Frío y aburrimiento

Día 1 – 26 de diciembre – De Barcelona a Almería (825km)

6 de la mañana. Cielo negro sobre la ciudad. Un par de turistas borrachos tambaleándose calle abajo cantando esta especie de himno que todos los turistas borrachos cantan en el extranjero. Un guarda de seguridad dormido en su caseta. De pronto, el sonido agudo de una sirena rebota por las paredes del garaje y el guarda abre los ojos sobresaltado. Una especie de astronauta raro está dándole al timbre, pidiendo que le abran la entrada. Se frota los ojos y ve que es un friki vestido con equipo de moto. ‘Por amor de Dios’, gruñe. ‘¿Qué hace este tío aquí a estas horas? Hoy es festivo, debería estar en la cama, intentando digerir la comilona de Navidad.’

Diez minutos más tarde la moto estaba cargada y salíamos de la ciudad de camino a encontrarnos con el primero de nuestros compañeros de viaje, Esteve, en Vallirana. Para hacer la ruta algo más interesante y barata combinamos nacionales y autopista durante las primeras horas hasta que salimos de Cataluña y nos reunimos con los dos miembros restantes de nuestra expedición en el área de descanso de Benicarló, Gerard y Raluca.

Con el grupo completo, todo lo que quedaba por hacer el resto de la jornada era cubrir la distancia que faltaba hasta Almería, donde haríamos noche antes de tomar el primer ferry hacia Melilla.

800km de autopista no iban a ser interesantes, y a pesar de que tuvimos suerte y el tiempo era bueno, hizo frío la mayor parte del día. Había estado pensando en cambiar el neumático trasero para esta viaje, pues tenía ya casi 12.000km, pero al final lo desestimé, no quería empezar una rueda nueva con tantos kilómetros de autopista con la moto cargada, así que iba con calma para ahorrar gasolina y preservar los tacos, cosa que hizo que el viaje se alargara. LA intención era llegar al hotel a media tarde, pero la puesta de sol nos encontró aún lejos de nuestro destino, cegándonos sin piedad durante media hora.

Tras interminables horas de viaje en la oscuridad, y con Gerard sufriendo una combinación de fuerte resfriado y alergia, conseguimos llegar a Almería, encontramos el hotel y nos dimos una ducha caliente. Gerard dijo basta y se retiró a la cama, con la esperanza de encontrarse mejor al día siguiente y poder continuar el viaje, y el resto salimos a disfrutar de unas merecidas cervezas y tapas.

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