Nada es impermeable…

Día 41 – Domingo 4 de agosto – De Narvik a 10km al este de Mo i Rana (445km)

…si llueve lo suficiente. El sonido de la lluvia me despertó esta mañana, al mismo tiempo que Alf bajaba de su habitación y los dos nos dábamos cuenta de que teníamos un poco de resaca. La copa de vino se había convertido en un par de botellas que nos terminamos con Bjorn mientras disfrutábamos de lo que dijeron que era una noche inusualmente cálida en la terraza. Para aprovechar al máximo el buen tiempo, Alf puso en marcha la barbacoa y comimos carne a la brasa a medianoche, que estaba deliciosa. Luego el vino dio paso a licor destilado en casa, lo que llaman moonshine, y a eso de la 1, mientras empezaba ya a hacerse de día otra vez, empezó a chispear un poco, así que trasladamos la fiesta al interior hasta las 5 am. Lo pasé genial con Alf y Bjorn, y descubrí nueva música.

Alf me ofreció quedarme un día más, y estuve muy tentado de hacerlo, ya que llovía bastante esa mañana y no tenía muchas ganas de hacer otra jornada larga bajo la lluvia, pues significaría tener que pagar por algún tipo de alojamiento al final de día para secar el equipo antes de continuar y los precios eran demasiado altos. Comprobamos la previsión del tiempo y parecía que la lluvia no iba a durar, se supone que el sol iba a salir por la tarde y no iba a llover en Mo i Rana, 400km al sur, así que decidí esperar un rato y luego irme. Miramos un par de capítulos de una comedia que no conocía, Better Off Ted, que me gustó mucho. Cuando vuelva a casa la bajaré. (No bajéis cosas niños, es ilegal, comprad los DVDs)

A mediodía cargué la moto y me puse en camino bajo la lluvia, con la esperanza de que pararía pronto. 80km más al sur, seguía lloviendo con fuerza, e imaginé la escena en las oficinas del servicio meteorológico esa mañana: dos meteorólogos sentados delante de un ordenador, preparando la previsión del día, y uno le pregunta al otro “¿qué tiempo crees que va a hacer?” y el otro contesta “no tengo ni la más remota idea”, así que el primer dice “bueno, pues pondré el símbolo de sol-nube-lluvia, así seguro que uno de los tres es correcto”.

Así que cuando llegué al primer ferry de mi viaje por Noruega me pregunté cuánto tiempo iba a tener que esperar bajo la lluvia para que apareciese el ferry. Me alegré mucho de verlo venir nada más pararme en la rampa detrás de los únicos dos coches que estaban haciendo cola, y pensé que no tardaríamos mucho. Efectivamente, amarró, los coches desembarcaron y se nos acercó un chaval con un terminal de tarjetas de crédito en la mano para cobrarnos la travesía. Eran casi 8€, pero no había alternativa, la carretera terminaba allí. Mientras se iba hacia otros dos coches más que habían aparecido entretanto, me puse otra vez los guantes, preparado para embarcar, pero para mi desesperación, allí no se movía nadie. Parecía que el ferry iba a esperar a que hubiese suficientes coches para llenarlo antes de zarpar, y con el poco tráfico de  esa mañana, tuve que esperar media hora en la lluvia. Genial

Finalmente nos permitieron subir a bordo, y aparqué la moto casi delante del todo. Por razones de seguridad, no se permitía a los pasajeros quedarse en la cubierta para coches durante la travesía, así que bajé a la cubierta inferior, donde había un salón con mesas y bancos, esperando que el mar no estuviese demasiado agitado, ya que no me hacía nada de gracia la idea de que la moto se volviese a caer, especialmente contra la cubierta de metal. Entré en la cubierta para pasajeros con el traje chorreando de agua y la gente mirándome raro, busqué un rincón tranquilo enfrente de una abuela haciendo ganchillo y aproveché que estaba en un sitio cubierto y caliente para comer. Justo cuando acababa de recoger la comida, la gente se empezó a levantar y volver a los coches, ya estábamos en el otro lado del fjord. Subí, me puse el casco y los guantes mojados y desembarqué. Me sorprendió ver que el tiempo había mejorada en los 20 minutos que duró la travesía, aún estaba nublado pero ya no llovía. El traje estaba empapado, pero la capa impermeable estaba haciendo bien su trabajo y yo estaba seco y cómodo, pero lo mismo no podía decirse de los guantes. Se supone que eran impermables, pero en menos de una hora el agua ya los había traspasado. Puse los puños calefactados a tope para mantener las manos calientes y esperé que el sol saliese pronto.

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No lo hizo hasta que prácticamente había terminado la jornada, pasado Mo i Rana y cerca de la frontera sueca, donde paré a pasar la noche. Solo paré una vez a poner gasolina y otra en el punto en el que salía del círculo polar Ártico, donde había un monumento y una tienda de souvenirs. Estuve a punto de comprar una pulsera, pero la calidad de la impresión era pésima y el precio ridículamente caro, así que solo hice unas cuantas fotos, hablé con un chico que se dirigía al norte desde Alemania con una Harley y seguí mi camino.

