Decisiones, decisiones… a 80m del suelo

Día 26 – Sábado 20 de julio – De Astrakhan a Volgograd (450km)

¡De nuevo en la carretera! Era  genial volver a estar en la carretera esta mañana… El sol brillaba, la moto parecía funcionar bien y tenía un anfitrión en Volgograd, un chico llamado Ivan. Pero antes de ir a su casa, quería para un momento en Bike City 34, el taller donde me habían hecho la revisión en la moto la primera vez que estuve en la ciudad, para ver si tenían un par de tornillos para la cúpula y el soporte del GPS, que aún estaban enganchados con dos trozos de cable.

Había nubes amenazadoras en el horizonte, pero llegué a la ciudad justo después de la lluvia. Genial, pero también significaba que ahora hacía calor Y había humedad, no eran las mejores condiciones para enfrentarme al tráfico de la ciudad, y menos aún con las calles llenas de charcos escondiendo los socavones.

Volvía a encontrarme con Kate, que había leído mis problemas y estaba muy contenta de verme. No tenían los tornillos que necesitaba en el taller, pero uno de los mecánicos cogió un scooter y fue a comprarlos a algún sitio y entretanto compré un par de guantes de verano. Los míos se fueron volando en la tormenta de arena en Kazakstán, e intenté venir de Astrakán con los de invierno, pero hacía demasiado calor e hice el viaje con las manos desnudas.

El mecánico volvió enseguida y me pusieron no dos, sino cuatro tornillos aprovechando los puntos de montaje para regular la altura de la cúpula, así que ahora quedaba bien firme. Les di las gracias y me fui a buscar a mi anfitrión para esa noche, que vivía a un par de calles.

Ivan era un chico genial, y nos llevamos muy bien desde el principio. Dejé mis cosas en su piso, me di una ducha y enseguida descubrí que le gustaba escalar. Le hablé de las vías ferratas y le enseñé algunas fotos, y les interesó mucho el tema. Luego llamó a Sasha, un amigo suyo, y me dijo que nos llevaría a ver una fábrica abandonada, otro hobby que compartíamos.

Resultó que era una de las plantas que calientan el agua para toda la ciudad. Hoy en día hay muchas pequeñas por todo Volgogrado, pero me contó que en tiempos de la Unión Soviética todo se construía a lo grande y esta iba a ser una de las más grandes, pero estaba a medio construir cuando cayó la Unión Soviética y nunca la terminaron. Lo único que quedaba hoy era un enorme edificio vacío y una chimenea de 120 metros, uno de los puntos más altos de la ciudad.

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Siendo Rusia, el sitio estaba abierto y solo habían cortado los primeros 6 metros de la escalera de metal de la chimenea para evitar que la gente subiese, pero alguien había puesto una escalera de madera para llegar a los primeros escalones, y era fácil subir. Ivan dijo que había estado arriba muchas veces y que era seguro, así que nos encaramamos a la escalera de madera y empezamos a ascender.

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Solo llevaba pantalones cortos y sandalias, y cuando llegué a la escalera de metal vi que estaba completamente oxidada y doblada, así que tenía que subir con cuidado para evitar un corte. Mientas subíamos hacia el primer nivel de la chimenea, la escalera se movía y caían trozos de óxido, y me empecé a preguntar si era tan seguro como decía Ivan.

Llegamos al primer nivel, que estaba a unos 30 o 40 metros del suelo y tenía una pasarela alrededor de toda la chimenea. Ya estábamos más altos que los edificios cercanos, y alguien había construido una estructura de madera en la pasarela, en el lado opuesto a la escalera. Ivan nos dijo que había gente que se tiraban con una cuerda desde allí.

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Nos convenció para subir hasta el siguiente nivel con una pasarela completa, que estaba a tres niveles del que estábamos, los dos intermedios tenían solo pequeños balcones. No estaba muy seguro de ello, la escalera tenía peor pinta todavía a partir de allí, pero dijo que había subido muchas veces y no había problema, y pensé que uno no tiene la oportunidad de hacer algo así a menudo, así que decidí continuar.

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Paramos a descansar en los dos niveles siguientes, las vistas más y más espectaculares, y seguimos hasta el siguiente. Cuando llegamos estábamos a unos 80m del suelo, y el sol se estaba poniendo. Nos sentamos en la pasarela a disfrutar de las vistas.

