a pasar a un bonito patio interior. Nos dejaron meter las motos dentro para pasar la noche y, tras maniobrar las tres bestias por la apertura, descargamos y vimos la habitación.

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Antes de instalarnos nos ocupamos del faro de la moto de Gerard, que había dejado de funcionar por la mañana. Por suerte, yo había sufrido el mismo problema en mi V-Strom hacía unos meses y sabía cómo arreglarlo: la culpa era de un problema en el interruptor de arranque, que necesitaba que se limpiara y se ajustara.

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El propietario de casa llegó al cabo de un rato y nos habló de la región y su historia. Había nacido en esa misma casa, pero tras varios años de duras sequías su familia se había visto forzada a trasladarse a la ciudad e intentar sobrevivir allí. Por suerte, su padre insistió en que no dejara la escuela, y años más tarde se graduó en física. Sintiendo que le debía algo a su pueblo natal, volvió y convirtió la casa familiar en un alojamiento que era parte de una red de turismo sostenible en la región del río Ziz. Dan trabajo a los lugareños, usan los productos locales y reinvierten los beneficios en desarrollar y mejorar las infraestructuras de agua y riego para la población.

img_1599Disfrutamos de una cena excelente delante de la chimenea en la estancia central de la casa y nos acostamos temprano, pensando en nuestra primera experiencia en el desierto, que nos aguardaba al día siguiente.

Primer contacto con África

Día 2 – 27 de diciembre – Ferry de Almeria-Melilla y de Melilla a Fez (317km)

Otro madrugón no era precisamente lo que Gerard necesitaba para recuperarse, y para cuando entramos en el puerto a las 6 de la mañana empezaba a dudar si comenzar o no el viaje, pero teníamos todos la esperanza que un buen chute de medicamentos comprados la noche anterior y cuatro horas extras de sueño durante la travesía hasta Melilla le ayudarían a encontrarse mejor.

img_1455El resto pasamos el tiempo en la cubierta superior, los únicos locos que se enfrentaban al frío y el viento para ver el sol salir sobre el mar.

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Cuando desembarcamos la temperatura era ya mucho más alta y, tras llenar los depósitos para aprovechar el régimen fiscal especial de Melilla, atravesamos la ciudad en busca de la frontera, donde entramos ya oficialmente en territorio africano.

Bueno, de hecho primero teníamos que meter las motos a través de una marea humana intentando cruzar la frontera. No los inmigrantes o refugiados que aparecen en las noticias, intentando poner pie en este pequeño enclave de territorio europeo en el norte de África, sino una horda de marroquíes que cruzan la frontera para comprar cosas que son más baratas aquí o imposibles de encontrar en Marruecos y luego se las llevan de vuelta a su país para venderlas. Para evitar que las instalaciones de la frontera se colapsen de gente cargada de cajas y fardos, los guardias solo abren el acceso para peatones cada cierto tiempo, y toda la gente que está esperando corre para intentar colarse antes de que vuelvan a cerrar. Íbamos con la moto detrás de una furgoneta cuando, cerca ya de la entrada de vehículos, vimos un gran número de personas sentadas por todas partes esperando. Entonces, con toda la mala suerte de la que las coincidencias son capaces, justo cuando la furgoneta pasaba por un paso de peatones, los guardias debieron abrir las puertas, porque todo el mundo se puso en pie de repente, agarraron sus bártulos y salieron a toda prisa hacia la entrada. En cuestión de segundos nos vimos rodeados por una masa humana y temí que alguien tropezara o le empujaran y se diese contra la moto, que cargada y con pasajero sería imposible de mantener de pie, y ya me veía de narices en el suelo en medio de semejante caos.

