Ocho lagos y un pico

Día 20 – Miércoles 17 de agosto – De Blagoevgrad a Panichishte y vuelta (165km)

Hasta el momento, en este viaje hemos pasado tiempo en la playa, en barcos y ferris, haciendo kayak, haciendo turismo y ahora íbamos a hacer trekking en Bulgaria, un país que con sus muchos parques naturales nos brindaba la oportunidad perfecta pero como podéis imaginar, viajar en moto no nos permite llevar demasiado equipo, así que tuvimos que moderar un poco nuestras ambiciones. Tras investigar un poco descubrimos una ruta bastante popular: el camino de los siete lagos en el parque natural de Rila.

La ruta sale desde un telesilla pasado el pueblo de Panichishte, parte de una estación de esquí que en verano funciona como instalación para hacer bici de descenso. Se puede subir con el telesilla hasta el refugio de Rilski Ezera, desde donde comienza el camino, o a pie desde el aparcamiento, cosa que añade entre una hora y una hora y media a las cinco o seis horas que se tarda en ver los siete lagos.

20160817032809Estaba claro que era un camino muy popular a juzgar por la cantidad de coches que encontramos aparcados a ambos lados de la carretera desde un buen trecho antes de llegar al aparcamiento, para el cual había que pagar. Al acercarnos al chico que estaba cobrando a los coches, nos dijo ‘moto free’ y nos indicó que pasáramos, y cuando llegamos al final del aparcamiento, el hombre que controlaba el acceso al telesilla nos hizo señas para que aparcáramos justo pasado el edificio, donde se encontraban los coches del personal y las máquinas pisa pistas. Una vez más, es un placer viajar en moto.

Vale la pena subir en telesilla no solo por el tiempo que se ahorra, cosa que permite disfrutar con más calma del recorrido por los lagos, sino también por las vistas que ofrece del valle a medida que gana altura. Una vez en el refugio entendimos por qué habíamos leído que era imposible perderse en esta ruta; no solo había una larga hilera de personas subiendo lentamente montaña arriba, además el camino estaba bien trillado y era imposible no verlo.

20160817044218Empezamos el recorrido en sentido anti horario, como la mayoría de gente, ascendiendo por un sendero empinado con una empinada caída a la izquierda desde donde pronto tuvimos vistas a los dos últimos lagos y a otro refugio, más grande y rodeado de cientos de tiendas.

20160817053906El camino se nivelaba en una planicie de hierba donde vimos el primer lago, llamado Babreka (el riñón) y también un grupo de gente de pie en un círculo concentrados en algo que no acerté a ver qué era; podría haber sido yoga, podría haber sido algún tipo de ritual, pero a mis ojos parecía sobretodo como si estuvieran intentando estrangularse a sí mismos.

20160817052542Eso, y el hecho de que estaban en medio de grandes círculos concéntricos marcados en el suelo me hizo recordar que había visto un libro a la venta en una cafetería en la carretera un poco antes de llegar al telesilla titulado ‘La guía esotérica de los lagos sagrados de Rila’. Después de eso empecé a darme cuenta de que entre los muchos turistas que andaban por ahí había un número considerable de personas que iban vestidos de forma peculiar, como si acabaran de volver de un año de meditación en algún monasterio remoto o se hubiesen trasladado en el espacio y el tiempo directamente desde Woodstock.

20160817055352Al poco de dejar atrás esta curiosidad el camino volvía a empinarse hasta que encontramos el segundo lago, Okoto (el ojo), llamado así porque forma un óvalo perfecto. Aquí deberíamos haber girado a la izquierda y haber seguido ascendiendo hasta un alto saliente de roca sobre el cual se veía aún más gente con sus siluetas recortadas contra el cielo, pero vi otro camino que iba a la derecha y parecía llevar a un pico que no se veía demasiado lejos. Habíamos llegado al segundo lago antes de lo esperado, hacía un día estupendo y pensé ¿por qué no? y empezamos la ascensión.

20160817061003Una hora y 300 metros de desnivel después llegamos a la cima de un pico con vistas de 360 grados sobre todo el parque. Mi altímetro daba 2714 metros, y más tarde descubrí que estábamos en un pico llamado Rilec. Desde allí tuvimos el privilegio de ver un octavo lago del otro lado de la montaña, que la mayoría de gente que hace la ruta no ve.

20160817064616Volvimos al lago Okoto de nuevo y subimos al saliente de roca, desde donde vimos el tercer y más alto de los lagos, el lago Salzata (la lágrima), y contemplamos la panorámica de los siete lagos a la vez. Comimos allí, gozando de las vistas y hablando con una familia búlgara que vivían en Pamplona y que había vuelto a su país a pasar las vacaciones.

20160817075707Tras volver al punto donde la cascada que cae del lago Okoto se encuentra con las aguas que vienen del Babreka nos desviamos a la derecha para volver al telesilla pasando por los cuatro lagos restantes: Bliznaka (los gemelos), Trilistnika (el trifolio), Ribnoto Ezero (el lago de lo peces) y Dolnoto Ezero (el lago bajo).