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Era un buen momento para reflexionar sobre el resto de mi viaje. No podía volver a Kazakstán porque mi visado turístico sólo me permitía una entrada, y había perdido una semana esperando a que reparasen la llanta. Además, me dijeron que evitase carreteras malas si no quería arriesgarme a tener más problemas con la moto. Me di cuenta de que a pesar de haber cambiado los muelles la suspensión aún era demasiado baja y no tenía suficiente recorrido para enfrentarme a las peores carreteras con la moto completamente cargada, así que si quería llegar a Ulaanbaatar tendría que ser por carreteras buenas. Eso significaba ir por Rusia hasta Irkutsk y luego bajar a Ulaanbaatar. Era largo y muy posiblemente aburrido, con unos 600-800km por día para mantener el calendario programado. Cuando estaba preparando el viaje, Ulaanbaatar no era el destino final, era solo el punto que elegí para dar media vuelta. El viaje de verdad era todo lo que quería ver y vivir entre mi casa y aquello, y pensé que no tenía sentido ir con prisas hasta allí sólo para poder decir que había llegado. Además, durante las tres primeras semanas había estado viajando bastante rápido, parando solo una noche en la mayoría de sitios, y después de conocer a tanta gente fabulosa sentía que me estaba perdiendo lo más importante del viaje; el viaje en sí y la gente, eso era lo importante, no el destino final. Tenía dos meses para viajar, y daba igual hacia donde fuese. Quería variedad, no quería seguir un calendario. Así que decidí que me dirigiría hacia el norte, tomármelo con más calma y pasar más tiempo en los sitios que me gustasen.

Volvimos a bajar, y me di cuenta de que faltaban algunos de los tornillos que fijaban la escalera a la chimenea. Bien… Llegamos al suelo sanos y salvos, y luego Ivan y yo compramos una pizza y me llevó al centro, donde él y su mujer tenían un hostal que habían abierto hacía poco, y cenamos allí con una pareja de Astrakán que estaban haciendo excursionismo un par de semanas.

A la mañana siguiente empecé mi nueva ruta, destino: Moscú. Eran unos 1000km, así que tenía que cortarlo en dos etapas.

La llanta y una pistola

Día 25 – Viernes 19 de julio – Astrakhan (0km)

Advertencia – Este post puede contener lenguaje ofensivo y referencias a sexo y drogas.

Esta mañana sobre las diez recibí buenas noticias: Arkan llamó para decir que la llanta ya estaba reparada y que vendría en unos diez minutos a recogerme y llevarme al taller. Valentin, mi anfitrión, había estado haciendo de intérprete todo este tiempo, ya que Arkan no hablaba ni una sola palabra de inglés, pero hoy tenía que trabajar y no podía venir conmigo, así que me dijo que si necesitaba algo le llamase. Mientras estaba esperando que llegase, Dasha me escribió en Facebook y me dijo que ella y unos amigos iban a ir a nadar al río esta tarde, y me invitó a unirme a ellos. Quedamos que nos encontraríamos a las siete y media en la misma parada de autobús que la última vez. Parece que después de varios días de inactividad iba a tener planes otra vez.

Bajé a la calle y al cabo de cinco minutos apareció Arkan en su coche negro. Fuimos otra vez a la parte chunga de la ciudad y aparcó enfrente de un sitio que parecía más una chatarrería que un lugar que pudiese reparar y equilibrar una llanta de aluminio. Estaba un poco escéptico en cuanto al posible resultado, pero no había podido hacer demasiadas preguntas al respecto, en parte por culpa de la barrera idiomática, en parte porque no quería molestar más a mi anfitrión con el tema de la traducción, pues me parecía que estaba abusando de su hospitalidad, ya llevaba una semana en su casa. A estas alturas había aprendido que lo mejor en Rusia es dejarse llevar por la corriente, confiar en la gente y dejar que hagan lo que tengan que hacer, y efectivamente, a pesar de la pinta del sitio, la llanta estaba lista y la reparación tenía un aspecto muy profesional.

La llevamos a un taller de neumáticos que no tenía mucha mejor pinta para montar el neumático. El problema con la llanta estaba por fin solucionado, pero estaba un poco preocupado por si el neumático estaba dañado, ya que había hecho trozos largos sin aire en carreteras muy malas intentando volver a Astrakán. Buscar un neumático de esas medidas podía ser difícil y no tenía ganas de pasar más tiempo aquí. Por suerte, con el neumático montado e inflado, el hombre del taller lo comprobó con agua y jabón y no parecía perder aire por ningún sitio. Lo montó gratis, cosa de agradecer.

Llevamos la rueda de vuelta al parking donde había tenido la moto una semana entera. Meter la moto en un parking con vigilancia 24 horas puede sonar a lujo para un viajero con un presupuesto más bien exiguo como yo, pero solo costaba 20 rublos al día, que es menos de lo que se paga por una botella de agua. Arkan me ayudó a montar la rueda en la moto y cuando vio que faltaba el tapón de la válvula, cogió uno de los de su propio coche y me lo dio. También vio que no tenía montado el protector de la cadena, le expliqué que había perdido uno de los dos tornillos que lo aguantan por culpa de las vibraciones en Kazakstán. Mientras estaba limpiando y engrasando la cadena, llamó a Valentin y me lo pasó, y me dijo que Arkan le dijo que me dijese, que me llevaría a una tienda donde podía encontrar un tornillo de recambio.