Una vez conseguimos atravesar el gentío y entrar en el recinto de la frontera el caos seguía; habíamos preparado los papeles de importación temporal de la moto, pero aún teníamos que rellenar un pequeño formulario de inmigración, hacer que nos sellaran el pasaporte y nos firmaran y sellaran el formulario de la moto en la frontera y en la aduana. Los formularios de inmigración no se veían por ninguna parte, y la razón era que los ‘ayudantes’ que pululan por la mayoría de fronteras los tenían todos ellos. Aquí eran especialmente persistentes, y la actitud del personal de fronteras no hacía sino fomentar la situación: no había señales, indicaciones ni explicaciones en ninguna parte.

Pasamos por el tubo con la ‘ayuda’ de uno de los tipos que nos entraron nada más parar la moto y en cuestión de minutos ya teníamos todos los papeles hechos y solo quedaba esperar al resto del grupo mientras presenciábamos un curioso espectáculo: un coche cargado a más no poder intentaba pasar la frontera con más bártulos que los que imagino que las normas de importación permiten, y un agente de aduanas se había puesto al volante para llevar el coche a un área aparte, mientras un grupo de hombres iba sacando fardos del maletero apresuradamente con el coche en movimiento y lanzándolos por encima de la verja que separaba el acceso peatonal a sus colegas para evitar que los confiscaran.

Cuando ya estábamos todos listos salimos del complejo fronterizo, cambiamos algo de dinero y tomamos la carretera hacia el sur. Había mucha policía, pero nadie nos paró y, una vez lo peor del tráfico de Nador quedó atrás, pudimos disfrutar de buenas carreteras hasta que empalmamos con la autopista hacia Fez.

img_1531Tras haber descansado y comido algo en el ferry Gerard se encontraba mejor y había decidido seguir adelante con el viaje. Nos habíamos puesto en camino bastante tarde a causa de todos los trámites en la frontera, y nos preocupaba que cayese la noche antes de llegar a la ciudad y encontrar el sitio donde íbamos a pasar la noche, pero conseguimos llegar justo tras la puesta de sol y sumergirnos en un laberinto de callejuelas por encima de la medina, buscando la casa donde nos teníamos que alojar.

Habíamos reservado habitaciones en una propiedad a través de AirBnB que estaba anunciada como ‘un palacio’, pero la puerta lisa de metal ante la que acabamos no parecía en absoluto lujosa. El propietario salió y nos dijo que íbamos a estar más abajo en la misma calle y nos indicó que le siguiéramos.

¡Y vaya si era un palacio! Ya había oscurecido y, tras atravesar una gran puerta metálica, dejamos las motos en el garaje de un edificio apartado y nos llevamos las maletas calle abajo, a través de un patio, por otra puerta grande, a lo largo de un callejón… tras pocas horas de sueño y muchas de moto, me sentía completamente desorientado y tenía la sensación de flotar de un lugar a otro, hasta que otra puerta enorme, esta vez de madera, se abrió y dimos a un patio que bien podría haber pertenecido a la Alhambra.

img_1552Lo atravesamos y subimos por unas escaleras que nos llevaron a la habitación, un vasto espacio de más de 100 metros cuadrados, con techos de por lo menos seis metros de altura decorados con madera tallada y pintada, tapices y espesas cortinas… era increíble.

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Según nos contó, el abuelo del propietario había sido el Pachá de Casablanca y esta era su segunda residencia, donde mantenía a sus cuatro esposas y 12 concubinas mientras se reunía con personajes de la talla de Winston Churchill y Theodore Roosvelt.

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Intentando aún procesar todo lo que habíamos vivido en las últimas 24 horas, caímos rendidos bajo varias capas de mantas y nos dormimos al instante.

Frío y aburrimiento

Día 1 – 26 de diciembre – De Barcelona a Almería (825km)

6 de la mañana. Cielo negro sobre la ciudad. Un par de turistas borrachos tambaleándose calle abajo cantando esta especie de himno que todos los turistas borrachos cantan en el extranjero. Un guarda de seguridad dormido en su caseta. De pronto, el sonido agudo de una sirena rebota por las paredes del garaje y el guarda abre los ojos sobresaltado. Una especie de astronauta raro está dándole al timbre, pidiendo que le abran la entrada. Se frota los ojos y ve que es un friki vestido con equipo de moto. ‘Por amor de Dios’, gruñe. ‘¿Qué hace este tío aquí a estas horas? Hoy es festivo, debería estar en la cama, intentando digerir la comilona de Navidad.’

