Decisiones, decisiones… a 80m del suelo

Día 26 – Sábado 20 de julio – De Astrakhan a Volgograd (450km)

¡De nuevo en la carretera! Era  genial volver a estar en la carretera esta mañana… El sol brillaba, la moto parecía funcionar bien y tenía un anfitrión en Volgograd, un chico llamado Ivan. Pero antes de ir a su casa, quería para un momento en Bike City 34, el taller donde me habían hecho la revisión en la moto la primera vez que estuve en la ciudad, para ver si tenían un par de tornillos para la cúpula y el soporte del GPS, que aún estaban enganchados con dos trozos de cable.

Había nubes amenazadoras en el horizonte, pero llegué a la ciudad justo después de la lluvia. Genial, pero también significaba que ahora hacía calor Y había humedad, no eran las mejores condiciones para enfrentarme al tráfico de la ciudad, y menos aún con las calles llenas de charcos escondiendo los socavones.

Volvía a encontrarme con Kate, que había leído mis problemas y estaba muy contenta de verme. No tenían los tornillos que necesitaba en el taller, pero uno de los mecánicos cogió un scooter y fue a comprarlos a algún sitio y entretanto compré un par de guantes de verano. Los míos se fueron volando en la tormenta de arena en Kazakstán, e intenté venir de Astrakán con los de invierno, pero hacía demasiado calor e hice el viaje con las manos desnudas.

El mecánico volvió enseguida y me pusieron no dos, sino cuatro tornillos aprovechando los puntos de montaje para regular la altura de la cúpula, así que ahora quedaba bien firme. Les di las gracias y me fui a buscar a mi anfitrión para esa noche, que vivía a un par de calles.

Ivan era un chico genial, y nos llevamos muy bien desde el principio. Dejé mis cosas en su piso, me di una ducha y enseguida descubrí que le gustaba escalar. Le hablé de las vías ferratas y le enseñé algunas fotos, y les interesó mucho el tema. Luego llamó a Sasha, un amigo suyo, y me dijo que nos llevaría a ver una fábrica abandonada, otro hobby que compartíamos.

Resultó que era una de las plantas que calientan el agua para toda la ciudad. Hoy en día hay muchas pequeñas por todo Volgogrado, pero me contó que en tiempos de la Unión Soviética todo se construía a lo grande y esta iba a ser una de las más grandes, pero estaba a medio construir cuando cayó la Unión Soviética y nunca la terminaron. Lo único que quedaba hoy era un enorme edificio vacío y una chimenea de 120 metros, uno de los puntos más altos de la ciudad.

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Siendo Rusia, el sitio estaba abierto y solo habían cortado los primeros 6 metros de la escalera de metal de la chimenea para evitar que la gente subiese, pero alguien había puesto una escalera de madera para llegar a los primeros escalones, y era fácil subir. Ivan dijo que había estado arriba muchas veces y que era seguro, así que nos encaramamos a la escalera de madera y empezamos a ascender.

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Solo llevaba pantalones cortos y sandalias, y cuando llegué a la escalera de metal vi que estaba completamente oxidada y doblada, así que tenía que subir con cuidado para evitar un corte. Mientas subíamos hacia el primer nivel de la chimenea, la escalera se movía y caían trozos de óxido, y me empecé a preguntar si era tan seguro como decía Ivan.

Llegamos al primer nivel, que estaba a unos 30 o 40 metros del suelo y tenía una pasarela alrededor de toda la chimenea. Ya estábamos más altos que los edificios cercanos, y alguien había construido una estructura de madera en la pasarela, en el lado opuesto a la escalera. Ivan nos dijo que había gente que se tiraban con una cuerda desde allí.

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Nos convenció para subir hasta el siguiente nivel con una pasarela completa, que estaba a tres niveles del que estábamos, los dos intermedios tenían solo pequeños balcones. No estaba muy seguro de ello, la escalera tenía peor pinta todavía a partir de allí, pero dijo que había subido muchas veces y no había problema, y pensé que uno no tiene la oportunidad de hacer algo así a menudo, así que decidí continuar.

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Paramos a descansar en los dos niveles siguientes, las vistas más y más espectaculares, y seguimos hasta el siguiente. Cuando llegamos estábamos a unos 80m del suelo, y el sol se estaba poniendo. Nos sentamos en la pasarela a disfrutar de las vistas.

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Era un buen momento para reflexionar sobre el resto de mi viaje. No podía volver a Kazakstán porque mi visado turístico sólo me permitía una entrada, y había perdido una semana esperando a que reparasen la llanta. Además, me dijeron que evitase carreteras malas si no quería arriesgarme a tener más problemas con la moto. Me di cuenta de que a pesar de haber cambiado los muelles la suspensión aún era demasiado baja y no tenía suficiente recorrido para enfrentarme a las peores carreteras con la moto completamente cargada, así que si quería llegar a Ulaanbaatar tendría que ser por carreteras buenas. Eso significaba ir por Rusia hasta Irkutsk y luego bajar a Ulaanbaatar. Era largo y muy posiblemente aburrido, con unos 600-800km por día para mantener el calendario programado. Cuando estaba preparando el viaje, Ulaanbaatar no era el destino final, era solo el punto que elegí para dar media vuelta. El viaje de verdad era todo lo que quería ver y vivir entre mi casa y aquello, y pensé que no tenía sentido ir con prisas hasta allí sólo para poder decir que había llegado. Además, durante las tres primeras semanas había estado viajando bastante rápido, parando solo una noche en la mayoría de sitios, y después de conocer a tanta gente fabulosa sentía que me estaba perdiendo lo más importante del viaje; el viaje en sí y la gente, eso era lo importante, no el destino final. Tenía dos meses para viajar, y daba igual hacia donde fuese. Quería variedad, no quería seguir un calendario. Así que decidí que me dirigiría hacia el norte, tomármelo con más calma y pasar más tiempo en los sitios que me gustasen.

Volvimos a bajar, y me di cuenta de que faltaban algunos de los tornillos que fijaban la escalera a la chimenea. Bien… Llegamos al suelo sanos y salvos, y luego Ivan y yo compramos una pizza y me llevó al centro, donde él y su mujer tenían un hostal que habían abierto hacía poco, y cenamos allí con una pareja de Astrakán que estaban haciendo excursionismo un par de semanas.

A la mañana siguiente empecé mi nueva ruta, destino: Moscú. Eran unos 1000km, así que tenía que cortarlo en dos etapas.

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