Un feliz reencuentro

Día 49 – Lunes 12 de agosto – De Turku a Helsinki (302km)

Sólo había 155km, no 302, entre mi hostal en Turku y el que habíamos reservado en Helsinki, pero tenía que dejar el primero a las 10 am y no podía entrar en el segundo hasta las 3 pm. En vez de llegar allí tres horas temprano y tener que esperar en la puerta o en un café cercano, ya que no iba a ponerme a hacer turismo con toda la ropa de moto puesta, decidí tomar la ruta paisajística y seguir todas las carreteras secundarias que encontrase por la costa. El problema era que estaba lloviendo fuerte, pero una vez ya te has mojado, da igual si pasas una hora o tres de más en la carretera, así que me puse en marcha.

Por suerte, la lluvia paró al cabo de una hora, justo cuando dejaba la carretera principal y me metía por una carretera más pequeña hacía la costa. Tome lo que se conoce como The King’s Road, una ruta de correo del siglo 14 que iba desde Bergen, en Noruega, a Vyborg, en Rusia. Salió el sol, la carretera estaba seca y encontré una ruta por la costa que era una maravilla y compensó con creces la lluvia matinal. Si alguno de los moteros que sigue el blog está planeando viajar a Finlandia un día, no dudéis en pasar por esta ruta.

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Llegué a Helsinki a las 3 en punto y me registré en el hostal. Tenían un parking subterráneo que costaba 17€ al día, pero la chica de recepción, que era un verdadero encanto, me dijo que ya que era una moto, la podía dejar donde quisiera cerca de una pared siempre que no ocupase una plaza para coche y me dio las llaves. Mi novia llegaba a las 5 pm, así que tenía el tiempo justo para comprar algo de cenar y buscar un sitio donde cambiar dinero; algunas de las fronteras por donde había cruzado no tenían oficinas de cambio, en otras ocasiones había pasado con prisas y no había tenido tiempo de buscar una, y había acumulado dinero de Rumania, Rusia, Kazakstán y Noruega que necesitaba cambiar, así como algunos dólares americanos que llevaba en caso de emergencia y que no iba a necesitar ya. Fue una agradable sorpresa ver que una vez cambiado todo a euros, tenía un pellizco con el que no había contado.

Llegué al aeropuerto a las cinco y media y encontré a mi novia esperándome ya. Hacía un mes y medio desde la última vez que nos vimos, y a pesar de que viajar en solitario no había significado estar solo, pues había conocido a mucha gente especial durante el viaje, la había echado mucho en falta, y estaba más que contento de que mi cambio de ruta después del incidente de la llanta significase que podíamos pasar juntos más tiempo de vacaciones del que habíamos planeado al principio. Hasta el momento mi viaje había sido una aventura, pero yo no lo llamaría vacaciones, ya que había sido física y mentalmente agotador, y tenía la sensación de que ahora iban a empezar las verdaderas vacaciones.

Ella había estado en Helsinki ya dos veces, así que fue mi guía lo que quedaba de día y visitamos el centro de la ciudad, que era precioso. No llovía, pero la ciudad tenía aquella luz tan especial que solo se ve cuando el cielo está cubierto de nubes muy negras pero el sol ha empezado ya a bajar y brilla por debajo de las nubes, iluminándolo todo contra el cielo oscuro.

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De vuelta al hostal, redistribuimos todo el equipaje para aprovechar el espacio al máximo y prepararnos para encarar la carretera para la última etapa de mi viaje. Al día siguiente íbamos a tomar el ferry para pasar a Tallinn, Estonia, para visitar las repúblicas bálticas.

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