Una casa con vistas

Día 40 – Sábado 3 de agosto – De Alteidet a Narvik (427km)

Hoy decidí que tenía que mantener los gastos a raya si quería tener dinero para disfrutar de la última parte del viaje, así que antes de ponerme en camino por la mañana volvía a la cocina a aprovechar lo que me quedaba de la conexión wifi que había pagado y mandé unas cuantas solicitudes de CouchSurf para las tres siguientes ciudades, con la esperanza de tener suerte a pesar de mandarlas tan tarde.

Mi tienda y la ropa de moto se habían secado durante la noche, lo empaqueté todo y dediqué un poco de tiempo a reorganizar los bultos en la moto. Había estado cargando con un neumático viejo desde Volgogrado ya que me servía de hueco para dejar las bolsas de comida y la funda de la moto, y hacía de soporte para la bolsa Ortlieb con la mayoría de mis cosas, pero también ocupaba todo el portaequipajes y el asiento del pasajero, así que me deshice de él y ahora tenía que encontrar una forma de reposicionar el equipaje para hacer sitio para mi novia, y quería experimentar con distintas distribuciones del peso antes de recogerla. Hoy coloqué la funda de la moto debajo de la bolsa Ortlieb para evitar que se desgarrase con las cabezas de los tornillos de las barras de soporte que había construido para los neumáticos y até las bolsas de comida encima de cada maleta lateral. Quedaba espacio en el asiento del acompañante y además las bolsas de comida hacían de reposabrazos. Sin embargo había un problema con esta distribución, que descubrí unas horas más tarde.

El cielo estaba despejado y había salido el sol, no había ni rastro de la lluvia que me había arruinado el día anterior. Me pues buena música y salí a la carretera a disfrutar de uno de los mejores días del viaje.

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El paisaje había cambiado de los fjords de roca pelada barridos por el viento en el Nordkapp para dar lugar a unos más altos, cubiertos de bosque en la parte baja y con glaciares en los picos. Era una vista espectacular, y pensé que valía la pena pasar un par de días más por la costa a pesar de los precios. Era como estar en los Alpes, con los valles inundados de agua de mar con la superficies completamente en calma, reflejando las montañas y los barcos de pescadores como un espejo.

Paré un par de veces, una a por gasolina y otra para comer, y me encontré con moteros italianos en ambas ocasiones, una pareja en una Triumph que no hablaban Inglés y luego dos amigos que me facilitaron la comparación perfecta entre las dos motos que quizá me gustaría considerar para sustituir mi pobre V-Strom: uno de ellos iba en una GS Adventure y el otro en una KTM 990 Adventure. Hablé con el de la KTM, que dominaba el inglés, y me dijo que la GS era genial para hacer viajes largos, era muy cómoda y tenía una autonomía excelente, pero no se desenvolvía demasiado bien en lo que no fuese pistas en buen estado. La KTM, por su parte, tenía mucha menos autonomía, unos 250km, pero era muy divertida en la carretera y podía meterse por cualquier sitio fuera de ella. Y era mucho más barata.

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Después de comer me di cuenta de que la cadena hacía un ruido raro cuando salía en primera, e iba empeorando poco a poco. Pensé que quizá la había dejado demasiado tensada cuando la limpié y engrasé por última vez un par de días atrás, así que decidí buscar un sitio para parar y mirarla. Encontré un área de descanso, las hay a montones en Noruega, y puse la moto en el caballete. O lo intenté. Normalmente era difícil con todo el equipaje, pero ahora que había puesto el peso más atrás para dejar sitio para la pasajera,  era imposible. Tuve que quitar las bolsas de comida y las herramientas antes de poder levantarla.

Miré la cadena y efectivamente estaba demasiado tensada. Ya que estaba en ello y había llovido el día anterior, también la limpié. Cuando volví a la carretera el ruido había desaparecido. Había comprobado el teléfono cuando paré y vi que tenía una respuesta de un anfitrión en Narvik, que era a donde me dirigía esa noche, lo que era fantástico, no me esperaba encontrar un sitio tan tarde y ya estaba pensando en buscar un rincón para acampar.

Llegué a Narvik pasadas las siete de la tarde y encontré la dirección, era una casita que daba al fjord.

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Alf Tonny, mi anfitrión, me estaba esperando fuera, entré en el camino para el coche, saqué las cosas de la moto y tras una ducha rápida ya estaba sentado en la terraza tomando té, charlando y disfrutando de las vistas. Poco después, un amigo suyo vino a traerle una mesa nueva para la sala de estar y se unió a nosotros. También le interesaba la historia y estuvimos hablando de algunos de los puntos más interesantes de mi viaje. Antes de irse hacia su casa, le di la dirección del blog y le invité a visitarme en Barcelona. Luego volvimos adentro y vino otro amigo de Alf con una botella de vino, así que decidí dar por terminado el blog y relajarme un rato.

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