Un vistazo fugaz a las Pamir y un pie machacado

Día 20 – 19 de agosto – de Sary-Tash al campo base del pico Lenin a Sary-Tash (172km)

Bert, el belga que iba camino del Himalaya en su moto colgó esta foto del campo base del pico Lenin dos días atrás.

El pico Lenin tiene 7134 metros y está considerado uno de los picos de más de 7000 metros más accesible, en parte porque no tiene mucha dificultad técnica, en parte porque al campo base se puede llegar en vehículo, así que no hace falta cargar con material en burro durante días para hacer la aproximación. Fue esto último lo que nos animó a visitarlo mientras estábamos en Sary-Tash.

Por una de esas casualidades de la vida, al poco de llegar aquí descubrimos que Bert y todos los demás que iban a cruzar a China estaban en una casa de huéspedes al lado de la nuestra. Aparentemente, había sobrevivido a la nevada en el campo base. No solo eso, nos dijo que la pista que lleva allí era bastante fácil, así que decidimos ir a visitar el lugar y volver a bajar a dormir en Sary-Tash, donde ya hacía bastante frío.

Subimos a las motos, pero la de Marc no arrancaba. Había sido una noche fría, pero tampoco como para eso. Resulta que tenía una batería de litio y a esas no les gusta el frío. Por suerte, tras permitir a la KTM tomar el sol un rato arrancó y salimos.

A las afueras del pueblo la carretera se bifurca. A la izquierda, el inicio de la legendaria carretera Transpamir. A la derecha, una carretera a otro paso fronterizo distinto con Tajikistan, uno que solo permite el paso a los de aquí, y de camino hacia allá, el desvío hacia el campo base.

No hacía falta ir muy lejos para encontrar vistas espectaculares; tan pronto entramos en ese valle vimos que teníamos vistas a toda la vertiente norte de las montañas Pamir a nuestra izquierda. Era algo tan espectacular que costaba mantener la vista en la carretera.

40 kilómetros más adelante dejamos la carretera principal, cruzamos un puente suspendido en precario estado y pasamos por debajo de una arcada de metal que anunciaba el camino al campo base. La pista estaba bastante bien, estrecha y con gravilla y arena en algunos puntos, pero nada demasiado técnico. También había que cruzar algunos cauces de río pero, al contrario de lo que temíamos habiendo visto lo que nevó la noche anterior en los picos, el nivel del agua estaba bajo.

Cruzamos estepas de hierba ocre durante la mayor parte del trayecto y, en los últimos pocos kilómetros, empezamos a subir hasta salir a un amplio valle al pie de las montañas Pamir. No había uno, sino varios campos base esparcidos por el valle. Fuimos hasta el centro, justo hasta un río que era ya innecesariamente complicado de cruzar teniendo en cuenta que luego había que dar media vuelta y desandar el camino, aparcamos las motos y nos dimos un paseo, sin palabras ante la belleza del lugar. Estas eran las montañas más altas que había visto jamás. Tal y como ya he dicho antes en el blog, las distancias en este país son engañosas, y parecía que el pico estaba cerca, pero se tarda 3 días como mínimo en coronarlo.

Tras comer algo le dimos la vuelta a las motos y empezamos a bajar. Llegamos a un pequeño arroyo que habíamos cruzado a la subida, y ya parecía llevar más agua. Yo pasé primero y no era complicado, pero cuando estaba a punto de salir la rueda delantera debió encontrarse con una piedra y el manillar dio un bandazo a la izquierda. Di gas para intentar enderezar la moto pero en lugar de traccionar, el neumático trasero patinó y la moto resbaló debajo de mí. Caí de espalda en el agua y la moto aterrizó sobre mi pie izquierdo. No quedé atrapado, pues me pude poner en pie de inmediato, pero podía notar que me había hecho daño.

Levantamos la moto y tras comprobar que podía llevarla, nos dirigimos hacia nuestro alojamiento en Sary-Tash. Podía cambiar de marcha sin problemas, pero cuando paramos a por gasolina al final del recorrido apenas podía andar. Era una combinación del dolor en el pie y el dolor generalizado de la caída anterior, exacerbado por ésta.

Llegué a la casa de huéspedes, me quité las botas y puse el pie en agua fría. Las buenas noticias eran que lo podía mover y cuando estuve apretando en distintos puntos con las manos no dolía tanto, así que parecía haber nada roto. Un fisioterapeuta holandés que casualmente pasaba por aquí a tomar un café se lo miró también y confirmó lo que yo pensaba. Sin embargo, yo me sentía como si me hubieran pateado una banda de skinheads locos.

Tenía mis dudas sobre si seguir hacia la Transpamir así, pero decidí esperar a la mañana y ver cómo estaba la cosa. Si iba hacia las Pamir, tenía dos o tres días hasta Khorog, donde hay un buen hospital, e iría por la carretera principal, la M41, nada de Bartang o Wakhan. Si volvía a Osh era solo un día de viaje, pero eso significaba con toda probabilidad no hacer la Transpamir.

La mañana traería una respuesta, pensé.

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