Nos metimos de nuevo en el coche y me llevó no a una tienda, sino a su propia casa, donde encontró un par de tornillos de la medida correcta y me enseñó su moto, una Yamaha Fazer 1000. Me explicó que había tenido una Honda Fireblade, pero que la había estampado contra la parte de detrás de un coche. Vi que no tenía matrícula, en la moto, y me dijo que era para que la policía no le multase. Bueno, más que explicarlo así, hizo un gesto con la mano derecha, como abriendo gas a tope, y dijo “fuck police”.

Con el tornillo en el bolsillo, cogimos otra vez el coche y se volvió a poner al teléfono. Pensaba que íbamos de vuelta a casa de mi anfitrión, pero me volvió a pasar el teléfono. Era Valentin, que me dijo que Arkan me quería llevar a nadar con sus dos hijos. Le dije que me parecía perfecto siempre y cuando estuviese de vuelta a tiempo para quedar con Dasha y sus amigos más tarde.

Íbamos hacia las afueras cuando encontramos una larga cola de coches parados. Sin pensárselo dos veces, se metió en contra dirección y fue hasta el principio de la cola. Resulta que era un paso a nivel, están por todas partes en Rusia y a veces tardan mucho en abrirse, de ahí los atascos. Llevábamos un rato esperando cuando, probablemente aburrido de la espera, decidió enseñarme algo. Levantó el reposabrazos y sacó… una pistola. Con los dos niños en el asiento de detrás, que no parecían en absoluto sorprendidos. Imagino que no era la primera vez que la veían. Sacó el cargador, que llevaba balas de verdad, sacó la bala de la recámara y me la dio. Era la primera vez que sostenía una pistola, y pensé que para ser la primera vez, no estaba nada mal que fuese la de un motero ruso. Espero que no mate a nadie antes de que yo salga del país, ya que ahora tiene mis huellas.

Finalmente cruzamos el paso a nivel y paramos en una pequeña tienda a recoger a unos amigos suyos: un tío muy delgado con tatuajes enormes, que tenía peor pinta que Arkan, su novia Natasha, en un vestido muy corto, y otro tío que tartamudeaba y tenía los dientes medio podridos, que me hizo pensar en uno de esos memes de “Meth? Not even once” en internet.

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Fuimos a una playa entre un puente del ferrocarril y un astillero con un barco oxidado, que puede no sonar muy bien, pero que estaba bastante más limpio y con menos gente que la playa en el centro. Mientras estábamos allí hablamos del viaje y de motos, y comparamos precios de motos entre España, Rusia y Georgia. Resulta que Arkan no era ruso, sino de Georgia. Después, como pudo, usando gestos y dibujando en la arena, me explicó que iba a menudo a Alemania, por algún tema de drogas por lo que pude entender. A partir de ahí la conversación se volvió un poco, como decirlo, incómoda. Usando gestos y palabras sueltas en inglés, me dieron a entender que la tal Natasha hacía unas mamadas espectaculares (parecía que todos habían pasado por ahí) y luego dijeron “tonight, drugs –palabra rusa refiriéndose a sexo- Natasha”. Reí y les seguí la corriente un rato, pero cuando nos íbamos les dije que ya había quedado con otra gente más tarde, cosa que era cierto.

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Dejamos a los amigos de Arkan otra vez en la tienda y de camino al centro me dijo que practicaba boxeo y varios tipos de artes marciales, y se señaló la nariz, que era evidente que le habían roto varias veces. Señalando a los niños y a su anillo de casado, me dio a entender que era una buena manera de liberar tensión. También me dijo que antes se dedicaba a las carreras ilegales en la calle, y que había tenido un Impreza y un M5, pero que lo dejó cuando se casó.

De vuelta en casa de Valentin, le di las gracias por todo, había sido una persona genial y había hecho de todo para ayudarme.

Preparé las maletas para irme temprano el día siguiente y luego cogí uno de los micorbuses rusos con conductores locos para ir hacia el centro a encontrarme con Dasha, esta vez no tenía ganas de andar casi 7km otra vez. Compramos algo de cerveza y me llevó a una playa pequeña en el otro lado de la isla donde habíamos estado la última vez. Ya era tarde, y el sol se estaba poniendo, era una vista preciosa, una enorme bola de fuego rojo tras las fábricas en el otro lado del río mientras nadaba en el agua fría.