20160817092025Al pasar por el refugio que habíamos visto desde lejos durante la subida, a orillas del Ribnoto Ezera, vimos mejor la enorme cantidad de tiendas que habían plantado a su alrededor. Se podían contar más de cien, desperdigadas por los alrededores del refugio y subiendo por la ladera a su lado en la otra orilla del lago. De camino al telesilla nos cruzamos con más gente que subía cargando con tiendas, claramente con la intención de hacer noche allí arriba, pero lejos de tener el aspecto de alguien que ha venido a hacer montaña. La mayoría iban mal equipados, tanto en términos de ropa como de calzado, y me pregunté si tenía algo que ver con el libro mencionado antes y la gente haciendo aquella especie de yoga en círculo. Quizá estábamos en una zona con poderes curativos, o en un punto de avistamiento de OVNIs…

20160817095955Nos subimos al telesilla de vuelta a la moto, contentos de haber elegido esta opción, pues nos había dado el tiempo para subir al pico Rilec, y comenzamos el camino de vuelta a Blagoevgrad. Nos desviamos de la ruta normal porque queríamos ver el monasterio de Rila, que teníamos entendido que era el más grande del país, pero el problema era que no habíamos preparado esta visita y no sabíamos dónde se encontraba exactamente. Por esta parte del mundo los indicadores son entre escasos e inexistentes, y la gente en los pueblos no habla inglés, así que después de un rato de buscar valle arriba pasado el pueblo con el mismo nombre sin encontrarlo, y viendo que se estaba haciendo tarde, decidimos volver a la ciudad a tiempo de encontrar algo abierto para comprar algo de comida para el día siguiente.

Nat fue a hacer la compra yo me quedé con la moto y, mientras esperaba, se acercó un chavalín que se miraba la moto con fascinación. No entendía ni una sola palabra de lo que le dije, y yo no entendí ni una de lo que decía él, pero el amor por las motos es un lenguaje universal, sobretodo para los críos, y no cabía en sí de contento cuando lo senté encima y le dejé manosear la bocina y los intermitentes. Cuando Nat volvió le mostré qué botón apretar para arrancar; tendríais que haber visto que cara puso cuando lo apretó y el motor se puso en marcha con un rugido. Seguramente fue lo mejor del día para él, o de la semana, o del año, qué sé yo. Espero que le vayan bien las cosas en la vida y algún día pueda disfrutar de su propia moto.

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Sexta marcha

Día 19 – Martes 16 de Agosto – De Skopje a Blagoevgrad (225km)

Hoy fue, quizá por primera vez desde hacía bastante – un día bastante tranquilo en cuanto a visitas, excursiones y exploraciones. Subimos a las colinas al sur de Skopje antes de dejar la ciudad para ver las vistas desde la cruz del milenio, una estructura de 66 metros de altura construida para conmemorar 2.000 años de cristianismo. Nos llevamos una decepción al ver que solo era accesible por telecabina, no por carretera, pero había buenas vistas desde el aparcamiento donde terminaba la carretera y disfrutamos de unas vistas excelentes de la ciudad que añadieron un elemento más a la lista de lugares de los que mis impresiones de Skopje se alimentaban: Barcelona vista desde las colinas de Collserola.

20160816043255Dejamos la ciudad por la autopista y en el cuadro de la moto vi algo que no había visto desde hacía bastante tiempo: ¡la sexta marcha! Cubrimos bastante distancia (bastante aburrida) antes de que se terminara la autopista, que por cierto no es que estuviese en muy buenas condiciones para lo que nos costó en peajes. Se terminaba en Kumanovo, desde donde una carretera nacional normal que culminaba en un tramo de largas y fantásticas curvas colina arriba nos llevó a la frontera con Bulgaria.

De todas las fronteras que habíamos cruzado esperaba que esta fuese con diferencia la más fácil y rápida; dejar un país generalmente es cuestión de un par de minutos y entrábamos en la UE con pasaportes de la UE y un vehículo registrado en la UE con seguro de la UE, pero por alguna razón que desconocemos los macedonios se tomaron su tiempo para comprobar cada uno de los pocos coches en la fila y los papeles de sus ocupantes, y aun fue peor para entrar en Bulgaria. Me sentí tentando de hacer eso que se ve tanto en las películas, donde los americanos que están en el extranjero claman ‘¡soy un ciudadano americano!’ a la que algo no cuadra, y ponerme a gritar ‘¡soy un ciudadano de la UE, dejadme entrar!’

Una vez en el otro lado aun nos quedaba un buen rato hasta nuestro destino del día: Blagoevgrad, una pequeña ciudad situada entre los parques naturales de Rila y Pirin. En principio íbamos a pasar solo una noche aqui hasta que tuviéramos información de la zona y decidiéramos a dónde ir luego, pero el hotel resultó ser barato y muy agradable, y vimos que la excursión que queríamos hacer al día siguiente estaba a tan solo una hora de allí, así que decidimos quedarnos dos noches.

20160816113552Por la tarde fuimos a ver la ciudad y comprar provisiones para la excursión, y Nat tuvo otra lección sobre barrios obreros en Europa del este

Kayak en el cañón Matka

Día 18 – Lunes 15 de agosto – Skopje al cañón de Matka y vuelta (37km)

Los efectos de la inundaciones en el centro de la ciudad apenas eran visibles aparte de en los bordes del río, donde se podían ver desechos y ramas. Aparte de la ciudad en sí, el otro motivo de nuestra visita a Skopje era el cañón de Matka, que queríamos explorar en kayak.

Me temía que fuera peligroso por culpa de las inundaciones, pero resultó que hay una presa que forma el lago Matka y regula el caudal del agua, además del hecho que las inundaciones habían afectado la zona norte de la ciuadad y el cañón está al suroeste, así que Goran nos aseguró que no había ningún problema. También nos descubrió algo que desconocíamos: en el lago se encuentran las cuevas de Vrelo, unas cuevas bastante grandes con interesantes formaciones de estalactitas y estalagmitas y dos lagos en su interior. También nos dio indicaciones para llegar a la boca del cañón, que está a tan solo 18km de la ciudad.

