Del otro lado del paso de Tossor

Día 10 – 9 de agosto – de Naryn al desvío del paso de Tossor en el río Bolgart a Naryn (200km)

Al subir a la moto hoy no tenía muchas ganas de salir; el track del GPS indicaba unos 90 kilómetros hasta el punto donde la pista que lleva al paso de Tossor empezaba. Si la carretera hasta allí era igual que la que habíamos tomado para llegar a Naryn por el valle teníamos por delante un viaje de ida y vuelta de casi 200 kilómetros de carretera aburrida, bajo un sol abrasador, solo para ver un desvío y decir ‘aquí hubiérmos salido si hubiéramos hecho el paso de Tossor desde el Issyk-kul.’

Así que cuando, a penas 15 kilómetros en las afueras de Naryn, el asfalto desaparació y la carretera se convirtió en una pista de asfalto polvoriento, mi humor no mejoró; no tenía ganas de pasar el día comiendo polvo otra vez.

Pero los planes improvisados suelen ser los mejores, y pronto la carretera viró al norte y entramos en una estrecha garganta con las aguas del río Smaller Naryn rugiendo al fondo.

A partir de ahí me cambió el humor totalmente: las vistas eran increíbles, la pista planteaba un reto que la hacía interesante sin se demasiado difícil ni peligrosa y el paisaje cambiaba de valle alpino a altiplano andino a puerto de altura en Asia central.

Este es un bulldozer que encontramos en el camino de subida. Parecía abandonado, pero no lo estaba; era testigo de cuán difícil es desplazarse por este país. Por todas partes del camino habíamos visto señales claras de que había frecuentes desprendimientos de rocas que bloqueaban la ruta o súbitas crecidas en los bajantes de agua de la montaña que se llevaban la carretera por delante. Cuando eso ocurre, a alguien le toca venir, echar diesel a este montón de hierro y abrir el paso de nuevo.

Antes de darnos cuenta ya habíamos llegado al desvío hacia la ruta del paso de Tossor.

Podríamos habernos adentrado un poco por ella, pero ya eran las dos de la tarde y habíamos acordado que esa era la hora máxima para dar la vuelta y emprender el camino de regreso. Además, el cielo se estaba tapando y empezaba a tronar, así que decidimos inciar el descenso, la ruta de vuelta era larga y había puntos en el cañón donde se veía claramente que los desprendimientos de rocas eran habituales, así que nos la queríamos jugar con mal tiempo. Por muy bonitos que sean estos lugares, hay que tratarlos con respeto.

Aún nos resulta difícil ajustar nuestros cerebros a las distancias de aquí; para cuando regresamos a Naryn habíamos hecho 200 kilómetros, de los cuales 180 eran por pistas, lo que posiblemente sea lo más largo que he hecho en tierra hasta el momento.

En la oficina del CBT, donde íbamos a recoger nuestros permisos para la zona fronteriza, nos encontramos con Katja, la chica alemana que habíamos visto justo antes de subir al lago Song-kul y que nos había dicho que el paso de Tossor era demasiado complicado. Iba sola, ella y su amigo (o novio, o compañero de viaje, no lo sabemos…) habían hecho rutas diferentes e iban a encontrarse en Osh en unos días, y quería hacer la ruta por pistas hasta el paso de Torugat, pero tenía que hacerlo al días siguiente, ya que iba justa de tiempo para llevar la moto a un mecánico en Osh para hacerle una revisión. Nosotros queríamos subir hasta Tash Rabat por carretera, que és mucho más corto, pasar el resto del día descansando antes de volver a Naryn por la ruta de pistas, que no sabíamos cómo iba a ser de complicada, pero ella no quería hacer la ruta sola e intentó convencenrnos para subir por pistas, ir directos al paso de Torugart y luego bajar hasta Tash Rabat y acampar o buscar una yurta.

Al final acordamos ir con ella por el camino difícil y posponer el trekking un día, ya que no nos alteraba demasiado los planes, así que mañana a las 9am nos encontramos en el CBT y ¡ponemos rumbo a lo desconocido!

