La Princesa del Báltico

Día 48 – Domingo 11 de agosto – De Estocolmo a Turku (241km – en ferry)

Había dormido apenas 4 horas para cuando sonó el despertador a las 5 am, pero tenía 11 horas de ferry por delante, así que pensaba que aparte de ponerme al día con el blog, también recuperaría algo de sueño. Terminé de guardar en la maleta las cuatro cosas que no recogí por la noche tan silenciosamente como pude para no despertar a nadie y mientras empaquetaba encontré una nota de despedida de Andrew, un bonito detalle. No había nadie despierto en el hostal, así que me tomé un café solo en la cocina y luego cogí la moto por las calles desiertas hasta la terminal de ferrys, preparado para embarcar en el Baltic Princess justo pasadas las 6 am.

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El sol ya había salido y no había ni una nube en el cielo, era un día perfecto para pasarlo en la cubierta de un barco. Lo bueno de ir en moto es que te embarcan de los primeros, así que apenas había llegado a la cola cuando me indicaron que pasase a la parte de delante del todo, al lado de un motero ruso, y embarcamos entre los primeros vehículos.

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Dejé la moto un poco preocupado por que se tumbase si hacía mala mar, y fui a buscar un buen lugar para sentarme. Desgraciadamente, no había ninguna sección de asientos, y como tampoco había reservado camarote, vi que no iba a dormir nada. El único sitio donde me podía sentar era en la cubierta superior, pero por suerte el tiempo era bueno, así que no era un problema. A las 7:10, puntual como un reloj, el barco soltó amarras y comenzamos la travesía de 11 horas.

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Al cabo de solo una hora ya estaba tremendamente aburrido, y me empecé a preguntar cómo demonios la gente podía pensar que un crucero era algo genial. Escribir el blog y leer el libro que levaba conmigo mataron alguna horas, pero lo que realmente me salvó fue descubrir que había WiFi, una conexión pobre, pero suficiente para conectar el Whatsapp y poder charlar con los míos. Pasarse el día en la carretera y luego socializando en los hostales o con los amfitriones de CouchSurf no le deja mucho tiempo a uno para chatear.

A mediodía, el ferry hizo escala en Aland, una isla grande entre Suecia y Finlandia, y desde la cubierta superior escuché el rugido de Harleys. Me levanté para ver qué estaba esperando para embarcar y vi un gran grupo de motos en el puerto. Era el MC de Turku, que habían pasado el fin de semana en Aland y estaban de vuelta a casa.

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El resto del día se me pasó más rápido de lo que me esperaba, y para cuando el barco se acercaba a Helsinki me sorprendí a mi mismo de haberlo pasado mejor de lo que esperaba a bordo. El mar había estado muy calmado, y no me mareé nada, a pesar de pasar buena parte del día pegado a la pantalla del ordenador, y de todos modos no pasamos mucho tiempo en mar abierto, unos dos tercios del viaje había transcurrido entre pequeñas islas en las costas de Suecia, Aland y Finlandia.

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Media hora antes de desembarcar llamaron a todos los conductores a la cubierta de vehículos y cuando las puertas empezaron a abrirse, unas 40 Harleys arrancaron sus motores al mismo tiempo. El trueno que eso provocó reverberó en el enorme espacio de la bodega, haciendo saltar las alarmas de todos y cada uno de los coches que había allí, un sonido de mil demonios.

Llegué al hostal en solo diez minutos, y ya que era tarde y Turku era una ciudad residencial sin gran cosa que ver, me duché y me acosté, contento de pensar que al día siguiente iba a recoger a mi novia en el aeropuerto de Helsinki.

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