Al poco de salir del hostel me acordé de las indicaciones de Goran (‘recto, imposible perderse, imposible perderse’) mientras el GPS nos llevaba a través de una estrecha carretera que cruzaba un barrio a las afueras de Skopje donde vimos exactamente ningún indicador que apuntara al cañón. El única que encontramos fue ya al llegar, así que una vez más me alegré enormemente de tener el GPS.

La carretera terminaba en un pequeño aparcamiento donde no parecía haber ningún sitio que alquilara kayaks (ni lago), pero se veía una carretera más estrecha que salía de la esquina opuesta, así que por ahí nos metimos con la moto. Se volvía mucho más estrecha unos metros más arriba, y nos dimos cuenta de que era un camino para peatones, así que aparqué la moto en un rincón donde se ensanchaba y Nat se avanzó a preguntar por el lago y los kayaks.

DCIM123GOPROResultó que la presa estaba justo a la vuelta de la esquina, y el sitio de los kayaks unos cinco minutos más lejos. Mientras nos cambiábamos la ropa de moto, un guarda de seguridad, sin duda de la presa, pasó por allí y le pregunté si había problema para dejar la moto allí. Levantó un pulgar y señaló a una cámara de seguridad que yo no había visto antes.

20160815045039Tras un corto paseo llegamos a un sitio donde las paredes del cañón se abrían un poco y había un restaurante y un pequeña caseta de madera con unas escaleras que bajaban a un embarcadero donde había tres barcos y varios kayaks de plástico amarrados. Nos dijeron que un par de horas era suficiente para llegar a las cuevas, visitarlas y volver en kayak, y que también ofrecían viajes en barco. Viendo que el kayak era muy poco más caro y duraba mucho más, además de darnos más libertad, alquilamos uno.

20160815063542Esta era la tercera vez que Nat y yo usábamos un kayak, y me alegra decir que tras ser capaces de ir de compras a IKEA sin discutirnos, remar un kayak en línea recta sin soltarse improperios es una clara señal de que nuestra relación es sólida.

20160815063415El trayecto por el lago hasta las cuevas nos brindó unas vistas excelentes, y llegamos a destino antes de lo que esperábamos. Tras unas maniobras un tanto amateurs, amarré el kayak a las escaleras que subían a las cuevas y desembarcamos justo cuando llegaba otro barco con un pequeño grupo de turistas.

20160815054801La coincidencia no podía ser más oportuna, pues no teníamos linternas y nos habían dicho en la caseta de los kayaks que las cuevas estaban iluminadas pero el generador lo ponían en marcha los guías que llegaban en barco con grupos. Nos unimos a los que acababan de llegar y aprovechamos la luz y la explicación.

20160815060331Las cuevas eran fascinantes, y parece que hay mucho más debajo del agua, al menos otras tres cuevas según nos dijeron. No se ha explorado todo aun, y se dice que pueden ser las cuevas submarinas más profundas del mundo. No puedo imaginar la sensación de claustrofobia que se debe experimentar en esas situaciones, nadando hacia adelante por huecos estrechísimos sabiendo que no hay superficie a la que salir si algo falla.

Nos tomamos el trayecto de vuelta con mucha más calma sabiendo que teníamos tiempo de sobra, y cuando llegamos a la caseta nos dijeron que el corto trayecto para cruzar el cañón hasta la otra orilla, desde donde un sendero salía montaña arriba hacia una iglesia, era gratuito para los clientes que habían alquilado un kayak, así que aprovechamos para ir a visitar la iglesia. Cuando nos bajamos tras el corto viaje, el chico nos advirtió sobre el calor a esas horas y nos enseñó una placa de hierro y un martillo colgando de un árbol y nos dijo que lo usáramos para llamar el barco de vuelta.

20160815073915Me considero un buen montañero, pero casi me muero en la subida hasta la iglesia con aquel calor… al menos la visita valía la pena, la iglesia estaba en una pequeña esplanada en un collado donde también había una fuente e instalaciones de picnic y acampada para la gente que hacía el camino de 16km que llega al cañón desde Skopje, al otro lado de la montaña.

20160815073517De vuelta paré a recoger mis calzoncillos, que se habían mojado en el kayak y que había dejado tendidos al sol en la subida, y cuando llegamos a la orilla usamos el intercomunicador para llamar el barco.

El GPS nos llevó por un camino mucho más directo a la vuelta, que imagino que era el que Goran me había querido explicar el día anterior, y volvimos al mismo restaurante para una comida muy tardía, ya que tanto los platos como el servicio había sido excelentes el día anterior. Allí estuvimos charlando mucho rato con Ace, nuestro camarero, que nos contó, entre muchas otras cosas, que había estado trabajando de voluntario para ayudar en las inundaciones y se quejó de que la ayuda se estaba repartiendo de forma desigual según a qué partido estuvieran afiliados los afectados. Si visitáis Skopje, os recomiendo el restaurante, Etno Bar Grill, a la orilla del río en el centro.

¿Skopje o no Skopje?

Día 17 – Domingo 14 de agosto – de Prizren a Skopje (104km)

Hacía una semana, mientras estábamos en Dubrovnik, nos llegaron las noticias de que unas inundaciones relámpago habían afectado Skopje, dejando al menos una docena de muertos y más de 60 heridos tras de sí y dañando las carreteras en la capital y sus alrededores, y que el gobierno tenía la intención de decretar el estado de emergencia.

Después de aquello las principales fuentes de noticias internacionales se olvidaron del problema y a nosotros nos llegó el momento de tomar una decisión sobre si ir hacia allí y pasar dos días, tal y como teníamos planeado, o saltarnos Macedonia y pasar a Bulgaria. Teníamos una reserva en un hostel en Skopje, así que escribimos a nuestro anfitrión y le preguntamos por la situación, y nos respondió al momento asegurándonos que no había problema ni en la ciudad ni en los alrededores.