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Morded polvo

Día 9 – 8 de agosto – del lago Song-kul a Naryn (164km)

El sol ya estaba alto y quemaba sin piedad cuando dejamos el campamento a las 9am. A pesar de que el lago está a 3000m la temperatura directamente al sol es bastante alta, y con menos atmósfera entre nuestra piel y el sol ya nos habíamos quemado la nariz a pesar de usar protector solar. Por contra, las noches habían sido muy frías y nos alegramos de haber dormido en yurtas en lugar de acampar.

Para dejar el lago tomamos la ruta sur a través del paso de Moldo-Ashuu, que es la más popular, ya que no es tan difícil como la ruta este a través del las horquillas del paso Terkey Torpok, y tiene unas vistas espectaculares. El único inconveniente es que más tráfico significa más polvo, y comimos un montón de polvo, sobretodo en la última parte de la ruta, cuando ya nos acercábamos al valle del río Naryn y la pista permitía velocidades más altas. En algunos momentos era peligroso, ya que la visibilidad se reducía a casi nada y había mucha gravilla suelta fuera de las roderas de los coches que hacían patinar la moto por todas partes.

Llegamos a la carretera principal sudados, cubiertos de polvo y con los depósitos en reserva, pero con una sonrisa de oreja a oreja. Repostamos con gasolina de 92 octanos en una gasolinera decrépita y tomamos la carretera siguiendo el río.

Las vistas eran totalmente distintas ahora: las altas montañas habían dado paso a un paisaje casi desértico que parecían el Desierto Rojo de Juego de Tronos (perdón por el momento friki) y la carretera se volvió bastante monótona.

Naryn era la ciudad más grande que habíamos visto fuera de Bishkek, y no sería más que otro montón anónimo de edificios de estilo soviético si no fuera por el número de turistas que atrae. Ésta es la base principal para hacer excursionismo, hípica, bicicleta, etc. hacia Song-kul, el paso de Tossor, Tash Rabat y la frontera con China, el lago Kel Suu y muchos otros lugares. Una vez instalados en nuestro hotel y tras una refrescante ducha, salimos a dar una vuelta por la ciudad y visitamos el parque central.

Hay cosas que uno solo puede encontrar en países de la antigua órbita soviética, como una base militar justo al lado del parque público más grande de la ciudad. Fuimos hasta la entrada y parecía abandonada.

A primera vista las puertas parecían cerradas, pero una inspección más detallada reveló que simplemente tenían una cadena tirada por encima.

La quitamos y nos dimos una vuelta por las instalaciones. Imagino que el hecho de que no nos arrestasen o disparasen confirma que, efectivamente, estaba abandonada.

De vuelta en la calle principal encontramos una oficina de CBT. CBT significa, por sus siglas en inglés, turismo basado en la comunidad, y es una asociación cuyo objetivo es mejorar las condiciones de vida en las zonas remotas de montaña mediante el desarrollo de un modelo de ecoturismo sostenible que use los recursos naturales y turísticos locales. Ya teníamos un plan para los siguientes días: el primero, subir por el valle del paso de Tossor hasta que la cosa se complicara, ya que nos habían dicho que era precioso; el segundo, ir hasta Tash Rabat y acampar o conseguir una yurta allí; y el tercero, hacer un poco de excursionismo. Sin embargo, decidimos entrar a preguntar a ver qué información nos daban, ¡y sin duda fue una decisión acertada! Descubrimos dos cosas: una, que expedían los permisos para acceder a la zona de la frontera con China, lo que significaba que podíamos ir más allá de Tash Rabat y subir hasta el paso de Torugart, una de las vías de tránsito principales de la ruta de la seda y, dos, que la pista que vuelve a Naryn a través de las montañas es una ruta popular y era accesible en moto. Nos dijeron que podrían expedirnos los permisos en 24 horas, así que pagamos y ¡cambiamos los planes!