Diez minutos más tarde la moto estaba cargada y salíamos de la ciudad de camino a encontrarnos con el primero de nuestros compañeros de viaje, Esteve, en Vallirana. Para hacer la ruta algo más interesante y barata combinamos nacionales y autopista durante las primeras horas hasta que salimos de Cataluña y nos reunimos con los dos miembros restantes de nuestra expedición en el área de descanso de Benicarló, Gerard y Raluca.

Con el grupo completo, todo lo que quedaba por hacer el resto de la jornada era cubrir la distancia que faltaba hasta Almería, donde haríamos noche antes de tomar el primer ferry hacia Melilla.

800km de autopista no iban a ser interesantes, y a pesar de que tuvimos suerte y el tiempo era bueno, hizo frío la mayor parte del día. Había estado pensando en cambiar el neumático trasero para esta viaje, pues tenía ya casi 12.000km, pero al final lo desestimé, no quería empezar una rueda nueva con tantos kilómetros de autopista con la moto cargada, así que iba con calma para ahorrar gasolina y preservar los tacos, cosa que hizo que el viaje se alargara. LA intención era llegar al hotel a media tarde, pero la puesta de sol nos encontró aún lejos de nuestro destino, cegándonos sin piedad durante media hora.

Tras interminables horas de viaje en la oscuridad, y con Gerard sufriendo una combinación de fuerte resfriado y alergia, conseguimos llegar a Almería, encontramos el hotel y nos dimos una ducha caliente. Gerard dijo basta y se retiró a la cama, con la esperanza de encontrarse mejor al día siguiente y poder continuar el viaje, y el resto salimos a disfrutar de unas merecidas cervezas y tapas.

Muy pronto… crónica de Marruecos

Ya estamos de vuelta de Marruecos y asumiendo poco a poco la rutina cotidiana. A diferencia de otros viajes, este ha sido en grupo, así que entre disfrutar de la grata compañía al terminar las jornadas de moto y la pésima calidad de las conexiones a internet que iba encontrando, no he podido ir publicando a medida que se desarrollaba el viaje. Estoy ultimando los detalles y en breve comenzaré a subir las historias.

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Papeleo marroquí

El siguiente paso en la planificación del viaje: preparar el formulario de importación para las motos.

Según parece el paso fronterizo de Melilla es todo colas y caos, pero es posible agilizar el proceso si se llevan los formularios de importación temporal del vehículo con el que se viaja preparados de antemano. De este modo nos ahorramos las molestias de buscar la ventanilla correcta para conseguir los papeles, rellenarlos, tratar con los ‘asistentes’ que ofrecen ayuda, etc.

Se puede cumplimentar el formulario de importación temporal online e imprimir una copia para entregar directamente en la frontera en ésta página web.

Rellena todos los campos e imprime una copia. Salen tres copias del mismo formulario en una sola hoja DinA4, firma cada uno donde pone ‘signature du déclarant’ y en la frontera completarán la información que falta (fecha y número). La aduana se queda la copia inferior (Entrée), la segunda (Apurement) se tiene que entregar al salir del país y la tercera (Exemplaire déclarant) te la guardas.

Si no hablas francés y tienes dudas para rellenar el formulario online, aquí tienes la traducción/explicación de los campos:

Bureau d’entrée – La frontera por la que entras al país.

Date d’entrée au Maroc – Fecha de entrada a Marruecos

Prénom et nom – Nombre y apellidos (en ese orden)

Idéntifiant – Documento de identidad

  • El CIN es para marroquíes.
  • ‘Etrangers residant au Maroc’ –  para extranjeros que residen en Marruecos pero no tienen nacionalidad marroquí.
  • ‘Etrangers non resident ayant déjà visité le Maroc’ – para extranjeros que ya han visitado el país en ocasiones anteriores. En la primera visita se genera un número de visitante/turista que se puede usar de nuevo al volver. Al seleccionar esta opción aparece un casilla para introducir el número.
  • ‘Etrangers en première visite au Maroc’ – si no has estado nunca en Marruecos, ésta es la tuya.