20160814050122En vez de dejar Prinzen por la carretera principal hacia Pristina y luego girar hacia el sur camino a Skopje, tomamos la R115, una carretera regional que sigue un cañón nada más salir de la ciudad, justo debajo de la fortaleza desde la cual habíamos visto la puesta de sol y luego ascendía a más de 1000m a través del parque natural de Malet e Sharrit.

En el otro lado del parque tomamos la carretera que va de Pristina a la frontera, donde encontramos mucho tráfico y una cola interminable en la frontera.

20160814062021Después de cruzarla el trayecto hasta la capital fue rápido y sin incidentes, pero mi primera impresión de Macedonia fue la peor hasta el momento estas vacaciones; tras todo lo que habíamos visto el paisaje era anónimo, requemado por el sol, con fábricas y naves industriales desperdigadas aquí y allí. Al menos el tráfico no era denso y curiosamente entramos a la ciudad y llegamos hasta el hostel casi sin parar. No está mal para la primera capital que visitamos.

Mi primera mala impresión se desvaneció por completo en el momento en que entramos en el hostel y conocimos a nuestro anfitrión, Goran. Me dejó aparcar la moto dentro del jardín de la casa, nos ofreció una habitación mucho mejor que la que habíamos reservado (que era la más barata, viajamos con un presupuesto ajustado) sin cobrarnos de más y nos dio una explicación completísima de todo lo que había que ver en la ciudad y sus alrededores, con recomendaciones de los mejores bares y restaurantes incluidas. Habiendo absorbido toda esa información y tras una ducha y algo de comer, nos fuimos a ver la ciudad.

Skopje resultó ser mucho más interesante de lo que me esperaba: me dio la sensación de ser una ciudad en estado de flujo, ocupada en transformarse a si misma rápidamente, y que parecía tener un poco de otras ciudades mezclado en un solo lugar.

20160814112842Caminando del hostel al centro vi Varsovia como imagino que debía ser hace unos años, con grandes edificios grises reliquia del comunismo y hoy vacíos, esperando a ser remodelados o destruidos, la mitad del edificio que alojaba la estación principal ya derribado y la otra mitad convertido en el museo de la ciudad, y el antiguo patio de vías, desnudo de raíles, a la espera de su uso futuro.

20160814110335Vi Berlín en el frenético ritmo de construcción en el centro, en los edificios modernos creando centros alternativos. Vi un guiño a Praga en las muchas estatuas que adornaban los dos nuevos puentes peatonales y las orillas del río en un homenaje a las figuras más prominentes de las artes, cultura, educación, política y religión de Macedonia.

20160814120404Vi Sarajevo en el casco antiguo, caminando por sus calles adoquinadas llenas de pequeños comercios con fachada de madera y cristal, hombre tomando té en pequeños cafés y la visión fugaz de una mezquita entre tejados viejos.

20160814123619Vi hasta una pincelada de Londres en los autobuses rojos de dos pisos que dan servicio a la ciudad.

20160814110347Absorbimos todo eso, no sabíamos nada en absoluto de la ciudad y cuando llegamos aquí no teníamos expectativas ni nociones previas, de modo que éramos un lienzo en blanco donde la ciudad podía pintarse a si misma en su forma más pura. Contemplamos otra puesta de sol desde otra vieja fortaleza y luego disfrutamos de una cena de comida tradicional macedonia en un restaurante recomendado por Goran.

20160814131208Siempre digo que cada capital tiene una personalidad única y muy poderosa, y esta no era la excepción. Paseamos con calma de vuelta al hostel, felices de no habernos saltado la ciudad.

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Off the road again

Día 15 – Viernes 12 de agosto – De Theth a Shkodër (73km)

El único plan del día era subir por la pista, salir del valle y volver a Shkodër a pasar la noche antes de dirigirnos al lago Koman al día siguiente, así que por primera vez desde hacía tiempo no hacía falta madrugar. Eso no significa, sin embargo, que pudiéramos dormir hasta que nos diese la gana; estábamos en la misma zona horaria que en casa pero mucho más al este, de modo que el sol ya estaba alto y brillante a las 6:00, y nuestra habitación no tenía persiana ni porticones, ni siquiera tenía una ventana que cerrase como es debido, por lo que había pasado la noche debajo de una manta y un nórdico.

Sin otra alternativa que empezar el día temprano, nos tomamos el desayuno con calma y disfrutamos de una cantidad y calidad equiparables a la comida de día anterior, y nos esperamos a que el sol secara un poco la pista. Charlamos con los italianos, que nos contaron que, efectivamente, lo habían pasado fatal para bajar por la pista el día anterior y que también se iban hoy.

2016081202531320160812032308Con la moto cargada, y tras despedirnos de nuestros anfitriones nos pusimos en camino, listos para enfrentarnos a la pista. Me alegro mucho de decir que si estáis esperando una historia emocionante en la que tenemos que empujar la moto a través del barro, recogerla del suelo repetidas veces y, en general lo pasamos fatal, os vais a llevar una decepción. A pesar del barro en algunos puntos, algunos charcos y 4x4s que aparecían demasiado rápido en las curvas, lo pasamos bastante bien durante la subida. De hecho me divertí bastante, y la moto se portó como una campeona, tragándose piedras, baches, grava, barro y charcos sin inmutarse. Hasta tuvimos tiempo de ir parando para contemplar las preciosas vistas del valle.

