La carretera más alta de Europa

Día 7 – Domingo 6 de agosto – de Briançon a Moulinet (241km)

 

Habiendo completado las cuatro famosas rutas alpinas offroad, era ya hora de seguir con la Route des Grands Alpes. Me quedaban solamente 260km para terminar, una distancia que parecía muy factible, incluso tomándomelo con calma.

El factor que no había tenido en cuenta, sin embargo, era el tiempo. Hasta el momento había tenido mucha suerte, pero mientras terminaba de recoger el campamento y cargar la moto bajo un cielo plomizo, oí el rugir de un trueno subir por el valle. Iba a desayunar con Harald antes de ponerme en camino y en cuanto dejé la moto al lado del bar empezó a llover con fuerza, así que nos sentamos pacientemente a tomar el café a sorbos y esperar que pasara la tormenta. Harald dijo que visto el tiempo, iba a quedarse un día más pero yo tenía que ponerme en camino en la dirección en la que el cielo estaba más oscuro. El radar meteorológico de la app de France Méteo (muy útil) mostraba que, efectivamente, la tormenta avanzaba en la misma dirección que tenía que tomar yo, pero se desplazaba rápido, calculé que en una hora más o menos habría pasado del todo.

A las 10:30 la lluvia había parado, el suelo se estaba secando y el cielo parecía aclararse, a lo que todos los ciclistas, excursionistas y moteros que estaban pasando el rato a resguardo de los toldos de la terraza del bar empezaron a activarse. Me despedí de Harald agradeciéndole su compañía los últimos dos días y dejé el cámping.

En los dos últimos días había llegado a la conclusión que el tráfico para cruzar Briançon era horrible, e incluso un sábado por la mañana como hoy no era ninguna excepción. Para empeorar las cosas, fui a parar detrás de una autocaravana holandesa que tapaba completamente mi visión de la calle, así que me pasé la salida que tenía que tomar en una rotonda del centro y tuve que desandar el camino por un callejón cerrado al tráfico no residente.

Ya fuera de la ciudad, el ascenso al Col d’Izoard empezó inmediatamente. Era una bonita carretera a través de un bosque y el paisaje era, si cabe, aún más verde tras la lluvia. Tenía que ir con cuidado con la carretera aún muy mojada y, a medio subir, tuve que decir basta y parar a ponerme un polar cuando el termómetro bajó de los 15 grados. ¡Qué diferencia con los días anteriores!

Cuando llegué arriba del puerto el cielo se estaba abriendo y me permitió unas vistas preciosas a ambas vertientes, con nubes de distintas formas desplegándose por las laderas de los altos picos. Mientras me preparaba para seguir el camino me encontré con una pareja de catalanes que iban en dirección norte, y me recomendaron tomar la carretera por el Col de la Bonnette y el Col du Raspillon. Estaba siguiendo la Route des Grandes Alpes en el mapa que tenía y esos dos puertos estaban marcados en una variante de la ruta principal, que atravesaba el Col de la Cayolle, el Col de Valberg, el Col de Ste-Anne y el Col de la Couillole antes de volver a encontrarse con la variante. Había pensado que cuatro puertos parecía una opción más interesante que dos, pero decidí cambiar la ruta para seguir su consejo.

La carretera bajaba desde Col d’Isoard a Guillestre y desde allí repetí un tramo que había hecho el día anterior para ir hasta el Tunnel du Parpillon: de Guillestre al Col de Vars y la bajada por el valle de Ubaye hasta La Condamine-Châtelard, donde empieza la carretera que sube hasta el túnel. No me importaba volver a hacerlo, era una carretera excelente; una subida rápida hasta el Col de Vars donde puedes pasártelo en grande enlazando curvas con un asfalto inmejorable y un descenso más lento pero más paisajístico por el otro lado. ¿Qué más se puede pedir?

Las Gorges du Guil y el Col de la Bonnette, eso es lo que se puede pedir. La carretera a través del estrecho de las Gorgues du Guil es una de las muchas llamadas “carreteras balcón” en Francia, estrecha, revirada, cortada en la roca con unos muros de protección muy bajos y espacio para un solo coche. El tráfico tenía que parar cada vez que dos coches yendo en direcciones opuestas se encontraban y maniobrar para intentar encontrar espacio para pasar los dos. Pasado esto me desvié de la ruta principal al llegar a Jausiers para tomar la carretera que sube al Col de la Bonnette y una cosa me llamó inmediatamente la atención: justo antes del desvío y varias veces pasado éste había letreros anunciando “la carretera más alta de Europa”. Un momento… Hace tres días estaba escribiendo aquí mismo que el Col de l’Iseran era el más alto de Europa, ¿me había equivocado? ¿Quizá aquí había un tramo sin asfaltar al final y eso hacía el Col de l’Iseran la carretera asfaltada más alta de Europa y esta la carretera más alta de Europa a secas? ¿Pero entonces qué pasaba con la Pointe Sommeiller? ¡Se supone que esa era la carretera sin asfaltar más alta de Europa! Menudo lío.