Immatriculation – la matrícula del vehículo

Marque – La marca del vehículo. Si no aparece en la lista, selecciona la última opción (autre) e introduce la marca en la casilla que aparece a la derecha.

Type/Modèle – El modelo del vehículo. Aquí no hay lista, hay que escribir el modelo. Para evitar confusiones, lo mejor es escribir el modelo tal cual aparece en la ficha técnica.

Genre – El tipo de vehículo

  • Camping-car – Autocaravana
  • Fourgon – Camioneta, camión pequeño
  • Fourgonnette – Furgoneta
  • Motocycle – Moto (solo existe una categoría, sin distinción de tipo o cilindrada)
  • Vehicule de turisme – Turismo (de nuevo, solo una categoría para todoterrenos, familiares, deportivos, etc.)

Date de la première mise en circulation – Fecha de la primera matriculación como aparece en la ficha técnica (I)

Numéro de châsis – Numero de identificación (E) en la ficha técnica

El nuevo sarcófago ya está en su posición definitiva en Chernobyl

El nuevo sarcófago, o NSC por sus siglas en inglés, ha sido completado y desplazado a su lugar.

24 años después de que Ucrania declarase la necesidad de construir una nueva estructura para sustituir el sarcófago original, construido con prisas como solución temporal para contener la radiación, y 9 años después del postergado inicio de los trabajos, la colosal estructura completó ayer su trayecto hasta su posición final.

La estructura de más de 36.000 toneladas se construyó a 180 metros del reactor numero 4 para mantener a los trabajadores alejados de la radiación, y comenzó su lento viaje hace dos semanas.

Sin embargo, el proyecto no termina aquí; aún se debe completar la construcción de dos paredes para sellar los extremos de la estructura, tras lo cual comenzarán los trabajos en su interior para demoler las estructuras del antiguo sarcófago que sean inestables.

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Chernobyl – El sarcófago 30 años después

Mi visita a Chernobyl y Prypyat

El negro vuelve

Casi 20.000km en 8 meses. Ese ha sido el resultado de ir al trabajo a diario, salir los fines de semana y hacer un viaje largo en verano desde que me dieron la AT a finales de marzo.

No me ha costado demasiado calcular que, a ese ritmo, le habré hecho 100.000km en cuatro años, y no me puedo permitir cambiar de moto tan rápido (aún no soy lo bastante popular en YouTube como para que BMW me regale motos…), así que he decidido que la AT se queda para fines de semana y viajes de aventura y la V-Strom vuelve a ser la herramienta de uso diario.

La moto llevaba guardada los 8 meses que he tenido la AT, y esta vez ni siquiera le desconecté la batería, pues pensaba sacarla de vez en cuando los fines de semana para mantenerla en orden de marcha, pero no había encontrado el momento. A pesar de ello, se puso en marcha nada más darle al contacto y volvió al uso intensivo hace un par de semanas.

Este fin de semana por fin tenía algo de tiempo y me he dedicado a hacerle un mantenimiento a fondo para que siga contenta. Cambio de aceite y filtro, bujías, y Metal Lube en el depósito. Puede que solo me lo parezca a mí, pero juraría que ya se la nota mucho más fina. También le lubriqué el cable de embrague con este invento que compré por 4€ y WD40.

No sabía qué esperarme del cacharro, pero me ha sorprendido gratamente: es fácil de usar y el embrague va mucho más fino ahora, cosa que se nota en el tráfico diario.

Os dejo un vídeo (no mío) que muestra cómo usarlo:

Con más de 150.000km en el marcado, ahora ya es un cuestión de curiosidad el ver hasta cuándo puede tirar esta moto con buen mantenimiento y uso diario.