201608120520172016081205474420160812060631De vuelta en Shkodër volvimos al mismo hotel donde habíamos estado dos días antes, salimos a tomar unas cervezas por el centro y nos retiramos temprano; al día siguiente nos levantábamos a las 6:00 para llegar a tiempo de coger el ferry que cruza el lago Koman.

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Otra ‘best road… in the wooooorrrrld’?

Día 13 – Miércoles 10 de agosto – de Kotor a Shkodër (209.1km)

Hoy era el gran día: ¡Albania! Estaba muy emocionado, había oído muchas cosas sobre el país, la mayoría contradictorias; que era un lugar precioso, pero que las carreteras eran las peores de Europa, que la gente era muy agradable, pero que era el lugar donde terminaban muchos de los vehículos robados en Europa… Pero todo eso tendría que esperar aun un poco. Primero teníamos un día entero por delante para cruzar Montenegro y descubrir grandes contradicciones.

En la agenda del día había una visita al parque nacional de Lovćen para ver el mausoleo de Njegoš, en lo alto de una de las montañas más altas en la zona de la bahía de Kotor, una visita a la ciudad costera de Budva, donde queríamos ver algo llamado ‘mini Montenegro’, un pueblo construido sobre una roca conectada a la costa a través de un estrecho puente, y un largo recorrido siguiendo la orilla sur del lago Skadarsko antes de cruzar la frontera a Albania y pasar la noche en Shkodër, la primera ciudad en el lado Albanés. Un día completo, sin duda.

20160810041018_1El mausoleo de Njegoš está construido en el pico Lovćen, sobre la bahía de Kotor. Njegoš era un noble, obispo y poeta de gran importancia en Montenegro cuya voluntad era ser enterrado en la montaña que había visto toda su vida desde el pueblo de Cetinje, de donde era originario, pero cuando murió en 1851, el mal tiempo y enfrentamientos con los turcos no permitieron a su gente enterrarlo allí. Más de un siglo después, entre 1970 y 1974, el gobierno yugoslavo construyó el mausoleo en la montaña para cumplir su voluntad.

20160810032325La manera más directa de acceder al pico desde Kotor es tomar la carretera P1, que lleva desde el nivel del mar hasta casi 1.600m a través de más de 30 horquillas que nada tienen que envidiar a las del Stelvio, con unas vistas incomparables de la bahía para rematar la experiencia. Eso sí, tampoco es muy buena idea andar distrayéndose con el paisaje, casi no hay protecciones que te separen del borde del precipicio si vas en moto y de vez en cuando un vecino pasa a todo trapo en dirección contraria sin que le importe mucho que haya apenas espacio para que dos coches se crucen en la carretera. Del otro lado de la montaña, la M23 hasta Budva, en la costa, es más rápida, ancha y con unas vistas muy buenas a las montañas. No sé cómo se escriben esos artículos que hablan de ‘las mejores carreteras del mundo’ o cómo seleccionan las carreteras, pero estoy seguro de que es imposible tener en cuenta todas las carreteras del mundo. Bueno, esta es una que debería figurar en una posición alta en cualquier de esas listas, no os la perdáis si venís a Montenegro.

DCIM123GOPROEl mausoleo también vale la pena, se accede a él a por una escalera con más de 400 peldaños a través de un túnel que desemboca en el pico mismo, y contiene una estatua enorme del poeta tallada de un solo bloque de granito y un techo cubierto de oro de verdad.

DCIM123GOPRODCIM123GOPROTras un maravilloso trayecto de bajada llegamos a la ciudad de Budva, un destino turístico costero muy popular por estos lares. No entramos, pues el ‘mini Montegro que queríamos visitar quedaba algo más al sur, pero al menos desde mi punto de vista no parecía el tipo de lugar al que querría ir: grandes hoteles y bloques de apartamentos de mal gusto, y el tráfico de siempre.

Unos pocos kilómetros carretera abajo nos desviamos siguiendo una señal que indicaba ‘Sveti Stefan’, que es el nombre real de lo que habíamos visto anunciado en varias oficinas de turismo y panfletos como ‘mini Montenegro’ y nos encontramos con una calle que supuestamente era de doble sentido pero estaba tan llena de coches aparcados que era casi imposible circular por ella. Al final, ni un solo sitio donde aparcar, ni siquiera una moto, tan solo un aparcamiento privado lleno de coches de lujo donde nos dijeron que costaba 2€ por hora dejar la moto. Cansado de menear la moto con el calor asfixiante que hacía decidí que no íbamos a pasar mas de eso visitando el pueblo, especialmente con la ropa de moto puesta, así que pagamos y aparcamos.

Nada más poner un pie en el puente que conecta la playa con el pueblo oímos una voz detrás nuestro que gritaba: ‘¡Oiga, oiga, no pueden pasar, es privado!’ Me giré y me encontré con un ejemplo de manual de guardia de seguridad privado: alto, cuadrado, cabeza afeitada, gafas de sol, pinganillo, todo el lote vamos, que nos explicó en tono condescendiente que el pueblo era un hotel y que el acceso estaba reservado solo a los huéspedes. Miré el pueblo al final del puente, volví a mirar al guarda y le pregunté: ‘¿Todo el pueblo?’ ‘Todo el pueblo’, respondió en un tono que decía: ‘Saca tus sucias botas de mi puente, siervo’.

20160810062304Miramos alrededor y nos dimos cuenta de que el acceso a las playas a ambos lados también estaba controlado por guardias de seguridad, y que todo el mundo llegaba en coches de alta gama o minibuses de lujo directos al aeropuerto, vistiendo ropa y accesorios que debían costar más que mi moto. ‘Pues que jodan a los ricos’, pensé, sacamos la moto del aparcamiento y nos largamos de allí tan rápido como el tráfico nos permitió.

