Escuela de calor

Día 1 – Lunes 31 de julio – de Barcelona a Sahune (555km)

 

Viajar en moto atrae buenas vibraciones. He descubierto que es sin duda una de las mejores maneras de conocer gente nueva e interesante y, mientras cargaba la moto, aparcada delante de mi portería, pensaba que tenía ganas de pasar los siguientes días en la carretera. Lo que no me esperaba era que el primer encuentro tendría lugar antes incluso de subirme a ella.

“¿Vives aquí, verdad?” oí que me preguntaban. Me volví algo sorprendido, pues la mayoría de la gente suele preguntar por la moto, y me encontré con un chico joven y alto con un casco bajo el brazo. Señaló a una KTM 1150 Adventure R aparcada del otro lado de la calle y me dijo “esa es la mía”. La había visto en la acera muchas veces y siempre me preguntaba de quién sería. Tenía ruedas de tacos y manchas de barro, lo que demostraba que se le había dado buen uso. El chico se presentó como Marc, y resulto que éramos vecinos del mismo bloque. Charlamos un rato y quedamos que haríamos alguna salida tras las vacaciones.

Me negaba a pagar peajes aquí, así que me puse en ruta hacia Ripoll para cruzar la frontera con Francia por Prats de Motlló, que es una ruta mucho más agradable que la que hacen todos los que parten de vacaciones por la A7. Los primeros kilómetros me llevaron exactamente por el mismo camino que hago para ir al trabajo, saliendo de la ciudad con la habitual marea de la hora punta de los lunes por la mañana pero, en lugar de ser un conductor anónimo más, noté que la gente se fijaba en la moto y en mí, sabían que iba a algún lugar más allá. Una vez lejos de la ciudad el sol salió y pensé que hacía un día perfecto: cielo claro, la temperatura subiendo suavemente pero siempre a un nivel agradable a medida que ganaba altura hacia los Pirineos… Estaba perdido en estos pensamientos cuando vi que un Alfa negro con dos chicas preciosas se había puesto en paralelo a mí. La pasajera me sonrió, hizo una foto y me deseó buen viaje con los pulgares levantados. ¡Eso es empezar bien!

Paré a repostar justo antes de enfilar la subida del Coll d’Ares, el puerto de montaña por el que miles de personas huyeron desesperadas hacia el exilio el invierno de 1939, huyendo del avance de las tropas fascistas en los últimos meses de la guerra. Enfrente de la estación, una patrulla ed de los Mossos multaba a un motorista francés pillado por un radar móvil escondido a la salida de una pueblo dos kilómetros más abajo. Por suerte, una furgoneta que venía en el otro sentido me había avisado y aflojé a tiempo.

Bajé hacia Francia por las gargantas del río Tech, una ruta que siempre es un placer. Cuando llegué a Ceret enfilé hacia el norte por carreteras locales para ir un poco más lejos antes de coger la autoroute, y descubrí unos cuantos pueblos preciosos. Tras comer en uno de ellos (Llauro) con unas vistas estupendas sobre la llanura que desemboca en el Mediterráneo empezó a hacer demasiado calor para disfrutar de la moto, así que entré en la autopista cerca de Perpiñán. El plan era ir hasta Grenoble, encontrar dónde dormir y hacer carreteras de montaña el resto del camino hasta Thonon-les-Bains, a orillas del lago Leman, donde empieza la Route des Grandes Alpes.

Sin embargo, cerca de Nîmes ya no tenía tan claro que pudiera llegar tan lejos. La temperatura había ido subiendo sin tregua y ya llevaba rato anclada por encima de los 40ºC, me encontré con el clásico atasco donde la autopista se bifurca hacia Marsella, y el calor, lejos de mejorar cuando tomé la A7 hacia el norte, empeoró. A la altura de Bolène ya estaba harto y decidí cortar hacia el este en dirección a Gap por carreteras secundarias. Buscaría un lugar para dormir y al día siguiente terminaría el camino hasta Thonon-les-Bains.

Al poco de dejar la autoroute la cosa cambió radicalmente. Entré en la zona del parque natural de las Baronnies Provençales, la temperatura bajó, el tráfico desapareció y la maravillosa Francia rural se desplegó ante mí. Normalmente digo que no me gusta tener que atravesar toda Francia para ir a cualquier destino más lejano, pero eso es solamente porque se hace por autopista. Viajando a través de estos pequeños pueblos irresistiblemente franceses recordé lo bello y variado que es este país.

Pasé de largo unos cuantos cámpings antes de encontrar lo que buscaba: un pequeño cámping municipal al lado del río en Sahune. Tranquilo, barato y al lado de un sitio para bañarse. Gap aún quedaba lejos, pero ya estaba sudado y cansado, así que decidí quedarme aquí.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s