Fin de semana de prueba

Eran las ocho de la mañana del sábado, estaba diluviando y mi plan de salir temprano y pasarme el día entero rodando ya empezaba a retrasarse porque me había dejado la documentación de la moto en casa de mis padres. Ah, y no tenía carnet de conducir…

Vivo en un piso en el centro y mi moto duerme en la calle (una de las razones por las que compré una de segunda mano y no una GS tope de gama) de modo que la logística del viaje no es fácil. No puedo trabajar en la moto allí ni, evidentemente, ir subiendo y bajando las escaleras del piso cargando con todo el equipo que necesito e ir colocando cosas en la moto de una en una o de dos en dos, podrían llevarse algo mientras subo a por el resto. Por eso cuando necesito hacer la revisión o instalar algo, como he estado haciendo estos últimos meses, uso casa de mis padres. Viven en una casa grande a unos 30 minutos de donde estoy yo y tienen un patio delantero donde puedo aparcar la moto y trabajar en ella, de modo el que el viernes por la mañana coloqué las maletas (que se pueden cerrar con llave) en casa y luego cargué el petate y la bolsa del depósito y me fui para allí. En casa de mis padres desmonté el baúl, que no me llevaré de viaje, instalé el soporte para los neumáticos que había hecho la semana anterior, até los neumáticos en su sitio, metí la funda para la moto y la bolsa con la comida dentro de los neumáticos, até el petate encima y enganché la lata de gasolina y las botellas de aceite, limpiacadenas y agua a las maletas.

Me encontré con el primer obstáculo justo en la puerta de mis padres. Están construyendo una escuela al otro lado de la calle y ya casi han terminado, de modo que tenían que desmotar la enorme grúa que habían estado usando y ¿alguien quiere adivinar qué día habían elegido para hacerlo? Sí señor. El viernes. Cuando llegué había una grúa pluma enorme aparcada enfrente de la puerta, pero como aún no habían empezado a trabajar pude subir a la acera con la moto y meterme en el patio. Sin embargo ahora parecía que ya habían terminado el almuerzo y habían decidido ponerse a trabajar, y la grúa había girado para desmantelar las distintas secciones de la grúa de construcción y los enormes contrapesos de detrás de la cabina estaban a apenas medio metro de la puerta. Yo entraba a trabajar en media hora, así que tenía que encontrar el modo de salir si no quería llegar y encontrarme con un grupo de alumnos mosqueados, y no eran niños, sino trabajadores de una empresa farmacéutica. Por suerte, los contrapesos estaban bastante altos y había justo el espacio suficiente debajo para sacar la moto hacia atrás, girarla y pasar por encima de la acera entre el camión y las casa mientras se movían.

El motivo por el que me iba a trabajar con la moto cargada con todo era, una vez más, la logística. Trabajo en las afueras y no termino hasta las 10 pm, y además iba a pasar la noche en casa de mi novia, que también vive fuera de Barcelona y ponerme en camino temprano el sábado por la mañana. Como no quería levantarme a las 5 am o salir demasiado tarde, esto suponía llevármelo todo conmigo el viernes. Bueno, eso sería la primera prueba: dejar la moto enfrente del trabajo todo el día y a ver si no me robaban nada.

Por surte, no lo hicieron, ni en el trabajo ni durante la noche, y a las ocho en punto del sábado por la mañana estaba listo para salir a pesar de la lluvia… cuando me dí cuenta de que la documentación de la moto estaba en el baúl en el garaje de mis padres. Maldita sea.

Una hora más tarde estaba en la autovía, feliz de dejar la ciudad atrás. Tenía la documentación y la lluvia había parado, hasta parecía que iba a salir el sol. No había solucionado el tema del carnet, eso sí, pero era algo que ya sabía: hacía dos años que tenía la moto, desde que me saqué el carnet, pero como era el primer carnet, era el A2, lo que significa que solo podía llevar motos de hasta cierta potencia. La mía estaba limitada y quería deslimitarla para el viaje de este verano, de modo que había hecho el curso una semana antes. Al final del mismo, se quedaron mi carnet y me dijeron que el provisional llegaría en una semana… pero no llegó. Parecía que iba a tener que arriesgarme a irme de fin de semana sin.