Ya era bien pasado el mediodía y la temperatura se estaba volviendo insoportable, así que nos dirigimos rápido hacia el interior en busca de la carretera que bordea la orilla sur del lago Skadarsko y de un lugar fresco para parar y comer. Entre el tráfico, el calor y la decepción de Sveti Stefan iba yo pensando que si oía las palabras ‘playa’ y ‘vacaciones’ en la misma frase antes de 2030, me divorciaba.

20160810080722Por suerte la carretera a lo largo del lago era muy agradable y encontramos un rincón a la sombra bajo los árboles de un pequeño memorial de la guerra donde comimos, de modo que mi humor no tardó en mejorar.

20160810083247Según el mapa esta era la segunda carretera principal al sur del lago para llegar a la frontera después de la de la costa, pero estaba lejos de parecerlo. Era poco más que una pista asfaltada, a penas lo suficientemente ancha para dos coches, que unía los pequeños pueblos del lago, y el lugar estaba en las antípodas de Budva; estábamos en el Montenegro profundo y yo lo estaba pasando en grande.

20160810080742Al girar la última curva de la carretera dejamos el lago atrás y a nuestros pies apareció Albania, a tan solo unos kilómetros montaña abajo. Esta vez no había paso fronterizo pequeño en alguna carretera secundaria y nos unimos a la carretera que venía de la costa esperando encontrar largas colas para dejar Montenegro y largas colas para entrar en Albania. Había bastantes coches, autocares y autocaravanas, pero dos cosas nos facilitaron mucho el proceso: este era, según un cartel que lucía orgulloso en la pared del edificio, el primer paso fronterizo conjunto de los Balcanes occidentales, construido con la ayuda de la UE, de modo que nos ahorramos el doble proceso de salida-entrada, y además nos indicaron que pasáramos por la entrada de peatones, donde ya había otra moto enseñando pasaportes, así que nos ahorramos la cola.

DCIM123GOPROUna vez en el otro lado, paramos a comprar un seguro para la moto, pues había leído que Albania no entra en la mayoría de pólizas Europeas, pero el chico que nos atendió en una de las muchas casetas que ofrecían seguros comprobó nuestra carta verde y nos dijo que sí teníamos cobertura. ¡Genial!

20160810105005El tráfico y la carretera hasta Shkodër no eran peores de lo que había visto en otros lugares dfe Europa del este, con carros y otros vehículos cuanto menos curiosos compartiendo la vía con los coches, buses y camiones

DCIM123GOPROEncontramos nuestro hotel, más por casualidad que gracias al GPS, y nos sorprendió ver que tenía un garaje vigilado con cámaras y una habitación que, aparte de enorme, era mucho más lujosa de lo que uno podría esperar por estos precios. Tras una ducha nos fuimos al centro a cambiar dinero, buscar una pegatina para la moto y tomar una cerveza para celebrar nuestra llegada a un nuevo país.

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La bahía de Kotor

Día 12 – Martes 9 de agosto – Bahía de Kotor (0km)

Tras haber visitado el casco antiguo y las murallas el día anterior, hoy decidimos hacer un tour en barca para ver toda la bahía desde al agua (mucho más agradable que las vistas desde la moto mientras estábamos en pleno atasco) y que nos llevó también a mar abierto, con una parada a mediodía en una playa precisa donde nos dimos un baño y comimos al lado del mar y luego a una cueva en los acantilados llamada la cueva azul.

20160809033539201608090713232016080909225520160809094522Fue una buena experiencia, a pesar de que el mar estaba demasiado picado para permitir a la barca parar el tiempo suficiente para nadar en la cueva y de que en el trayecto de vuelta no nos dio tiempo a visitar Nuestra Señora de las rocas, una iglesia construida en una pequeña isla frente a la costa en el pueblo de Perast. Al menos la visita a Perast valió la pena, y el hombre de la barca nos ofreció un trayecto gratis al día siguiente para ver la iglesia, pero ya teníamos reservado alojamiento en Albania, así que tenemos una excusa para volver aquí algún día.

2016080911384520160809125150

Desembarco del Rey

Día 10 – Domingo 7 de agosto – Dubrovnik (0km)

El Desembarco del Rey y también el de miles de turistas, ya que Dubrovnik es uno de los destinos más populares en la zona del Mediterraneo, tanto para cruceros como para los que llegan en coche, autocar, avión e incluso autoestop.

Esta corriente constante de gente, sin duda incrementada este verano por el reciente rodaje de Juego de Tronos, es la principal fuente de ingresos de la ciudad, cosa que se relfeja en los precios del alojamiento. Lo más barato que encontramos fue una habitación en un caserón a unos 20 minutos a pie de centro histórico, con baño y cocina compartidos, que no estaba nada mal pero tenía de lejos la peor relación calidad-precio que habíamos encontrado hasta momento. Solo se podía llegar a través de un callejón peatonal, así que lo más cerca que pude dejar la moto fue en el aparcamiento de un centro comercial que había al otro lado de la calle, donde pasó la noche encadenada a una escalera metálica.

DCIM123GOPROHabíamos pensado visitar la isla de Mljet, de la que Josep nos había contado maravillas, pero la previsión del tiempo volvía a pintar mal: fuertes vientos con tormenta y chubascos otra vez, así que decidimos quedarnos y visitar la ciudad, que era el plan para el día anterior si el viaje no nos hubiera tomado tanto tiempo.

