La sanidad ex-soviética

Día 14 – 13 de agosto – Osh (0km)

Dos días después del accidente, por fin fui ver un médico. Tuve la suerte de que había una especie ambulatorio justo enfrente del hostal, así que ese fue el primer sitio que visité.

Tal y como me esperaba nadie hablaba ni una palabra de inglés, pero me señalaron la puerta de la consulta de un médico que me hizo pasar sin hacer cola ni pedir número. Con una combinación de gestos y Google Translate le expliqué lo que me había pasado y me dijo que me quitara la camiseta y me examinó la espalda.

Entonces, señaló a una radiografía que tenía en el escritorio y entendí que quería que me hiciera una. La enfermera, que era muy maja, tuvo el detalle de escribir el nombre y dirección del hospital principal de la ciudad en una hoja de papel, así como la palabra ‘radiografía’, y cogí un taxi hacia allí.

El hospital era un complejo de varios edificios, pero gracias a mi hoja de papel ahora sabía decir ‘radiografía’ en ruso, así que no tardé mucho en encontrar el sitio correcto. La entrada era una rampa que descendía hasta un sótano y desde allí y a través de pasillos que tenían más pinta de pertenecer a un base de misiles enmedio de Siberia que a un hospital, encontré la sección de radiología.

Hice todo el número de mímica otra vez e inmediatamente me hicieron pasar y me hicieron una radiografía de la zona de mi hombro izquierdo, que aparentemente reveló que había nada roto no fisurado. Me dieron la radiografía y un informe médico en ruso y me dijeron ‘kacca’, que quiere decir ‘caja’, así que entendí que tenía que ir a pagar.

Encontré el sitio correcto en el primer piso, les enseñé la radiografía y el informe intenté hacerles entender que quería pagar por ello. Me dió la impresión de que debatían un rato sobre la situación y luego simplemente me dijeron que me podía ir son cobrarme nada, así que ¡un servicio excelente! En los EE.UU. me hubieran cobrado 20.000$ o directamente no me hubieran atendido, porque los profesores de idiomas somos gente gente de casta baja que no tenemos suficiente dinero para tratamientos.

De vuelta en el ambulatorio, el médico pareció satisfecho con la radiografía y el informe y, mediante Google Translate de nuevo, me dijo que no era necesario inmobilizarlo ni nada, simplemente me recetó antiinflamatorios, un par de inyecciones de la vieja escuela, de las que van en el culo, y unos días de descanso. Tenía al menos para cuatro días antes de que llegara Marc, así que me venía al pelo.

Había una farmacia en el ambulatorio mismo, la enfermera me ayudó a comprar lo que necesitaba y otra enfermera me puso la primera inyección. Me dijeron que volviera al día siguiente para la segunda. Me hubiera podido ir ya en aquel momento, pero insistí en preguntar qué tenía que pagar por el médico, y al final me cobraron 200 som, que son unos dos euros y medio. Por cierto, eso mismo es lo que me costó el taxi de ida y vuelta al hospital.

Pasé el resto de la tarde descansando en la habitación y por la noche fuí a un restaurante muy bueno que había al lado del hotel y me regalé una pizza enorme para celebrar que no era nada grave.

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