Tras la puesta de sol volvimos al puente, donde descubrí que los autobuses dejaban de funcionar a las 9 de la noche, lo que significaba una buena caminata hasta casa… Pero los amigos de Dasha dijeron que ni hablar de irme tan temprano, cogimos un taxi y fuimos a casa de uno de ellos, un edificio de madera muy antiguo, de antes de la revolución rusa. Tenía una galería que daba al patio interior, y estuvimos allí sentados al fresco de la noche bebiendo y tocando la guitarra. Me hizo pensar en la experiencia que estaba siendo este viaje hasta el momento, ahí estaba, sentado con gente que acababa de conocer, todos geniales, ofreciéndome sus bebidas, hablándome de las canciones rusas que estaban cantando.

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Me fui a medianoche, ya que quería madrugar a la mañana siguiente para el viaje de vuelta a Volgogrado. No era especialmente largo, y las carreteras eran buenas, pero aún no sabía cómo había quedado la llanta y si aguantaría, así que quería tener tiempo por si acaso. Dasha me acompañó hasta casa, nos dimos los contactos y me deseó buena suerte con el resto del viaje.

Pocas noticias

Día 24 – Jueves 18 de julio – Astrakhan (0km)

Hoy llamamos a Arkan, que nos dio el número del taller para que pudiésemos llamar directamente y preguntarles, y dijeron que la llanta estaría lista “la segunda mitad del día” el viernes. Eso significaba que no iba a poder ir hacia Volgogrado hasta el sábado. Aparte de eso, hoy no pasó nada más… Estaba a punto de no escribir nada hoy, pero ya que me he acostumbrado a publicar sobre cada día, al final decidí escribir un post, aunque sea uno corto.

Primeras noticias de la llanta

Día 23 – Miércoles 17 de julio – Astrakhan (0km)

Hoy llamamos a Arkan, que dijo que la llanta ya estaba en el taller y que estaría lista mañana por la tarde o el viernes por la mañana. Como estaba bastante dañada, no sólo de la carretera en Kazakhstan, sino porqué el mecánico en el pozo de petróleo la intentó arreglar a golpe de martillo, el resultado puede no quedar bien del todo. Espero que al menos aguante el aire para poder seguir viajando.

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En cuanto a buenas noticias, descubrí por qué el enchufe de 12V no funcionaba. Está marcado como un máximo de 20A, pero el mecánico que lo instaló le puso un fusible de 10A, que se había fundido, ya que el compresor necesita 15A.

Recibí noticias de Martin, desde Uzbekistán. Se dio contra una roca en su GS Adventure y también dobló la rueda delantera. Un camionero que paró le ayudó a enderezarla con un martillo, y dice que le aguanta el aire. ¡Espero que tenga más suerte que yo!

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Galería de arte Kustodiev

Día 22 – Martes 16 de julio – Astrakhan (0km)

Hoy no hay mucho que contar, estoy esperando noticias de la llanta. Para matar el tiempo, fui a visitar la galería de arte Kustodiev, que era bastante interesante, y luego me dí un paseo hasta el centro, leí un rato en el parque y luego me busqué un café con aire acondicionado donde pasar la tarde leyendo y disfrutando de un té frío.

Buenas y malas noticias

Día 21 – Lunes 15 de julio – Astrakhan (0km)

Primero, las malas noticias: hoy mis padres descubrieron que no es posible enviar paquetes a Rusia, sólo documentos. Fex Ex sí que hace envíos, pero con restricciones estrictas de peso y valor, y a precios astronómicos. Así que parece que no era posible recibir la llanta de recambio de España. Tocaba pasar al plan B.

El sábado, Lex y yo salimos a buscar moteros en el centro, que siempre ayudan, y encontramos un contacto. Un motero llamado Arkan, con pintas de tío duro donde los haya, el típico ruso enorme que no sonreía nunca. Nos dio su número y esta mañana le pedí a Valentin, mi anfitrión, que lo llamase. Dijo que vendría a echar un vistazo y a la hora de comer apareció en su cochazo negro. Nos llevó al parking donde estaba la moto, le ladró cuatro improperios al guarda para que lo dejase entrar y examinó la rueda. Dijo que se podía reparar, que volvería al día siguiente con las herramientas para sacarla de la moto. Le dije que yo tenía herramientas y la podía sacar en cinco minutos, así que lo hice. Más tarde Valentin me dijo que se sorprendieron, pues me habían tomado por un aficionado sin demasiada idea de lo que hacía. Metió la rueda en el maletero y nos fuimos a una parte de la ciudad con bastante mala pinta para intentar encontrar un taller para sacar el neumático de la llanta. Tras un par de paradas encontramos uno, y luego fuimos hacia otra parte de la ciudad con todavía peor pinta a buscar un taller para reparar la llanta, ya que el que él conocía no podía hacerlo hasta el miércoles. Al final encontramos uno, pero no estaba contento ni con el precio que pedían ni con el hecho de que no tuviesen las herramientas para equilibrar la rueda una vez hecha la reparación. Le dije que no me importaba esperar un poco más con tal de que la reparación fuese buena, y dijo que en un par de días la tendría. Así que estas son las buenas noticias. Espero.