Quería probar el equipo de acampada y de cocina, y el GPS, en el que había programado la ruta usando BaseCamp, pero sobretodo, quería ver hasta dónde podía llegar por carreteras en mal estado antes de cansarme y si podría descansar lo suficiente para volver a hacer la misma distancia al día siguiente, de modo que pronto dejé la autovía y me dirigí a carreteras más secundarias; justo pasado Igualada cogí una carretera más pequeña que llevaba hacia Santa Coloma de Queralt and Poblet. Conocía esta carretera y sabía hacia dónde quería ir, de modo que había programado unos waypoints en el GS. Me sorprendió pues que no parecía tener muy claro dónde iba… Nunca me han terminado de gustar estos aparatos y nunca había tenido uno, hasta ahora. Pensé que necesitaba uno para aprovechar al máximo los magníficos waypoints que Walter Colebatch de HUBB ha recopilado para el norte de Asia, pero siempre he preferido fiarme de un buen mapa sobre papel. Tuve que parar varias veces para corregirlo, seleccionando el siguiente waypoint manualmente en vez de dejarlo seguir la ruta completa. Cambié algunos ajustes y preferencias y al final conseguí que funcionase. Reconozco que seguramente era culpa de mi falta de experiencia con el aparato, me pareció que no era nada intuitivo de usar. En una de las paradas que hice volvía a colocar el forro térmico de la chaqueta ya que hacía bastante frío a pesar de que no llovía. Lo había metido en la tapa de la maleta izquierda, junto con el forro de los pantalones y un par de guantes de invierno para poder sacarlo rápidamente. Los dejaré ahí para el viaje.

Pasado Poblet la carretera empezaba a serpentear montaña arriba hacia Prades y empezaba a divertirme. La moto se comportaba realmente bien a pesar del peso de más, y no se la notaba faltada de potencia en la subida. Fui hacia el suroeste siguiendo la Serra del Montsant, disfrutando de las maravillosas vistas y las carreteras vacías y de bajada hacia Falset vi una explanada a la izquierda de la carretera. Pensando que era un buen sitio para practicar mis habilidades off-road, dejé la carretera y me metí allí. El terreno era una combinación de gravilla de la construcción de la carretera, barro y algunos arbustos pequeños. Al meterme la moto patinó un poco de delante, pero al contrario que la ultima vez que intenté probar estas condiciones, me relajé y la dejé hacer lo suyo, abriendo el gas de vez en cuando para mantenerla recta. Incluso cargada hasta los topes y con neumáticos más de carretera, se comportó bien, inspirando confianza. Naturalmente, no iba a lanzarme por las pistas a 100 km/h como si participase en el Dakar, pero me sentía más seguro de poder viajar distancias más largas por pistas; de todos modos la intención es tomarme el viaje con calma.

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A mediodía llegué a una carretera nacional y seguí el Ebro hasta Flix y Ascó. El tiempo aguantaba e incluso había salido un poco el sol, de modo que decidí para a comer y ver si el viejo fogón Coleman que había comprado de segunda mano on-line funcionaba. Encontré una área de picnic al lado de la carretera, me senté en una de las mesas de madera, saqué la comida y los enseres de cocinar y preparé el fogón. Le puse gasolina y siguiendo las instrucciones le di 20 veces a la bomba, abrí la válvula y acerqué una cerilla al quemador. Nada. Le dí un poco más a la bomba, asegurándome de haber girado la maneta de la bomba a la posición correcta, pero seguía sin encenderse. Entonces me dí cuenta de que tenía gasolina en la mano y apagué rápidamente la cerilla, con imágenes de mi mano en llamas cruzándome la mente. Parecía que había una fuga de gasolina en la base del conjunto del quemador, donde se une al depósito. Me iba a quedar sin comer caliente, pues… Limpié la fuga, vacié el depósito, volví a meter todo en la moto y me puse de nuevo en camino en busca de un lugar donde comer, de bastante mal humor. Para rematarlo, al cabo de pocos kilómetros empezó a llover. Quería encontrar un bar o restaurante al lado de la carretera donde pudiese comer y tener la moto a la vista, pero no parecía haber ninguno cerca. Tras 20 minutos empezaba a tener bastante hambre y mi humor empeoraba, como suele hacer cuando llevo un buen rato sin comer. Con el cielo tan negro como si fuese de noche, vi un camping al lado del río y fui hacia allí. ¡Bingo! Tenían un pequeño restaurante y podía aparcar la moto justo delante. Bajé y fui directo a por comida, sin ni siquiera molestarme en sacar el GPS del soporte.

