La Pointe Sommeiller y el Tunnel du Parpillon

Día 6 – Sábado 5 de Agosto – Rutas offroad y vuelta a Briançon (278km)

 

“No muchos llegan arriba, ya que la carretera suele estar cubierta de nieve”.

“Algunas partes difíciles, que te harán preguntarte sí seguir adelante”.

“Dificultad de hasta 8 sobre 10, 10 siendo imposible”.

“Lo más alto a lo que puedes llegar con un vehículo en Europa”.

Estos son algunos de los comentarios que encontré online sobre la Pointe Sommeiller cuando estaba preparando el viaje. Era todo un reto enfrentarme a esta ruta solo, pero me sentía a la altura después del éxito de las rutas del día anterior, y sentía que no podía irme de la zona sin al menos intentar completar una de las rutas más más míticas de la región.

Esta pista de montaña se abrió en 1962 y no es una ruta militar, ya que termina sin salida, no conecta con el lado francés y no hay ninguna fortificación, sino que se construyó con vistas a abrir unas pistas de esquí. El proyecto fue abandonado en 1980, pero la pista sigue ahí.

La ruta empieza en el mismo punto que el túnel de Fréjus, justo pasado el pueblo de Bardonecchia. La primera parte, que lleva a la aldea de Rochemolles, está asfaltada, pero eso no la hace más fácil; es una carretera muy estrecha a través del bosque con algunas de las horquillas más cerradas e inclinadas que he visto jamás. Pasado Rochemolles la pista empieza, y en su mayor parte no es un recorrido difícil, hay algunas horquillas, pero el piso es suficientemente bueno como para pasar con todo tipo de coches. El bosque empieza a aclararse a la altura del Lago di Rochemolles, una presa a medio subir el valle. La parte de la pista que lleva de allí al fondo del valle es la más fácil, ganando altitud con mucha suavidad hasta llegar a un aparcamiento y una caseta de madera que marca el inicio de la parte complicada.

Una chica en la caseta me dijo que había que pagar un peaje de cinco euros para acceder al resto de la ruta, una medida que me pareció razonable para mantener el tráfico controlado y la carretera abierta y con un mantenimiento adecuado como ruta turística. También se aseguraba de que no se metiesen vehículos no adecuados pasado ese punto, pues era a partir de ahí que las cosas se ponían difíciles: un primer tramo con una serie de horquillas muy cerradas con algunas piedras sueltas y surcos justo en los peores lugares. Después de esto venía una llanura donde la pista se nivelaba y aparecían las primeras nieves.

Al fondo de la llanura las cosas se volvían a complicar. La carretera subía los últimos cientos de metros por un terreno muy rocoso, que hacía que la moto rebotase por todas partes. Recordando el consejo de los moteros alemanes del día anterior en el Forte Jafferau, paré a deshinchar un poco los neumáticos. Fue como la noche y el día: la moto era ahora mucho más controlable e iba exactamente por dónde yo quería que fuese, sin rebotar nada.

Un par de horquillas más arriba llegué al final de la pista, una explanada desierta con una valla de madera que la separaba del lago en lo alto del collado. A mi derecha, el glaciar el Sommeiller, donde nacía el agua del lago.

Anduve pasada la valla y me encontré un hombre con una GS de las primeras al lado del lago que estaba recogiendo las cosas. Me acerqué y me contó que había pasado la noche allí arriba, toda una experiencia.

Los únicos otros vehículos allí arriba eran un par de 4×4 muy preparados, pero había otro que me llamó la atención. Contra todo pronóstico, una familia holandesa había conseguido llegar hasta allí arriba ¡con una Volkswagen California! Vale, era la versión Syncro 4×4 y le habían puesto neumáticos BF Goodrich de tacos, peró no por ello me resultó menos sorprendente.

La bajada fue más fácil de lo que me esperaba, o quizá simplemente tenía más confianza después del descenso del Forte Jafferau por las pistas de esquí el día anterior. En cualquier caso, la única dificultad que me encontré es que a la hora que empecé el descenso ya llegaba más tráfico de subida, así que tenía que ir con más cuidado, pues no había mucho sitio en la pista. A medio camino del tramo final de horquillas vi una larga hilera de Jeep Wranglers que subía, así que me aparté en una cornisa amplia y paré a hacer algunas fotos y esperar que pasaran antes de arriesgarme a encontrármelos de cara en una curva cerrada.

Desde el fondo del valle el resto del descenso no ofrecía ninguna dificultad aparte de la cantidad de gente que sube por este tramo más fácil, algunos de ellos un poco demasiado rápido y ocupando todo el espacio en la pista.

Al llegar abajo, saqué el compresor para devolver los neumáticos a la presión correcta antes de tomar la carretera hasta la segunda ruta off del día: el Tunnel du Parpillon.