Otro baño en el Volga y un tatuaje

Día 20 – Domingo 14 de julio – Astrakán (0km)

Hoy me pasé la mañana actualizando el blog, contando días y kilómetros para ver lo que puedo hacer una vez la moto esté reparada y envié un correo a Stephen Stallebrass, que hizo la misma ruta que estoy considerando yo ahora.

Por la tarde Dasha, una de los CouchSurfers de la cidad, me llevó a nadar en el Volga. Habíamos quedado en una parada de autobús al principio del puente que cruza el río a través de una isla que es donde están las playas, y caminé durante más de 6km en un calor de 40ºC para llegar porqué quería pasar por el centro andando en vez de coger un autobús.

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La playa fluvial hubiese sido un sitio genial si no fuese por el hecho de que había botellas vacías y plásticos por todas partes, parece que los rusos son incapaces de mantener un sitio limpio a parte de sus propias casas, lo que es una lástima, pues era un sitio muy bonito. Me di un baño y luego Dasha sacó un tubo de henna y empezó a practicar dibujando un tatuaje en su pierna. Me contó que quería sacarse un dinero extra haciendo tatuajes a la gente en la playa en verano, y cuando terminó me preguntó si podía hacerme uno en el brazo, así que me llevo un souvenir de Astrakán.

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De vuelta al apartamento, comprobé mi correo y vi que Stephen me había respondido, con algunos consejos sobre la ruta que tomó. También intenté encontrar información sobre cómo desbloquear el teléfono yo mismo, que puede ser más fácil que intentar explicar a un ruso en una tienda de telefonía lo que necesito. Más noticias sobre eso mañana.

Seguro y tarjetas SIM

Día 19 – Sábado 13 de julio – Astrakhan (0km)

Hoy pasé la mayor parte del día al teléfono, hablando con mi aseguradora en España para ver qué opciones tenía y cuál sería la solución más barata. Al final dijeron que podían hacer transportar la moto hasta España o repararla aquí, pero si elegía la segunda opción tendría que encontrar un taller y la pieza yo mismo.

Había estado mirando las opciones y decidí que no podía permitirme otra avería similar, pero no quería cancelar el viaje, sería una pena. Resulta que tengo otra llanta en Barcelona, y la aseguradora dice que me reembolsarían los gastos de enviarla a Astrakán, así que me decidí por esa opción. Después de más llamadas y whatsapps, me puse de acuerdo con mis padres para que me envíen la llanta via UPS o DHL, ya que ambas empresas tienen oficinas en Astrakán. El problema es que era sábado, así que todo estaba cerrado. Tendré que esperar al lunes para ver cuánto tardarán en enviarla. Entretanto, encontré un par de talleres que podrían cambiar la rueda y cuando llegue solo tengo que volver a llamar a la aseguradora para que lleven la moto a uno de ellos.

Así que estoy atrapado en Astrakán, pero al menos hay CouchSurfers muy simpáticos que harán mi espera en la ciudad más llevadera. Cuando llegue la llanta, veré cuánto tiempo y dinero me queda y decidiré cómo continuar el viaje.

Mientas espero, estoy intentando encontrar un sitio para desbloquear mi móvil y hacer que acepte tarjetas SIM rusas, ya que voy a pasar la mayor parte del resto del viaje en este país y las llamadas en roaming me han costado ya una fortuna, pero otra vez, no hay nada abierto hasta el lunes.

Entretanto, me fui a dar una vuelta y tomar unas cervezas y mañana iré a nadar.

Problemas en el desierto

Día 18 – Viernes 12 de julio – De Dossor a algún lugar en el desierto a Astrakán (655km)

Nos despertamos al amanecer, poco después de las 5 de la madrugada, y para cuando habíamos sacudido el polvo de todas nuestras cosas y desmontado las tiendas, ya empezaba a hacer calor. Mientras nos preparábamos para partir, le preguntamos al hombre de la gasolinera por el estado de las carreteras, y señaló a mi ruta y dijo “problem, problem”. Parece que la carretera estaba en muy malas condiciones, y la gente daba un rodeo de 1500km para evitar los 600km a Aktobe. Había hablado con otra gente en HUBB que habían hecho esta carretera y pensé que me tomaría dos días e intentaría hacerla.

