Otro baño en el Volga y un tatuaje

Día 20 – Domingo 14 de julio – Astrakán (0km)

Hoy me pasé la mañana actualizando el blog, contando días y kilómetros para ver lo que puedo hacer una vez la moto esté reparada y envié un correo a Stephen Stallebrass, que hizo la misma ruta que estoy considerando yo ahora.

Por la tarde Dasha, una de los CouchSurfers de la cidad, me llevó a nadar en el Volga. Habíamos quedado en una parada de autobús al principio del puente que cruza el río a través de una isla que es donde están las playas, y caminé durante más de 6km en un calor de 40ºC para llegar porqué quería pasar por el centro andando en vez de coger un autobús.

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La playa fluvial hubiese sido un sitio genial si no fuese por el hecho de que había botellas vacías y plásticos por todas partes, parece que los rusos son incapaces de mantener un sitio limpio a parte de sus propias casas, lo que es una lástima, pues era un sitio muy bonito. Me di un baño y luego Dasha sacó un tubo de henna y empezó a practicar dibujando un tatuaje en su pierna. Me contó que quería sacarse un dinero extra haciendo tatuajes a la gente en la playa en verano, y cuando terminó me preguntó si podía hacerme uno en el brazo, así que me llevo un souvenir de Astrakán.

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De vuelta al apartamento, comprobé mi correo y vi que Stephen me había respondido, con algunos consejos sobre la ruta que tomó. También intenté encontrar información sobre cómo desbloquear el teléfono yo mismo, que puede ser más fácil que intentar explicar a un ruso en una tienda de telefonía lo que necesito. Más noticias sobre eso mañana.

Mecánicos rusos

Día 15 – Miércoles 10 de julio – Volgogrado (0km)

Me levanté temprano y mandé un mensaje a mi contacto en la ciudad, Vitali, del club de motos Ferrum, que había encontrado en HUBB antes de salir de Barcelona. Me dio la dirección de un taller de motos donde podían hacerme la revisión y mirar el tema de la fuga de aceite, así que puse la dirección en el GPS y salí, sin el traje de moto, ya que el calor en la ciudad era insoportable y no tenía ganas de pelearme con los atascos con toda la armadura puesta. Lex, el chico holandés, se había ido una hora antes, en dirección a Astrakhan, donde ya tenía anfitrión.

Quizá el tráfico era mejor o quizá ya me estaba acostumbrando a él, pero me pareció que los 30km que tenía hasta el taller fueron bastante fáciles. Cuando llegué metí la moto en el patio delantero y un ruso enorme salió a recibirme. Le dije que venía de parte de Vitali, pero no parecía entender de qué le estaba hablando, y gritó a una chica que saliese de dentro del taller. Era Kate, la secretaria, y hablaba algo de inglés. Le expliqué que me habían dicho que fuese allí, pero tampoco parecía saber quién era Vitali. Lo llamé por teléfono y se lo pasé y hablaron un rato en ruso. Cuando colgó, me dijo que metiese la moto en el taller y me preguntó qué necesitaba. Le expliqué a Kate que quería cambiar los neumáticos por los que llevaba, cambiar las bujías, cambiar el aceite y mirar lo de la fuga. Me dijeron que no habá problema, y se pusieron a hacer la revisión mientras llegaba el “maestro”, como llamaban al mecánico jefe. Acostumbrado a los talleres en España, pensaba que tardaría todo el día, así que estaba preparado para coger un autobús de vuelta al apartamento y volver al día siguiente a por la moto cuando el ruso enorme señaló un sofá de piel en la oficina con aire acondicionado y me dijo “sit”. Me senté y saqué un libro. Al cabo de cinco minutos ya estaba aburrido, así que me metí en la oficina y empecé a hablar con Kate. A los diez minutos ya estábamos en el ordenador de la oficina y quería ver todas las fotos de casa que tuviese en Facebook. Era muy, muy simpática y me hizo sentir como en casa todo el rato que estuve allí. Hablamos mucho, me preparó té y a mediodía incluso pidió comida y comimos juntos en la oficina.

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Poco después de las cuatro la moto estaba lista, con la fuga reparada y todo. Resulta que era la junta del tensor de la cadena de distribución, y el “maestro” había recortado una nueva y la había sustituido. Todos los mecánicos y Kate se hicieron fotos con la moto y conmigo y me desearon buena suerte, eran gente fantástica.

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De vuelta al apartamento, Martin y yo fuimos a darnos un baño en el río Volga a última hora de la tarde, y luego tomamos una cerveza al lado del río viendo la puesta de sol. Fue un momento fantástico y me hizo pensar en lo poco que hubiese imaginado estar haciendo algo así un año atrás.

Martin es informático, y trabaja desde su portátil mientras viaja. Su intención era quedarse en la ciudad hasta el viernes, pero hoy pudo adelantar algo de trabajo y mañana me acompañará hasta Astrakán, será genial tener compañía para variar.

Por la noche, Andrey, nuestro anfitrión, nos llevó a comer una versión rusa del kebab, e hice una nueva amiga.

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