¡Quiero mi moto!

Intro

Ya hacía bastante tiempo del último viaje largo con la moto, y tenía muchas ganas de empezar este. Quería ver el sur de España, ya que nunca había estado allí, y sabía que tenía nueve días de vacaciones para Semana Santa, pero lo que no sabía era cuántos días iba a tener mi novia. Al final sólo le dieron cuatro días, así que empecé a pensar en una ruta de cinco días para poder estar de vuelta en Barcelona a tiempo de pasar unos días juntos, pero aparte de que cinco días parecían pocos para cubrir tanta distancia y además tener tiempo de ver algo, ella también quería visitar el sur. Por unos momentos le di vueltas a la idea de montar un viaje de cuatro días al sur con alguna compañía aérea de bajo coste y aparte de eso irme unos días con la moto, pero aún así me hacía gracia tener una moto para explorar el sur. Miramos el tema de alquilar una en varias empresas, pero el precio por día era demasiado caro, incluso para el tipo de moto más básica para dos personas más equipaje, hasta que al final me di cuenta de que la respuesta al dilema estaba ahí mismo, en los números que me daban las empresas de alquiler.

Si había considerado la posibilidad de pagar lo que costaba alquilar una moto, más la fianza, más correr el riesgo de tener algún percance con la moto, o que la robaran, etc. ¿por qué no llevarme la mía, usarla hasta el último día de vacaciones, volver a casa en avión y hacer que me llevasen la moto a Barcelona? Seguro que aún así iba a salir más barato que alquilar una cuatro días.

Un amigo mío se había comprado hacía poco una moto de segunda mano en Valencia, pero como aún se estaba sacando el carnet, se la hizo traer con una empresa de transporte de motos hasta la puerta de su casa por sólo 90€. Podría irme cinco días, encontrarme con Nat en algún punto del sur, pasar cuatro días más juntos por allí y luego volver a casa en avión (y ahorrarme dos días de viaje de vuelta). ¡Gran idea!

Al principio parecía que la cosa iba a ser más complicada de lo que pensaba, ya que resultó que todas las empresas con las que contacté solo ofrecían servicio de puerta a puerta, es decir, que recogerían la moto en una dirección específica, ya que no tenían instalaciones en Granda (que era de dónde íbamos a volar) donde yo pudiera dejar la moto el último día antes de coger el avión y tampoco conocíamos a nadie allí a quien dejar la moto hasta que hubiera un transporte lleno y listo para salir hacia Barcelona. Parecía que pintaban bastos… Si al menos pudiera encontrar un taller o un concesionario en Granada que estuviese dispuesto a tener la moto uno o dos días hasta que la recogieran la cosa podría funcionar, así que decidí probar suerte y preguntar a los chicos de Hamamatsu Motor, que ya me habían ayudado con la preparación de otros viajes, y me dieron el contacto de la empresa que lleva sus motos y también trabaja para otras marcas. Me dijeron que tenían una flota propia de camiones y que trabajaban para concesionarios de todo el país. Les llamé y me confirmaron que tenían un agente colaborador en Granada donde podía dejar la moto. Así que con los detalles arreglados, ¡el viaje podía empezar!

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