Me entristeció despedirme de Martin, habíamos pasado unos días geniales juntos en las motos y me hubiese gustado seguir teniendo compañía. Quizá debería haber seguido la misma ruta que él a través de los “estanes”, hubiese tenido la oportunidad de hacer la Pamir Highway y el paisaje hubiese sido sin dudarlo más variado que en Kazakstán. En todo caso, era demasiado tarde ahora, no tenía los visados, así que me tocaba hacer el desierto kazajo.

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La carretera seguía siendo buena los 10km al norte de Dossor, y luego volvía a ser el tipo de asfalto lleno de socavones que habíamos encontrado en la frontera. La moto vibraba tanto que no podía ni leer el GPS, así que alargué el brazo para sostenerlo con la mano izquierda para poder ver la distancia y para horror mío, me quedé con todo el conjunto, GPS y soporte en la mano. Paré a ver qué había pasado y después de desmontar la cúpula descubrí el problema. LA cúpula está fijad con cuatro tornillos, y había sustituido los dos de arriba por un par más largo porqué el soporte del GPS va montado ahí. Parecía que las vibraciones habían hecho que el peso de todo el conjunto actuase de palanca y los tornillos se habían aflojado y caído. Volvi a poner todo en su sitio, lo aguanté con un par de trozos de cable y esperé que aguantase.

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Seguí adelanta y al cabo de un rato la carretera se convirtió en la pesadilla de la que me habían advertido. Es relativamente fácil ir por pistas o carreteras de gravilla, pero el problema aquí es que aquello había sido una carretera asfaltada en algún momento del pasado y ahora no quedaba nada, solo algunos pedazos aquí y allí, que aparecían y desaparecían, y era muy difícil intentar evitar golpear los cantos vivos. Avancé muy lentamente, y en un momento dado me metí por uno de los caminos que los camiones habían hecho paralelos a la carretera para evitarla. Era arena fina, y al cabo de diez minutos, la moto patinó de delante y me fui al suelo.

No me pasó nada, así que quité la bolsa del depósito e intenté levantar la moto con todo el equipaje. Resultó más fácil hacerlo en la arena que en el asfalto, y pude levantarla solo. Suerte, porque no había nadie más por allí. Seguí, entrando y saliendo de la carretera principal, y a unos 100km de Dossor pensé que llevaba buen ritmo y que podría llegar al destino que me había marcado para ese día a una hora decente a pesar de la mala carretera, cuando de repente la moto empezó a comportarse de forma extraña y tuve que parar, pensando que había pinchado.

Lo comprobé y efectivamente, la rueda de detrás estaba deshinchada, así que saqué el compresor, lo enchufé y la hinché. Cuando acabé empecé a girarla, para ver qué la había pinchado, pero no vi nada a pesar de darle varias vueltas. Empezaba a preguntarme qué la había deshinchado cuando lo vi – la llanta estaba abollada.

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Había cambiado los muelles de la moto para prepararla para el viaje, intentando darle un poco más de capacidad fuera del asfalto, pero no se puede escapar del hecho de que esta moto es sobretodo para carreteras y pistas en relativo buen estado, no una verdadera máquina de enduro, y a la suspensión le falta el recorrido que tiene por ejemplo una KTM o una BMW, e hice topes más de una vez en los tramos más difíciles, la llanta debió dañarse en una de esas ocasiones. El neumático parecía retener el aire, así que sopesé mis opciones. Podía intentar llegar a Aktobe, pero era un viaje de dos días en el mismo tipo de carretera o peor, y claramente necesitaba reparar o sustituir la llanta, cosa que podía ser difícil en Kazakstán. Parecía que la mejor opción era volver a Rusia, donde tenía un lugar donde dormir y acceso a internet para poder hacer los trámites para encontrar un recambio. Me lo pensé un buen rato bajo el sol, pues esa opción significaba que no podría volver a intentar esta ruta, ya que mi visado para Kazakstán sólo me permite una entrada.

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Al final, decidí dar media vuelta. Empecé a deshacer el camino lentamente y con cuidado, y a los diez minutos noté que el neumático se había vuelto a deshinchar. Aún no me había entrado el pánico, ya que lo había podido hinchar y pensaba que podía volver hasta Rusia sin demasiados problemas, pero cuando volví a sacar el compresor, lo enchufé, le di al botón y vi horrorizado que no se ponía en marcha, noté como empezaba a formarse una sensación de pánico en mi interior. Estaba en medio de la nada, a 100km de la población más cercana, y no tenía forma de hinchar la rueda otra vez. Las cosas se ponían feas.