Con el estómago lleno, seguí mi camino y cuando estaba subiendo por la TV-7411 pasado Riba-Roja el sol salió y pude disfrutar de las vistas desde las colinas que dominan en río Ebro. Al llegar arriba ví una pista que salía a la derecha de la carretera y un indicador que decía “Trincheras y fuerte de la guerra civil”. Esta zona vivió una de las peores batallas de la guerra, la del Ebro, de modo que decidí practicar un poco más de off-road. La pista tenía unos 2 km, terreno seco y rocoso esta vez, y yo ya tenía más confianza. Fui más rápido, de pie sobre los reposapiés, y llegué al final en un momento. Había espacio para aparcar, aunque creo que un turismo normal hubiese tenido alguna dificultad en llegar hasta allí, y un pequeño camino indicado que llevaba alrededor del saliente en la colina hasta donde estaban las trincheras y los restos del fuerte.

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Era fácil ver las trincheras, pero no quedaba mucho del fuerte a parte de un par de paredes de hormigón.

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Desde esta posición las tropas debían tener una vista privilegiada sobre los alrededores y una posición ventajosa en la batalla. Me enteré por los carteles explicativos de que es construyó un sistema entero de fuertes y trincheras en secreto en la zona para detener el avance de las tropas nacionales, pero la falta de coordinación y lo que es peor, de conocimiento de las instalaciones, combinado con el rápido avance de las tropas nacionales significaron que a penas se usaron. Uno se pregunta cómo hubiesen sido las cosas si se hubiesen usado.

Cuando volví a subir en la moto decidí probar cómo seria ir con música puesta. Sé que es ilegal, al menos en mi país, pero no creo que a nadie le preocupe mucho en medio de la nada en Kazakstán o Mongolia, y es una buena manera de combatir el aburrimiento en las distancias más largas. Además, era un buen momento para probarlo, esta parte del viaje me estaba llevando por zonas muy despobladas, de modo que las posibilidades de encontrarme con la policía eran mínimas. Me puse los auriculares, subí la música y deshice el camino. Era un momento perfecto, buena música, buenas vistas… me dejé llevar e hice el camino mucho más rápido, y fue muy bien, tanto yo como la moto pasamos la prueba sin problemas.

Un rato más tarde llegué a una carretera más transitada y paré para quitarme los auriculares y mandar un mensaje desde el SPOT. Lo había estado probando desde Barcelona, mandando mensajes check in y personalizados y haciendo el track de la ruta. Había pensado en comprar un soporte para llevarlo en el manillar, pero cuesta 20€ y las instrucciones dicen que es mejor mantenerlo a cierta distancia de otros dispositivos GPS, y tendría que quitarlo cada vez que parase, de modo que me lo coloqué en el brazo. Es cómodo y encuentra señal sin problemas, de modo ahí se queda.

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La carretera me llevó a Caspe, Alcañiz y Calanda, donde volví a dejar la nacional para poner rumbo hacia la Sierra del Maestrazgo en búsqueda de carreteras más pequeñas. Es una zona de gran belleza natural y la disfruté a fondo, subiendo y bajando colinas por carreteras que tenían más socavones y parches que asfalto, viendo el sol asomar entre las nubes. El GPS parecía estar funcionando mejor y cambié de los mapas de Europa de Garmin que venían incluidos a los OSM que había descargado. Los dos parecían funcionar bien, pero había carreteras que no aparecían en ninguno de ellos, así que para el GPS estaba viajando off-road.

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Después de la última carretera de este estilo salí a la N-420 y llegó el momento de tomar una decisión. Hay un pueblo al sur de Teruel donde a veces paso las vacaciones, y sé que hay par de lugares fantásticos para acampar. Realmente quería ir hasta allí, pero aún quedaba lejos y se estaba haciendo tarde. No solo eso, el cielo estaba cada vez mas amenazador, así que podía seguir tirando e intentar llegar allí antes de que anocheciese o podía intentar encontrar un sitio para dormir donde estaba. Decidí seguir.

Aquí las carreteras ya eran buenas, con curvas largas y asfalto en buen estado que me permitieron llevar buen ritmo. Una vez en el pueblo, tenía que subir por un una pista para llegar donde quería acampar. No estaba lloviendo, pero parecía que había llovido todo el día y el suelo estaba embarrado. Tuve un par de sustos cuando la rueda delantera encontró barro profundo y se fue, pero pudo controlarlo a tiempo y llegué arriba de la colina con la puesta de sol.

