Los problemas con la llanta – el final de la historia

Una semana después de recibir la llanta, encontré por fin algo de tiempo el fin de semana para dedicarme a ella; era la semana de exámenes finales en el trabajo y esos días siempre son complicados.

Tenía que desmontar los discos de freno de la llanta dañada y ponerlos en la nueva, cosa que preveía difícil, pues los cinco tornillos que los fijan llevan cola para evitar que se aflojen. Luego estaba el tema de los cojinetes. La llanta que compré ya traía, pero no sabía si estaban en mejores o peores condiciones que los de la vieja.

El plan era pintar la llanta durante el fin de semana (recordad que era de color plata), ya que hacía falta una primera capa de imprimación que debía secarse 24 horas antes de dar al menos una capa de pintura negra mate, y luego el lunes llevar las dos llantas y el neumático al taller para que intercambiasen los discos de freno, mirasen los cojinetes y los cambiasen también si hacía falta y montaran el neumático.

Sin embargo, cuando llegué a casa de mis padres, mi padre, mecánico de precisión jubilado y genio del bricolaje, comprobó los cojinetes y descubrió que los de la llanta nueva estaban mucho mejor, de modo que nos ahorrábamos tener que sacarlos y cambiarlos, y también estaba seguro de que podíamos aflojar los tornillos de los discos de freno nosotros mismos. Viendo la oportunidad de dejarlo todo listo en un día empecé a dudar si pintar o no la llanta y alargarlo todo un par de días. Además, unas cuantas personas me habían dicho ya que preferían dejar la llanta de color plata, ya que la V-Strom ha tenido una vida larga e interesante, es una superviviente, así que llevar las llantas de colores diferentes no haría más que sumarle encanto. Al fin y al cabo, el intermitente delantero izquierdo está aguantado con cinta americana desde que el viento tumbó la moto una noche en un fiordo en 2013, así que me pareció que tenían razón.

Bastó con hacer una buena palanca con decisión para desbloquear los tornillos, y luego me puse a desmontar el disco del sensor del ABS. Cuando fui a montarlo en la llanta nueva, me llevé un buen chasco.

A pesar de que la llanta era para los modelos de 2007 a 2010, tenía exactamente los mismos códigos que la otra, tenía los puntos de montaje de los discos de freno en el lugar correcto para dejar sitio al disco del sensor del ABS y el disco encajaba perfectamente en el lugar previsto para ello… ¡no había agujeros para los tornillos que lo aguantan!

No me lo podía creer… Suzuki había modificado la llanta cuando empezó a ofrecer el ABS en 2007, pero parece que solo hacía los agujeros en los modelos que lo llevaban, cosa que creo que son ganas de complicar las cosas en la línea de producción. ¿Por qué no hacer todas las llantas iguales?

No íbamos a dejar que este imprevisto nos detuviera a estas alturas, así que sacamos la colección de herramientas que mi padre ha amasado a lo largo de décadas y atacamos el problema.

Taladramos tres agujeros y, con una herramienta especial, cortamos la rosca para los tornillos en ellos. El disco del sensor del ABS quedó perfectamente fijado en su sitio y a continuación montamos los discos de freno.

Conseguí encontrar un taller abierto un sábado por la tarde, me montaron el neumático al momento por 20€, y por fin pude volver a ponerlo en la moto. En total, había tardado poco menos de un mes, pero mi bolsillo se alegra de no haber tenido que pagar por una llanta nueva!

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