Calor, tapas y monos

Día 7 – Viernes 3 de abril – De Jerez a Ronda  (331km) – [MAPA]

Se acabó el ponerse en ruta sin desayunar al despuntar el día a partir de aquí; Nat dejó clarísimo que le daba igual si teníamos que hacer 900 km a través del Sahara antes de que se pusiera el sol o lo que fuese, no pensaba subir a la moto sin haber desayunado como Dios manda. Así que con esas salimos del hotel a desayunar como la gente normal y luego nos cambiamos, cargamos la moto y nos dirigimos al sur rumbo a Cádiz.

Llegamos enseguida, no había mucho tráfico, y aprovechando que íbamos en moto fuimos hasta la entrada del Fuerte de San Sebastián, aparcamos allí mismo y dimos un paseo. Construido en 1706, contiene un faro de metal que fue el segundo faro eléctrico que se construyó en el país. Puede que reconozcáis el lugar de algunas escenas de “Muere otro día”, una de las entregas de la saga James Bond, en la que Pierce Brosnan viaja a La Havana. Seguramente era mucho más sencillo rodar aquí que en Cuba.

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Dimos una vuelta rápida por el casco antiguo con la moto y luego pusimos rumbo a Conil de la Frontera, donde teníamos la intención de dejar la carretera principal y seguir la costa hasta Tarifa mismo, el punto más al sur de la Europa continental. Intentamos parar en Conil, pero el tráfico era infernal, un montón de turistas intentando acceder a la playa, y además empezaba a hacer demasiado calor para negociar un atasco así en la moto, así que tiramos hacia nuestra siguiente parada: Zahara de los Atunes.

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Esto ya era otra cosa, a pesar de que el día era soleado y la temperatura alta si parábamos, la brisa proveniente del mar era fresca, así que estábamos bastante cómodos sobre la moto en las maravillosas carreteras que recorren la costa. Hacía un poco de viento y vimos mucha gente practicando kite surf en la playa. Atravesamos Barbate, famoso por su “pescaito frito” y pudimos ver cómo descargaban pescado de varios barcos y había algunos chiringuitos al lado de la carretera de donde emanaba un tentador aroma, pero era un poco temprano para comer, así que seguimos. Para cuando llegamos a Zahara sí que era buena hora, y viendo que el sitio era mucho más tranquilo que Conil, decidimos parar a por unas tapas. Nos refugiamos en la sombra y pedimos unas cañas, salmorejo con tortilla de camarones y chicharrones con nubes cítricas. No tengo palabras para describir lo delicioso que estaba todo. Intentamos dar un paseo después, pero con 34ºC de temperatura, ropa de moto y botas no nos pareció la mejor idea, así que después de ver la playa volvimos a subir en la moto, contentos de sentir de nuevo la brisa.

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Al acercarnos a Tarifa la brisa se convirtió en fuertes ráfagas que a su vez se convirtieron en un viento huracanado para cuando llegamos alcanzamos la ciudad después de atravesar unas bonitas colinas. Aparcamos la moto tan bien como pudimos para protegerla del viento y asegurarnos que no se cayese de lado y fuimos a dar un paseo por el estrecho paso que conecta Tarifa con la Isla de las Palomas.

La isla es el punto más al sur de Europa (si no contamos con territorios como las Islas Canarias o las Falkland) y me pareció en cierto modo poético haber llegado allí en la misma moto que en 2013 me llevó al punto más al norte de Europa, el Cabo Norte.

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Se podía ver África sin problemas desde allí, pero mi idea de dar un paseo hasta el otro lado de la isla y tener mejores vistas del otro lado del estrecho se vio truncada cuando descubrí que el gobierno tenía la isla cerrada, la pasarela que la conectaba a tierra firme solo llevaba hasta una verja. Volvimos a la moto con el Mediterráneo a nuestra derecha y el Atlántico a nuestra izquierda y un fuerte viento azotándonos la cara y lanzándonos arena y agua que hacía difícil andar recto.

La siguiente y última parada del día era Gibraltar, lugar que tenía mucha curiosidad por ver. El peñón se cedió a Gran Bretaña en 1713, al terminar la Guerra de Sucesión, como parte del tratado de Utrecht, y ha permanecido en manos británicas desde entonces. Hay que cruzar la frontera para acceder, y es bien sabido que se forman unas longas colas de coches en horas punta, problema que se ve exacerbado por el extraño hecho de que la carretera atraviesa la pista de aterrizaje del aeropuerto del peñón y la cierran como un paso a nivel cada vez que un avión va a tomar tierra.

Nos escabullimos hasta la cabeza de la cola, el procedimiento habitual en moto, enseñamos los pasaportes a los guardas de la frontera y nos dejaron entrar; era una sensación rara atravesar una pista de aterrizaje de verdad con mi moto. Queríamos subir hasta lo alto del peñón, pero es una reserva natural y aquellos que quieran subir deben abonar 10 libras esterlinas por persona más 2 libras por vehículo, un total de 22, poco más de 30 euros al cambio del momento. Demasiado, pensamos, y en cualquier caso ya se estaba haciendo tarde y quedaba un buen trecho hasta el destino final del día, Ronda; así que fuimos a visitar la Punta Europa, que da al estrecho desde el otro lado del peñón, y al final no tuvimos que pagar nada para ver los famosos monos de Gibraltar, había un montón de ellos de camino a la Punta.

A pesar de que era tarde me negaba a coger ninguna autovía hasta Ronda, ni que fuese un trocito, así que subimos por la A-405 y la A-369 desde Miraflores, y de inmediato supe que había sido la decisión correcta. La carretera era lo suficientemente buena para mantener un ritmo ligero, lo que significaba que no íbamos a tardar demasiado en llegar a Ronda, pero al mismo tiempo era lo suficientemente interesante, con una combinación de buen paisaje (colinas verdes salpicadas de los típicos pueblos blancos andaluces), buenas curvas y poco tráfico.

Llegamos a Ronda con la puesta de sol, y esta vez estuvimos de suerte: el hotel no estaba en medio de ninguna procesión, a pesar de que tuvimos que rodear la ciudad y acceder desde el norte para alcanzarlo. Con la moto en el párquing, un ducha y ropa limpia, salimos a la calle a buscar dónde cenar.

Ronda es una ciudad preciosa que ha cautivado el corazón de muchos escritores que a lo largo de los siglos se enfrentaron a los duros caminos para cruzar las montañas y descubrir sus encantos, como atestigua un mural en el casco antiguo con citas de sus novelas y poemas.

La ciudad está situada en un alto dividido en dos por una profunda garganta, por el fondo de la cual discurre el rio Guadalevín. Tres puente conectan ambos lados de la ciudad, el más impresionante de ellos el Puente Nuevo, un nombre curioso teniendo en cuenta que se construyó en 1751… Es una mole de piedra de 120 metros de alto iluminado por la noche, así que pudimos disfrutar de su magnífica presencia a pesar de que era ya tarde. No solo pudimos ver el puente, sino que tuvimos la suerte de coincidir con una procesión que justo lo atravesaba cuando llegamos; la mejor vista posible del puente.

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Un pensamiento en “Calor, tapas y monos

  1. Se entiende bien vuestro disfrute en el Sur, excepcional por tantos motivos.
    En lo q la geografia tiene algo q decir es en que tanto si lo consideras como si no Canarias no está en Europa. Està en Africa. No te digo las Falkland que estan al final de América.
    Creo que cuando hablas del punto mas al sur de Europa te refieres a una idea física y no política. Me parece q Tarifa es ese lugar sin lugar a dudas:-)

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