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Era un sitio fantástico para acampar, pero el suelo era pedregoso y estaba lleno de barro, y no había ningún buen sitio para plantar la tienda, así que bajé por la pista de nuevo (prestando más atención al barro esta vez) y fui a ver si la segunda opción era mejor. Lo era. Era un campo de césped al lado de un arroyo. Llegué casi de noche y empecé a montar la tienda en la hierba. Por suerte era muy fácil de montar y en un momento estuvo lista, y para cuando anocheció del todo ya había terminado y cenado. Para lo que no tuve tiempo, sin embargo, fue para limpiar y engrasar la cadena y escribir esta entrada para el blog, me fui directo a dormir.

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Dormir bien es importante cuando te tienes que pasar la mayor parte del día en la moto y repetir al día siguiente, y al otro y al otro, así que había intentado conseguir un sistema cómodo para dormir: compré una colchoneta Exped SynMat 7 y una almohada que hacía de mancha. Era rápido y fácil de hinchar y mucho más cómodo que cualquier cosa en la que haya dormido antes en una tienda. El saco de dormir era uno ligero que compré en Decathlon; pensé en llevar uno que ya tengo y que aguanta temperaturas bajo cero, pero solo voy a encontrarme con esas circunstancias en algunas noches en Mongolia, y hará bastante calor el resto del tiempo, así que decidí no cogerlo. Sí que cogí sin embargo una funda de vivac por si hacía frío y en esta ocasión resultó ser útil. Dormí con mallas y una camiseta térmica y dentro del vivac, y conseguí pasar una buena noche aunque mi nariz (estoy bastante bien dotado en ese aspecto) sobresalía del saco y se enfrió tanto que me despertó varias veces.

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No llovió esa noche, pero por la mañana la tienda y la funda de la moto estaban cubiertas por una fina capa de rocío congelado, así que las tuve que colgar al sol mientras desayunaba para secarlas un poco antes de guardarlas. Me desperté con la salida del sol, de modo que tenía tiempo de sobra para volver a poner todo en la moto antes de lanzarme otra vez a la carretera. Es una sensación fantástica saber que tienes todo el día entero por delante, sin trabajo, sin estrés.

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Sabiendo que sería otro día largo y que mi fogón no funcionaba, paré en el primer pueblo que encontré y me ventilé un bocadillo de lomo con queso enorme para acumular fuerzas  Satisfecho, empecé el camino de vuelta.

Hacía un día perfecto y me dirigí a las carreteras que cruzan los bosques que hay en los montes entre la zona donde estaba y Teruel. Tras una hora de camino a través de pinares llegué a Teruel y viendo que llevaba buen ritmo decidí meterme de nuevo a través del Maestrazgo en vez de tomar la vía más directa de vuelta. Para cuando salí a Mequinenza eran las 4 pm y empezaba a estar cansado de vibraciones y sacudidas por culpa de carreteras tan malas, pero no podía estar más contento. Tomé algo de pan y queso para comer (algo tarde) y cogí la autovía para los últimos 200 km hasta casa.

A unos 100 km de Barcelona paré en una estación de servicio para darle a la moto un buen lavado a presión y quitarle todo el barro que había acumulado durante el fin de semana. No hace falta decir que exactamente cinco minutos más tarde se abrieron los cielos y empezó a caer una lluvia intensa que duró todo lo que quedaba de camino. Llegué a casa de mis padres sobre las 7 pm, aún llovía y tenía que desmontar las maletas, los neumáticos y el soporte para los neumáticos, volver a poner el baúl para ir a trabajar el lunes por la mañana e ir para casa, todo bajo la lluvia. Para cuando llegué a mi casa estaba agotado, pero contento de ver que yo estaba seco y lo que es más importante, también lo estaba todo el equipaje.

Fue un fin de semana largo, 670 km de ida y 560 de vuelta, la mayor parte en carreteras estrechas, reviradas y llenas de agujeros, algo en pistas y la parte final en autovía, pero era factible y las etapas que he planeado para el viaje son más cortas que eso. La moto funcionó de maravilla, así como todo el equipo (excepto el fogón). Re ubicaré un par de cosas para tenerlas más a mano y compraré algunas otras (una cuerda para tender la ropa, otra toalla, una red PacSafe…) pero en general el resultado del fin de semana es muy positivo. La moto y el equipo están listos, ¡ahora me toca mí prepararme! voy a tener que hacer ejercicio este último mes.

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