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Había visto en el mapa que la frontera con Suecia estaba a unos pocos kilómetros de Mo i Rana, así que decidí cruzar y quizá buscar un camping en vez de acampar por libre, ya uqe los precios tenían que ser por fuerza más razonables que en Noruega, donde tenías que pagar como mínimo 20€ solo para plantar la tienda, y encima pagar la conexión a internet aparte… Al final sin embargo salió el sol y las nubes desaparecieron por completo, y la zona cerca de la frontera era preciosa, así que decidí buscasr un buen lugar y acampar. Encontré un área de picnic un poco apartada de la carretera, al lado de un estanco, y pasé allí la noche.

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Una casa con vistas

Día 40 – Sábado 3 de agosto – De Alteidet a Narvik (427km)

Hoy decidí que tenía que mantener los gastos a raya si quería tener dinero para disfrutar de la última parte del viaje, así que antes de ponerme en camino por la mañana volvía a la cocina a aprovechar lo que me quedaba de la conexión wifi que había pagado y mandé unas cuantas solicitudes de CouchSurf para las tres siguientes ciudades, con la esperanza de tener suerte a pesar de mandarlas tan tarde.

Mi tienda y la ropa de moto se habían secado durante la noche, lo empaqueté todo y dediqué un poco de tiempo a reorganizar los bultos en la moto. Había estado cargando con un neumático viejo desde Volgogrado ya que me servía de hueco para dejar las bolsas de comida y la funda de la moto, y hacía de soporte para la bolsa Ortlieb con la mayoría de mis cosas, pero también ocupaba todo el portaequipajes y el asiento del pasajero, así que me deshice de él y ahora tenía que encontrar una forma de reposicionar el equipaje para hacer sitio para mi novia, y quería experimentar con distintas distribuciones del peso antes de recogerla. Hoy coloqué la funda de la moto debajo de la bolsa Ortlieb para evitar que se desgarrase con las cabezas de los tornillos de las barras de soporte que había construido para los neumáticos y até las bolsas de comida encima de cada maleta lateral. Quedaba espacio en el asiento del acompañante y además las bolsas de comida hacían de reposabrazos. Sin embargo había un problema con esta distribución, que descubrí unas horas más tarde.

El cielo estaba despejado y había salido el sol, no había ni rastro de la lluvia que me había arruinado el día anterior. Me pues buena música y salí a la carretera a disfrutar de uno de los mejores días del viaje.

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El paisaje había cambiado de los fjords de roca pelada barridos por el viento en el Nordkapp para dar lugar a unos más altos, cubiertos de bosque en la parte baja y con glaciares en los picos. Era una vista espectacular, y pensé que valía la pena pasar un par de días más por la costa a pesar de los precios. Era como estar en los Alpes, con los valles inundados de agua de mar con la superficies completamente en calma, reflejando las montañas y los barcos de pescadores como un espejo.

Paré un par de veces, una a por gasolina y otra para comer, y me encontré con moteros italianos en ambas ocasiones, una pareja en una Triumph que no hablaban Inglés y luego dos amigos que me facilitaron la comparación perfecta entre las dos motos que quizá me gustaría considerar para sustituir mi pobre V-Strom: uno de ellos iba en una GS Adventure y el otro en una KTM 990 Adventure. Hablé con el de la KTM, que dominaba el inglés, y me dijo que la GS era genial para hacer viajes largos, era muy cómoda y tenía una autonomía excelente, pero no se desenvolvía demasiado bien en lo que no fuese pistas en buen estado. La KTM, por su parte, tenía mucha menos autonomía, unos 250km, pero era muy divertida en la carretera y podía meterse por cualquier sitio fuera de ella. Y era mucho más barata.

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Después de comer me di cuenta de que la cadena hacía un ruido raro cuando salía en primera, e iba empeorando poco a poco. Pensé que quizá la había dejado demasiado tensada cuando la limpié y engrasé por última vez un par de días atrás, así que decidí buscar un sitio para parar y mirarla. Encontré un área de descanso, las hay a montones en Noruega, y puse la moto en el caballete. O lo intenté. Normalmente era difícil con todo el equipaje, pero ahora que había puesto el peso más atrás para dejar sitio para la pasajera,  era imposible. Tuve que quitar las bolsas de comida y las herramientas antes de poder levantarla.

Miré la cadena y efectivamente estaba demasiado tensada. Ya que estaba en ello y había llovido el día anterior, también la limpié. Cuando volví a la carretera el ruido había desaparecido. Había comprobado el teléfono cuando paré y vi que tenía una respuesta de un anfitrión en Narvik, que era a donde me dirigía esa noche, lo que era fantástico, no me esperaba encontrar un sitio tan tarde y ya estaba pensando en buscar un rincón para acampar.

Llegué a Narvik pasadas las siete de la tarde y encontré la dirección, era una casita que daba al fjord.

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Alf Tonny, mi anfitrión, me estaba esperando fuera, entré en el camino para el coche, saqué las cosas de la moto y tras una ducha rápida ya estaba sentado en la terraza tomando té, charlando y disfrutando de las vistas. Poco después, un amigo suyo vino a traerle una mesa nueva para la sala de estar y se unió a nosotros. También le interesaba la historia y estuvimos hablando de algunos de los puntos más interesantes de mi viaje. Antes de irse hacia su casa, le di la dirección del blog y le invité a visitarme en Barcelona. Luego volvimos adentro y vino otro amigo de Alf con una botella de vino, así que decidí dar por terminado el blog y relajarme un rato.

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