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Pensé que quizá podía encontrar la forma de hacer llevar la moto hasta un taller, y paré una furgoneta para intentar conseguir ayuda. Eran trabajadores de una planta de petróleo, y un de ellos hablaba un poco de inglés. Me dijo que no había ningún tipo de grúa en ningún sitio cercano, así que no podían hacer nada. Entonces me dibujó un mapa rudimentario en mi libreta que mostraba que había una planta de petróleo o una refinería o algo por el estilo a unos cinco o seis kilómetros de distancia, y me dijo que intentase llegar hasta allí y pedir ayuda. Me subí a la moto y avancé muy lentamente, en primera, intentando evitar las peores partes, pero era imposible no dar con algún canto feo de vez en cuando, incluso yendo en primera. Sudado y miserable, llegué a la entrada de la planta casi una hora más tarde. Llamé al guarda de seguridad e intenté explicarle el problema. Pasamos casi media hora, yo intentando explicarle que necesitaba volver a Astrakhan y él intentando decirme que no había manera de conseguir transporte. La única cosa que pasaba por esas carreteras eran camiones cisterna que iban y venían de las pozos de petróleo, y era imposible subir la moto a uno de ellos. Entonces me preguntó si tenía dólares, y pareció hacerme entender que podía reparar la rueda. Hizo algunas llamadas y me indicó que desmontase la rueda, así que saqué las herramientas y me puse a desmontar la rueda bajo el insoportable calor a la entrada de la planta.

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Llegó otro hombre, aparentemente un mecánico que trabajaba allí, y se llevó la ruda hacia el interior de la planta. Volvió al cabo de media hora, con el neumático inflado pero con algunos cachos de labio rotos donde había intentado enderezar la llanta. Lo examiné y parecía que aguantaba el aire, así que lo volvía a montar en la moto, les pagué y volvía a la carretera lo más rápido posible.

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Pensaba que la chapuza no iba a aguantar mucho, y me estaba arrepintiendo de haberles pagado, cuando vi una moto que se acercaba en la distancia. Paramos y resulto ser un tal Wesley, de Gran Bretaña, que iba en misma dirección a la que me dirigía yo antes de romper la llanta. Se quejó del estado de la carretera (y eso que iba en una moto mucho más preparada que la mía para eso) descubrimos que conocíamos a Stephen Stallebrass y nos dimos los detalles de contacto. Me deseó suerte y nos separamos.

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La chapuza me llevó hasta Dossor, donde paré a por gasolina y pregunté a varias personas, pero obtuve la misma respuesta, no grúa, no transporte, no manera de llevar la moto a Rusia. Viendo que el neumático aguantaba, decidí intentar llegar por mí mismo, sobretodo porque el cielo se estaba oscureciendo y el viento soplaba con fuerza, se estaba preparando una tormenta de arena. Pasé entre los enormes camiones cisterna que estaban esperando para llenar los depósitos de diesel en el último pueblo antes de adentrarse en el desierto y la tormenta, y seguí el camino de vuelta. El neumático aguantó el aire hasta Atyrau, donde paré a comprobar la presión. Estaba bien, así que seguí hacia la frontera, esperando llegar a Astrakhan antes del anochecer.

Conseguí evitar la tormenta de arena en Dossor, pero el cielo se estaba oscureciendo y parecía que llovía con fuerza hacia mi derecha. Aún hacía muchísimo calor y no quería perder el tiempo parando para sacar y poner la capa impermeable del traje, así que decidí arriesgarme. Al cabo de una media hora, la lluvia me pilló, gotas enorme que me empaparon el traje rápido. Por surte, no duró mucho rato y antes de acercarme a la frontera ya me estaba secando. Empezaba a tener confianza en llegar, pero entonces volvía a encontrar la parte mala de carretera hasta la frontera y me dí con un par de socavones; naturalmente, la rueda se deshinchó de nuevo. Me arrastré hasta unas barracas al lado de la carretera, pero no tenían nada con que hincharla. Otra vez en la carretera, paré una par de cabezas tractoras de Ucrania que conectaron una manguera al compresor del camión y me hincharon la rueda. Conseguí avanzar unos 10 km antes de que se deshinchase otra vez, la cosa se ponía fea. El sol se había puesto, estaba agotado y el neumático no parecía poder aguantar el aire más de 10km cada vez. Me arrastré 10 km más hasta la frontera con la rueda deshinchada y mientras esperaba que comprobasen los papeles hable con otro camionero que me hinchó la rueda. Estaba a sólo 30 km de la ciudad, pero la rueda se volvió a deshinchar cuando llegué al puente de pontones. Cruzarlo con la moto en perfectas condiciones fue complicado, cruzarlo ahora sin aire en la rueda fue terrorífico. La moto patinaba por todos los lados, y estuve a punto de ir al suelo más de una vez. Sudado y temblando, llegué al otro lado. Sólo me quedaban 20km para llegar, e intenté parar un coche para enchufar mi compresor a su toma de 12V, quizá sólo era el enchufe en la moto lo que fallaba y no el compresor, pero no se paró nadie. Al cabo de un rato vi una gasolinera y una chica que había parado a llenar el depósito me dejó intentarlo en su coche. Funcionó, y esa última carga fue suficiente para llegar al apartamento, donde Lex y Valentin me estaban esperando. Era casi medianoche y nunca en la vida me había alegrado tanto de ver a alguien. Me dieron de cenar, me duché y caí muerto en la cama.