20160807033855A pesar de estar abarrotado en pleno verano, el casco antiguo vale sin duda la pena. Rodeado de altas y anchas murallas de piedra, sus calles son un laberinto de inclinados callejones y pasajes donde uno se puede perder con facilidad y encontrar rincones apartados del bullicio de las vías principales y pasear casi sin ver otros turistas. Hace falta tiempo para explorar toda la ciudad, especialmente si se quieren recorrer las murallas o visitar sus muchos museos.

20160807122241Al poco de cruzar la puerta principal empezó a llover, así que seguimos a un grupo de franceses de un crucero a lo que parecía un memorial a los ciudadanos que habían dado sus vidas defendiendo la ciudad durante la guerra. La chica de la entrada asumió que seríamos parte del grupo, así que nos ahorramos unas pocas kunas que luego se reinvertirían en una cerveza fresca, y aprovechamos la explicación de la guía sobre cómo sufrió la guerra la ciudad.

El centro histórico es patrimonio de la humanidad declarado por la UNESCO desde 1979 y a pesar de que ya en 1970 toda la ciudad se había desmilitarizado para evitar que fuese un objetivo en caso de conflicto armado, en 1991 fue atacado y sitiado por el Ejército Popular Yugoslavo tras la declaración de independencia de Eslovenia y Croacia. En aquella época el país aún no tenía un ejército regular, así que la dura tarea de su defensa recayó sobre sus propios ciudadanos durante los siete meses que duró el sitio, hasta que el recién creado ejército croata, formado por policías, lo liberó. El bombardeo tuvo un efecto devastador sobre la ciudad, y a pesar de que hoy en día se ha restaurado gran parte, es fácil ver el alcance de la desrucción si se sube hasta el fuerte que hay en la montaña que se alza tras la ciudad, desde donde se pueden distinguir muchos tejados de reciente construcción.

20160808031654Hay mucho que ver y hacer si tienes tiempo y dinero: salidas en barco a las islas, buenos restaurantes, un par de bares colgados de las rocas en la parte exterior de las murallas que dan al mar, preciosas playas, paseos nocturnos… Hay hasta un circuito de Juego de Tronos. No es de estrañar que tanta gente visite la ciudad hoy en día.

Como siempre, más fotos en la página de facebook.

30km en contra dirección

Día 9 – Sábado 6 de agosto – De Omiš a Dubrovnik (209km)

Hoy tenía que ser un trayecto sencillo, solamente 209km de agradable carretera de costa para llegar a Dubrovnik a media mañana con tiempo de sobra para aprovechar el día y visitar la ciudad, pero las cosas no siempre salen como a uno le gustaría.

La previsión meteorológica anunciaba cielos nubosos con posibilidad de tormentas a mediodía, cosa que de hecho me parecía bien, pues no me apetecía especialmente hacer el camino con el mismo calor de los últimos tres días, máxime si íbamos a cruzar una frontera donde quizá nos tocaba hacer cola al sol. Tras una noche de intensa lluvia y tormenta el día empezó nublado pero seco, y a las 9:00 ya teníamos la moto cargada y lista para partir cuando el propietario de los apartamentos vino a despedirse. La tarde anterior, cuando bajamos a su apartamento a pagar nuestra estancia, nos invitó a una copa de vino tinto de elaboración propia y nos estuvo explicando un poco su vida. Había estado trabajando 30 años en Alemania y se había construido los apartamentos con el dinero que ganó allí como plan de jubilación. No hablaba nada de inglés, pero se hizo entender con el poco alemán que yo recordaba de la universidad. El vino era muy bueno, y viendo que nos había gustado, nos ofreció una botella como regalo de despedida y nos avisó de que fuéramos con mucho cuidado con el viento durante aproximadamente los primeros 20km de trayecto. ‘¡Langsam, langsam!’

20160806042020En el momento en que salimos de Omiš quedó claro que no se trataba de una advertencia gratuita. No había padecido vientos así desde el primer día de mi frustrado viaje a Mongolia. El relieve escarpado de la costa y la carretera revirada hacían que los fuertes vientos que soplaban del mar se movieran en todas direcciones, haciendo muy difícil predecir de dónde iba a venir la siguiente racha, y tuvimos un par de momentos de infarto cuando una nos pilló por el lado malo cuando ya estábamos inclinados a media curva. Al cabo de pocos kilómetros el cielo que veíamos en la distancia se tornó completamente negro y los rayos impactaban contra el mar y los acantilados. Parecía el día del juicio final. Con estos pensamientos en mi cabeza mientras me peleaba con la moto para evitar que el viento nos empujara contra el tráfico que venía de cara o por encima del guardarraíl y al mar, noté unos golpes no precisamente sutiles en el casco: Nat se había cuadrado y se negaba a seguir adelante en esas condiciones.

Paré la moto y gracias a una de esas felices coincidencias de la vida había un restaurante justo al otro lado de la carretera donde nos refugiamos del viento después de aparcar la moto de forma que estuviera seguro de que el viento no la iba a tirar. Con una taza de café y conexión a internet para comprobar la previsión meteorológica estudiamos nuestras opciones, que resultaron ser más bien limitadas. Nat no quería oír hablar de volver a subirse a la moto, así que no podíamos hacernos los valientes y enfrentarnos a la tormenta que aguardaba por delante para intentar superar el tramo con viento y tampoco podíamos volver a Omiš y pasar el día allí a la espera de que al día siguiente las condiciones mejoraran. Así que nos dedicamos a sorber el café y esperar durante unas dos horas.
Cuando el viento amainó por fin un poco seguimos hasta encontrar el primer desvío hacia el interior para ir hacia la autopista y alejarnos de la carretera de la costa en un intento de evitar el viento.

