Tres moteros en Volgograd

Día 14 – Lunes 8 de Julio – de Luhansk a Volgograd (506km)

Ningún problema en la frontera hoy. La burocracia rusa fue más fácil de lo esperado, simplemente tardé un rato en cumplimentar todos los formularios de inmigración e importación temporal de la moto y luego me dieron la bienvenida a Rusia, los guardias de frontera eran mucho más simpáticos que los ucranianos. Las carreteras eran bastante buenas durante casi toda la mañana, y cuando me paré en una pequeña área de descanso, un camionero que pasaba paró el camión y dio marcha atrás hasta donde yo estaba. En ruso, me preguntó de dónde venía y cuando le expliqué que venía de Barcelona e iba a Mongolia se sorprendió mucho y me deseó suerte. Al cabo de un rato un hombre mayor y su hijo detuvieron su viejo Lada, se bajaron y me dijeron algo señalando la moto. De los gestos que hacía el hombre entendí que él también tenía una moto en su pueblo, y luego cogió mi libreta de direcciones, que había sacado para llamar a mi anfitrión en Volgogrado, y apuntó su nombre y dirección, haciendo gestos que daban a entender que podía dormir en su casa si lo necesitaba. Solo llevaba unas horas en Rusia, pero la gente que había encontrado eran de lo más agradable y servicial que había visto.

Un par de horas más tarde llegué a Volgogrado para encontrar un atasco enorme, y cuando miré el GPS no podía creer mis ojos: ya estaba en la ciudad y el trasto decía que aún me quedaban 30km hasta casa de mi anfitrión. Al cabo de una hora de locura circulatoria rusa llegué allí y descubrí que Volgogrado es una ciudad enorme; se extiende a lo largo de unos 80km en ambas orillas del río Volga a pesar de tener sólo 1,5 millones de habitantes.

Me paré enfrente de la puerta de mi anfitrión y esperé que llegase alguien, y me sorprendió mucho ver que la novia de mi anfitrión llegaba acompañada de otros dos couch surfers que también estaban en el piso… ¡y que eran también moteros!

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Uno de ellos, Lex, de Holanda, iba en su vieja Transalp hacia Georgia y Turquía, y Martin, de la República Checa, iba en su GSA más o menos por la misma ruta que yo, pero a diferencia de mí, iba a visitar todos los Stans, mientras que yo solo haré Kazakhstan. La novia de nuestro anfitrión me dijo que dejase las cosas en el piso t me duchase y nos llevó a dar una vuelta. No cogí el teléfono ni nada más, ya que pensaba que sería una rato, pero nos embarcamos en un tour nocturno de la ciudad de Volgograd y no volvimos al apartamento hasta bien pasadas las dos de la madrugada. Estaba totalmente agotado, pero había valido la pena sin lugar a dudas; visitamos los monumentos más importantes de la ciudad conmemorando la batalla de Stalingrado, y eran algo imponente de ver a esa hora de la noche, sin calor y sin turistas. Una experiencia maravillosa.

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