Todas estas preguntas quedaron rápidamente olvidadas mientras disfrutaba de una subida épica y aparentemente interminable hacia el puerto. Jausiers está a 1195m y el puerto a casi 3000m, así que podéis imaginar la carretera. Todo tipo de curvas, llanuras salpicadas de ganado, vistas imponentes, varios fuertes abandonados… lo tenía todo. Cuando llegué al puerto, desprovisto de toda vegetación y azotado por el viento, entendí por fin el porqué de la etiqueta “la carretera más alta de Europa”. El título del puerto más alto de Europa pertenece efectivamente al Col de l’Iseran, que es 49m más alto. Sin embargo, hay una carretera circular que parte del Col de la Bonnette y da la vuelta al pico de la Bonnette, alcanzando los 2802m, lo que le otorga el título de carretera asfaltada más alta de Europa.

Aparqué al lado de muchas otras motos que compartían un espacio minúsculo al borde de la carretera en el punto donde alcanza su máxima altura y anduve la distancia que faltaba hasta el pico de la Bonnette.

Vestido con todo el equipo de moto, chaqueta, pantalones y botas, notaba claramente que el aire era menos denso a esa altura, pero el esfuerzo valía la pena: desde el pico se veían unas vistas ininterrumpidas de 360 grados sobre los Alpes hasta donde alcanzaba la vista.

Bajé por el otro lado de la carretera hasta el puerto y seguí con la ruta hacia el siguiente, el Col du Raspillon, que resultó ser otros de esos puertos que conectan el final de un valle con el comienzo de otro más alto, no uno entre montañas, así que me lo perdí una vez más.

A medida que la carretera bajaba hacia St-Étienne-de-Tinée la temperatura subió sin piedad. Ni tan solo fue un cambio progresivo, iba por la carretera con una temperatura muy agradable, disfrutando de las vistas del rio Tinée cuando de golpe, al salir de una curva no muy lejos del pueblo, sentí una oleada de aire caliente golpearme en la cara como si acabara de abrir el horno para ver qué tal estaba la pizza. Para cuando llegué a St-Étienne tuve que parar para abrir toda la ventilación del traje.

Las cosas no mejoraron en absoluto más adelante y, cuando dejé la carretera principal para subir hacia el Col de St-Martin no podía ni ver la carretera bien, pues el calor y el sudor habían empañado mis lentillas. Paré a limpiarlas y tomarme un respiro y, con mucha mejor visibilidad, pude disfrutar mejor de la subida.

Sin embargo, la diversión no duró demasiado. De vuelta al valle en dirección a La Bollène-Vesubie el calor era ya insoportable y empezaba a estar agotado. La subida al último puerto del día, el Col de Turini, era intersante, con un paisaje más mediterráneo que contrastaba con lo que había estado viendo estos últimos días, pero no estaba disfrutando realmente de ello. Me pareció que tardaba una eternidad en llegar arriba y me preocupaba que aún me quedara mucho rato antes de encontrar un cámping en el otro lado, ya que la zona parecía muy despoblada.

Cuando coroné el puerto encontré no uno, sino tres hoteles. Parece que es un importante cruce de caminos. Mientras me reponía bajo una sombrilla en la terraza de uno de ellos bebiendo una Coca-Cola fría estuve muy tentado de mandar al garete el presupuesto del día y pedir una habitación allí mismo, pero el camarero me dijo que había dos cámpings en Moulinet, el primer pueblo carretera abajo, a tan solo 12km.

Me sentía mucho mejor tras el descanso y la Coca-cola, y la bajada era a través de un bosque denso que ayudó mucho a mejorar el problema de la temperatura, así que disfruté más de esos últimos pocos kilómetros.

Casí me pasé la entrada del cámping, pues era una rampa estrecha y empinada a través del bosque y no había ningún cartel grande. El lugar se llamaba La Ferme, y eso es exactamente lo que era: una vieja granja con cuatro o cinco bancales donde plantar una tienda. Dudo que una autocaravana, y no digamos ya un turismo tirando de una caravana, fueran capaces de subir por ahí, y aún menos dar media vuelta para volver a bajar, así que los únicos que ocupaban el sitio eran un motero alemán, una pareja alemana con coche y tienda y una pareja francesa con una pequeña furgoneta Citroën. Me instalé cerca del motero, que resultó ser uno de esos casos rarísimos de un alemán que no habla ni una palabra de inglés.

Planeando la ruta para el día siguiente, vi que me quedaba solamente un puerto para llegar a la costa y, con algunos días de vacaciones aún por gastar, le di vueltas a la idea de volver a Barcelona en dos días y evitar la autopista, pero el día me había enseñado que la temperatura era demasiado alta para disfrutar de la carretera en cualquier sitio que no fuera por encima de los 1000m, así que decidí levantarme con el sol y volver por autopista.

Cuentapuertos:

31. Col d’Izoard 2360m

32. Col de Vars 2108m

33. Col de la Bonnette 2715m

34. Col du Raspillon 2513m

35. Col de St-Martin 1500m

36. Col de Turini 1604m

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