Camellos y pozos de petróleo

Día 17 – jueves 11 de julio – de Astrakán a Dossor (455km)

Esta vez Martin y yo nos pusimos en camino temprano, y a las 8 de la mañana ya estábamos en la carretera, después de una parada para comprar algo de zumo y pastelería para desayunar. Salimos de la ciudad y poco después llegamos al río Buzan, que discurre paralelo al Volga. Había leído en HUBB que no había puente, y que necesitaríamos guardarnos algunos rublos antes de entrar en Kazakstán para pagar el ferry para cruzarlo. Resultó que había un puente, uno de esos montado sobre pontones que flotan sobre el río, y tuvimos que pagar 50 rublos para cruzarlo. La superficie del puente estaba hecha de planchas de metal, dobladas y abolladas, y resbalaba muchísimo, pero conseguimos cruzar sin caernos de la moto.

Desde allí solo teníamos unos pocos kilómetros hasta la frontera, que fue sorprendentemente fácil de cruzar. Había cola, pero nos colamos con las motos hasta delante y el guarda nos dejó pasar. Pasamos el lado ruso sin problemas, a pesar de que no nos habíamos registrado con las autoridades al entrar en el país, y no nos pidieron los papeles de importación temporal de la moto que nos habían dado cuando entramos el país desde Ucrania. En el lado kazajo los guardas eran muy amables y tenían curiosidad sobre nuestro viaje, es una pena que no se pudiesen hacer fotos. Usando un poco de lenguaje de manos, me dijeron que se podía cambiar dinero justo allí en el edificio de aduanas, y justo pasada la frontera había mucha gente ofreciendo cambiar dinero y vender seguro para automóviles. Ya que mi seguro europeo no cubría más allá de la parte Europea de Rusia, compré un seguro para 20 días por unos 27€.

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La carretera se volvió mala de inmediato, con un montón de agujeros que nos obligaban a ir de pié y prestar mucha atención para no pillarlos, ya que eran profundos y con los bordes vivos. Al cabo de aproximadamente una hora en el país, paramos a por gasolina en un pequeño pueblo y desde allí la carretera mejoró bastante, permitiéndonos viajar a unos 80km/h, pero aún con cuidado para evitar algún socavón de vez en cuando. Queríamos llegar a Dossor, que está unos 100km más lejos de lo que yo había planeado ir al principio, pero llevábamos un buen día y la  carretera no era tan mala como nos pensábamos, así que pensamos que podíamos llegar. Poco antes de Atyrau paramos a poner gasolina por última vez, ya que debería ser suficiente para completar el día.

El paisaje en Kazakstán era bastante aburrido, kilómetros y kilómetros de nada, sólo desierto, camellos y caballos y de vez en cuando un pueblo o un pozo de petróleo.

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La carretera de después de Atyrau era sorpredentemente buena, y pudimos ir rápido hasta Dossor.  Paramos una última vez para comprar agua y Martin compró también unas gafas de sol para poder llevar debajo de las de protección, ya que le molestaba mucho. Mientras nos preparábamos para volver a subir en las motos, un Belga en una bici muy rara entró en la gasolinera. Estaba participando en una carrera de bicis de energía solar desde Francia hasta Astana, y en ese momento era el líder.

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Se dedicaba al tema de la energía solar y había diseñado la bicicleta él mismo, nos dijo que había dos de sus prototipos participando en la carrera. Le deseamos buena suerte y le avisamos del mal estado de las carreteras, pero parece que estaba bastante seguro de que no sería un problema en su bici.

Llegamos a Dossor sobre las 7 de la tarde, y paramos a repostar en una gasolinera en el cruce donde a la mañana siguiente nos separaríamos, Martin continuando hacia el sur hasta Uzbekistán y yo hacia el norte hasta Aktobe. Preguntamos al hombre de la gasolinera dónde podíamos acampar, y nos dijo que mejor hacerlo detrás del edificio, ya que no sería seguro hacerlo más lejos del pueblo.

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Plantar las tiendas con el viento que hacía fue bastante difícil, y había muchísimo polvo. En sólo media hora el interior de las tiendas estaban llenas de arena del desierto que dejaba una fina capa sobre todas nuestras cosas. Preparé un risotto en el hornillo y me senté con la espalda contra la pared de la gasolinera a cenar y contemplar la puesta de sol en el desierto.

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