Tanahorn

Día 37 – Miércoles 31 de julio – de 10 km al norte de Ivalo a Berlevag a 6km de Bekkarfjord (626km)

Decidí que ya que tenía aún 12 días para lelgar a Helsinki, y probablemente no volvería a tener la oportunidad de explorar esta parte del mundo en moto, seguiría el consejo que me habían dado el día anterior y daría un pequeño rodeo para visitar algunos lugares.

El primero, y el que el hombre que había conocido la noche anterior había insistido más en que tenía que visitar era el Tanahorn, un pico en la costa cerca de Berlevag, tres fjords más al este del Norkapp, desde donde me había dicho que tendría unas vistas fantásticas si el tiempo era bueno. Lo llamaba “su Nordkapp”, y eso fue lo que me hizo decidir visitarlo. A mi padre le apasiona la montaña y todo lo relacionado con ella, y tiene algunos sitios a los que también llama suyos. Cuando habla de uno de esos lugares sé que es un lugar especial, normalmente lejos de lo que la mayoría de gente visita y de una belleza excepcional, así que cuando oí a aquel hombre describirlo con esas palabras no me pude resistir a visitarlo.

Me llevó toda la mañana ir hasta allí, incluyendo cruzar la frontera con Noruega. Una vez en tierra de fjords, tenía que ir mucho rato hacia el norte por una carretera que luego tendría que deshacer, ya que no llegaba a ninguna otra parte, pero solo las vistas ya valían la pena.

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La carretera seguía la costa cerca del agua, serpenteando a lo largo del fjord, el día era precioso y el aire fresco, era otra carretera para poner en mi lista de favoritas. Cuando llegué a Belevag aún tuve que hacer unos kilómetros más por una carretera sin asfaltar, y luego vi un par de coches aparcados y un indicador que señalaba el camino colina arriba. Dejé todo en la moto y empecé a andar vestido con el traje y las botas, ya que hacía algo de frío y como sólo eran 3km no me molesté en cambiarme.

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Al cabo de poco estaba sudando y tuve que quitarme la chaqueta y llevarla bajo el brazo. El camino subía suavemente por las lomas y pronto apareció el Tanahorn. Era un pico de rocas afiladas que destacaba sobre el resto, con un montículo de piedras construido arriba del todo.

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En unos 20 minutos más llegué arriba y las vistas merecían la pena el haber dado el rodeo y andado hasta aquí.

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El cielo estba despejado, y tenía una vista perfecta del mar y los fjords de los alrededores, los acantilados la las laderas rocosas que se extendían hasta las playas, cubiertas de trozos de madera que el mar había traído de Siberia. Era impresionante.

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Cogí el libro de firmas y dejé una nota rápida. Luego me senté a relajarme y disfrutar de la sensación del sol en la cara durante un rato antes de volver a bajar, ya que aún me quedaba mucho hasta el Nordkapp y no estaba seguro de llegar ese mismo día.

De vuelta a la moto, estudié la ruta en el GPS y dudé entre ir directo al Nordkapp o subir a la siguiente punta entre aquí y allí, donde se encontraba el faro más al norte de Europa. Intentar llegar al Nordkapp ese mismo día sería demasiado, así que decidí tomármelo con calma y visitar el faro.

Tuve que deshacer mucho camino y para cuando volví a la carretera principal ya era tarde y estaba bastante cansado. Empecé a subir por la carretera que llevaba a Mehamn, pero me dí cuenta de que llegaría bastante tarde, así que decidí buscar un lugar donde plantar la tienda y pasar la noche.

Se puede acampar en cualquier sitio en Noruega siempre y cuando sea a más de 150 metros de una casa, lo que suena muy fácil, pero el terreno es difícil y cuesta encontrar un buen rincón. Al cabo de un rato lo encontré. Era una suave pendiente de hierba que llevaba al final de un pequeño fjord, apartado de la carretera, con vistas agradables y fácilmente accesible con la moto. Bajé y acampé.

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Sin embargo, las cosas empezaron a torcerse rápido. Cuando intenté preparar la cena, mi hornillo decidió dejar de funcionar, así que tuve que recoger madera y hacer un pequeño fuego parar poder comer caliente. Luego, cuando me metí en la cama, empezó a soplar un viento muy fuerte. No era constante, eran rachas súbitas que soplaban con mucha intensidad durante unos minutos, en una dirección distinta cada vez. Sacudía la tienda y hacía mucho ruido, y para empeorar las cosas, sobre las 4 am, escuché un ruido raro fuera. Abrí la tienda y descubrí que el viento había conseguido tumbar la moto, que estaba tumbada de lado. La puse de pie, vi que no había nada roto y la giré para que ofreciese menos resistencia al viento.

Me metí en la tienda otra vez e intenté dormir un poco.

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