Funcionó, el viento casi no soplaba en el interior, pero en el momento en que recogimos el ticket de la cabina de peaje de entrada, el cielo se abrió y Dios descargó su cólera sobre nosotros en forma de diluvio. Paramos de nuevo en la primera estación de servicio que encontramos, pero para entonces el equipo supuestamente impermeable ya estaba medio empapado. Pasamos otras dos horas allí, viendo como llovía y como otros moteros igualmente miserables llegaban y se iban mientras charlábamos con un holandés jubilado que tenía amigos en la MotoGP.

20160806064306Viendo que la cosa no iba a cambiar en ningún momento decidimos volver a la carretera y, para nuestro regocijo, las condiciones mejoraron un poco para cuando llegamos al final de la autopista en Ploče y empezamos a bajar a la costa en dirección a Dubrovnik.

Ya estábamos a más de medio camino de nuestro destino, la lluvia había parado y el viento también, pero era demasiado temprano para cantar victoria: quedaba un último obstáculo por superar. La región de Dalmacia, que ocupa más de la mitad del litoral croata y al sur de la cual se encuentra Dubrovnik, está cortada en dos por un pequeño corredor que le da a Bosnia acceso al mar. Esto implica que para llegar allí hay que cruzar la frontera a territorio extracomunitario, hacer unos 10km y volver a cruzar otra frontera de vuelta a Croacia. Si crees que suena pesado estás en lo cierto. Ahora súmale el hecho de que estamos hablando de una carretera de doble sentido estrecha que atraviesa todos los pueblos y que es la única manera de acceder al sur de Dalmacia. En plena temporada alta de verano.

Nuestro amigo Josep nos había dicho que se había pasado tres horas para cruzar la frontera, pero no esperaba encontrar el tráfico completamente parado a 20km de la frontera. Además se puso a llover de nuevo, así que hice la única cosa que podía hacer: salir al carril contrario e ir contra dirección. Durante 20km fuimos por el lado contrario de la carretera, apartándome entre los coches parados para dejar pasar si venía algo grande, como un camión o un autocar (o un furgón de la policía), y luego hicimos 10km más en Bosnia, donde el atasco continuaba porque había que volver a cruzar la frontera más adelante. Si no lo hubiéramos hecho así, probablemente seguiríamos esperando en el atasco a día de hoy, y encima empapados.

Justo antes de volver a cruzar la frontera a Croacia paramos en una gasolinera Bosnia para hacer honor a la tradición de conseguir una pegatina para la moto que tenía que empezar a ganárselas. Era la segunda del viaje, la primera se la habíamos puesto en Croacia esa misma mañana.

En los últimos 30km antes de Dubrovnik el tiempo y el tráfico mejoraron por fin, a pesar de que los fuertes vientos hicieron una poco bienvenida reaparición. Finalmente llegamos a la casa donde nos alojábamos a las 19:00, descargamos la moto y fuimos a hacer una visita nocturna al famoso casco antiguo.

Omiš

Días 6 a 8 – Miércoles 3 a Viernes 5 de agosto (0km)

Tras un año de duro trabajo una de las cosas que queríamos hacer este verano era relajarnos un poco. Las vacaciones de aventura están muy bien, e íbamos a tener bastante en los días venideros, pero primero unos días para desconectar en la playa nos vendrían de maravilla, y Omiš es el lugar perfecto para ello.

Omiš se encuentra en la desembocadura del río Cetina con un profundo cañón detrás y la isla de Brac delante ocultándola del mar, lo que la convirtieron en un refugio perfecto para los piratas que atacaban los barcos que surcaban el Adriático.

La mayor parte de la gente que viene a Croacia van a Dubrovnik o a alguna de las muchas islas que salpican la costa, de modo que las espectaculares playas de piedras en Omiš son muy tranquilas, ocupadas principalmente por croatas de vacaciones y algunos húngaros, austríacos y polacos. Se puede disfrutar de una excelente cena a base de pescado o marisco en el centro a unos precios muy contenidos y el alojamiento también es barato.

Conseguimos un apartamento al otro lado de la carretera frente al mar y luego descubrimos una pequeña playa escondida al otro lado de la desembocadura del río, justo a la salida del pueblo, con aguas cristalinas y sombra de los pinos justo en la orilla. Además, como prácticamente no había arena el sitio estaba casi desierto en cuanto a niños se refiere, así que era muy tranquilo. Ideal para nadar, leer y relajarse.

Con la playa a media hora a pie del apartamento y el centro aun más cerca, la moto se pasó los días bien encadenada a un árbol en el jardín, y mejor así teniendo en cuenta cómo está el tráfico. Si venís a Omiš, hacedlo en moto, y si tiene que ser en coche, buscad alojamiento en un sitio desde el que podáis ir a la playa y al pueblo a pie si no queréis perder la paciéncia muy rápido. La carretera de la costa pasa por dentro del pueblo, y la única manera de cruzar el Cetina es un estrecho puente que además tiene desvíos a ambos lados hacia las carreteras que suben por ambos lados del cañón, y con las escarpadas colinas pegadas a las casas, no hay espacio para construir una alternativa. El resultado es que se literalment se atraviesa antes el pueblo a pie que en coche.

DCIM123GOPROLa última noche cenamos con unos buenos amigos que viven en Londres y que tambie¡én estaban de vacaciones en Croacia, Josep and Mona. Él había visto en el blog que etábamos por aquí e iban de camino a Split para coger el vuelo de vuelta a casa, así que decidieron pasar su última noche en Omiš y compartimos una velada genial.

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