Tenía que volver a Briançon y luego ir hacia el sur por la carretera principal hasta Montdaufin, donde una carretera más pequeña lleva a Guillestre y a través del Col de Vars, una ruta que iba a repetir al día siguiente como continuación de la Route des Grandes Alpes. Al fondo del valle en el otro lado del puerto el pueblo de La Condamine-Châtelard marca el punto de inicio de la carretera alpina D29, la pista que sube hasta el Tunnel du Parpillon, a 2.637m.

 

La carretera y el túnel conectan el valle de Ubaye con Embrun y fueron construidos por el ejército francés en 1891, ya que el paso se consideraba de importancia estratégica. Se ha cerrado al tráfico varias veces a lo largo de los años, pero algunos de los moteros que me encontré en Forte Jafferau acababan de hacerlo, así que no imaginaba que tuviera problemas. La ruta que iba a hacer, aproximadamente de sur a norte, era la que la mayoría recomendaba, pues el ascenso desde este lado es más complicado y hay menos probabilidades de encontrarse con tráfico aparte de ciclistas y algún motero o 4×4. Al igual que el último tramo del Sommeiller, esta no es una ruta para intentar en un turismo.

Cuando dejé la carretera principal vi un cartel que decía “Tunnel du Parpillon FERMÉ”. Mi francés es mucho mejor que mi italiano, así que este lo pillé sin problemas pero, como tenía información reciente de que estaba abierto, simplemente lo ignoré y tiré para arriba. Había por lo menos una señal más como esa antes de que la carretera se convirtiera en pista, así que cuando me encontré con un grupo de ciclistas recogiendo las cosas al lado de su coche paré a preguntarles por el túnel. Me confirmaron que estaba abierto, justo bajaban de allí. También me dijeron que tenía bastante agua en el interior. Vaya, vaya…

La subida tenía puntos comparables a la Pointe Sommeiller, mucha piedra, buen desnivel, curvas cerradas… Buena idea que hubieran puesto carteles al principio avisando de que no era una ruta apta para turismos.

Sin embargo, a media subida vi un vehículo bajando. Tenía luces diurnas en forma de C en el parachoques, así que al principio pensé que era un Renault Captur de los nuevos, y me dije que el conductor era un valiente metiéndose con un SUV de tracción delantera y ruedas de carretera en un sitio así, pero cuando me acerqué me quedé boquiabierto al ver que era ¡un Passat GTE! Un híbrido deportivo con muy poca distancia al suelo. Si fuese mi propio coche no lo hubiera metido ahí ni por todo el dinero del mundo. Imaginé que debían haber subido por el otro lado, que se supone que era mucho más fácil, y habían decidido seguir por este valle. Mala idea.

Unas curvas más adelante llegué a la entrada del túnel. Era un túnel estrecho, con unos portalones de metal donde se leía con pintura desgastada “cirulation interdite”. No parecía demasiado “interdite”, pues en unos pocos minutos varios 4×4 y motos emergieron de su interior.

Uno de ellos, un holandés en una GS1200 Adventure, se paró a hacer algunas fotos y me acerqué a preguntarle por el estado del túnel y nos pusimos a charlar. Iba de viaje con su mujer y estaban alojados en Creveux, el primer pueblo al bajar. La había dejado allí y había subido a ver si la pista era factible para volverla a subir con pasajera. Era la primera GS1200 que veía en todo el viaje con gomas de tierra (TKC80) y haciendo pista. El hombre era muy simpático, y ya que íbamos en la misma dirección me nombró “su amigo durante la siguiente hora” y propuso hacer la bajada juntos.

El ancho túnel solo permitía el paso de un coche, así que esperamos para asegurarnos de que no viniera nadie y nos metimos. Tenía medio kilómetro de longitud y el piso estaba lleno de barro y charcos que negociamos en la oscuridad total, pero los neumáticos se portaron de maravilla y no tuve problemas.

Una vez al otro lado del túnel y de bajada, entendí por qué los de Tarragona me habían recomendado hacer la ruta en este sentido – las vistas eran mucho más bonitas de bajada por esta vertiente, con algunas paredes impresionantes ante nuestro.

Cuando encontramos asfalto de nuevo nos paramos a darnos los detalles de contacto para enviarnos los vídeos que habíamos hecho a la bajada, y él llamo a su mujer para decirle que se preparara para subir con él y que pidiera un par de coca colas para nosotros, tras lo cual me invitó a seguirle hasta el hotel. ¡No podía decir que no!

Estuvimos charlando un rato en la terraza de la casa rural donde se alojaban en el pueblecito de Creveux y, cuando me puse en camino hacia Briançon, ellos enfilaron de nuevo hacia el túnel.

Cuentapuertos:

28. Col de l’Echelle 1762m

29. Col du Sommeiller (off) 2993m

30. Col du Parpillon (off) 2637m

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